Dios primero confunde a los
que quiere perder y algo habremos hecho mal porque desde Estrasburgo nos tiene
en la neblina. El único canonizado en vida de que tengamos noticia fue San Dimas,
reconociendo a Cristo, y aún el buen ladrón vió su alma limpia antes de cumplir
por expiración su pena romana de cruz. Y aunque le oremos seguimos teniéndole
por afanador de propiedades ajenas. Un cuñado mío argentino, abogado (allí
doctor),y hoy juez por designio político en la Cámara del CrImen, frecuentaba
los juzgados y las Seccionales de la Policía Federal para aliviar a sus
clientes de antecedentes judiciales y prontuarios policiales. Lo mismo que hace
oralmente nuestro fiscal superior del País Vasco, Juan Calparsoro, pero
cobrando. La lúbrica Mesalina quedó bañada en pureza tras ser decapitada por su
esposo, el infeliz Claudio. Adolfo Hitler dejó de ser nazi dándose Justicia a
si mismo, y Jack el destripador, que no sabemos si murió en expiación de sus
pecados,habrá de ser tenido por lo que se le supuso: un delicado obstreta. Eso
de la confesión de los pecados, el dolor de corazón y el propósito de la
enmienda, parecen víctimas de la LOGSE, y basta el cumplimiento recortado de las penas en la pensión completa y gatuita
del Estado para emerger renacido de las aguas de ese Jordán. Se sufre mucho en
las cárceles. Sin necesidad de recordar lo que padecieron y padecen los
asesinados y mutilados y sus parientes, se puede también advertir el dolor de
tantos inocentes que viven extramuros. Si un fiscal (abogado defensor de la
sociedad) nos ilustra que la dulcísima Inés del Río ya no es calificable de
terrorista y asesina la ofensa a los victimados es tan analfabeta como
blasfema. Las responsabilidades morales y sus consecuencias semánticas no prescriben ni con el óbito y
solo las redime una larga vida de santidad. Hasta Robert Oppenheimer, que no
cometió delito alguno, falleció atormentado por su contribución a la primera
bomba atómica. A Torres Dulce, del que no sé si es mejor jurista que cinéfilo,
lo que ya sería mucho, le obliga destituir a Calparsoro porque ha alarmado y
confundido gravemente a una sociedad ya suficientemente alterada por las
chocarreras extravagancias de Estrasburgo.Malo que nos apaleen desde fuera,
pero flagelarnos a nosotros mismos es masoquismo institucional.
26/12/13
23/12/13
EL FETO DE UNA ESPECIE DESCONOCIDA (23-12-2013)
Un
comité científico fue convocado por Bibiana Aido como paripé y coartada para su disparatada ley
abortista. Un biólogo la inquirió sobre si un feto de 13 semanas era un ser
humano. “Es un ser vivo, pero no humano”, contestó. “¿Y a que especie
pertenecería?”. “Eso no se sabe”. Afortunadamente Bibí no ha sido madre porque
habría ignorado si había engendrado un mamífero o un ovíparo, un ser humano o
un cocodrilo. La inefable sabrá con quien sale. Pero a la postre el responsable
del desafuero fue Rodríguez Zapatero para quien la ley socialista de aborto era
derechista, tal como consideraba la Transición como chalaneo de politicastros. Ya se sabe que el
progresismo es la enfermedad infantil de la socialdemocracia. Bibí fue
recompensada buscándola sitio en la Agencia de la Mujer (Naciones Unidas)
dirigida por la Presidenta chilena. Bachelet no la quería porque creía que los
iraníes son árabes y no daba ni el nivel de inglés, pero ZP la empotró
inyectando millones de euros en la Agencia, royéndonos la crisis. Hay
estadistas que pasan a la Historia por
generar más problemas de los que resuelven, e incluso por crearlos allí donde
no los había. Quienes se oponen con tanta energía a la sensata y benevolente
rectificación de Ruíz Gallardón afirman que retrocedemos 30 años, como si la gestación
humana fuera una cosa entonces y otra dentro de millones de años, si es que
sobrevive la especie al derecho a la automutilación. Cuando aceptamos el primer
aborto socialista,al que regresamos puliéndolo, no sabíamos que Felipe González
era tan machista, como misógino y
reaccionario. Aznar, pudiendo hacerlo, no derogó su ley por no agitar las
aguas, pero ahora hay que enmendar la barra libre de Bibí, Trinidad Jiménez y
Leire Pajin, trío de multíparas. Un asistente preguntó a un conferenciante
abortista: “¿Destruiría el cigoto de una sifilítica y un alcohólico crónico?”.
