30/6/84

Descartada la hipótesis de atentado en la explosión de un petrolero en Buenos Aires (30-6-1984)

El presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), empresa estatal argentino, descartó en la mañana de ayer que el petrolero Perito Moreno, que sufrió una explosión en la noche del jueves en el puerto de Buenos Aires, hubiera sido objeto de un atentado. El buque, prácticamente partido en dos, continuaba ardiendo en la tarde de ayer, y aún no es posible verificar las causas del accidente. No obstante, autoridades fluviales han adelantado que presumiblemente un marinero manipulando un soplete provocó el incendio y la explosión de los tanques que acaban de ser vaciados de crudo.

El Perito Moreno, de 15.000 toneladas, construido en Astilleros Españoles, había atracado en el muelle sur del puerto el pasado miércoles, iniciando ese mismo día.el trasvase de 13.000 metros cúbicos de petróleo a los depósitos de YPF. A las ocho de la tarde del jueves voló por los aires, y parte de su superestructura y cubierta, de varias toneladas dé peso, fue lanzada contra los malecones, a más de 100 metros de distancia.Más de una hora después de la explosión una voz anónima informaba telefónicamente a la agencia informativa Diarios y Noticias que la nave había sido saboteada por un autodenominado Comando Sargento Cisneros (uno de los caídos en el hundimiento del crucero General Belgrano durante la guerra de las Malvinas), en represalia contra la compañía Shell por su ayuda a la flota británica y como protesta por la presencia en Argentina de tres parlamentarios del Reino Unido.

A primera hora de la tarde d ayer se ignoraba el número e ¡den tidad de las posibles víctimas. El Perito Moreno contaba con una tripulación de 30 hombres, de los que sólo seis tenían obligaciones laborales en el buque en el momento de la explosión. Tres de ellos se arrojaron al agua, y se encuentran hospitalizados fuera de todo peligro.

Hasta el momento no existen otras víctimas ni en tierra, ni en otros buques surtos en la zona petrolera del puerto, ni entre los equipos de extinción.

Las llamas, de 20 rnetros de altura, hubieran causado una catástrofe de haberse propagado a los depósitos portuarios de crudo y alcohol. Un viento del Norte conjuró esta posibilidad, pero una man zana de casas fue desalojada en previsión de que los depósitos estallasen por simpatía. Bandas de ladrones entraron inmediatamen te en las casas y las desvalíjaron Los fluidos eléctrico y de gas habían sido cortados por la municipalidad en dos kilómetros a la redonda.

La explosión inicial afectó al Cabo Corrientes, también cargado de petróleo, que comenzó a arder por la popa. El buque largó ama rras y un remolcador lo sacó del puerto mientras se dominaba el incendio a bordo.

A medianoche, y durante 30 minutos, el presidente Raúl Alfonsín presencio el desarrolló de la extinción del fuego acompañado por lo directivos de YPF.

24/6/84

Los países proteccionistas consiguen una reducción del cupo para la captura de ballenas (24-6-1984)

El viernes terminó en Buenos Aires el 36 congreso de la Comisión Ballenera Internacional, integrada por 40 naciones cazadoras de cetáceos, y que por primera vez se reunió fuera del Reino Unido. El argentino Eduardo Héctor Iglesias fue reelegido presidente del organismo, y los países proteccionistas se alzaron con la victoria en la votación final rebajando el cupo de capturas para 1985 a 6.690 ejemplares, frente a los 9.956 permitidos en 1984.

El avance ecologista más importante es la reducción en un 36% del cupo de capturas de la especia austral minke, de la que en el próximo año sólo se podrán cazar 4.224 ballenas. La decepción ha sido absoluta entre los representantes de la Unión Soviética y Japón, hasta el punto de que el delegado nipón llegó a aventurar que su Gobierno no acepte la moratoria total de cacería de cetáceos prevista para el primero de enero de 1986.

Noruega fue premiada con la autorización para cazar 635 ballenas -el mismo número que este año-, en lo que se considera un cupo político, para separarla de los grandes depredadores soviéticos y nipones. Sin embargo los países proteccionistas han perdido el apoyo tradicional de Brasil, Chile y Perú, que votaron por incrementar el cupo.

