21/2/82

Una declaración y un despropósito (21-2-1982)

El segundo día de la vista de la causa que se sigue contra los 33 procesados por la rebelión militar del 23 de febrero se consumió en su mayor parte en la lectura de las declaraciones del teniente coronel Antonio Tejero ante el juez instructor así como los folios del sumario correspondientes a los careos a que fue sometido el máximo responsable de la fuerza que tomó por las armas el Congreso de los Diputados. Del primer día, en que, los otros dos grandes protagonistas, los generales Milans y Armada, optaron por negarlo todo, se pasó en la jornada de ayer a un Tejero que lanza implicaciones, yendo mucho más allá de las 32 compañeros de banquillo. El hombre de la operación Galaxia deja entrever en sus declaraciones, que recojemos ampliamente, que la operación distó de ser una charla de café, como fue calificada en su día. El ambiente externo al Servicio Geográfico del Ejército decayó ayer, en cuanto a expectación de público, aunque se mantienen los rígidos controles. Se ha sabido, en otro orden de cosas, que el general Armada se vio sometido, siendo secretario de la Casa Real, a un careo con el entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, para aclarar sus actividades partidistas. La vista se reanudará el mañana lunes, en sesiones de mañana y tarde.

Los treinta y dos encausados -García Carrés continúa ausentese retiran de la sala por una puerta lateral que comparten con sus abogados y codefiensores. En un lógico intento de aproximación fiíica a sus familiares casi llegan a mezclarse con las filas de periodistas. En una de estas pequeñas melées varios informadores pudieron escuchar un comentario dirigido por el teniente coronel Tejero a otro guardia civil procesado: "Esto es lo que pasa por no hacer lo que tenía que hacer. Si en vez de la zancadilla le doy con la pistola en la cara, las cosas habrían sido de otro modo". Se refería Tejero a los párrafos de su propia declaración en los que explicaba el incidente en el Congreso en el que, ayudado por otros guardias., estuvo a punto de derribar al entonces Vicepresidente en fanciones para la Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado.Es un detalle menor y judicialmente ajeno a la vista, pero que ayuda a desvelar la personalidad de este oficial vehemente, impulsivo, acaso compulsivo, vivaz, que ayer fue protagonista de la sesión. El fiscal togado solicitó del Tribunal la lectura de nuevas declaraciones y careos, entre ellas la lectura íntegra de las cuatro declaraciones sumariales; de Tejero. En ellas el teniente coronel deviene en bomba volante incontrolable que va salpicando incardinaciones golpistas a diestro y siniestro. Estas líneas están escritas con el respeto que se le debe a toda persona, el encausado incluído, pese a su condena anterior y algunos de sus actos no ya públicos, sino televisados. Pero la impresión que producen sus testificaciones es la de un intento kamikaze de llevárselo todo por delante en un proceso de siembra de sospechas del que nadie se libra.

Algunos socialistas, según Tejero, estaban en la conspiración y esperaban la consigna ha llegado el elefante para lograr su colaboración. Afirma que Armada dejó entreverle la colaboración tácita de los generales Aramburu (director general de la Guardia Civil) y Toquero (jefe de Estado Mayor del Cuerpo y ahora responsable del gabinete de prensa del Ministerio de Defensa). Con Aramburu llega a ser cruel; niega haberle amenazado cuando éste intentó reducirle en el Congreso y, a este respecto, se extiende voluntariamente en una declaración que muy poco aporta a su defensa: que su pistola estaba encasquillada y Aramburu no puso excesivo énfasis en disuadirle o reducirle. Un punto de maldad o de rencor se advierte en su deseo de recordar sumarialmente presuntos comentarios del general Aramburu contra los propios números de la Benemérita en un diálogo a la puerta (del Congreso:

-Este hombre os va a matar a todos.

-Ya nos están matando uno a uno.

-Pues mejor así.

Tejero parece: un hombre que aún ante un Tribunal quiere seguir pegando en la cara.

El comandante Cortina, ex responsable de operaciones especiales en el Centro Superior de Inteligencia de la Defensa, es otro de los acusados en la declaración de Tejero, como supuesto hombre-contacto con Armada. Cortina niega sus entrevistas con Tejero o su vinculación con el general y es, junto con el capitán Gómez Iglesias (también del CESID) el único que niega con la cabeza las imputaciones que leen los relatores.

De la conversación entre Tejero y Milans en el domicilio madrileño del ayudante de este último (teniente coronel Mas) extrae el jefe de los asaltantes al Congreso la última razon generalizada de la bondad moral de todos los golpistas: la cantinela insistente de que el Rey lo quería. En un deslizamiento alegre sobre el te digo que me lo dijeron Tejero detalla afirmaciones de Milans sobre hipotéticas confidencias de Armada. Que el Rey deseaba un golpe a la turca concitando la voluntad de un reducido grupo de capitanes generales. Que no había sido posible tal conjunción de mínimas voluntades y que la Reina optaba por un gobierno de militares y el Rey por uno de civiles presidido por un militar. Y una frase atribuida a la Reina."Alfonso, tú eres nuestra única salvación".

Es este un país en que se da menos el accidentalismo en materia de forma del Estado que la identificación intuitiva con la procura general del bienestar político. Y es absolutamenmte obvio que la madrugada del pasado 24 de febrero generó notables y hasta insólitas adscripciones monárquicas en una sociedad que se sintió protegida de la barbarie por su Rey. La involucración del Monarca ni más ni menos que en tentaciones turcas descalifica por los caminos del sentido común a quien lo diga y a quien le dé pábulo. Y hasta puede acabar resultando útil afirmar una barbaridad para restablecer la sensatez de los razonamientos, en base a la filosofía irrebatible atribuida a Rafael el Gallo de que lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible.

En cualquier caso se va presentando como patente el cesarismo de los conspiradores. Un cesarismo trufado de bonapartismo en el que mitad-mitad se cree que con fórmulas castrenses pueden despejarse las incógnitas de los problemas de la sociedad civil y que todo es excusable si se consigue colocar al número uno como telón de fondo. Así, quienes en la obediencia al Rey se pretenden amparar desprecian el hecho de que el Rey constitucional no puede ir contra la Constitución que le consagra. Ni el Rey los amparó en la noche del 23 de febrero, ni su figura, tan traída y llevada interesadamente por las páginas del sumario, podría en ningún caso invocarse como exculpación o atenuante.

La larguísima declaración de Tejero, como una bomba de fragmentación, salpica por doquier. "Sois unos tíos cojonudos" les dice Tejero a los comisarios Dopico y Ballesteros, que pululan por los pasillos del Congreso. En verdad que, objetivamente, es preferible no ser objeto de una declaración del teniente coronel Tejero, ni para bien ni para mal.

Una suposición, mecanicista pero sensata, es comentada por medios jurídicos: la firme y monótona decisión del fiscal togado de solicitar tanta lectura previa en gran parte conocida (y pese al ambiente que flota en la sala de que el juicio se tramitará con rapidez) evitará a la hora de los interrogatorios duplicidades farragosas. Siempre podrá argüirse que de tal tema ya tuvo conocimiento el Tribunal por declaraciones previas a través de la relatoría. Así las cosas, es lógico especular con la posibilidad de que el ministerio fiscal cargue la mano de sus interrogatorios en aquellos aspectos del sumario sobre los que no ha solicitado lectura.