“Sin dudarlo”, contestó. “Enhorabuena; acaba de asesinar a Beethoven”.
22/12/13
MAQUIAVELISMO Y SUPERCHERIA (22-12-2013)
Es dudoso
que el independentismo sentimental catalán haya leído a François De Callières,
consejero de Luis XIV, autor de “Negociando con Soberanos” y artífice de la entronización en España de la
Casa de Borbón tras la guerra de Sucesión. A partir de 1.693 las potencias
europeas eran conscientes de la debilidad española y la incapacidad de Carlos
II, el Hechizado, para tener descendencia. Las posibilidades de Felipe de
Anjou, nieto de Luis XIV, eran muy escasas y De Callières fue enviado a Holanda
a ablandar el ánimo de los españoles. En una guerra preventiva y oportunista
Francia nos había arrebatado Luxemburgo e invadido Cataluña, conquistando
Barcelona, Gerona y otras plazas catalanas. La inteligencia del consejero
francés convenció a su Rey que devolviera sin contrapartidas tales conquistas,
despertando las simpatías de una en principio hostil Corte de Madrid en la que
nació una facción pro gala. Luego los franceses tenderían que reconquistar la
ya ganada Cataluña pero aquella política de generosidad les dio el trono de
España. De Callières era un estudioso de Nicolás Maquiavelo y su principal obra
, traducida al español como “Negociando
con Príncipes” no fue editada entre nosotros hasta 2.001, lo que demuestra
nuestro escaso interés por el florentino y sus discípulos más aplicados, aunque
intervinieran decisoriamente en nuestra Historia. Tuve el placer de conocer al
prologista de De Callières y gran relector de “El Príncipe”, el general
Sabino Fernández Campo, conde de Latores y por largos años secretario de la
Casa del Rey, pero para un lerdo sus palabras pueden sonar contrarias a lo que
se ha dado en entender por maquiavelismo: ”En la sinceridad radica la lealtad,
que no consiste en callar sumisamente sino en manifestar con respeto y claridad
lo que se piensa”. Y cita textualmente a Maquiavelo: “El Príncipe debe evitar
ser presa de los aduladores”.
“El
Príncipe” es uno de esos casos de éxito inmediato y secular, gracias a los que
nunca lo leyeron, y el maquiavelismo como táctica y estrategia políticas se ha
distorsionado como concepto hasta extremos irreconocibles llegando a ser
sinónimo de felonía, doblez, engaño y toda suerte de crímenes de Corte. El
origen de estos desastres intelectuales reside en la negación de la eminencia
intelectual de Maquiavelo y la
suposición de que escribió su imperecedera obra basándose en un modelo, que,
para los más sensacionalistas, sería la familia Borgia, gran conocida del gran
público por las teleseries. Ni siquiera Lucrecia Borgia fue la envenenadora
profesional que retrata su novelesca fama y sí amante de las artes , espiritual
y para nada incestuosa, y su peligroso hermano César murió casi 30 años antes
de la edición póstuma de “El Príncipe”,
aunque en cualquier caso su lema “Aut Caesar aut nihil” es eminentemente
contramaquiavelico. El poderoso padre,
Papa Alejandro VI, tampoco pudo inspirarse en Maquiavelo, aunque de tanto en
tanto se insiste en hacer planear la sombra maquiavélica sobre nuestra notable
familia levantina que, al menos nos dio en compensación al duque de Gandía, San
Francísco de Borja. Pero los historiadores empecinados en la tesis del “modelo”
no han cejado en su empeño buscando el espejo en Fernando el Católico, II de
Aragón y V de Castilla, esposo de Isabel la Católica. Sus intereses
mediterráneos e italianos tuvieron que despertar el interés del intelectual
florentino, y sí que su biografía contiene rasgos que placerían a lo que
debería ser un Príncipe maquiavélico. Junto con Isabel desarrollaron un
matrimonio con claro sentido histórico. Se traicionó a si mismo expulsando a
los moros de Granada contra el tratado de rendición firmado con Boabdil el chico,
convencido de que la cohabitación era entonces imposible. Ningún otro Soberano
de su poder hubiera tolerado las “Cuentas del Gran Capitán”, descaradas e
insolentes como las de la UGT a la Junta de Andalucía, pero supo moderar
prudentemente su orgullo como acon sejaría Maquiavelo. Quizá traicionó a su
hija Juana con su yerno Felipe el hermoso, pero desde las incipientes Indias a
Nápoles no podía, ya viudo, dejarlo todo al albur de una ninfómana, y por ello
abusó (y murió) de la cantárida (la viagra de la época) para engendrar a
Germana de Foix.
