26/12/13

LOS SANTOS INOCENTES (26-10-2013)

Dios primero confunde a los que quiere perder y algo habremos hecho mal porque desde Estrasburgo nos tiene en la neblina. El único canonizado en vida de que tengamos noticia fue San Dimas, reconociendo a Cristo, y aún el buen ladrón vió su alma limpia antes de cumplir por expiración su pena romana de cruz. Y aunque le oremos seguimos teniéndole por afanador de propiedades ajenas. Un cuñado mío argentino, abogado (allí doctor),y hoy juez por designio político en la Cámara del CrImen, frecuentaba los juzgados y las Seccionales de la Policía Federal para aliviar a sus clientes de antecedentes judiciales y prontuarios policiales. Lo mismo que hace oralmente nuestro fiscal superior del País Vasco, Juan Calparsoro, pero cobrando. La lúbrica Mesalina quedó bañada en pureza tras ser decapitada por su esposo, el infeliz Claudio. Adolfo Hitler dejó de ser nazi dándose Justicia a si mismo, y Jack el destripador, que no sabemos si murió en expiación de sus pecados,habrá de ser tenido por lo que se le supuso: un delicado obstreta. Eso de la confesión de los pecados, el dolor de corazón y el propósito de la enmienda, parecen víctimas de la LOGSE, y basta el cumplimiento recortado  de las penas en la pensión completa y gatuita del Estado para emerger renacido de las aguas de ese Jordán. Se sufre mucho en las cárceles. Sin necesidad de recordar lo que padecieron y padecen los asesinados y mutilados y sus parientes, se puede también advertir el dolor de tantos inocentes que viven extramuros. Si un fiscal (abogado defensor de la sociedad) nos ilustra que la dulcísima Inés del Río ya no es calificable de terrorista y asesina la ofensa a los victimados es tan analfabeta como blasfema. Las responsabilidades morales y sus consecuencias semánticas no prescriben ni con el óbito y solo las redime una larga vida de santidad. Hasta Robert Oppenheimer, que no cometió delito alguno, falleció atormentado por su contribución a la primera bomba atómica. A Torres Dulce, del que no sé si es mejor jurista que cinéfilo, lo que ya sería mucho, le obliga destituir a Calparsoro porque ha alarmado y confundido gravemente a una sociedad ya suficientemente alterada por las chocarreras extravagancias de Estrasburgo.Malo que nos apaleen desde fuera, pero flagelarnos a nosotros mismos es masoquismo institucional.

23/12/13

EL FETO DE UNA ESPECIE DESCONOCIDA (23-12-2013)

Un comité científico fue convocado por Bibiana Aido  como paripé y coartada para su disparatada ley abortista. Un biólogo la inquirió sobre si un feto de 13 semanas era un ser humano. “Es un ser vivo, pero no humano”, contestó. “¿Y a que especie pertenecería?”. “Eso no se sabe”. Afortunadamente Bibí no ha sido madre porque habría ignorado si había engendrado un mamífero o un ovíparo, un ser humano o un cocodrilo. La inefable sabrá con quien sale. Pero a la postre el responsable del desafuero fue Rodríguez Zapatero para quien la ley socialista de aborto era derechista, tal como consideraba la Transición como  chalaneo de politicastros. Ya se sabe que el progresismo es la enfermedad infantil de la socialdemocracia. Bibí fue recompensada buscándola sitio en la Agencia de la Mujer (Naciones Unidas) dirigida por la Presidenta chilena. Bachelet no la quería porque creía que los iraníes son árabes y no daba ni el nivel de inglés, pero ZP la empotró inyectando millones de euros en la Agencia, royéndonos la crisis. Hay estadistas  que pasan a la Historia por generar más problemas de los que resuelven, e incluso por crearlos allí donde no los había. Quienes se oponen con tanta energía a la sensata y benevolente rectificación de Ruíz Gallardón afirman que retrocedemos 30 años, como si la gestación humana fuera una cosa entonces y otra dentro de millones de años, si es que sobrevive la especie al derecho a la automutilación. Cuando aceptamos el primer aborto socialista,al que regresamos puliéndolo, no sabíamos que Felipe González era tan machista, como  misógino y reaccionario. Aznar, pudiendo hacerlo, no derogó su ley por no agitar las aguas, pero ahora hay que enmendar la barra libre de Bibí, Trinidad Jiménez y Leire Pajin, trío de multíparas. Un asistente preguntó a un conferenciante abortista: “¿Destruiría el cigoto de una sifilítica y un alcohólico crónico?”. “Sin dudarlo”, contestó. “Enhorabuena; acaba de asesinar a Beethoven”.

