11/8/85

El tío, el sobrino y el general (11-8-1985)

Quien a los 20 años no es comunista es que no tiene corazón y quien a los 40 no es de derechas es que no tiene cabeza. Es un viejo dicho, atrabiliario por supuesto, pero que encierra el germen de algunas verdades en el camino de perfección -o de imperfección- de los hombres y las mujeres, y que son de alguna manera aplicables a la biografía de Víctor Paz Estenssoro, uno de los padres, junto a Hernán Siles Zuazo y Juan Lechín, de la revolución socialista boliviana de 1952 -ni más ni menos que cuando le faltaban siete años a Fidel Castro para entrar en La Habana- y ahora por cuarta vez presidente constitucional de su país.Ciertamente no ha sido la última la mejor de sus elecciones y, presumiblemente, será la más amarga. Ha ganado legítimamente la presidencia tras una votación congresual -el sufragio de los diputados y los senadores- en la que su segunda minoría en votos populares ha resultado triunfante gracias al apoyo de los multidivididos partidos de la izquierda, que le odian sólo un poco menos de lo que le temen al general Bánzer (general golpista y el dictador más prolongado de la historia boliviana: 1971-1978) y que no le van a dar el respaldo a su gestión presidencial que antes le negaron a su campaña electoral.

El término empantanamiento fue acuñado por el periodista boliviano para definir el marasmo en el que caía el Estado tras unas elecciones en las que no existía una mayoría absoluta y cabían todas las componendas congresuales. En esta ocasión el empantanamiento se ha resuelto mediante el apoyo de unos partidos de izquierda reticentes al Movimiento Nacionalista Revolucionario Histórico (MNRH) de Paz Estenssoro, pero las cosas, en el fondo, han quedado como estaban, si no algo peor.

Las elecciones bolivianas del pasado 14 de julio se adelantaron en un año, y con casi dos de anticipación, para evitar una guerra civil, y bajo el amparo de la Iglesia católica... Y no han clarificado otra cosa que el derrumbe electoral del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierdas de Siles Zuazo y el irresistible ascenso del ex dictador general Bánzer, que obtuvo su primera mayoría en votos populares aun cuando sólo fuera por algo más de 37.00 sufragios.

Paz Estenssoro gobierna, así el país en doble minoría: carece de la mayoría de los votos ciudadanos y los sufragios congresuales recibidos no lo son por afinidad programática sino por enfrentamiento al banzerismo. Aun así, las cosas han variado ligeramente con relación a la verdaderamente empantanada presidencia de Siles Zuazo: éste gobernaba al país durante las noches y -permanente noctámbulo y ávido lector de EL PAIS- su ausencia aliviará a los corresponsales de Europa; el entreguismo y la blandura de Siles Zuazo -una persona humanamente entrañable, perteneciente a la raza de los presidentes que son incapaces de firmar una sentencia de muerte- ha logrado, y ése sea acaso uno de sus méritos mayores, descalificar al sindicalismo de la COB (Central Obrera Boliviana) y de los gremios unificados del campo, que han perdido crédito a fuer de prepotentes, avasalladores y maximalistas; y, finalmente, Juan Lechín, el viejo -que no anciano- aventurero de la revolución socialista y del sindicalismo bolivianos, no tiene las mismas relaciones con Siles que con Estenssoro: al primero le desprecia, le envidia y le odia; al segundo, además, le teme y le respeta.

Paz Estenssoro, el viejo líder radical girado por la bisagra de los años y la experiencia hacia el centro derecha, ha formado un Gobierno en el que se equilibran todas las tendencias de su partido y en el que no faltan -por la derecha- personajes impresentables, hasta para las Fuerzas Armadas, y que participaron del abyecto Gobierno narcotraficante del general García Meza.