Las reuniones de la comisión celebradas en un hotel de Buenos Aires contaron con la presencia continua de manifestantes ecologistas de numerosos países.

La justicia castrense procesa al general Bignone, último presidente militar de Argentina (24-6-1984)

El general de división retirado Reynaldo Bignone, presidente de la última Junta Militar argentina, será juzgado por tribunales castrenses por sus supuestas responsabilidades en la desaparición de tres soldados en 1976 del Colegio Militar de la Nación que entonces dirigía el jefe del Estado que entregó el poder a los civiles.Bignone fue detenido y procesado por el juez de instrucción Carlos Oliveri, quien investiga la desaparición de los soldados Daniel García, Pablo Steinberg y Mario Molfino. Algunos testigos presenciales afirmaron que recibieron atención médica previa a la tortura en el propio Colegio Militar y que Bignone admitió ante terceras personas que la desaparición de dichos soldados fue debida a un error de información. "En toda guerra siempre hay víctimas inocentes", comentó.

El abogado del presidente, un ex ministro de Justicia de la dictadura, apeló a la Corte Suprema reclamando el fuero militar para su defendido. Por mayoría simple la Corte accedió a la petición, teniendo en cuenta las reformas recientemente introducidas en el Código de Justicia Militar, que hacen revisables todas las sentencias por la justicia civil federal.

Reynaldo Bignone, detenido en Campo de Mayo (cuartel general del Ejército argentino en las proximídades de Buenos Aires) ha quedado así a disposición del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, máximo tribunal militar y se considera inminente su puesta enlibertad provisional a la espera de su juicio. Sus camaradas de armas serán, sin duda, más clementes con él que un juez federal, aunque también debe considerarse que Bignone, a la postre, fue la imagen de la transición a la democracia, que ha sido siempre un militar profesoral y que, al margen de sus presuntos delitos, no personifica la barbarie militar argentina.

Tras el fallo de la Corte Suprema puede seguir los mismos pasos la causa contra el ex presidente, teniente general retirado, Roberto Eduardo Viola -sucesor de Videla y predecesor de Galtieri-, por la desaparición de Alfredo Giorgi, miembro del Instituto Nacional de Tecnología Industrial.

La detención de Viola se basa en un documento firmado por él y facilitado a la justicia civil por el Ministerio de Defensa, en el que el ex presidente ordena, en mayo de 1979 en una directiva secreta, "...la acción militar directa para proceder a la detención y/o eliminación de elementos marxistas, ideólogos y activistas...".

Por otra parte, se ha aplazado por 30 días la publicación del informe final de la Comisión Nacional Sobre Desaparición de Personas, que preside el escritor Ernesto Sábato. La demora se debe a la necesidad de armar la voluminosa documentación recabada, que servirá para precisar las circunstancias de la desaparición de al menos 10.000 personas.

El pantano judicial es de considerable profundidad, especialmente si se tiene en consideración el entrecruzamiento de las causas militares con las civiles. Hasta el momento los procesamientos incoados por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas -tanto los relativos a la guerra sucia, como los que atañen a la pérdida de la guerra de las Malvinas- amenazan con eternízarse en su fase sumarial. El presidente Alfonsín ha impartido instrucciones para que se agilicen los procesos.

No obstante, una cierta lentitud puede ser bien considerada desde el Gobierno y la oposición peronista para dar tiempo a que cicatricen algunas heridas y para que los juicios no se vean en un clima revanchista. Otro elemento de preocupación es que la hipotética dulzura de las sentencias castrenses puda ser apeladas ante la justicia federal, orginando un nuevo enfrentamiento entre la sociedad civil y la militar.

22/6/84

La extradición de Firmenich a Argentina, condicionada a que la pena no supere 30 años (22-6-1984)

El Tribunal Supremo Federal de Brasil ha concedido a Argentina la extradición de Mario Eduardo Firmenich, máximo dirigente de la organización armada peronista Montoneros, detenido hace cuatro meses en aquel país. Estaba reclamado por el Juzgado Federal número 5 de Buenos Aires y había sido ordenado su procesamiento por el propio Gobierno democrático, al tenérsele por presuntamente responsable de la organización de bandas armadas que coadyuvaron a la desolación del país mediante secuestros, extorsiones y asesinatos.