22/12/13

MAQUIAVELISMO Y SUPERCHERIA (22-12-2013)

Es dudoso que el independentismo sentimental catalán haya leído a François De Callières, consejero de Luis XIV, autor de “Negociando con Soberanos” y  artífice de la entronización en España de la Casa de Borbón tras la guerra de Sucesión. A partir de 1.693 las potencias europeas eran conscientes de la debilidad española y la incapacidad de Carlos II, el Hechizado, para tener descendencia. Las posibilidades de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, eran muy escasas y De Callières fue enviado a Holanda a ablandar el ánimo de los españoles. En una guerra preventiva y oportunista Francia nos había arrebatado Luxemburgo e invadido Cataluña, conquistando Barcelona, Gerona y otras plazas catalanas. La inteligencia del consejero francés convenció a su Rey que devolviera sin contrapartidas tales conquistas, despertando las simpatías de una en principio hostil Corte de Madrid en la que nació una facción pro gala. Luego los franceses tenderían que reconquistar la ya ganada Cataluña pero aquella política de generosidad les dio el trono de España. De Callières era un estudioso de Nicolás Maquiavelo y su principal obra , traducida al español  como “Negociando con Príncipes” no fue editada entre nosotros hasta 2.001, lo que demuestra nuestro escaso interés por el florentino y sus discípulos más aplicados, aunque intervinieran decisoriamente en nuestra Historia. Tuve el placer de conocer al prologista  de De  Callières  y gran relector de “El Príncipe”, el general Sabino Fernández Campo, conde de Latores y por largos años secretario de la Casa del Rey, pero para un lerdo sus palabras pueden sonar contrarias a lo que se ha dado en entender por maquiavelismo: ”En la sinceridad radica la lealtad, que no consiste en callar sumisamente sino en manifestar con respeto y claridad lo que se piensa”. Y cita textualmente a Maquiavelo: “El Príncipe debe evitar ser presa de los aduladores”.

“El Príncipe” es uno de esos casos de éxito inmediato y secular, gracias a los que nunca lo leyeron, y el maquiavelismo como táctica y estrategia políticas se ha distorsionado como concepto hasta extremos irreconocibles llegando a ser sinónimo de felonía, doblez, engaño y toda suerte de crímenes de Corte. El origen de estos desastres intelectuales reside en la negación de la eminencia intelectual de  Maquiavelo y la suposición de que escribió su imperecedera obra basándose en un modelo, que, para los más sensacionalistas, sería la familia Borgia, gran conocida del gran público por las teleseries. Ni siquiera Lucrecia Borgia fue la envenenadora profesional que retrata su novelesca fama y sí amante de las artes , espiritual y para nada incestuosa, y su peligroso hermano César murió casi 30 años antes de la edición póstuma de “El Príncipe”,  aunque en cualquier caso su lema “Aut Caesar aut nihil” es eminentemente contramaquiavelico.  El poderoso padre, Papa Alejandro VI, tampoco pudo inspirarse en Maquiavelo, aunque de tanto en tanto se insiste en hacer planear la sombra maquiavélica sobre nuestra notable familia levantina que, al menos nos dio en compensación al duque de Gandía, San Francísco de Borja. Pero los historiadores empecinados en la tesis del “modelo” no han cejado en su empeño buscando el espejo en Fernando el Católico, II de Aragón y V de Castilla, esposo de Isabel la Católica. Sus intereses mediterráneos e italianos tuvieron que despertar el interés del intelectual florentino, y sí que su biografía contiene rasgos que placerían a lo que debería ser un Príncipe maquiavélico. Junto con Isabel desarrollaron un matrimonio con claro sentido histórico. Se traicionó a si mismo expulsando a los moros de Granada contra el tratado de rendición firmado con Boabdil el chico, convencido de que la cohabitación era entonces imposible. Ningún otro Soberano de su poder hubiera tolerado las “Cuentas del Gran Capitán”, descaradas e insolentes como las de la UGT a la Junta de Andalucía, pero supo moderar prudentemente su orgullo como acon sejaría Maquiavelo. Quizá traicionó a su hija Juana con su yerno Felipe el hermoso, pero desde las incipientes Indias a Nápoles no podía, ya viudo, dejarlo todo al albur de una ninfómana, y por ello abusó (y murió) de la cantárida (la viagra de la época) para engendrar a Germana de Foix.