Se estima en La Paz que el primer Gobierno de la cuarta presidencia de Estenssoro, precisamente por estar tan equitativamente repartido entre sus alas y dividido entre sí, es un Gabinete destinado a abrasarse a corto plazo y a permitir tiempo al presidente. Más interesante será la actitud inmediata del sobrino, Jaime Paz, líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), tercera fuerza política del país después del tío y del general, que ha posibilitado con sus votos la derrota de Bánzer tras coquetear con él. Jaime Paz, de 45 años, socialdemócrata, extremada y legítimamente oficioso, aspira a ser el Alan García boliviano y se encuentra entre la espada de su tío y la pared de Bánzer. El interés estratégico de su partido en crecimiento residía en que el general Bánzer hubiera ocupado la presidencia de la República y que la izquierda y hasta el centro derecha de su tío se sumieran tras la derrota en nuevas divisiones para dejar al MIR como la más sensata y consolidada fuerza de la oposición, presta para ocupar el poder en las próximas elecciones. No ha sido así, y por miedo a votar a Bánzer el sobrino ha tenido que apoyar al tío -con el que, por otra parte, mantiene escasas relaciones familiares-, con la profunda desgana que evidencian sus comunicados explicativos de que el MIR, para nada y pese a sus votos, se compromete con el nuevo Gobierno.

El general que descubrió la democracia cuando en 1978 otro general -Juan Pereda- le desalojó con lágrimas en los ojos del palacio Quemado aspira a ser el próximo presidente electo y ya es sin duda el jefe indiscutido de la oposición a Paz Estenssoro, con la fuerza moral añadida de su mayoría en votos populares.

Un rey muy especial (11-8-1985)

Roberto Suárez, misterioso hacendado cincuentón, habita en las selvas del Beri y de la Madre de Dios, no muy lejos de donde Lope de Aguirre comenzó a encontrarse con su locura, y, relacionado con el tráfico internacional de armas -está por estudiar la estrecha y sospechosa relación entre el narcotráfico y el mercado marginal de armamentos-, presume de disponer de reactores de combate armados con misiles. No será para tanto, pero sí que domina una vasta red de aeropuertos clandestinos y una notable flota aérea, que saca su cocaína de Bolivia.Principal rey de la coca en el país, está reclamado por la justicia boliviana y la Interpol y se permite desafiar abiertamente al Gobierno del país. Robin Hood de las selvas amazónicas, hace trasladar en sus aviones, de ida y vuelta, a una vaca malparida de un pobre campesino en sus dominios, para que la examine un veterinario brasileño, a miles de kilómetros de distancia. Sólo unos días antes de las elecciones bolivianas del 14 de julio su hijo varón se casó en la ciudad de Santa Cruz con el más alto boato antes de emprender viaje de luna de miel -lógicamente- a Suiza. Y Roberto Suárez asistió a la ceremonia con absoluta impunidad.

9/8/85

Biografía de Cortés escuchada desde La Paz (9-8-1985)

El soroche, el mal de la puna -las veladas cresterías andinas donde habitan las llamas-, ataca al viajero en el mismo aeropuerto de La Paz, la pista aérea más alta del mundo. En las mismas escalerillas del avión, las piernas se hacen de goma blandísima, y es preciso boquear como un pez para llegar voluntariosamente al control de pasaportes y equipajes. Al menos así ocurre con corresponsales tabáquicos y con el cuerpo harto trabajado por los años y los últimos viajes.El sorocheprovoca una debilidad generalizada y una angustiosa falta de aliento, que se ve multiplicada transitando las empinadísimas calles de la capital boliviana -una ciudad enterrada en un desfiladero y trepada por sus laderas-, carentes, para mayor sacrificio, de un servicio regular de taxis. Sólo a un monje, Pedro de Lagasca, austero, amargado y mediocre mediador entre los partidarios de Pizarro y Almagro, podía habérsele ocurrido la idea de consagrar en este nido de cóndores la capitalidad de Bolivia.