Fernando el Católico si pudo inspirar a Maquiavelo, o servirle de
falsilla, pero “El Príncipe” no es el retrato al minuto de ningún egregio
conocido: es un tratado de acción política que hace énfasis en la discreción,
la mesura y la prudencia, lejos de la crueldad y el engaño. El siglo XX, el más
cruel de la Historia, dio figuras de talla personal que tuvieron que resolver,,
mejor o peor, inéditos problemas de alcance universal. Churchill o
Roosevelet dieron su talla (y ganaron)
pero no fueron maquiavélicos ni aun en la versión sabia ni en la falsificada. Hitler o Stalin,
si es que leyeron a nuestro autor, le
despreciaron. Y Maquiavelo no hubiera aconsejado a Lenin la matanza de los
marinos de Kronstrad. Luego Maquiavelo
es una etiqueta rancia y mohosa que sirve para cualquier cosa: para la
hagiografía o la debelación. La política contemporánea española,
desgraciadamente, no da para tanto. Aquí para encontrar al émulo bueno de
Maquiavelo hay que remontarse a Fernando II. A menos que en el sueño de la
razón consideremos maquiavélico a Artur Mas.
20/12/13
UN FRANQUISTA SIN MATICES (20-12-2013)
El diario “Informaciones”, dirigido por Jesús de la Serna, fue el
último vespertino español, y antes que amaneciera la redacción estaba
trabajando al completo. A primerísima hora los teletipos electromecánicos
repiquetearon sin campanillas, sin señal de alarma, una noticia banal: una fuga
de gas en la madrileña calle de Claudio Coello,
junto a la Iglesia-convento de la Compañía de Jesús. Local envió a una
redactora a echar un vistazo, y antes que llega, la compañía gasística nos negó
incidencia alguna en toda la ciudad. No existían los móviles ni Internet y las
comunicaciones telefónicas del periódico pasaban por una centralita manual
servida por una sola operadora.
Nuestra
compañera tuvo que buscar una cabina de teléfonos que funcionara y empezar a
comunicarnos sus primeras extrañezas: junto al edificio de los Jesuitas había
un tremendo socavón lleno de agua, coches seriamente dañados y un amplio
desorden de policías y bomberos visiblemente desorientados y descoordinados. No
era preciso ser un periodista avezado para entender que aquello era algo más
que una fuga de gas. Pero a nadie se le ocurrió suponer que el Presidente del
Gobierno, almirante Luis Carrero Blanco agonizaba en el patio interior del
convento dentro de su automóvil de respeto aplastado hasta un tercio de su
altura. Un jesuita anciano vio caer el coche sobre una terraza interior en
altura, y dio aviso a sus hermanos, quienes teniéndole por senil no le hicieron
caso. Cuando descubrieron aquel insólito horror, el Almirante aún respiraba inconsciente y el
chófer y el escolta habían muerto. Fue un contacto en el palacete de
Presidencia en el Paseo de la Castellana quien nos confirmó el magnicidio y la
asunción del cargo por Torcuato Fernández Miranda. También en ese momento
comenzó a urdirse una maraña de teorías conspirativas que duran hasta nuestros
días. Aún discutimos quien mató al general Prim y seguimos especulando sobe
quien asesinó al almirante Carrero.
A Carrero, y sus servidores,
los mató la indescriptible incompetencia de los servicios de seguridad
franquistas, dirigidos a la sazón por el Ministro de la Gobernación, Carlos
Arias Navarro, sucesor del asesinado en una conjura familiar liderada por doña
Carmen Polo de Franco, quien utilizó el ya patente deterioro de su marido. A
Carrero le asesinó un comando etarra porque era un objetivo
importantísimo, y, al tiempo,
increíblemente fácil de matar. La psiquiatra Eva Forest, esposa del dramaturgo Alfonso Sastre, ambos
miembros de la logística etarra, escribió en “Operación Ogro” un canto a la audacia
y el valor de los “gudaris” a los que
todo el trabajo se les dio hecho por la inepcia policial. Carrero vivía a pocos metros de la Iglesia de
los Jesuitas y todos los días del año acudía a la misa y tomar la comunión,
regresando a su domicilio, dando la vuelta a la manzana para desayunar en
familia y partir luego al Ministerio de la Presidencia. Sin alterar un minuto
ni desviarse un metro. Es casi seguro que el Almirante confiara su vida a la
Divina Providencia, pero con ETA efervescente, no le hubiera sido difícil a los
Servicios mudarle ciertas costumbres y organizarle otras rutas alternativas.