La declaración del coronel Ibáñez Inglés, segundo jefe de Estado Mayor de la III Región Militar (bajo el mando de Milans) ocupó otra buena parte del tiempo de la sesión de ayer. La figura de este coronel, poseedor familiar o personal de sociedades mercantiles en cuyos despachos hay sistemas de grabación telefónica incorporados a las mesas de despacho, no deja de ser enigmática. El mismo reconoce que la presunta conversación telefónica entre Milans y Armada (de la que el primero quiso tener por testigos unilaterales al declarante y a Pardo Zancada) no la grabó, pulsando un botón bajo la mesa del estudio de arquitectos de su hijo, por respeto a su jefe natural. Sólo hay así constancia con testigos de un lateral de aquella última conversación que supuestamente dio luz verde al golpe.

Ibáñez Inglés, por sus propias declaraciones, es un atípico segundo jefe de un Estado Mayor. Su jefe directo es sistemáticamente marginado hasta el punto de que un jefe militar tan celoso de sus prerrogativas como Milans se ve obligado en el último momento a pedir excusas a su jefe de Estado Mayor por no haber puesto en su conocimiento información vital que poseía en cambio su subordinado. Se vislumbra una relación personal entre Milans y su segundo del Estado Mayor que no acaba de explicarse sólo por la teoría aducida de que es estilo de mando en el teniente general el despachar asuntos de interés sin sacralizar la escalilla.

De la declaración de Ibáñez Inglés cabe deducir que Milans tenía posibilidades de no decir toda la verdad al mando supremo en la noche de autos. Brevemente: una Alerta Roja preparada de antemano preveía un ejercicio táctico para cerrar los accesos a Valencia por el Norte; unaOperación Turia establecía sistemas de protección militar dentro de la ciudad. Todo ello anterior al 23 de febrero y normal en la mecánica preventiva de una Región Militar. Pero cuando el Jefe del Estado Mayor del Ejército, aquella noche, ordena a todas las Capitanías Generales laAlerta 2 (acuartelamiento de tropas dentro del sistema cautelar de laOperación Diana, para casos extremos) Milans parece que obedece cuando retira su personal Alerta Roja de la periferia valenciana. La realidad, ignorada por Gabeiras, es que los tanques de la división Maestrazgo estan reforzando la Operación Turia y entrando en la ciudad.

Milans gana tiempo en esta confusión, cuida las apariencias de estar siempre obedeciendo órdenes, pero hasta el Rey se impacienta y le urge por teléfono y por télex para que acuartele a sus tropas, ante la tardanza obvia en cumplirlas. Aquí se presentan dudas razonables sobre este príncipe de la milicia. Pues si Milans seguía las órdenes simplemente, no necesitaba la cautela de dirigir su Capitanía saltándose la cadena de mando o de trabar dos supuestos tácticos que, unidos a laAlerta-2, sembraron un confusionismo en Madrid favorable a los designios del golpe. Por lo demás la sesión de ayer deparó la novedad de que la defensa rompió levemente su silencio. Ramón Hermosilla, defensor del general Armada, pidió del Tribunal lectura de una rectificación en la declaración de Ibáñez Inglés respecto a una de sus entrevistas leridanas con el general Armada. Era casi obligado, tras dos sesiones en las que Armada -a quien físicamente se advierte envejecido y abrumado- ha sido sometido a un vapuleo de declaraciones y careos sumariales, que su defensa interrumpiera, aún cuando solo fuera simbólicamente, la arremetida fiscal.

20/2/82

Block de notas del proceso (20-2-1982)

Durante la sesión de ayer las lecturas sumariales adelantaron lo clara que el teniente general Milans del Bosch tiene su estima por la dignidad del rango. En varios folios del sumario insiste en que él no acepta consejos ni órdenes de inferiores, ni siquiera de sus iguales si estos son menos antiguos en el empleo. Es su línea argumental para explicar que jamás habría aceptado directrices de Armada de no haber supuesto que, por medio de él, recibía instrucciones superiores.-La anterior es una hipótesis de trabajo sobre la psicología de mando de Milans interesante, pero con fisuras. En los pasillos de la sala no dejaba de comentarse lo extraño de que Milans, cuando cree estar recibiendo órdenes del Rey por medio de Armada no intente ponerse en contacto con su número uno. Monárquico visceral según propia definición, descendiente de generales desde hace seis generaciones, nieto de un jefe del cuarto militar de Alfonso XIII y con acceso como Capitán General a su jefe máximo, no se procura una comunicación más directa que la de Armada ante un hecho tan importante como el forzar un golpe de Estado.

-Aduce Armada en su descargo que tras el 23 de febrero hizo llegar a La Zarzuela y al Ministerio de Defensa sendos escritos justificativos de los pasos dados por él. Relata no haber tenido contestación en ningún caso, aunque sabe de su llegada a los recipiendarios por medio del teniente coronel Monzón (ex-jefe de prensa de Defensa) y del marqués de Mondéjar.

-Respecto a su almuerzo leridano con los dirigentes socialistas Raventós y Múgica, Armada se explaya rememorando citas similares con Martín Villa, Calvo Sotelo, Cabanillas, Sanchez Terán, Tarradellas, Pujol, etc., afirmando que en ninguno de estos almuerzos o cenas propuso nada. Sobre la afirmación de Tejero de que algún diputado socialista se dirigiría a sus compañeros alentándoles a escuchar a la "autoridad militar, por supuesto", una vez está identificada con la contraseña "Ha venido el elefante", Armada muestra hilaridad. Por supuesto que esto puede ser o no verdad; pero en la deposición de Tejero se aprecian fuertes líneas de perjudicación que apuntan a la Corona y al primer partido de la oposición.

-El jefe del Estado Mayor del Ejército, teniente general Gabeiras, durante los sucesos del 23 de febrero, llevó un dietario de sus actos. Solo así se explica la exactitud cronológica de sus declaraciones.

-El general Toquero juró ayer por la mañana su nuevo cargo de jefe de prensa de Defensa, inaugurándose con el proceso 23-F. Es de justicia resaltar el empeño y eficacia que los hombres y mujeres de la Oficina de Información, Difusión y Relaciones Públicas del Ministerio de Defensa están poniendo para facilitar la labor de los periodistas.

El general Armada arrebató en la sesión de ayer a Tejero y Milans del Bosch el protagonismo de la intentona (20-2-1982)

Las 10,07 horas de la mañana de ayer marcaron el momento histórico en que el teniente general Luis Alvarez Rodríguez, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, constituido en sala de justicia, dio orden de que comenzase la vista de la causa que se sigue contra los 33 procesados por el intento de golpe de estado del pasado 23 de febrero. La vista comenzó con la lectura del apuntamiento -resumen de las actuaciones quefiguran en el sumario- del que ofrecemos una amplia versión recogida a través de los servicios de las agencias Europa Press y EFE. La vista se desarrolló conforme a lo previsto, en sesiones de mañana y tarde. El protagonismo de la primera jornada de este juicio, cuya duración prevista no es inferior al mes y medio, correspondió sin duda al papel jugado por el general de División, Alfonso Armada, en la conspiración militar. Otro hecho sobresaliente de la jornada fue la ausencia del único civil procesado, Juan García Carrés, que permanece hospitalizado en la clínica Covesa a disposición de la autoridad militar. El recinto militar del Servicio Geográfico del Ejército presentaba un impresionante despliegue de medidas de seguridad. Como contraste, fue escaso el público que se concentró a la entrada del acuartelamiento. Esta mañana prosigue la vista.