La falta de oxígeno, o acaso la indiscriminada ingestión de coramina, aspirinas y litros de mate de coca, genera un raro dolor de cabeza itinerante, punteante, bellamente luminoso e iridiscente en el fondo de las pupilas, e insomnio. Un insomnio sorprendente hasta para los insomnes, en el que el viajero frota por enésima vez con cremas sus labios cuarteados, resecos y azulencos y, sintiéndose desdichado, prende la radio buscando consuelo.

Las radios bolivianas no tienen programas nocturnos, y sólo un par de horas antes de que el sol rompa por la silueta nevada del Illimani, que preside La Paz, comienzan a emitir una extraña música trompetera y, supuestamente, apasionantes comentarios en el armonioso quechua -mucho menos dulce que el guaraní- y en el hermético y seco aymará. El viajero busca convulsivamente Radio Exterior de España desde su excelente auditorio a 4.000 metros de altura, y, noche a noche, el apunamiento se va incorporando al organismo, que se reacomoda en la atmósfera enrarecida.

Pero la programación de Radio Exterior, no.

La mejor utilidad de Radio Exterior de España se la da a un corresponsal otro periodista radiofónico uruguayo: "Emiten los partidos de fútbol de un tirón y sin publicidad. Nosotros los grabamos de inmediato, los vamos cortando con publicidad, y los emitimos para los gallegos de las dos orillas del río de La Plata. Nos hacemos de oro, ché".

Está bien, y puede que las cosas no puedan ser de otra manera, por más que a veces resulte inexplicable el criterio infórmativo y programático de Radio Exterior de España escuchada desde Latinoamérica y por un español. Pero no creo que el soroche de este corresponsal haya sido tanto como para haberse movido a una injustificada sorpresa y desagrado por algunos capítulos de una biografía radiada de Hernán Cortés, emitida, por lo detriás, dentro de un espacio dedicado expresamente al V Centenario del Descubrimiento de América y que de haberse escuchado en México habrá provocado la rotura colérica de no pocos receptores.

Parece que continuarnos rebajando la figura de Hernán Cortes, una personalidad política, militar y humana fascinante; genial estratega, magnífico táctico, gran estadista, cruel, generoso, profundamente humano, presunto asesino de su esposa, amante de Malinche, que le instruía en el lecho sobre los secretos del Imperio azteca -elmalinchismo ya es un término psicológico para definir a quien se entrega a un poseedor voluntarioso-, hasta presentarlo como un mero conquistador de indios patanes coronados de plumas y recién descendidos de las palmeras. Cortés, equiparado poco más o menos que al general Custer y su Séptimo de Caballería antes de la matanza de Little Big Horn.

Continuar definiendo como indios -ya ni siquiera como amerindios- a los aztecas, abundando en el increíble error geográfico de Cristóbal Colón, no es menos grave que tildar de gallegos a los sevillanos, como con frecuencia se hace en el río de La Plata. Ahora mismo, en La Paz, Macabeo Chila, líder del Movimiento Revolucionario Tupac-Katarí, un partido indigenista, tiene que continuar insistiendo: "No somos indios, somos quechuas, aymarás y kollas". Una verdad bastante elemental, incontestable, que, a lo que parece, jamás llegará a España, la nación que antes y mejor debería entenderlo.

Moctezuma, pese a su derrota y calvario, es una personalidad contradictoria, atormentada, profundamente religiosa, entregada a hondas dudas metafísicas, que le perdieron y que denotan su elevado coeficiente intelectual. No es inferior a Cortés ni es un simple indio. YGuatimozín, su áspero sucesor, sólo conocido por los españoles que hayan visitado México, estuvo en un tris de acabar inteligentemente con Cortés y sus expedicionarios y, probablemente, invertir el rumbo de la conquista española del subcontinente. Se recuerda la barbarie de los sacrificios humanos mayas y aztecas o que al fundador de Buenos Aires se lo comieron los indígenas prácticamente a pie de playa, y se soslaya la Inquisición o se pasa un espeso velo sobre la forma en que los españoles ajusticiábamos a los nativos. El mismo términodescubrimiento, quizá ya definitivamente aplicado al quinto centenario del choque racial y cultural hispano-americano, suena a broma desde esta orilla de los océanos. Tienen razón Les Luthiers, unos excelentes parodistas musicales bastante conocidos en España, cuando en suCantata de don Rodrigo Díaz de las Carreras embroman a su público sobre la llegada de los españoles a su continente: "¡Ya nos descubrieron. Menos mal; por fin; ya era hora!".