El alto tribunal brasileño condiciona la extradición a que Firmenich no sea condenado a más de 30 años, pena máxima brasileña en tiempos de paz, y las autoridades argentinas tienen un plazo de 60 días para reclamar al prisionero.La justicia argentina le reclamó por seis presuntos delitos. La máxima corte brasileña -por siete votos contra tres- ha otorgado la extradición por tres de ellos: los asesinatos del empresario Agustín Soldatti y su guardaespaldas, en 1979; el intento de asesinato, también en 1979, del entonces secretario de Hacienda, Juan Alemán, y por el intento de secuestro de los empresarios hermanos Jorge y Juan Born, en 1975, en el que murieron dos de sus guardaespaldas. La corte brasileña rechazó imputaciones sobre asociación ilícita, posesión de armas y de documentación falsa, por considerarlos delitos de carácter político.

Firmenich, de 41 años, padre de dos hijos, de extracción ultraderechista y ultracatólica, se erigió en jefe de la izquierda revolucionaria peronista y líder del movimiento Montoneros, facilitando con su lucha armada el regreso de Perón. Éste terminó expulsándolos de la plaza de Mayo, acusándoles públicamente de practicar el infantilismo revolucionario, dándose así comienzo a la guerra civil peronista entre los montos y la Triple A de José López Rega, que abocó en el golpe de Estado militar que derrocaría a la viuda de Perón.

Aunque la justicia argentina no le ha reclamado por esta causa, el crimen más abyecto que se imputa a Firmenich es el asesinato a sangre fría del teniente general Aramburu, ex presidente de la nación.
El Gobierno de Alfonsín decidió el procesamiento de los militares responsables de la guerra sucia contra la subversión, y como contrapeso ordenó el procesamiento de líderes guerrilleros. Acaso en la esperanza de que no aparecieran jamás.

Firmenich se presentó en Río de Janeiro con su documentacíón legal, y prácticamente se dejó detener. No así su segundo, Fernando Vaca Narvaja, aún en paradero desconocido.. Ambos publicaron en la Prensa porteña, poco después de las elecciones de noviembre, anuncios reconociendo su error histórico y político al patrocinar la lucha armada y admitiendo plenamente la nueva etapa democrática argentina.

Su extradición y el proceso judicial subsiguiente en Buenos Aires consolidan por la izquierda el proceso a los militares que secuestraron y arrasaron el poder político, pero para nada resultará Firmenich un preso cómodo.

19/6/84

Wilson Ferreira y su hijo, procesados por traición por un juez militar uruguayo (19-6-1984)

El candidato a la presidencia uruguaya por el Partido Nacional, o Blanco, de Uruguay, Wilson Ferreira, y su hijo Juan Raúl -secretario de relaciones internacionales del partido- fueron procesados en. la madrugada, de ayer por un juez militar bajo las acusaciones de asistencia a la subversión y traición a la patria. Con el procesamiento se ha levantado su incomunicación y podrán ser visitados dos veces por semana por sus famítiares directos, en los acuartelamientos en que se hallan detenidos, fuera de la capital.

Según Beder Mendieta, dirigente del Partido Nacional, la policía detuvo ayer a 17 dirigentes blancos.
Por otra parte, en una reacción insólita, el teniente general GregorioGoyo Álvarez, presidente de la República y cabeza visible de la dictadura militar, negó el domingo haber sido derrocado por el teniente general Hugo Medina. Álvarez insistió en que la normalidad en el Gobierno y las fuerzas armadas era absoluta.

El comandante en jefe del Ejército también negó tener initenciones de derribar al Gobierno. Esta catarata de explicaciones no pedidas parecen confirmar que la dictadura llegará a las elecciones previstas para el 25 de noviembre con una dirección distinta a la de Goyo Álvarez y bajo la inspiración del general Medina, militar duro, pero partidario de que el Ejército regrese a sus cuarteles.
La convención nacional del Partido Blanco, reunida el domingo en Montevideo, acordó retirarse del diálogo con los militares mientras su líder continúe encarcelado. Carlos Julio Pereyra, candidato a la vicepresidencia, declaró que "los que piensan que puede haber elecciones libres con un candidato presidencial preso es que no saben qué es la democracia". No obstante, el partido permanece en la Multipartidaria junto a los colorados, Unión Cívica (escisión de la Democracia Cristiana) y Frente Amplio (comunistas, socialistas, grupúsculos de izquierda y Democracia Cristiana).