Fernando el Católico si pudo inspirar a Maquiavelo, o servirle de falsilla, pero “El Príncipe” no es el retrato al minuto de ningún egregio conocido: es un tratado de acción política que hace énfasis en la discreción, la mesura y la prudencia, lejos de la crueldad y el engaño. El siglo XX, el más cruel de la Historia, dio figuras de talla personal que tuvieron que resolver,, mejor o peor, inéditos problemas de alcance universal. Churchill o Roosevelet  dieron su talla (y ganaron) pero no fueron maquiavélicos ni aun en la versión sabia ni en la falsificada.  Hitler o Stalin,  si es que leyeron a nuestro autor, le despreciaron. Y Maquiavelo no hubiera aconsejado a Lenin la matanza de los marinos de Kronstrad.  Luego Maquiavelo es una etiqueta rancia y mohosa que sirve para cualquier cosa: para la hagiografía o la debelación. La política contemporánea española, desgraciadamente, no da para tanto. Aquí para encontrar al émulo bueno de Maquiavelo hay que remontarse a Fernando II. A menos que en el sueño de la razón consideremos maquiavélico a Artur Mas.  

20/12/13

UN FRANQUISTA SIN MATICES (20-12-2013)

El diario “Informaciones”, dirigido por Jesús de la Serna, fue el último vespertino español, y antes que amaneciera la redacción estaba trabajando al completo. A primerísima hora los teletipos electromecánicos repiquetearon sin campanillas, sin señal de alarma, una noticia banal: una fuga de gas en la madrileña calle de Claudio Coello,  junto a la Iglesia-convento de la Compañía de Jesús. Local envió a una redactora a echar un vistazo, y antes que llega, la compañía gasística nos negó incidencia alguna en toda la ciudad. No existían los móviles ni Internet y las comunicaciones telefónicas del periódico pasaban por una centralita manual servida por  una sola operadora. 

Nuestra compañera tuvo que buscar una cabina de teléfonos que funcionara y empezar a comunicarnos sus primeras extrañezas: junto al edificio de los Jesuitas había un tremendo socavón lleno de agua, coches seriamente dañados y un amplio desorden de policías y bomberos visiblemente desorientados y descoordinados. No era preciso ser un periodista avezado para entender que aquello era algo más que una fuga de gas. Pero a nadie se le ocurrió suponer que el Presidente del Gobierno, almirante Luis Carrero Blanco agonizaba en el patio interior del convento dentro de su automóvil de respeto aplastado hasta un tercio de su altura. Un jesuita anciano vio caer el coche sobre una terraza interior en altura, y dio aviso a sus hermanos, quienes teniéndole por senil no le hicieron caso. Cuando descubrieron aquel insólito horror,  el Almirante aún respiraba inconsciente y el chófer y el escolta habían muerto. Fue un contacto en el palacete de Presidencia en el Paseo de la Castellana quien nos confirmó el magnicidio y la asunción del cargo por Torcuato Fernández Miranda. También en ese momento comenzó a urdirse una maraña de teorías conspirativas que duran hasta nuestros días. Aún discutimos quien mató al general Prim y seguimos especulando sobe quien asesinó al almirante Carrero.