A estas alturas parece indudable que tribus asiáticas no excesivamente bárbaras cruzaron el estrecho de Bering y poblaron América desarrollando importantes culturas -agricultura, elaboración de metales, matemáticas, calendario cósmico, arquitectura, sistemas de organización social y religiosa-, cometieron los errores de desconocer el caballo -Cortés acostumbraba a excitar al suyo para impregionar a sus visitantes indígenas, que lo creían humano-, la pólvora -a la postre, inventada por los chinos- y de no avisar con tiempo a Europa de que estaban allí.

Recientemente, en Buenos Aires, los más altos responsables españoles del Instituto de Cooperación Iberoamericana -ese ICI que los latinoamericanos no saben lo que es, aunque siguen intuyendo lo que podría haber sido un buen Instituto de Cultura Hispánica- expresaban su interés por reelaborar, conjuntamente con las naciones latinoamericanas, la enseñanza de los más de 300 años de historia en común. El V Centenario, sus fastos, llegará y pasará, y se consolidarán los excelentes negocios particulares que se están fraguando en Sevilla. Pero algo puede quedar y aliviar la atroz miseria intelectual latinoamericana: una verdadera y digna historia en las escuelas de las dos orillas de La Plata.

Todavía, para los latinoamericanos, Cortés, Pizarro, Almagro, Cabeza de Vaca, Juan de Garay, Orellana, el loco Aguirre, y la familia de los Pinzones, y Cristóbal Colón -que se equivocaron de camino- no pasan de ser una laya de aventureros, mezquinamente arribistas, oportunistas y lujuriosamente crueles para con las nativas y las riquezas. Para los españoles, el conocimiento es aún más pobre: hemos colonizado y poblado por más de 300 años estos territorios, aquí dejamos nuestra sangre, los apellidos, el catolicismo y el idioma, y no hace precisamente mucho tiempo; pero es dudoso que un español sepa diferenciar a un inca de un maya, a un kolla de un mapuche, y aún menos un toba de un diaguita; o que albergue alguna ligera noción sobre las figuras de Manco Capac, Moztezuma, Tupac Amarú, Guatemozín o Tupac Katarí. Y si se desdeña el indigenismo, resultaría igualmente sorprendente que los escolares españoles encontraran en sus libros algunos datos básicos sobre Bolívar, Sucre, San Martín, O'Higgins, Belgrano, Morelos, Hildago o Martí.

La historia de la conquista de la independencia es un despropósito tal como se relata a los jóvenes estudiantes en una y otra orilla de los océanos, y hasta la crónica de los virreinatos -un prodigio de habilidad política bastante más interesante que la operación Roca o la trabajosa elaboración de una socialdemocracia en el Cono Sur- es ignorada hasta extremos que sonrojan de vergüenza. Lo único perdurable e interesante que podría deparar este V Centenario sería un replanteamiento de la historia común en el nivel de las escuelas, que al menos nos permitiera conocer que, en Ayacucho, el mariscal Sucre libró la última batalla de la independencia contra un ejército español formado disciplinadamente por tribus quechuas y aymarás que supieron morir por la bandera española. Lo demás será la continuación del triste partido de tenis intelectual (?) entre el lamentable pacoumbralismo de los latinochés y los sudacas y su consecuente y no menos triste respuesta sobre losgallegos, gringos y gachupines. La siempre brillante soberbia de la ignorancia.