En poco más de cinco horas de vista oral el general Alfonso Armada ha adquirido el protagonismo que podían hasta ayer arrebatarle el ya célebre bando del teniente general Milans del Bosch y su ocupación de Valencia o la estampa decimonónica del teniente coronel Tejero ocupando el Congreso a punta de pistola. El goteo de diligencias que solicita el fiscal coincide con la impresión que se desprende de sus conclusiones provisionales: una revalorización del papel de Armada en la conspiración de febrero. Todas las indagaciones y declaraciones sumariales, cuya lectura es solicitada por el fiscal, son pasillos que acaban conduciendo a la imagen de un hombre -Armada- que como el protagonista de la fábula de Kipling quería ser Rey, (o presidente del Gobierno) en una estrategia de sobreentendidos, medias verdades, citas fuera de contexto o distorsiones de la realidad. Un hombre que aparece tentado por las brujas de Macbeth y al que se ve imperturbable, sentado hombro con hombro con Milans, con una cierta impasibilidad y resignación orientales en su expresión.Armada y Milans, protagonistas de careos y contradicciones psicológicamente muy duros, ni se hablan ni se miran; su ignorancia recípocra es total, incluso cuando al leer el relator su careo se escuchan en la sala las palabras de Milans a Armada: "Alfonso, si te inventaste tus entrevistas con los Reyes, más vale que lo digas ya". Ciertamente la defensa de Armada puede ser harto dificultosa, a menos que se cumplan las predicciones sobre las sorpresas que pueda contener el tomo de 180 páginas, ya encuadernado, en el que el abogado Ramón Hermosilla intentará demostrar que su patrocinado, no hizo otra cosa que lo que le mandaron y que en el peor de los casos es tan culpable de querer forzar la Constitución como pueda serlo un voyeur de una ensoñación amorosa.

La existencia o no de la entrevista entre Armada y Tejero, el día 20 ó 21 de febrero, en un piso de la calle madrileña de Juan Gris aparece una vez más como una de las claves del arco del papel de Armada en la intentona. ¿Existió ese hombre de gris elegante que según Tejero le impartió aquella noche las instrucciones finales del golpe? Una persona con cierto conocimiento de la psicología de Armada y que ha tenido ocasión de verlo recientemente asegura que el general lleva su religiosidad hasta organizar un altarcito con estampas o medallas allí donde instala sus habitaciones privadas; y que acogiéndose a ese entendimiento de la existencia jura ante personas de su confianza que él no había visto a Tejero antes de la noche del 23 de febrero, en el Congreso, cuando fue a parlamentar con él.

Tejero, una memoria típica de atestado

Tejero, no obstante, con una memoria sumarial notable, típica de atestado (recuerda indumentarias, distribución de habitaciones, voces, ornamentos, muebles) le identifica como el hombre de gris de la calle Juan Gris. Una palabra contra otra. Bien es cierto que Armada se encuentra apoyado por otros dos encausados que niegan la entrevista de Juan Gris: el comandante Cortina (figura clave en las operaciones de nuestra inteligencia militar) y el capitán Gómez Iglesias, acaso el procesado menos hierático de todos, que mueve la cabeza de derecha a izquierda cuando el relator da lectura a sus presuntas implicaciones.

La defensa de Cortina, en el brevísimo resumen de conclusiones provisionales que fue leído a la sala de Justicia, se distingue en que el encausado debe ser absuelto no ya porque no quepa hablar de "circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal" o por eximentes de estado de necesidad u obediencia al mando, sino porque no tuvo participación en los sucesos del 23 de febrero.

Ya en esta primera sesión se consolidan las tres esperadas líneas de defensa: las de Armada y los dos oficiales de la inteligencia militar (no han hecho nada según ellos), la de Milans, su staff de Valencia y las voluntades drenadas en la Acorazada Brunete, más el general Torres Rojas y el fulminante de Tejero (dicen que hicieron lo que les mandaba quien podía hacerlo) y la de un escalón inferior de responsabilidades o protagonismos (hicimos lo que nos ordenaron nuestros mandos naturales; no podíamos hacer otra cosa). Obviamente la guerra de las defensas no será baladí: si Armada es culpable los demás podrían aspirar a serlo un poco menos. Sobre Armada, qué duda cabe, pivota en buena manera este proceso.

Desde que hace cincuenta años fuera procesada la plana mayor de la rebelión militar del 10 de agosto de 1932, con Sanjurjo como director, no había viste, este país un juicio militar de tan alto rango y tan largas incidencias sobre una sociedad civil. La descripción de la liturgia es aquí algo más que una concesión a lo anecdótico. Las medidas de seguridad en el madrileño Instituto Geográfico del Ejército son impresionantes: Policía Nacional a pie, a caballo y motorizada, Guardia Civil, boinas verdes, perros, alguna alambrada, radio-transmisores de campaña, dentificación visible de los asistentes, policía militar, detector de metales graduado exquisitamente hasta el extremo de tener que depositar antes del control unas gafas de patilla metálica, un encendedor de mínima cabeza metálica, una moneda de cinco pesetas, los cantos reforzados de una agenda de bolsillo. En la mañana un oficial de la Armada llegó a sugerir quitarse los botones de su guerrera para terminar de pasar la detección; inmediatamente fue amablemente acompañado a otro arco destinado solo a militares. En ocasiones el rotor de un helicóptero apaga la megafonía de la sala.

Periodistas, invitados, familiares, letrados, observadores, comisiones militares, coinciden físicamente en los controles de acceso y en las puertas de la sala. La entrada en ella, en este primer día de la vista, provoca una sensación cuando menos chocante. Los encausados se vuelven en sus sillas para observar la entrada del público, sus familiares; los periodistas, en pie, observan expectantes a los procesados tras la luneta blindada, durante un buen rato, en silencio, hasta que el presidente del tribunal tiene que ordenar que tomen asiento. Una observación mutua un poco desazonante, en la que se advierte el buen humor de Tejero, en el centro de la primera fila; en los jefes de mayor graduación no es difícil apreciar la tensión contenida de quien se siente observado y ha de cuidar cualquier gesto.
La prosopopeya del tribunal está conseguida; su distanciamiento físico de los encausados es tal que una periodista -precavida- otea la sala con unos pequeños binoculares. La lectura del apuntamiento se aproxima en su brevedad a la práctica procesal de la jurisdicción ordinaria. Cuando el relator salmodia las penas solicitadas por el fiscal (treinta años de reclusión, ocho años de prisión, veinte años de reclusión...) se escucha más nítidamente el sonsoneo de los acondicionadores de aire. Así como cuando se da lectura a las conclusiones de la defeása: absolución, absolución, absolución...

Relato monocorde

Después, el relato monocorde de las negaciones de Armada. No a la involucración del Rey, no a sus llamadas a Miláns, no a su supuesta jefatura del golpe, no a cualquier propuesta inconstitucional al Congreso secuestrado. Y dos párrafos de la declaración del teniente general Pascual Galmes, en aquellas fechas capitán general de Cataluña, sobre los que el fiscal no cree necesario extenderse por cuanto pueden hablar por sí solos. Aquellos en los que relata una llamada nocturna de Miláns:

-Miláns: ¿Tú estas de acuerdo con la solución Armada?

-Pascual Galmes: ¿Y quién lo manda?