 A Carrero, y sus servidores, los mató la indescriptible incompetencia de los servicios de seguridad franquistas, dirigidos a la sazón por el Ministro de la Gobernación, Carlos Arias Navarro, sucesor del asesinado en una conjura familiar liderada por doña Carmen Polo de Franco, quien utilizó el ya patente deterioro de su marido. A Carrero le asesinó un comando etarra porque era un objetivo importantísimo,  y, al tiempo, increíblemente fácil de matar. La psiquiatra Eva Forest,  esposa del dramaturgo Alfonso Sastre, ambos miembros de la logística etarra, escribió en “Operación Ogro” un canto a la audacia y el  valor de los “gudaris” a los que todo el trabajo se les dio hecho por la inepcia policial.  Carrero vivía a pocos metros de la Iglesia de los Jesuitas y todos los días del año acudía a la misa y tomar la comunión, regresando a su domicilio, dando la vuelta a la manzana para desayunar en familia y partir luego al Ministerio de la Presidencia. Sin alterar un minuto ni desviarse un metro. Es casi seguro que el Almirante confiara su vida a la Divina Providencia, pero con ETA efervescente, no le hubiera sido difícil a los Servicios mudarle ciertas costumbres y organizarle otras rutas alternativas. Como era de dominio público que Carrero acudía sin falta a la misma hora e Iglesia, ETA no necesitó mucho esfuerzo de información para saberlo, y perpetraron asesinarle con un rifle por la espalda, desde el coro del templo, pero desistieron porque su retirada y salvaguarda no quedaban garantizadas. ETA nunca fue proclive al martirologio y su  máxima es “mata, pero seguro”. La alternativa estaba clara: el coche pasando a las mismas horas, minutos y segundos frente a la misma fachada de Claudio Coello. El alquiler de un bajo, el túnel, la mina, son hechos históricos sabidos, como que el comando huyó de Madrid a Portugal en una ambulancia simulada como militar. Que el entonces Secretario de Estado, Kissinger, hubiera pasado por Madrid, que la Embajada de EE.UU. estuviera próxima al lugar del atentado o que instancias internacionales vieran en Carrero la perpetuación del franquismo, son caldo de cerebro para los amantes de misteriosas conspiraciones. 

El almirante introdujo a miembros del Opus Dei en los Gobiernos de Franco, y de la mano de Laureano López Rodó sostuvo políticas desarrollistas y tecnocráticas. Por supuesto que no era un demócrata, pero nunca se entendió con el neofascismo de los falangistas. Ni siquiera tenía empatía con Manuel Fraga, quien por edad entendía que tras Franco vendría otra cosa. Hasta Franco se lo dijo al entonces Príncipe: ”No le puedo dar consejos porque usted tendrá que gobernar de otra manera a como lo he hecho yo”. El Almirante fue un franquista sin matices y como San Francisco de Borja no pensaba volver a servir a Señor que se le pudiera morir. Sus propios hijos creen que a la muerte de Franco hubiera dimitido ante el Rey, por lealtad a este y porque no estaba en su ánimo ser, como el patético Carlos Arias, el fantasma irredento del franquismo periclitado. Su muerte no aceleró la Transición, fue la tromboflebitis  en El Pardo.

19/12/13

LOS DUELOS Y QUEBRANTOS DE ARTUR MAS (19-12-2013)