Pero volvamos al soroche, y al principio, y a Cortés. Hagamos lo que hagamos y sean las cosas como fueren, al menos, no convirtamos al primero de nuestros héroes americanos en una especie de guardia municipal de Barrionuevo poniendo orden porra en ristre en una lejana y olvidada vaguada entre unos díscolos emplumados un poco más allá de nuestro callejón de tierra entre el Mediterráneo y el Cantábrico. Españoles y americanos fuimos y somos mucho más que todo eso.

8/8/85

Bolivia prohíbe la exportación de Damas (8-8-1985)

El Ministerio de Industria y Comercio boliviano ha dejado en suspenso la exportación de 300 llamas en pie -vivas- a Estados Unidos, bajo la presión de la Asociación Nacional de Productores y, Exportadores de Artesanías Bolivianas.La llama es un camélido andino, de porte altivo y de pequeña estatura, con el que no pocos conquistadores españoles practicaron la zooderastia transmitiendo las enfermedades venéreas.

De carácter, obviamente, apacible, no soporta más de 50 kilos de carga durante una marcha indeterminada, según el terreno y la alimentación, tras la cual se detiene, inasequible a cualquier requerimiento. No ataca al hombre, pero cuando se enoja con él le escupe al rostro y sus salivazos dejan rastros corrosivos por semanas en la piel. Como el camello, es un animal integral, que aporta transporte de carga, leche, lana y carne, pezuñas para artesanía y piel. La última sequía andina exterminó al 30% de la cabaña boliviana de llamas y se teme que, entre los desastres meteorológicos, la depredación de la especie en busca de sus pieles y la exportación en pie coloquen esta fauna al borde de su extinción en Bolivia, tal como ha ocurrido con la vicuña, cuya caza, apresamiento y exportación están estrictamente prohibidos.

Paz Estenssoro mantiene la cúpula militar boliviana y promete gobernar con autoridad (8-8-1985)

Víctor Paz Estenssoro juró el martes como presidente constitucional de la República de Bolivia con un discurso en el que prometió gobernar con autoridad y sin admitir la anarquía. Anunció que su Gobierno adoptará un tipo de cambio único y real y que recurrirá a los capitales extranjeros para nuevas exploraciones y mejoramientos de la producción petrolera y minera del país. La cúpula militar boliviana ha sido ratificada en sus cargos hasta fin de año, y se especula con que el ex presidente saliente, Hernán Siles Zuazo, pueda ser designado nuevo embajador de Bolivia en Uruguay.

Sólo tres jefes de Estado estuvieron presentes en la transmisión de poderes de Siles Zuazo a Paz Estenssoro: Raúl Alfonsín, por Argentina; Belisario Betancur, por Colombia, y Julio María Sanguinetti, por Uruguay. Resultó así ruidosa la ausencia del presidente peruano Alan García, a hora y media de vuelo entre Lima y La Paz, en la transmisión presidencial de un país hermano entre los hermanos: Bolivia no es otra cosa que el Alto Perú escindido en nación independiente por las maquinaciones de Simón Bolívar. Las intenciones de García de reactivar el Grupo Andino no empiezan precisamente con el mejor pie tras este abierto desaire al nuevo Gobierno de Víctor Paz.Durante los actos protocolares de transmisión del mando todas las miradas estaban puestas en Gonzalo Sánchez de Lozada, presidente del Senado y del Congreso de Diputados y senadores, confeso no hispanohablante -se educó y vivió en Estados Unidos sin que sus progenitores o tutores pusieran excesivo empeño en que dominara la lengua de su patria- y, más correctamente, macarrónico farfullador del español. La osadía que le permite su talento -no es un hombre trivial- le impulsó a pronunciar un discurso de ocasión y además poético. El presidente no hispanohablante del Congreso boliviano mencionó al churqui, un árbol de copa frondosa que crece en los fértiles valles de Taríja, como símbolo de la democracia boliviana, que también crece lenta pero segura y ampara a todos los ciudadanos. El problema consistió en que el presidente no hispanohablante se refirió al churqui corno al gran árbol símbolo del altiplano. Paz Estenssoro le miraba con odió. El presidente del Congreso no sólo parece ignorar el idioma oficial de su país sino su propia geografía, fauna y flora: en el altiplano no crecen árboles, y menos el churqui. Aunque Paz Estenssoro quiso rectificarle en un susurro, la megafonía del palacio legislativo amplificó perfectamente la reconvención presidencial: "Por favor, diga que el churqui es tarijeño".