-Miláns: ¿Quién va a ser?; el Rey.

Pascual Galmes cuelga tras recordarle a su compañero cómo es precisamente él quien lleva toda la noche negándose a obedecer.

15/1/82

Entrevista a Felipe Gonzalez (15-1-1982)

El Partido Socialista Obrero Español, que timonea este hombre como primer secretario, no marcha hacia el Gobierno: se dirige hacia la alteración de los esquemas políticos del sur de Europa. Dice no querer ahora carteras de ministro ni alianzas electorales con el resto de la izquierda. Quiere la mayoría parlamentaria para que gobierne su partido. No sólo eso. Aspira a que un Gobierno PSOE cuente con el respaldo logístico de lo que espera sea la más potente central sindical del país: la Unión General de Trabajadores. Si conduce a su partido a esa meta habrá sobrepasado las nostalgias imposibles de Nenni, las esperanzas periódicamente renovadas de Mitterrand o las dificultades crecientes de Soares. Ahora mismo, con las elecciones sindicales, Felipe González trata de sentar al PSOE como el primer partido de las izquierdas. A corto plazo, en los comicios municipales, pretende cambiar por poderes tangibles el 34 % de votos que sumó el pasado 15 de junio y que, por el momento -según sus palabras-, sólo le sirven para que el Gobierno rechace uno detrás de otro los proyectos de ley de su partido. Pero aun cuando exige las municipales «ya» (porque cree que las puede ganar) asegura que no hará que un triunfo de las izquierdas en los ayuntamientos signifique el 14 de abril de la UCD. Si se respetan los acuerdos de la Moncloa, no buscará la mayoría parlamentaria, a través de unas nuevas elecciones generales, hasta la primavera del 79. Martin Prieto, adjunto a la dirección de EL PAIS, mantuvo con él esta larga entrevista.

EL PAIS: ¿Cómo contempla usted el proceso de desamortización del antiguo régimen durante el pasado año?

Felipe González: El año pasado y el que comienza se insertan en un proceso cuyas fronteras no son delimitables cronológicamente. El proceso de transición comienza antes del 77 y, presumiblemente, la consolidación ha de prolongarse más allá del 78.

En 1977 se produjo el hecho fundamental para la transición: las elecciones generales del 15 de junio. El pueblo expresó su voluntad soberana, voluntad inequívoca de cambio democrático, concentrando sus opciones en dos alternativas básicas, completadas por algunas más de carácter secundario. La interpretación del voto del 15 de junio se hizo desde muchos ángulos y según los intereses de los propios intérpretes. Pero, en primer lugar, destacó el deseo de este pueblo por superar las viejas estructuras dictatoriales y darse una estructura democrática de tipo europeo occidental, según el proyecto ofrecido por los dos partidos que obtuvieron la inmensa mayoría del apoyo popular.

Es un mandato legitimador para el desmontaje del autoritarismo que recayó como obligación ineludible sobre los grupos de representación parlamentaria que hicieron esta oferta electoral. Fue también evidente que el pueblo no deseaba mantener la multiplicidad de siglas que poblaban el panorama político en la primavera del 77, y, por el contrario, se orientó hacia lo que podíamos considerar un bipartidismo imperfecto, clarificador y eficaz. Los últimos sondeos de opinión confirman esta corriente. Y hasta los señores Tierno Galván y Fernández de la Mora han llegado a hacer un indirecto canto al bipartidismo en su reciente debate televisado.

EL PAIS: El PSOE continúa, por tanto, descartando un Gobierno de concentración o de coalición.

F. G.: Nosotros tenemos una estrategia que seguimos en varios frentes: el parlamentario, el sindical y el municipal. Planeando sobre los tres estudiamos la lucha contra la crisis económica como elemento condicionante del afianzamiento de la democracia. Pero dos meses después de las elecciones y de la constitución del Gobierno de UCD, se nos plantearon nuevos problemas que nos han obligado a complementar ese diseño. Sobre todo la fragilidad de la coalición gubernamental, que crea una permanente situación de crisis de Gobierno, obligándonos a pensar en un posible vacío de poder en plazo inferior al previsto.

Pero antes de entrar en el análisis de nuestra estrategia convendría aclarar la posición de otros partidos. El Partido Comunista, por ejemplo, ha propugnado un Gobierno de concentración y, si esto no fuera posible, uno de coalición entre UCD y PSOE. Para el Partido Comunista el análisis tendría que ser necesariamente distinto, dado su escaso resultado electoral. El Gobierno de concentración era el sustitutivo del Gobierno provisional «previsto» para la transición, y el único instrumento de acceso al poder del Partido Comunista. Si se consideraba un Gobierno monocolor y se perfilaba una alternativa socialista a ese Gobierno, el Partido Comunista vería alejarse por tiempo indefinido su acceso al poder ejecutivo, con todo lo que ello puede implicar. Caso de no cubrir este objetivo, yo diría que prioritario, la propuesta de una coalición PSOE-UCD permitía al PCE la ocupación de un espacio político más amplio y más claro desde la oposición al Gobierno, cosa que difícilmente puede realizar si el PSOE, como lo está haciendo, permanece como partido de oposición a UCD. Como posición del PCE lo comprendo, pero no lo comparto por razones obvias.

Pienso que un Gobierno de concentración es, en sí mismo, la negación del juego parlamentario democrático, por ser esencialmente un Gobierno de plenos poderes. En definitiva: a mi juicio, si se pretende consolidar la democracia, un Gobierno de concentración sólo se entiende como el último recurso para defenderla de un peligro inminente y grave. La coalición PSOE-UCD, propuesta alternativa del PCE y de otros, lleva aparejada también una cierta desnaturalización de las dos alternativas más claras que se ofrecen ante los ciudadanos, y sólo es explicable en una emergencia. Para nosotros, la normalización del juego poder-oposición es la mejor garantía de estabilidad democrática.

El PSOE aspira a la mayoría absoluta y en función de esto ha diseñado su estrategia. Tal vez en España se produzca una quiebra del modelo del sur de Europa, posibilitando el acceso del Partido Socialista al poder con mayoría absoluta de representación parlamentaría, y en función de esto estamos realizando nuestro trabajo partidario.

EL PAIS: ¿Por qué el voto particular del PSOE sobre la forma de gobierno, prevista en la Constitución como Monarquía parlamentaria?