Como era de dominio público que Carrero acudía sin falta a la misma hora e
Iglesia, ETA no necesitó mucho esfuerzo de información para saberlo, y perpetraron
asesinarle con un rifle por la espalda, desde el coro del templo, pero
desistieron porque su retirada y salvaguarda no quedaban garantizadas. ETA
nunca fue proclive al martirologio y su
máxima es “mata, pero seguro”. La alternativa estaba clara: el coche
pasando a las mismas horas, minutos y segundos frente a la misma fachada de
Claudio Coello. El alquiler de un bajo, el túnel, la mina, son hechos
históricos sabidos, como que el comando huyó de Madrid a Portugal en una
ambulancia simulada como militar. Que el entonces Secretario de Estado,
Kissinger, hubiera pasado por Madrid, que la Embajada de EE.UU. estuviera
próxima al lugar del atentado o que instancias internacionales vieran en
Carrero la perpetuación del franquismo, son caldo de cerebro para los amantes
de misteriosas conspiraciones.
El almirante introdujo a miembros del Opus Dei
en los Gobiernos de Franco, y de la mano de Laureano López Rodó sostuvo
políticas desarrollistas y tecnocráticas. Por supuesto que no era un demócrata,
pero nunca se entendió con el neofascismo de los falangistas. Ni siquiera tenía
empatía con Manuel Fraga, quien por edad entendía que tras Franco vendría otra
cosa. Hasta Franco se lo dijo al entonces Príncipe: ”No le puedo dar consejos
porque usted tendrá que gobernar de otra manera a como lo he hecho yo”. El
Almirante fue un franquista sin matices y como San Francisco de Borja no
pensaba volver a servir a Señor que se le pudiera morir. Sus propios hijos
creen que a la muerte de Franco hubiera dimitido ante el Rey, por lealtad a
este y porque no estaba en su ánimo ser, como el patético Carlos Arias, el
fantasma irredento del franquismo periclitado. Su muerte no aceleró la
Transición, fue la tromboflebitis en El
Pardo.
19/12/13
LOS DUELOS Y QUEBRANTOS DE ARTUR MAS (19-12-2013)
Hará falta todo el sentido del humor, la ironía, el sarcasmo y
hasta la mala leche de Alfonso Ussía para soportar durante once meses el
infatuado delirium tremens del sescesionismo catalán. La autoentrevista
televisiva de Artur Mas deberían pasarla por la TV pública española para
conocimiento del doliente personaje, Príncipe Valiente de todo victimismo
romántico. Que no tiene miedo de ir a la cárcel, dice. Pero, ¿quién va a detener
a este pelafustán a menos que robe una gallina
en delito flagrante?. Que no teme la suspensión autonómica. Ni nadie. Si
Mas obligara al punto 155 se llegaría, tras un interinato tasado, a nuevas
elecciones sin merma de los derechos catalanes. Que no padece por su
inhabilitación, afirma el perillán. El Tribunal Constitucional podría hacerlo,
por felón, pero conociendo este país me malicio que le acabaríamos enviando de
Embajador a Moscú para que estudie la Confederación de Estados Independientes e
intime con el ultraconservador (como el) Vladimir Putin. Y su cultureta no seria
óbice para hacerle presidir la Academia de la Historia, que peores entrismos se
han perpetrado en nuestra vida académica. Confía en Europa el estadista, pero
oculta a los que quiere hipnotizar que en Europa existe el derecho de veto
sobre los aspirantes y que, de seguro, Reino Unido, España, Alemania y, sobre
todo Francia, negarían la admisión de un Estado Catalán. Fronteras arancelarias
en el Ebro y en los Pirineos. Un republicano federal como Eduardo Benot fue
ministro de Fomento con Pi y Margall en la delirante I República, cantonalista,
tan del gusto de los ampurdaneses que la
regentaron, pero es más conocido como introductor en España del método Ollendorff para el aprendizaje de idiomas.
Diálogo para besugos en que si preguntas si tu primo es más alto que mi
hermana, contestas que el jardín de mi tía es más grande que la granja de tu
abuelo. El diálogo que Más pretende con el Presidente Rajoy.