No terminaron ahí las cosas. El presidente no hispanohablante del Congreso portaba la banda presidencial que impuso a Víctor Paz y la gran medalla del mariscal Sucre que debía imponer al vicepresidente, Julio Garrett.

Hizo lo correcto con Paz Estenssoro, pero dio posesión al vicepresidente olvidándose del gran colgajo. Garrett, tras ser investido jurídica pero no formalmente, comenzó a hacerle señas y guiños para que se quitara la medalla y se la impusiera. Gonzalo Sánchez de Lozada no entendía nada y, finalmente, a las voces, el vicepresidente Julio Garrett le espetó: "¡la medalla, que me falta la medalla!", entre las risas de todos los presentes.

Paz y Garrett, ya investidos, se trasladaron al lindero palacio Quemado para tomar juramento al Gabinete ministerial. Hubo que esperar, entre nervios y corridas de los funcionarios responsables del protocolo, por cuanto Guillermo Bedregal, ministro de Pla.neamiento y Coordinacion -precisamente- estaba en cama con gripe y no se quería levantar, aunque finalmente le trajeron a palacio. El ministro de Educación y, Cultura -también precisamente-, Enrique Ipiña, apareció en el último momento, ojeroso, demacrado, sin afeitar y sin corbata -le prestaron una para el juramento-, acabado de llegar por carretera desde la ciudad de Oruro, adonde había ido a visitar a su enfermo padre.

Despedida de Siles

Previamente, Hernán Siles Zuazo se despedía de la gobernación de su país con un discurso en el que recordó que durante su gestión nadie sufrió cárcel, persecución o exilio, que el Parlamento fue una trinchera para impedir la acción de su Gobierno, y que no menos enfrentamiento y falta de colaboración encontró entre la empresa privada y los sindicatos. Vino a proponer un gran pacto político y social para superar la crisis perpetua boliviana.El ya presidente de Bolivia, Víctor Paz Estenssoro, pronunció un discurso de asunción plano y bien intencionado, en el que, acaso con la escasa convicción que delataban las inflexiones de su voz, prometió un cambio único y permanente de la moneda combatir la corrupción y el tráfico de droga, elevar el Producto Interior Bruto y el ingreso per cápita y distribuirlo con mayor justicia social. Los parlamentarios banzeristas presenciaron desde sus escaños la sesión de investidura con muestras de desagrado, abulia y desprecio.

Un reflexivo centrista en un frágil equilibrio político (7-8-1985)

Por cuarta vez en la historia de su país, Víctor Paz Estenssoro ocupa la presidencia de la República. Nacido en 1907, en la hacienda San Luis, de Tarija, cuenta 77 años de edad; casado en segundas nupcias tras la muerte de su primera esposa, tiene cinco hijos. Abogado, comenzó su carrera en los servicios jurídicos de Simón Patiño, el legendario rey del estaño, y combatió en la espantosa guerra por el Chaco boreal que, entre 1932 y 1935, enfrentó a Bolivia y Paraguay por unos fantasmagóricos pozos petrolíferos.En 1939 fue electo diputado por su departamento, y en el mismo año ocupó la presidencia del Banco Minero Boliviano; por dos veces ocupó la cartera de Economía en distintos Gobiernos. Fue uno de los fundadores del Movimiento Nacionalista Revolucionario junto a Hernán Siles Zuazo y el líder minero Juan Lechín. En 1951 gana las elecciones, pero una asonada le impide acceder al palacio Quemado; en 1952, el MNR insurrecciona al país, y Víctor Paz puede ocupar su presidencia hasta 1956. Bajo su mandato e extinguió el régimen feudal imperante hasta entonces, se nacionalizaron las minas, se organizó una reforma agraria, las fuerzas armadas fueron espurgadas y se extendió el voto a los analfabetos.