F. G.: En la Constitución existen problemas de mayor envergadura que la forma de gobierno: el problerna de las autonomías, el problema de la educación, problemas de carácter económico, de libertades, etcétera, que afectan más a nuestras posiciones de partido; pero, sin embargo, es más llamativo desde el punto de vista de los medios de comunicación de masas el tema de la forma de gobierno. Nuestro partido es republicano, eso es sabido ampliamente, pero, como hemos dicho, aceptará la voluntad mayoritaria del pueblo. Creemos que no es posible una democracia sin aceptar hechos de esta naturaleza, y pensamos que en el momento histórico actual no es oportuno plantear un trauma, añadido a la transición, como puede ser el problema de la alternativa de la forma de gobierno.
Yo creo que en el país no existe una conciencia peculiar, definida, sobre una forma de gobierno concreta. Existe, en realidad, un proceso de transición, que ha sido encabezado, en el sentido etimológico del término, por la institución monárquica. Yo diría que existen pocos monárquicos vocacionales convencidos. También diría que no existe un republicanismo asumido por el pueblo. Sin embargo, existen unos partidos políticos que tienen que definirse en cuanto a la forma de gobierno y definirse por una u otra alternativa. El Partido Socialista, por su tradición, por su historia y por su racionalidad interna, es un partido republicano, pero, al tiempo, es un partido que tiene que vivir próximo a la realidad política. Por consiguiente, al PSOE lo que le interesa es dejar claro y manifiesto que sigue siendo un partido republicano y que va a seguir siéndolo, pero, al mismo tiempo, va a respetar lo que diga la voluntad popular. Si ésta, que hoy día indubitablemente está depositada en las Cortes, se expresa por la forma monárquica de gobierno, el partido va a respetarlo. Al mismo tiempo no va a hacer reivindicación permanente de la alternativa de forma de gobierno, y si la voluntad popular es la de convertir al Partido Socialista en partido mayoritario, estamos dispuestos a gobernar en esa situación sin plantear problemas que no nos parece oportuno plantear ahora. Ahora bien, no se nos puede pedir que cambiemos de forma de pensar, como hacen algunas formaciones políticas simplemente porque conviene por razones de oportunidad.

EL PAIS: Personalmente estima usted que el Rey ha sido un condicionante del cambio democrático.

F. G.: Sí. Eso lo he dicho públicamente en más de una ocasión. Yo creo que el Rey ha sido un referente triangulizador para el proceso de democratización, que ha realizado una serie de tareas que probablemente sólo podía haberlas realizado él, que, en definitiva ha coadyuvado seriamente al proceso de transformación democrática del país.

Nuestra posición, por eso, no es beligerante, es simplemente definitoria. Si nosotros no somos monárquicos no tenemos por qué decir que somos monárquicos.

EL PAIS: ¿El PSOE irá definitivamente solo a las municipales?

F. G.: Siendo coherente con el diseño estratégico del partido, iremos a las municipales solos, y por muchas razones: entre otras porque en las próximas legislativas el partido espera lograr el suficiente número de votos como para constituirse en alternativa política de poder. La etapa municipalista forma parte de ese conjunto estratégico; nosotros pensamos que el partido puede afianzar su poder, puede introducir su poder en el tejido social, a través de las municipales. En este momento cualquier tipo de coalición en que el partido entre resta votos, no suma votos.

EL PAIS: ¿No le interesa al PSOE ir a las municipales solo y cuanto antes para aprovechar la polémica en que está sumido el Partido Comunista?

F. G.: Nuestro análisis de las municipales no tiene como referente al Partido Comunista. Acaso sí en las elecciones sindicales, pero no en las municipales. Las sindicales van a delimitar las relaciones de poder en el seno de la izquierda, en tanto que las municipales van a delimitar las relaciones de poder entre izquierda y derecha. Las prioridades de referencias de análisis en el caso de las municipales se realizan con la UCD y con la derecha en general;, las municipales son para nosotros el afianzamiento del PSOE ante la UCD, el combate con la derecha, pero no guardan relación con el Partido Comunista más que en segundo plano.

EL PAIS: ¿Tiene algo que opinar sobre la polémica levantada por Jorge Semprún con su autobiografía de Federico Sánchez?

F. G.: Tengo una voluntad decidida de no intervenir en esa polémica. No jerarquizamos las decisiones hasta el extremo de impedir que los militantes hablen sobre cualquier tema, pero es decisión de la dirección del PSOE, seria y pensada, el no intervenir absolutamente para nada en esta polémica. Es un problema del Partido Comunista que debe resolver el Partido Comunista.

EL PAIS: ¿Pero acaso no era partidario antes el PSOE de resolver provisionalmente el tema de los ayuntamientos mediante la creación de comisiones gestoras?

F. G.: En junio del año pasado, desde cuando las elecciones generales, dijimos dos cosas absolutamente claras. Primero, que no queríamos comisiones gestoras, y así se lo dije al presidente del Gobierno: que no íbamos a propiciar la crisis de los municipios para crear comisiones, y en segundo lugar que, como consecuencia de ello, para completar el proceso democrático del país se debería mantener la promesa gubernamental de que las municipales se celebrarían o bien a finales de 1977 o a principios de 1978. Y hemos mantenido esa tesis hasta que en el último comité federal estuvimos estudiando la posibilidad de un retraso pretendido por el Gobierno en las municipales, y decidimos presionar al máximo para su celebración. Si el Gobierno se empeña en retrasar, en demorar sine die las municipales, si las trata de colocar en octubre, nosotros podríamos ir a la alternativa de las comisiones gestoras, que no queremos, porque no creemos en su eficacia. Las comisiones gestoras por representación proporcional, según el resultado del 15 de junio, supondrían la parálisis de los municipios, con un coste social añadido al de la crisis económica. Por otra parte, se produciría una quiebra del modelo de cambio político general. Ha habido un problema con el Partido Comunista, que en el Pleno del jueves pedía municipales cuanto antes, y me parece que no hace más de un mes Carrillo pedía comisiones gestoras en unas declaraciones a la prensa y el aplazamiento de las municipales mientras durase el debate constitucional; curiosamente, la posición del Gobierno es coincidente con ésta.

EL PAIS: ¿Han pensado que un triunfo de las izquierdas en las municipales puede ser el 14 de abril de UCD, desplazándola del Gobierno?

F. G.: No, a menos que el Gobierno lo quiera interpretar así. Lo que la opinión pública va a pensar, y el Gobierno también, en un análisis correcto, es que ha habido un desequilibrio de fuerzas en favor de la izquierda y a nivel de poder local, cosa que me parece correcta y que podría suceder en beneficio del Partido Socialista. Nuestra actitud no es asimilar un triunfo municipal a una crisis del Gobierno. Si conseguimos situamos en primera fila en las municipales vamos a respetar el proceso político hasta las nuevas elecciones generales.

EL PAIS: Qué perspectivas de triunfo ve el secretario del PSOE para la UGT en las elecciones sindicales que se están celebrando.

F. G.: Las elecciones sindicales son otro campo de desarrollo de nuestra táctica política, y tienen en España un interés peculiar. No hay más que observar a los países que nos rodean. En Portugal tenemos a Soares, con una capacidad de representación política importante y, sin embargo, con grandes problemas en el terreno sindical, porque no ha tenido un referente sindical de carácter socialista y democrático. En Italia, el Partido Socialista ha dispersado su militancia sindical en tres centrales distintas sin que haya un referente sindical claramente socialista. Y en Francia ocurre exactamente lo mismo con la evolución de la SFIO, y se plantea ahora una crisis de relación entre el Partido Socialista y el Comunista, y el principal problema para la alternativa socialista de poder en Francia no es Marchais, sino Segui.

También en España lo sindical está ligado a lo que pase en política. Se quiera o no se quiera. Lo demás son falsificaciones de la realidad, Entonces tenemos que hay una central comunista, que es CCOO (aunque en ella militen algunos no comunistas), hay una central sindical socialista, que es UGT, (aunque haya quienes no sean socialistas), y hay otra todavía en desarrollo, que ya veremos cuál es su techo, al margen de los partidos, que es la CNT. Puede haber otras, pero en éstas está, creo yo, la realidad de la clase obrera.