15/12/13
EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS (15-12-2013)
Joseph Conrad fue el polaco que mejor escribió el inglés, acaso por
haberlo aprendido con veinte años largos. África ha proporcionado mucha
literatura y memorialismo occidental que solo ha servido para una romántica
autocomplacencia de los europeos. Al menos el diplomático francés Roman Gary,
marido de la desdichada Jean Seberg (“Al final de la escapada”, con Belmondo),
escribió lúcidamente “Las raíces del cielo” sobre la matanza lúdica y comercial
de los elefantes. En “Memorias de
África”, tan edulcorada, la danesa Isak
Dinesen, tan celebrada, demostró su autismo africano, su cursilería femenina y
los estragos de la sífilis: una noche con Venus y toda la vida con Mercurio.
Fue el genial polaco, capitán de la marina fluvial en el río Congo quien
retrató el continente negro en “El corazón de las tinieblas” recogiendo la
esclavitud de los nativos y el código de sanciones mediante la mutilación con
machete de manos, brazos o piernas, restos humanos arrojados a los cocodrilos.
Es el reportaje de un hombre blanco sobre el horror, luego trasladado a Vietnam
por el cineasta Francis Ford Coppola.
Por encima del Sahel, a la franja sin lluvias, el arabismo, el
bereberismo, el Islam, la inmediatez del Mediterráneo, se generó otra cosa,
como si siempre, como ahora hubieran intentado cruzar el mar interior. Hasta en
la Cirenaica yacen los restos fósiles de los cetáceos terrestres provistos de
patas, que no alcanzaron el agua por el retraso genético en su evolución hacia
las aletas. África subsahariana es otra cosa, varada en los milenios como las
ballenas que no llegaron a serlo. Para los paleontólogos África es la cuna del
nehandertal, diversidad de tribus de una docena de especímenes, con apenas
expresión oral, de entre los cuales, probablemente, fue una mujer la primera en
ponerse de pie, y en permanente huida hacia el Estrecho de Ormuz que cruzaron
para atravesar Arabia y derramarse por las estepas centrales europeas y Asia,
generando por el camino al homo sapiens. Quizá con la excepción de la Etiopia
cristiana, solo conquistada por el fascismo italiano, el subcontinente negro
vivió ensimismado decenas de miles de años, a pocos pasos de los desastres y
desarrollos europeos. África no tiene ni Edad Media ni Historia compilada por
chamanes sin escritura. Salimos del continente, comenzamos a civilizarnos con
los sumerios en Mesopotamia (Irak) pero no regresamos hasta la bestial colonización
del siglo XIX. Un misterioso viaje de ida y vuelta. Lo que vió Conrad fue la
obra de dos amorales. El rey Leopoldo III de Bélgica registró a su nombre los
Congos como propiedad personal ajena a las posesiones belgas. Necesitaba un
administrador y lo encontró en el periodista Kenry Morton Stanley, galés
nacionalizado estadounidense, que dio con el escocés doctor Livingstone en el
lago Tanganika, dado por desaparecido, a cuenta de James Gordon Bennett, editor
del “New York Herald”.
Stanley, de pobrísimo origen, había sido sodomizado recurrentemente
en un orfanato y de grumete en un carguero del que escapó sin la paga ni el
hatillo. Desarrolló una resistencia sobrehumana a las adversidades y una
crueldad patológica. Conquistó los Congos para Leopoldo y adquirió el gusto por
torturar, mutilar y asesinar
personalmente. Hasta Sudáfrica y desde Senegal a Kenia el colonialismo europeo
decimonónico no tuvo más trabas que la carabina y el machete. Los árabes
colaboraron con el esclavismo y no se dio otra economía que la apropiación de
materias primas y la venta de manufacturas de subsistencia. No es una extrañeza
que la descolonización forzada tras la II GM provocara pánico entre las
minorías blancas ante una negritud que ni había sido alfabetizada por los colonos.
En Sudáfrica, ingleses y afrikáners holandeses, tenían que acabar en el
apartheid aunque solo fuera por temor a los indómitos zulúes. El indiscutible
mérito de Nelson Mandela es haber evitado una matanza de blancos de
proporciones apocalípticas. Madiba estuvo en el comunismo, en la dictadura del
proletariado y en la lucha guerrillera que hubiera triunfado siquiera por
disparidad numérica. Pero sacó al Congreso Nacional Africano de esa deriva,
aceptó la democracia que le negaban, soportó décadas de cárcel y asumió el
satyagraha del Mahatma Ghandi (que desarrolló durante sus años de abogado en
Sudáfrica) y que no es pacifismo de
marihuana sino resistencia pasiva. Ambos sabían que no hay nada más terco que
un hombre solo, y con Nietzsche que lo que no me destruye me fortalece.