Los fracasos administrativos y económicos de la revolución socialista boliviana distanciaron a sus instigadores Paz, Siles y Lechín, y el primero se iría decantando hacia posiciones más conservadoras.
Paz Estenssoro obtuvo un segundo mandato entre 1960 y 1964, y un tercero consecutivo, del que fue derrocado a los tres meses por su vicepresidente, el general de la Fuerza Aérea René Barrientos. En 1971 dio abiertamente su apoyo al general Hugo Bánzer -su adversario electoral de hoy-, quien gobernó dictatorialmente el país por siete años, disolviendo los partidos y los sindicatos. El general progresista Juan José Torres, derrocado por Bánzer, se refugió en Argentina, siendo asesinado en Buenos Aires por encargo y a manos de la Alianza Anticomunista Argentina (Tripe A).

No obstante, sus desinteligencias con el régimen banzerista le obligaron a exiliarse del país. En 1978 y 1980 fue candidato de su partido a las elecciones generales y presidenciales, no resultando electo. Ha sido catedrático en la universidad mayor de San Andrés, en La Paz, y en la de San Marcos, en Lima. Entre 1956 y 1960 fue embajador de su país en el Reino Unido. Ha cumplido largos exilios en Perú, Uruguay y Estados Unidos.

Moderación

Pausado, reflexivo, fumador en pipa, se autodefine como de centro izquierda, por más que toda Bolivia le ubique, pese a su pasado y con justicia, en el centro derecha; la izquierda más exaltada se limita a equipararlo al general Bánzer. Su Gobierno será de extrema moderación en.todos los órdenes y buscará el respaldo económico de Estados Unidos; pero su mandato será aún más débil que el de Siles Zuazo, que se retira de la política para escribir sus memorias: carece de mayoría parlamentaria y afronta una triple oposición.La todopoderosa Central Obrera Boliviana de Juan Lechín y los sindicatos únicos del campo proseguirán con sus exigencias económicas maximalistas e incumplibles; la Acción Democrática Nacionalsita del general Bánzer se crecerá en la oposición con la fuerza moral que le aporta el haber ganado las elecciones en votos populares; y el resto de la izquierda, que le ha hecho presidente única y exclusivamente para impedir que lo fuera el ex dictador, le pasará la factura todos los días y sin el menor asomo de cariño.

Pocos estiman en La Paz que Estenssoro llegue a completar su mandato. Para las fuerzas más reaccionarias no sería conveniente un nuevo golpe de Estado militar, que cercenaría las buenas posibilidades electorales del general Bánzer en 1989. Sí se espera que la ingobernabilidad del país fuerce a nuevas elecciones anticipadas en una reedición de la dramática peripecia de Siles Zuazo, o que Paz Estenssoro, en el borde de su última crisis, arroje la toalla a su vicepresidente, Julio Garret Aillón, en increíble forma y aspecto físicos a sus 60 años y que no es precisamente un compañero de fórmula presidencial p ara hacer bulto. Es un segundo sin alma de tal.

7/8/85

Víctor Paz Estenssoro juró como presidente de Bolivia (7-8-1985)

Víctor Paz Estenssoro juró anoche como 75º presidente boliviano (38 constitucionales y 37 de facto) en un solemne acto desarrollado en el palacio legislativo, junto a la sede del Gobierno. El presidente saliente, Hernán Siles Zuazo, tenía previsto leer un informe a la nación enumerando los desastres económicos, políticos e institucionales que forzaron el adelantamiento de las elecciones.