El tiempo histórico ha superado algunos modelos sindicales, por ejemplo del tipo de los que podrían tener una obediencia a UCD. Históricamente, además, el movimiento obrero en España nunca se alineó con el centro o centro derecha; por consiguiente, la batalla sindical, como dije antes, va a definir la influencia en el seno de la izquierda de los distintos campos ideológicos y a condicionar la alternativa de poder. Creo que la relación de fuerzas en el movimiento obrero va a tardar en definirse por lo menos un año, porque la cuantificación de los resultados se hace infinitamente más difícil en el campo sindical que en el campo político.

La consolidación de las grandes centrales empieza ahora, y durará hasta las próximas elecciones generales, y no descartamos que la UGT, con la que no negamos, como otros, nos unen lazos estrechos y fraternales, sea la central dominante, la mayor central del país. Y esa es una condición ineludible para que el Partido Socialista pueda gobernar en tanto que tal. Hay una relación de causa a efecto entre Partido Socialista fuerte y la UGT fuerte, y viceversa.

Así como UCD tendría que empezar a gobernar, de una vez, con el apoyo logístico de los empresarios, los socialistas no pueden aspirar a gobernar sin el apoyo sindical.

EL PAIS: Pero sectores de la pequeña y la mediana empresa pueden aspirar a que sus intereses también sean representados por un Partido Socialista.

F. G.: En efecto. No se puede hacer un planteamiento decimonónico y trazar, en una sociedad industrial como la nuestra, un surco entre la clase obrera y la clase patronal, sin ninguna matización. La realidad es que ahora muchos pequeños y medianos empresarios debieran alinearse, y de hecho se están alineando, con posturas progresistas como las que ofrece el PSOE, porque en su alternativa pueden ver mejor defendidos sus intereses que en la de partidos de derecha. Eso es lo que ocurre en el resto de Europa.

EL PAIS: El desarrollo de los acuerdos de la Moncloa está suscitando serias reservas, especialmente entre esos pequeños y medianos empresarios.

F. G.: El descontento de este sector empresarial nos parece un problema muy grave. Ya se lo dije al presidente del Gobierno antes del viaje a la URSS, en unos términos que ahora quiero aclarar públicamente. Le dije que tenía noticias de que las disponibilidades líquidas del Banco de España habían estado en octubre y noviembre muy por debajo del acuerdo al que habíamos llegado en la Moncloa. El presidente me dijo que esas disponibilidades líquidas no podían estar por debajo más que un punto o dos del 17 % previsto. Luego, en la discusión de presupuestos, recordamos públicamente en las Cortes que las disponibilidades líquidas para octubre habían sido de 10,5 y nosotros habíamos negociado en la Moncloa un diecisiete. Bajón intolerable e incomprensible de disponibilidades líquidas cuando preveíamos una flotación de más o menos un punto. Y de esta operación de restricción crediticia es responsable el Gobierno, que pone en riesgo de desaparición a muchas pequeñas y medianas empresas. En las Cortes dije, recientemente, que entendía que una serie de empresas tenían que desaparecer -como se dijo por el Gobierno en la Moncloa-, lo mismo que en la vida biológica los seres nacen y mueren, pero que entendía también que si se aplicaba el bisturí con excesivo rigor, no sólo iban a desaparecer las empresas que tenían que morir, sino otras muchas rentables y útiles para el país.

Si la banca no recibe el dinero previsto del Banco de España corta la corriente crediticia, diga lo que diga la gran banca, a la empresa que no dependa de ella. Porque es cierto que existen circuitos privilegiados de crédito. El modelo económico de este país ha llevado a muchos bancos a quedarse con la propiedad de parte o la totalidad de muchas empresas. Y cuando son propietarios de una gran empresa, no pueden dejarla caer por dificultades financieras. El Estado no puede desamparar a las empresas que, pese a ser rentables, se encuentran en dificultades. En Italia existe lo que se llama «sanatorio de empresas», a las que el Estado apoya con créditos especiales. Incluso las empresas que tienen que desaparecer deben disponer de un plazo previsto por el Estado para que su hueco sea cubierto por nuevas inversiones que compensen el coste social de los cierres. Este es el aspecto más peligroso de los fallos que se producen en los acuerdos de la Moncloa; esperamos que sean corregidos y mantendremos una presión constante sobre él y sobre otros, como pensiones, cierre de abanicos salariales, etcétera.

EL PAIS: Dado el detrimento que ha sufrido la vida parlamentaria, ¿era totalmente necesaria la suscripción de los acuerdos de la Moneloa?

F. G.: Totalmente necesario en política no hay casi nada. Hay co sas que se ven más convenientes o menos convenientes. Los acuerdos eran necesarios por la crisis económica que atravesamos. Lo que ocurre es que el pacto de la Moncloa no debería incidir para nada en la vida parlamentaria. Se están produciendo cosas muy curiosas, que tal vez constituyan el diseño táctico del Gobierno. El Gobierno trata de realizar una política de consenso en materias específicas del ejecutivo, y, a la vez, está segando permanentemente la iniciativa parlamentaria de todos los grupos parlamentarios, porque quien únicamente lleva proyectos de ley que se admiten es el Gobierno (que, para colmo, aún no es Gobierno estrictamente parlamentario). De alguna forma, en el modo (no digo en la representación, porque detrás de sí tienen sus votos), este es un Gobierno que sale de las instituciones del pasado.

EL PAIS: ¿Pedirá el PSOE nuevas elecciones legislativas inmediatamente después de que sea aprobada la Constitución?

F. G.: Ya dijimos que la tarea de estas Cortes consistía en hacer la Constitución y después disolverse para unas nuevas elecciones legislativas. Mantenemos esa posición pese a que algunos dudaban de que lo hiciéramos por estar ahora bien colocados numéricamente en el Congreso. La mantenemos, y con rigor. Con ello quiero decir que si la Constitución se refrenda a mitad de este año, creo que las legislativas deben ser convocadas después. Tal vez no se deben de producir en 1978, porque acumularíamos elecciones sindicales, elecciones municipales, el referéndum constitucional y las nuevas elecciones legislativas; y, además, creo que si el Gobierno está decidido a llevar adelante los acuerdos económicos, hay que dar un plazo de tranquilidad al país, en 1978, para ver cuál es el resultado de esos pactos a los que se llegó en la Moncloa. Por tanto, en el PSOE prevemos que las elecciones generales se podían y se deberían realizar tras la nueva Constitución, en la primavera de 1979, entre otras cosas porque las Cortes habrían ya realizado una serie de proyectos de ley de carácter fundamental para la vida democrática, de tal forma que no sólo tendríamos el cuerpo constitucional, sino algunos complementos de ese cuerpo constitucional.

EL PAIS: ¿Cómo cree que se está desarrollando el proceso autonomista en el Estado?

F. G.: Las preautonomías sólo cubren un espacio político simbólico. No se puede pretender que funcionen como instituciones montadas sobre auténticos estatutos autonómicos. Esa es una primera aproximación al tema. Cataluña es un caso muy especial. Cataluña ha tenido un desarrollo autonómico muy peculiar, en el que el Gobierno ha sido el protagonista. Y eso ha sido un buen caldo de cultivo para que otras regiones buscaran recuperar las instituciones autonómicas perdidas o a las que aspiraban, aun cuando fuera a los niveles simbólicos en que ahora se están concediendo. Pero el Gobierno ya no ha tenido tanta iniciativa en la evolución de más preautonomías. El tema de las autonomías habría que descargarlo del contenido demagógico que está empezando a adquirir hoy, y que puede ser peligroso-, las autonomías hay que afrontarlas con mucho rigor. El proceso autonómico español, que es un proceso desde un Estado central a un Estado descentralizado, que quiere encarar una estructura federativa e, incluso, a muy largo plazo una estructura federal, va a implicar un desarrollo histórico que debe marchar paralelo al de la conciencia colectiva de los pueblos y que no se puede utilizar gratuita y demagógicamente.