Privadamente, los dirigentes blancos aceptan que el partido podría ir a las urnas si Ferreira es liberado, aunque continúe proscrito políticamente y no pueda concurrir a los comicios; una situación análoga a la del líder del Frente, general Líber Seregni.

18/6/84

La larga travesía de un ilustre exiliado (18-6-1984)

A las 10 horas del sábado, siete unidades navales uruguayas interceptaban en el río de la Plata a la motonave Ciudad de Mar del Plata, que, bajo pabellón argentino, trasladaba a Montevideo a Wilson Ferreira Aldunate, líder del Partido Blanco y candidato presidencial a las elecciones de noviembre; a su hijo Juan Raúl, ex presidente de Convergencia Democrática -agrupación de exiliados de todos los partidos-, y a 524 personas más, entre ellas 190 periodistas internacionales.

Fue una aparatosa demostración que retrata todo el desasosiego de esta dictadura militar. El Ciudad de Mar del Plata fue obligado a parar máquinas y echar el ancla al traspasar las aguas jurisdiccionales uruguayas. Una patrullera costera, con su ametralladora de popa desmontada, una Zodiac sobre cubierta, un sillín de transbordo naval de personas y dos hombres ranas, además de su dotación correspondiente, abarloó el vapor de la carrera Buenos Aires-Montevideo abordándolo por la popa. Dos oficiales, uno de ellos médico, subieron a bordo mientras los uruguayos que acompañaban a Wilson Ferreira entonaban a voz en cuello desde los puentes el himno nacional ("...tiranos, ¡temblad! ¡Libertad, libertad, libertad...!").La bruma fluvial era deshilachada por cañoneras, guardacostas, un destructor... Una patrulla de tres aviones sobrevolaba a mediana altura el punto de intercepción. Wílson Ferreira y su hijo fueron convocados al puente de mando, donde se les instó a abandonar la motonave y transbordar a la patrullera. Ferreira Aldunate ya había anticipado su negativa a una propuesta de este tenor ("y es muy difícil obligar a un hombre a transbordar"). Otros seis oficiales, entre ellos el prefecto naval de Montevideo, abordaron armados el Ciudad de Mar del Plata, tomaron el mando del buque e impidieron al pasaje el uso de la radio, por más que Radio Belgrano, de Buenos Aires, y una emisora montevideana, que grabó la emisión sin emitirla, radiaban sus crónicas a las dos orillas del Plata pirateando las antenas del barco.

Dos horas después del abordaje, tras dudar Montevideo entre desviar el buque a Colonia -frente a Buenos Aires y atrás de su derrota- o a Punta del Este, más allá de la capital uruguaya, se decidió esta última opción. Wilson y su hijo pudieron hablar con los periodistas en uno de los puentes, anunciando su detención e incomunicación y el nuevo rumbo del vapor. En el ambiente de a bordo -tranquilo, pese a la guerra de juguete celebrada en su alrededor- el comentario era generalizado: "Miren lo que hace la dictadura cuando una familia pretende pacíficamente regresar".

El buque, ya con gobierno naval uruguayo, tiró tres cuadrantes, rompió el cerco y puso rumbo a Punta del Este escoltado por tres cañoneras a estribor Muchos montevideanos, entera dos por las radios argentinas de la interceptación y cambio de rumbo, tomaron sus coches y se dirigieron a la ciudad-balneario de la gran burguesía de los dos países. En el comedor del buque se reunía en una mesa todavía con los manteles sucios el directorio del Partido Blanco, que viajaba a bordo. Los oficiales uruguayos en el gobierno de la nave no hicieron notar su presencia.

El día anterior, a las nueve de la noche, el Ciudad de Mar del Platazarpaba de la dársena sur del puerto de Buenos Aires, entre extraordinarias medidas de seguridad que incluían una última prueba con detector de metales en la misma plancha de la embarcación. Wilson Ferreira, absolutamente afónico, apenas pudo hacer escuchar a la multitud en el muelle otra cosa que "...éste es el único camino...".