Hará falta todo el sentido del humor, la ironía, el sarcasmo y hasta la mala leche de Alfonso Ussía para soportar durante once meses el infatuado delirium tremens del sescesionismo catalán. La autoentrevista televisiva de Artur Mas deberían pasarla por la TV pública española para conocimiento del doliente personaje, Príncipe Valiente de todo victimismo romántico. Que no tiene miedo de ir a la cárcel, dice. Pero, ¿quién va a detener a este pelafustán a menos que robe una gallina  en delito flagrante?. Que no teme la suspensión autonómica. Ni nadie. Si Mas obligara al punto 155 se llegaría, tras un interinato tasado, a nuevas elecciones sin merma de los derechos catalanes. Que no padece por su inhabilitación, afirma el perillán. El Tribunal Constitucional podría hacerlo, por felón, pero conociendo este país me malicio que le acabaríamos enviando de Embajador a Moscú para que estudie la Confederación de Estados Independientes e intime con el ultraconservador (como el) Vladimir Putin. Y su cultureta no seria óbice para hacerle presidir la Academia de la Historia, que peores entrismos se han perpetrado en nuestra vida académica. Confía en Europa el estadista, pero oculta a los que quiere hipnotizar que en Europa existe el derecho de veto sobre los aspirantes y que, de seguro, Reino Unido, España, Alemania y, sobre todo Francia, negarían la admisión de un Estado Catalán. Fronteras arancelarias en el Ebro y en los Pirineos. Un republicano federal como Eduardo Benot fue ministro de Fomento con Pi y Margall en la delirante I República, cantonalista, tan  del gusto de los ampurdaneses que la regentaron, pero es más conocido como introductor en España del método  Ollendorff para el aprendizaje de idiomas. Diálogo para besugos en que si preguntas si tu primo es más alto que mi hermana, contestas que el jardín de mi tía es más grande que la granja de tu abuelo. El diálogo que Más pretende con el Presidente Rajoy.

15/12/13

EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS (15-12-2013)

Joseph Conrad fue el polaco que mejor escribió el inglés, acaso por haberlo aprendido con veinte años largos. África ha proporcionado mucha literatura y memorialismo occidental que solo ha servido para una romántica autocomplacencia de los europeos. Al menos el diplomático francés Roman Gary, marido de la desdichada Jean Seberg (“Al final de la escapada”, con Belmondo), escribió lúcidamente “Las raíces del cielo” sobre la matanza lúdica y comercial de los elefantes.  En “Memorias de África”, tan edulcorada, la danesa  Isak Dinesen, tan celebrada, demostró su autismo africano, su cursilería femenina y los estragos de la sífilis: una noche con Venus y toda la vida con Mercurio. Fue el genial polaco, capitán de la marina fluvial en el río Congo quien retrató el continente negro en “El corazón de las tinieblas” recogiendo la esclavitud de los nativos y el código de sanciones mediante la mutilación con machete de manos, brazos o piernas, restos humanos arrojados a los cocodrilos. Es el reportaje de un hombre blanco sobre el horror, luego trasladado a Vietnam por el cineasta Francis Ford Coppola.

Por encima del Sahel,  a  la franja sin lluvias, el arabismo, el bereberismo, el Islam, la inmediatez del Mediterráneo, se generó otra cosa, como si siempre, como ahora hubieran intentado cruzar el mar interior. Hasta en la Cirenaica yacen los restos fósiles de los cetáceos terrestres provistos de patas, que no alcanzaron el agua por el retraso genético en su evolución hacia las aletas. África subsahariana es otra cosa, varada en los milenios como las ballenas que no llegaron a serlo. Para los paleontólogos África es la cuna del nehandertal, diversidad de tribus de una docena de especímenes, con apenas expresión oral, de entre los cuales, probablemente, fue una mujer la primera en ponerse de pie, y en permanente huida hacia el Estrecho de Ormuz que cruzaron para atravesar Arabia y derramarse por las estepas centrales europeas y Asia, generando por el camino al homo sapiens. Quizá con la excepción de la Etiopia cristiana, solo conquistada por el fascismo italiano, el subcontinente negro vivió ensimismado decenas de miles de años, a pocos pasos de los desastres y desarrollos europeos. África no tiene ni Edad Media ni Historia compilada por chamanes sin escritura. Salimos del continente, comenzamos a civilizarnos con los sumerios en Mesopotamia (Irak) pero no regresamos hasta la bestial colonización del siglo XIX. Un misterioso viaje de ida y vuelta. Lo que vió Conrad fue la obra de dos amorales. El rey Leopoldo III de Bélgica registró a su nombre los Congos como propiedad personal ajena a las posesiones belgas. Necesitaba un administrador y lo encontró en el periodista Kenry Morton Stanley, galés nacionalizado estadounidense, que dio con el escocés doctor Livingstone en el lago Tanganika, dado por desaparecido, a cuenta de James Gordon Bennett, editor del “New York Herald”.