Se habla mucho ahora de los problemas económicos de las autonomías, que es un asunto muy serio, pero señalaría otro que nunca se toca: el de las burocracias. De qué se trata, ¿de mantener una superburocracia centralista como la que existe y añadirle un montón de burocracias en cada institución autonómica? La descentralización significa, entre otras cosas, la reducción del aparato macrocéfalo del Estado, la distribución de la burocracia centralista en todas las entidades autonómicas y, en modo alguno, la multiplicación de las burocracias que haría ineficaz el funcionamiento central y el autonómico. Esto hay que planteárselo con más altura histórica y no como una varita mágica que hoy me da una preautonomía y mañana una autonomía. Porque, ¿qué van a hacer los presidentes de las preautonomías en la mayoría de las regiones españolas? ¿Con qué poderes van a contar? Con muy pocos, pero un planteamiento demagógico puede hacer recaei- sobre esos presidentes una serie de reivindicaciones que los conviertan en los eternos denunciantes y exigentes del poder central, o se van a ver acosados por la frustración de la opinión pública.

EL PAIS: Uno de los «escándalos abiertos» y nunca aclarados de este país es el de Radiotelevisión Española. ¿Porqué participa el PSOE en un Consejo Rector de RTVE en el que todas las decisiones serán tomadas según lo que dice la mayoría de UCD?

F. G.: Hacer la crítica de lo que esRTVE es un tema manido. El problema reside en qué se puede hacer en un razonable plazo de tiempo. Pero antes quiero explicar cómo nació el Consejo Rector. En la negociación de la Moncloa se habló de un organismo paritario Gobierno-Parlamento; se negoció al final y se redactó rápidamente, en el entendimiento de que se iba a respetar el espíritu de lo que allí se había dicho. El Gobierno, en su propuesta verbal, decía que quería sumar a ese Consejo los técnicos que fueran responsables desde la administración de los servicios de RTVE que pudieran dar respuesta a todos los problemas que se plantearan dentro del nuevo organismo. A eso se le ha dado la vuelta tratando de convertir al Consejo Rector en un organismo deliberante que toma decisiones por mayoría. En principio, aun aplicando estrictamente la letra de los acuerdos de la Moncloa, el Consejo Rector tiene misiones muy específicas; no es un organismo decisivo en RTVE, ni siquiera con vendría, diría yo, que fuera un organismo decisorio de RTVE, por que se llegaría a un modelo de carácter italiano en que cada parti do se reserva un cierto derecho de veto sobre las informaciones o los programas.

El Consejo Rector tiene una función prioritaria: la redacción del estatuto que debe ser ofrecido a la comisión parlamentaria correspondiente para que, después de las discusiones normales del Parlamento, se convierta en el marco de trabajo de RTVE. Hay experiencias muy buenas como modelos a estudiar. Por ejemplo, las televisiones inglesa y holandesa. En la holandesa hay una cierta disponibilidad de espacio para los partidos en función de su representación parlamentaria. En la inglesa no se da esa posibilidad, pero, en cambio, tiene un grado de calidad y objetividad informativa muy importante.

Pero, entre tanto, hay que entrar a saco en RTVE para saber qué pasa allí, en ese organismo que permanece sumido en la más absoluta confusión. Estamos dispuestos a proponer que cada reunión del Consejo Rector dé lugar a un comunicado extenso, que pase en la propia TVE, Sobre el orden del día, temas discutidos y acuerdos o desacuerdos producidos. Si eso es vetado por la mayoría de UCD, entonces estamos dispuestos a decirlo en otros medios de comunicación de masas, incluso a salirnos del Consejo y a decir «señores, esto es lo que pasa en RTVE».

EL PAIS: ¿Qué valoración hace el PSOE de la actitud de la Iglesia en el cambio de régimen?

F. G.: Es evidente que en los últimos veinte años, el conjunto de la Iglesia católica se ha ido despegando de la dictadura, y en parte la ha combatido hasta llegar a una situación curiosa. Es el único sector institucional que, profundamente ligado en sus orígenes al régimen actual, ha logrado recuperar su imagen sin suscitar una sola crítica en los medios de comunicación de masas por su pasada ligazón con la dictadura. Ahora, dos años después de la muerte del general Franco, ante la nueva Constitución en redacción y los problemas que plantea la sociedad española, en cambio -como la educación-, se han empezado a suscitar algunas cuestiones.

A nivel constitucional, la aconfesionalidad del Estado, que algunos pretendíamos incluir en el texto, suscitó una reacción crítica, pero comprensible, por parte de la Iglesia.

Yo estoy dispuesto a admitir que declarar la aconfesionalidad del Estado o su laicidad puede ser interpretado como un arcaísmo en una Constitución de nuestro tiempo. Pero es innegable que, teniendo en cuenta el pasado histórico de nuestro país, esta declaración serviría para garantizar la separación efectiva de la Iglesia y el Estado y, al mismo tiempo, para poner de manifiesto nuestra voluntad de respeto a la libertad de conciencia.

11/12/81

El "topo" (11-10-1981)



Para muchos periodistas, Fernando Castedo, director general de RTVE, es un sosias de Woody Allen que se cree Julio César. Presumiblemente es una apreciación incorrecta. Fernando Castedo es en realidad el «topo», el calderero, sastre, soldado, espía, traidor de esta nueva serie de la política española que nos está deparando la rebatiña partidista por mayores parcelas de influencia en televisión. Es evidente que Calvo Sotelo le ha retirado su estimación. Vaya en descargo de Castedo el hecho de que el presidente del Gobierno apenas estima a sus ministros y existe una sesuda controversia sobre si acaso aprecia a alguno de los españoles. Rodríguez Sahagún, presidente de UCD, le acaba de negar públicamente su confianza política. Pero bien se puede suponer que este hombre, esforzado e inteligente, que asistió como ministro de Defensa a dos intentos de asonada sin detectarlos, el discernimiento de la confianza se encuentra levemente deteriorado.

El caso es que quienes no elevaron sus quejas por la gestión inflacionista de Rafael Ansón o por la errática de nuestro actual embajador en Londres, Fernando Arias Salgado, han abierto ahora una pertinaz campaña de descrédito contra el primer director general democrático de RTVE. Así las cosas, ni dimitirán ni cesarán los ministros «réprobos» relacionados administrativamente con el envenenamiento por aceite tóxico, pero para la buena marcha de este país Fernando Castelo se verá obligado a dimitir apenas iniciado su mandato.

Decía Azaña a sus radicales que había que acostumbrar a la nación a que la República durase. Todos deberíamos ahora acostumbrarnos a que la democracia sea duradera; a que duren los Gobiernos, el director de la Radiotelevisión del Estado y hasta los «ministros de la colza», si no queda otro remedio. Y en este caso todavía más si levantamos un pico de la alfombra de intereses que encubre los ataques contra Fernando Castedo y descubrimos el propósito de regresar a una televisión meramente gubernamental o la moralina de evitar a los españoles la zooderastia de Padre, padrone, el apenas insinuado incesto en De carne y hueso o la dispersión afectiva de Enredo, esa serie tonta y relajante de los domingos por la noche.