Fuera de la bocana del puerto la nave siguió una derrota a la derecha de la demarcación binacional del Plata, procurando no penetrar en aguas uruguayas. El exiliado en retorno y su familia presidieron la cena entre vítores y aplausos, y hastá la madrugada el bar del buque fue un improvisado escenario en el que se cantaron las canciones prohibidas y se tocó suavemente Candombe, supliendo la percusión con el gol petear de las manos sobre las mesas. Cerca de la media noche la cañonera argentina de escolta se aproximó protectoramente para desaparecer enseguida en la noche cerrada.

Tras la interceptación y cambio, de rumbo, el ambiente a bordo continúa siendo tranquilo y mucho más emotivo que indignado. El buque, siempre escoltado hasta Montevideo. La ciudad parece destellear entre la bruma. Con espejos y los faros de los automóviles se hacen se fiales a barco. El pasaje, acodado en la amuras de babor, contesta reflejando el escaso sol con espejitos de bolso y polveras de señora.

Viraje en redondo

A la 13.30 horas, repasado, Montevideo, un calambre recorre el barco: se levanta la incomunicación por radio con Montevideo. A los pocos minutos bajan de los camarotes superiores Wilson Ferreira y su hijo para almorzar en el comedor, convertido en plaza de la República. La motonave reduce sus revoluciones y comienza un viraje en redondo. La explosión: "¡Los milicos se acabaron, se acabaron volvemos a Montevideo!". Juan Raúl Ferreira confirma que el barco regresa a la capital y que él y su padre volverán a quedar incomunicados en 15 minutos más; que sólo se les ha autorizado a despedirse de sus correligionarios. Wilson aprecia que esto es el triunfo del buen sentido, que siempre será una victoria popular y que pronto todos volverán a estar juntos. Entre abrazos, se retiran a sus camarotes.Nadie almuerza. A las 14.15 horas el Ciudad de Mar del Plata enfila el canal del puerto montevideano precedido por dos remolcadores, seguido por tres lanchas Zodiac con buceadores de combate y sobrevolado por dos helicópteros. El silencio se hace estruendoso al sobrepasar la escollera. El puerto está tomado espectacularmente con tropas navales con casco y bayoneta calada, formadas en los malecones. Se vuelve a cantar el himno y las consignas sobre Wilson. Susana Ferreira y muchos uruguayos Horan mansamente en el puente alto, recobrando su ciudad tras 11 años de exilio.

Tras una larga espera, Wilson desciende la plancha del barco seguido por su hijo. Viste una zamarra con capucha juvenil, de gabardina, y, entre los oficiales que le custodian, da rápidamente media vuelta en el muelle y saluda al barco con los brazos en uve. Son introducidos en una oficina de sanidad marítima y en media hora abandonan el puerto militarizado en dos helicópteros con destino a cuarteles no identificados de las proximidades de Montevideo.

A las seis de la tarde del sábado, horas después del arribo, el resto del pasaje del Ciudad de Mar del Plata fue introducido en autocares que, siguiendo a camionetas y motociclistas militares,. recorrieron el puerto, desperdigándoles por diferentes salidas. La dársena en la que atracó el vapor de la carrera era una ciudadela: acumulando contenedores se habían formado murallas de 50 metros de largo, compartimentando el puerto, y otros parapetos de dos pisos cerraban los accesos. El despliegue militar era tal que movía a la broma de los inofensivos, hambrientos y derrengados ocupantes de los autocares ("si vosotros nos tenéis tanto miedo, no os preocupéis; más miedo os tenemos a vosotros").
Una hora más tarde, en el Ministerio del Interior, su titular, el general Rapela, recibía a los periodistas para una rueda de prensa sobre un retorno del que en Uruguay prácticamente no se puede escribir una palabra. Un corresponsal anglosajón, algo cansado por toda la molesta guerra de papel padecida, le espetó: "¿No cree, señor ministro, que el recibimiento que ustedes han dispensado a Wilson Ferreira es propio de 1984?"

Rapela dudó y terminó por contestar con absoluta ingenuidad: "Perdóneme, pero no comprendo su pregunta."