El presidente del Senado y del Congreso de los Diputados y senadores, Gonzalo Sánchez de Lozada, quien, educado en Estados Unidos, farfullea con dificultad el español, era el encargado de tomar juramento al nuevo presidente. Una parada militar debía rendirle posteriormente honores y, ya en el palacio Quemado, poblado de fantasmas de presidentes derrocados, asesinados, suicidados o linchados, Víctor Paz, ya esta madrugada hora española, debía tomar juramento a su gabinete.Pero el sombrío panorama de unas elecciones anticipadas logradas por la Conferencia Episcopal boliviana para evitar un baño de sangre se alivia con el hecho de que por primera vez en la historia del país, un Gobierno constitucional entrega el poder a un partido de la oposición electo democráticamente en las urnas.

Con todos los problemas es un hecho destacable en no suficientemente reconocido esfuerzo de las naciones del cono sur latinoamericano por asegurar, entre dificultades ingentes, la estabilidad democrática.

Tres presidentes de países hermanos -Argentina, Uruguay y Colombia- iban a asistir a los actos de toma de posesión. El argentino Alfonsín, el colombiano Betancur y el uruguayo Sanguinetti no podían faltar dada su re putada solidaridad suramericana y democrática. Julio María Sanguinetti, que se encontraba de visita oficial en Colombia, arribó a la Paz en el avión presidencial de Bentancur y regresará a Montevideo en el Tango de Alfonsín. El resto de las delegaciones extranjeras presentes permanecen a nivel de embajadores o de embajadores extraordinarios.

Pese a no existir el menor clima que haga presuponer acciones terroristas o desórdenes públicos, las medidas de seguridad se han hinchado vertiginosamente. Los dos grandes hoteles paceños donde se hospedan las delegaciones extranjeras están tomados por la Policía Militar que pasea sus metralletas por lobbies, terrazas, ascensores y pasillos y la Prensa boliviana e internacional destacada en El Alto, el aeropuerto paceño, se retiró ayer después que la seguridad militar les midiera a todos las costillas con sus blancas porras.

Fuera de todo el protocolo del traspaso de poderes y de los actos subsiguientes por las fiestas patrias de la independencia, el hecho destacable es la llamada telefónica del general Bánzer a Víctor Paz Estenssoro, felicitándole por su elección en el congreso; en un diálogo cordial, Bánzer vino a reconocerle como presidente y le instó a un reencuentro nacional entre los bolivianos.

El general Bánzer, que habrá sido un militar golpista, férreo dictador por siete años y responsable moral de asesinatos y vejaciones sobre su propio pueblo, ya retirado de la carrera de las armas, no parece un militarote elemental y sí un político de extrema derecha, temible, que se ha tomado en serio su nuevo oficio. Excesivamente confiado en el desagrado popular urbano por los excesos reclamatorios de la izquierda, llegó a prometer en su campaña una nueva dictadura -esta vez supuestamente democrática- y hasta una cirugía sin anestesia para arreglar los problemas bolivianos.

Acatar la legalidad

Hugo Bánzer desarrolló una tan malvada como excelente campaña opositora contra el Gobierno de Siles Zuazo y se apresta a superarla y mejorarla contra Paz Estenssoro, con el añadido moral de su primera minoría electiva guillotinada por las izquierdas en el Congreso mediante pactos contra natura que sólo tenían por objeto impedir su acceso al poder.En un extenso comunicado que publican todos los diarios Bánzer reclama su triunfo en las urnas, pero acata la legalidad constitucional que le ha privado de la presidencia en la votación congresual entre los tres primeros partidos. "Lo más importante", aduce, "es el destino de Bolivia. Cualquier sacrificio, cualquier renunciamiento personal y partidario se justifica por el bien de la patria". Ha sabido tener la habilidad de quedar como una víctima y como todo un señor de la política boliviana.