Tal como el tiempo no ha difuminado la figura de Gandhi, perdurará
la de Mandela, porque ambas son testimonios espirituales y de azañas del alma y
no de la fuerza o el ingenio. Lo de Mandela proclamándose capitán de su alma
debería ser una máxima para cualquier occidental. Tuvo muy poco tiempo de poder
político y Sudáfrica, al margen de tener una democracia universal, sigue sumida
en riquezas naturales explotadas miserablemente por los mismos, desigualdades
sociales insondables, corrupción política y privada elefantiásica, la mayor
peligrosidad del Africa negra y el más grande índice de SIDA pandémico. Las
jóvenes no temen la violación (entretenimiento local) sino al retrovirus VHL.
África tiene el contorno de una calavera ligeramente ladeada con las cuencas de
los ojos en Chad y Sudán, el vano de la nariz en Centroáfrica y Ruanda, y la
dentadura de Angola a Mozambique, quedando Mauritania como occipucio. Quizá la
aceleración tecnológica abrevie el proceso de civilización y reparto pero
Mandela aún es solo un imprescindible amanecer.
14/12/13
INDEPENDENCIA “POR COLLONS” (14-12-2013)
Tienen fama los catalanes de inocentes escatológicos, y, así, no
falta un “caganet” ni en el portal de Belén de estas fechas. Acaso por ello
entre quinientos años de Historia falsificada hasta un cómic y una Constitución
que probablemente votó favorablemente en su día el propio Artur Mas, la minoría
independentista del Parlament ha puesto fecha ilegal a una consulta ilegítima
sobre una independencia fraudulenta. “Por collons”, que es la versión del
secesionismo catalán del derecho a decidir. Hay que admitir que es una machada
intelectual no tener escaños para reformar el Estatut y tener voluntad política
de saltar olímpicamente sobre la Constitución española que tan generosamente
autonomiza Cataluña como no lo hizo la II República. Manuel Azaña, que acabó
abominando de la pasividad catalana en la defensa republicana, se habría
sorprendido de lo lejos que llegaron nuestros constituyentes sosteniendo el
autogobierno del Principado. Mas, que es otro “caganet”, figura lateral y de
maneras obligadamente cómicas, ha interiorizado el derecho a decidir, como
última frontera de la democracia, en compañía de una reducida fauna que va de
Oriol Jonqueras (que profesa la Historia Contemporánea que nunca existió), a
Pilar Rahola, pasando por franquistas redimidos por la edad. Igual que no
existe en la Unión Europea Constitución alguna que admita la independencia de
sus partes nacionales (ni Bélgica), el derecho a decidir no existe en la jurisprudencia
internacional, a menos que se confunda con la descolonización del pasado siglo,
y no parece que los catalanes sean negros sujetos al látigo esclavista del Reino de Aragón. La última ocasión que en
España se libró el derecho a decidir lo protagonizó el teniente coronel Antonio
Tejero violando a tiros el Congreso. “Por collons” lo único que se consigue es
el amedrentamiento de los matones, la cárcel y el ridículo. A esta conjunción
de compañeros mártires hay que darles el beneficio de la duda y suponer que
traman algo menos testicular. Retrasando un año su consulta imposible se
aproximan al referendo escocés, pero les resultará negativo, a menos que se
desmayen las encuestas, y son muy otras las relaciones escocesas con
Inglaterra. Convergencia i Unió (especialmente la primera) ha puesto el
intermitente de ERC, a la izquierda, para avanzar por la derecha. Aunque el
secesionismo catalán no sea historicista sino victimista, sabe que no correrá la sangre por las Ramblas
y que lo peor que le puede ocurrir a Artur Mas es que le inhabiliten. Llegados
a la insumisión recordarán que la policía del Estado en Cataluña son los Mossos
de Escuadra. El único peligro que corren los catalanes es que estos iluminados
del voluntarismo usen el año de reflexión que se han otorgado para rajar la
Constitución en un federalismo asimétrico de papel-maché, que la dejará
inservible para todos. La división de la sociedad catalana será para todos los
españoles. No hay peor político que el que escinde y hacd florecer los problemas
que no existían. Pero ¿de donde se ha sacado la derecha catalana del seny a un
personaje como Artur Mas, digno de la subjefatura de planta de unos grandes
almacenes?.
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