Obviamente, los militares uruguayos parecen no haber leído a Orwell, pero el sábado le hicieron el honor de llevar a la práctica sus predicciones.

17/6/84

El "desembarco" de Wilson Ferreira en Montevideo (17-6-1984)

Al día siguiente del golpe de Estado militar de 1973, Wilson Ferreira Aldunate, líder del Partido Blanco uruguayo y jefe de la oposición al Gobierno colorado, esperaba junto a su mujer, Susana, el despegue de un avión privado. El aparato tenía permiso de despegue, pero la pequeña pista, dado el estado de sitio, se encontraba vigilada por las tropas. El pequeño aeroplano comenzó a rodar por la pista. Wilson y Susana salieron de los matorrales en los que estaban escondidos y corrieron hacia él. Una portezuela se abrió y el matrimonio se tumbó en el suelo de la carlinga esperando los disparos. Ferreira susurró a Susana al oído: "No me dirás que te he dado una vida aburrida". Once años después, a las diez de la noche del pasado viernes, zarpaba del puerto de Buenos Aires el Ciudad de Mar del Plata, vapor de línea entre la capital argentina, y Montevideo, para desembarcar en Uruguay a Wilson Ferreira, ya candidato presidencial a las elecciones previstas para noviembre por la dictadura militar Nuestro corresponsal en el Cono Sur entrevistó a Ferreira poco antes de que embarcase.

Wilson Ferreira tiene 65 años y tres hijos de su matrimonio. Le falta una asignatura para terminar Derecho, y dedicó toda su vida adulta a la política uruguaya dentro del Partido Nacional -o Blanco-, que sólo durante ocho años alcanzó a gobernar el país, dada la hegemonía electoral (siempre por unos escasos miles de votos) del Partido Colorado. Blancos y colorados, en una traslación siempre peligrosa, podrían equipararse, a los conservadores y laboristas británicos, o a los republicanos y demócratas estadounidenses. Los blancos, representantes del campo y los ganaderos, siempre en buenos contactos con Argentina; los colorados, representantes de la pequeña burguesía urbana de Montevideo, siempre en buenos términos con el gigante brasileño.

Ferreira escapó de Buenos Aires tras el asesinato, en el que colaboraron los servicios de inteligencia militar argentina y de Uruguay, de Zelmar Michelini, senador, y de Héctor Gutiérrez, ex presidente de la Cámara de Diputados. Fueron secuestrados y ase sinados en la capital argentina en un operativo que incluía la muerte de Ferreira, a quien no pudieron encontrar.

Tras denunciar ante el Senado estadounidense las atrocidades de la dictadura castrense uruguaya, Wilson Ferreira se convirtió en la bestia negra de los militares. Más de 500 personas le acompañan en el Ciudad del Mar del Plata, de bandera argentina, en su regreso al país tras 11 años de exilio.

El Gobierno de Montevideo, que preside nominalmente el general Gregorio (Goyo) Álvarez, ha prohibido a la Prensa cualquier mención directa o indirecta del regreso del líder blanco. No parece que vuelva al país un líder político acompañado de 190 periodisas y correligionarios; parece que regresara una división armada con capacidad operativa de desembarco. Desde la caída del sol el viernes se cerró la ciudad vieja de Montevideo, y el puerto está patrullado por tanquetas militares. Helicópteros artillados sobrevuelan la ciudad, y las emisoras de radio emiten comunicados periódicos, enmarcados entre marchas militares, informando del presunto acceso al país de comandos terroristas, e intentando disuadir a la población de acudir a los aledaños del puerto para recibir al exiliado que vuelve.

No se alberga la menor de las dudas sobre que Ferreira y su hijo serán detenidos en cuanto atraque el vapor, y, a tenor de informes llegados desde Montevideo, serán trasladados directamente al siniestro penal de la ciudad de Libertad.

Sin ningún miramiento, a Ferreira se le reputa en Montevideo de físicamente cobarde; es posible que lo sea, como en el mismo sentido lo fue Manuel Azaña. El jueves se encontraba traspuesto en la cama, en un hotel de Buenos Aires, quizá somatizando su futuro personal. Pero el caso es que vuelve, y que lo hace en una apuesta de a todo o nada,para colocar a la nerviosa dictadura uruguaya ante sus propias contradicciones.