Bien es cierto, que en tanto Radio Nacional ha mejorado sensiblemente, la programación de Televisión sigue siendo deficiente. Sus informativos son evanescentes, los Antigua Fábrica espacios lúdicos, paradójicamente, aburridos tan pronto aparece en un coloquio de La clave un Nosferatu de la política disertando sobre el libelo como se aplaza medrosamente un programa, como el dedicado al PSOE en vísperas de su congreso. Se suprimen programas culturales de la calidad de Revista de cine, Imágenes o Encuentros con las letras sin sustitutos de su categoría. Se destituye errónea e innecesariamente a Gabilondo y se tolera un tonto ataque contra Mauro Muñiz, mientras el entramado opusdeístico y reaccionario del tinglado de la antigua farsa prosigue su roe-roe por los pasillos de Prado del Rey.

Pero una cosa es criticar los pasos en falso que la dirección de RTVE pueda dar en su tanteo para encontrar una ley de compensaciones y una programación de calidad y otra echar a trotar por las calles, de la mano de Le Carré, este síndrome del «topo», del infiltrado, del traidor que, aupado a la dirección de RTVE, devora las entrañas del Estado para mayor provecho de las izquierdas y la disolución de las costumbres. Es un síndrome estúpido y cainita, casi un regüeldo maccarthysta de la anterior guerra fría. Si empezamos a ver infiltraciones izquierdísticas en los entes públicos, mañana la advertiremos en la Renfe y alguien pedirá que detengan los trenes.

De derechas de toda la vida

Por lo demás, Fernando Castedo es un señor bajito, militante de UCD, de derechas de toda la vida, católico, apostólico y romano, padre de familia, de costumbres templadas, ex subsecretario de Pío Cabanillas, miembro brillante de uno de los cuerpos de élite del Estado y en absoluto un desconocido para su partido o el Gobierno. Se ha rodeado de un buen equipo de profesionales, no tiene un sentido patrimonial sobre la RTVE, ha heredado una situación administrativa caótica y venal y, hasta ahora -con todos los errores que le sean imputables-, parece querer enderezar las cosas hacia una Radiotelevisión que sirva a todos los ciudadanos, y no sólo a los grupos organizados de poder. Este es el monstruo de maquiavelismo que se nos quiere presentar.

En cualquier caso, Televisión Española nunca distrajo tanto como ahora la conveniencia de ingresar o no en la Alianza Atlántica, la imparable y macabra riada de la colza, el enfrentamiento de la gran patronal con el Gobierno, la descomposición interna de nuestros tres grandes partidos; todo parece haber quedado estos días entre paréntesis ante el gran problema nacional: el descabalgamiento del «topo» como director general.

La broma del destino llegará de la mano del revés que tiene toda trama; al final, cuando destituyan a Castedo, sus debeladores descubrirán toda la verdad: el auténtico «topo» era Senillosa.

17/9/81

Del homicidio considerado como una de las bellas artes (17-9-1981)



Una modesta proposición destinada a evitar que los niños de IIrlanda sean una carga para sus padres, el país es el título de un remoto y poco conocido opúsculo en el que Swift sugería una solución bastante drástica al exceso de población irlandesa: cocinar a los niños y comérselos. Thomas de Quincey, en sus conferencias sobre el asesinato considerado como una de las bellas artes, afinaba aún más su percepción de la moralidad; bien en uno de sus parlamentos ante la Sociedadpara el Fomento del Vicio, bien ante la Sociedad para la Supresión de la Virtud, afirmaba que «...si uno empieza por permitirse un asesinato. pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y, a la inobservancia del día del Señor y, se acaba por faltar a la buena educación y, por dejar las cosas para el día siguiente».Por lo que respecta al tratamiento parlamentario del envenenamiento de más de 15.000 españoles, el Gobierno y su oposición no están dejando las cosas para el día siguiente. Las formas y, la buena crianza han quedado salvadas. Pero en pocas ocasiones como ésta quedará tan patente la doble moralidad de algiuna parte de nuestra clase política. así como el erróneo entendimiento de que la razón de Estado es una piedra sacrificial sobre la que es lícito inmolar los más elementales derechos ciudadanos: la salud la vida.

En ocasiones como ésta. conversar con los señores diputados conlleva una importante lección de humildad, así, cuando algún diputado centrista argumenta en los pasillos del Congreso, con dulzura franclscana, sobre la responsabilidad que atañe a los consumidores por ingerir productos de dudosa procedencia -«claro que esto no se puede decir en público»-. No menos edificante es la actitud del Gobiemo, que, ante toda esta historia de sórdido tercermuiidisnio que desfila ante el Congreso, como si la carrera de San Jerónimo fuera un aduar, se defiende poco menos que argumentando que ellos -el Gobierno- ni han vendido ni han adulterado el aceite. Descartes hubiera quedado anonadado. Y el doblemente envenenado desvío de responsabilidades hacia ayuntamientos y comunidades autónomas evidencia hasta el hueso todas las posibilidades que pueden extraerse de la recámara gubernamental.

Por lo demás -sépase-, un eran número de diputados colocan el listón de la colza en los quinientos muertos; asienten gravemente a los pesimistas pronósticos de Grande Covián, y coinciden -parlamentarios del partido del Gobierno y de la oposición- en que hasta que se vea el juicio por los sucesos del 23 de febrero aquí no se puede levantar la voz, ni aunque medien 15.000 envenenados. Diputados socialistas admiten que este 15 de septiembre había más argumentos para presentar una moción de censura contra el Gobierno, que el 2 de mayo del pasado año contra el Gabinete de Adolfo Suárez.-Pero, a lo que parece, Tejero sigue echando gente al suelo. Que existe un pacto soterrado entre el Gobierno y la oposición para no extraer del Pleno de la colza todas sus posibilidades sociales y políticas (la ausencia de una exacta medida del Estado, la ineficacia administrativa, la permanencia de hábitos de corrupción fraguados en el anterior réimen. etcétera) es evidente y hasta vergonzante: llenas a rebosar las tribunas de Prensa y público y, no más allá de media entrada en el peluche de los diputados; sugerencias franquistas a la radio y lá televisión para poner sordina al debate y hasta una insólita retransmisión deportiva en el primer día del Pleno. Por una vez, el Congreso se asemejaba a aquellas Cortes, para satisfaccíón de todos los que las añoran. Y así, entre acusaciones sectoriales hacia el Gobierno y el yo no he sido que ,e emana del banco azul, se está arrojando por la borda el gran debate que los ingenuos ciudadanos esperaban.

Todo, en suma, resulta tolerable mientras primen los valores convenclontles y entendidos de la buena educación, la rnesura, la prudencia política y eso que tanto se usa en las conversaciones de café y que pasa por estrategia de Estado. Los muertos, los enfermos, los lisiados, los preocupados no son más que sumandos de ese medio millóii de votos que se supone que pueden trasladirse de partido en función de este debate, presumiblemente perdido para la democracia. Porque, aunque la ironía de Swift y de Quincey se nutra de la utopía del cambio social que persigue gran parte de la oposición al Gobierno, esta semana se ha producido la constelación de los astros que permite que el homicidio -ya que no el asesinato- pueda una vez más, ser considerado como una de las bellas artes. Por lo menos en este país es judicialmente barato y políticamente negociable.