Pregunta. ¿No tiene miedo de ser asesinado a su regreso?

Respuesta. No. No se dan las condiciones objetivas para un regreso a la filipina. Podría tener temor en Buenos Aires, y ya se han encargado allí de protegerme en lo posible. Una vez en manos de los militares uruguayos sé que nada podrá pasarme. No tengo ninguna veleidad por ser un mártir y ya he repetido que harán conmigo lo que los uruguayos quieran que hagan. No pienso someterme a la jurisdicción uruguaya actual por cuanto rechazo su legitimidad, pero debo regresar a mi país.

P.Usted ha sido muy duro con las Fuerzas Armadas, pueden temer de usted una actitud revanchista.
R. No soy candidato a juez ni a fiscal. Soy candidato a presidente de la República. Los problemas acumulados se resolverán y a la satisfacción de todos, cuanto menos se crispe la gente. El Ejército uruaguyo está muy equivocado respecto a mí y a mi partido. Lo quiere todo firmado, como en las ordenanzas españolas, y en política las cosas no siempre son así. Acaso sea una herencia de esas ordenanzas en las que un centinela -la centinela, en el mejor castellano- lo tiene todo organizado y programado, hasta tal punto que puede morir antes de conocer quién le asalta.

Yo no voy a destruir al Ejército uruguayo, sino que lo voy a dignificar, pero no terminan de comprenderlo.

P. ¿No es un precio excesivamente alto su candidatura a ultranza para la celebración de elecciones en Uruguay?

R. Mi partido no acepta que se lleven a cabo elecciones con proscripción de candidaturas a personas. Yo no sé qué pensarán en la Europa democrática de nuestra postura, que a mí me parece elemental. Ustedes deben entender que son los propios militares uruguayos los que repiten constantemente que sin acuerdo previo no puede haber elecciones. Saben perfectamente que no se puede llamar a votar sin la anuencia del Partido Blanco. Y yo me ofrezco como ofrenda de paz, como afirmé recientemente en Argentina: si el Gobierno uruguayo convoca elecciones con el pleno restablecimiento de libertades que fija la Constitución, retiro mí candidatura, y aun así me resultará escaso el presunto sacrificio.

P. ¿Su regreso podrá entorpe. cer el calendario electoral?

R. Yo no tengo alma de mártir pero vuelvo con el signo de la alegría y de la reunificación, del reencuentro y de la venida tranquila. No vuelvo para la guerra ni para el enfrentamiento. Mis simpatizantes tienen consignas de recibirme en la más absoluta paz, con esperanza y bajo el signo de la reconciliación nacional para todos. Quiero unas elecciones realmente libres y tranquilas para mi país, sin el menor ánimo de revanchas históricas. Los problemas continuarían en el futuro si se mantienen las exclusiones y las proscripciones.

P. ¿Algo más?

R. Que regreso en son de alegría y paz. Que creo tener todo mi derecho a volver, que de nada se me puede acusar y que sólo aspiro a las elecciones libres y democráticas de noviembre sin el menor rencor ni remisionismo. Que confío en que las democracias europeas -y particularmente la española- entiendan la postura de mi partido y la arbitrariedad de mí inmediato encarcelamiento.

El viernes, Montevideo era un hervidero de rumores. Las emisoras de radio transmitían constantemente comunicados mientras los helicópteros sobrevolaban la ciudad. Lo dicho, no parecía que regresara un hombre con 11 años de exilio a sus espaldas, sino todo un ejército de desembarco. La realidad es que el personaje está cansado, fatigado en extremo por una gripe y sin la menor de las ganas de ser apresado por sus rencorosos, enemigos políticos. Pero se apresta a volver en esta noche del viernes para que nunca más, al menos, le reprochen sus detractores que siempre aduzca su condición de católico para no batirse en duelo, una práctica legal en Uruguay.

Sea como fuere, es un hombre que regresa para entregarse a quienes no le pueden soportar. La vuelta al todo o al nada del vapor de línea entre Buenos Aires-Montevideo que habrá hecho el Ciudad del Mar del Plata.