Stanley, de pobrísimo origen, había sido sodomizado recurrentemente en un orfanato y de grumete en un carguero del que escapó sin la paga ni el hatillo. Desarrolló una resistencia sobrehumana a las adversidades y una crueldad patológica. Conquistó los Congos para Leopoldo y adquirió el gusto por torturar, mutilar  y asesinar personalmente. Hasta Sudáfrica y desde Senegal a Kenia el colonialismo europeo decimonónico no tuvo más trabas que la carabina y el machete. Los árabes colaboraron con el esclavismo y no se dio otra economía que la apropiación de materias primas y la venta de manufacturas de subsistencia. No es una extrañeza que la descolonización forzada tras la II GM provocara pánico entre las minorías blancas ante una negritud que ni había sido alfabetizada por los colonos. En Sudáfrica, ingleses y afrikáners holandeses, tenían que acabar en el apartheid aunque solo fuera por temor a los indómitos zulúes. El indiscutible mérito de Nelson Mandela es haber evitado una matanza de blancos de proporciones apocalípticas. Madiba estuvo en el comunismo, en la dictadura del proletariado y en la lucha guerrillera que hubiera triunfado siquiera por disparidad numérica. Pero sacó al Congreso Nacional Africano de esa deriva, aceptó la democracia que le negaban, soportó décadas de cárcel y asumió el satyagraha del Mahatma Ghandi (que desarrolló durante sus años de abogado en Sudáfrica) y que  no es pacifismo de marihuana sino resistencia pasiva. Ambos sabían que no hay nada más terco que un hombre solo, y con Nietzsche que lo que no me destruye me fortalece.


Tal como el tiempo no ha difuminado la figura de Gandhi, perdurará la de Mandela, porque ambas son testimonios espirituales y de azañas del alma y no de la fuerza o el ingenio. Lo de Mandela proclamándose capitán de su alma debería ser una máxima para cualquier occidental. Tuvo muy poco tiempo de poder político y Sudáfrica, al margen de tener una democracia universal, sigue sumida en riquezas naturales explotadas miserablemente por los mismos, desigualdades sociales insondables, corrupción política y privada elefantiásica, la mayor peligrosidad del Africa negra y el más grande índice de SIDA pandémico. Las jóvenes no temen la violación (entretenimiento local) sino al retrovirus VHL. África tiene el contorno de una calavera ligeramente ladeada con las cuencas de los ojos en Chad y Sudán, el vano de la nariz en Centroáfrica y Ruanda, y la dentadura de Angola a Mozambique, quedando Mauritania como occipucio. Quizá la aceleración tecnológica abrevie el proceso de civilización y reparto pero Mandela aún es solo un imprescindible amanecer.

14/12/13

INDEPENDENCIA “POR COLLONS” (14-12-2013)

Tienen fama los catalanes de inocentes escatológicos, y, así, no falta un “caganet” ni en el portal de Belén de estas fechas. Acaso por ello entre quinientos años de Historia falsificada hasta un cómic y una Constitución que probablemente votó favorablemente en su día el propio Artur Mas, la minoría independentista del Parlament ha puesto fecha ilegal a una consulta ilegítima sobre una independencia fraudulenta. “Por collons”, que es la versión del secesionismo catalán del derecho a decidir. Hay que admitir que es una machada intelectual no tener escaños para reformar el Estatut y tener voluntad política de saltar olímpicamente sobre la Constitución española que tan generosamente autonomiza Cataluña como no lo hizo la II República. Manuel Azaña, que acabó abominando de la pasividad catalana en la defensa republicana, se habría sorprendido de lo lejos que llegaron nuestros constituyentes sosteniendo el autogobierno del Principado. Mas, que es otro “caganet”, figura lateral y de maneras obligadamente cómicas, ha interiorizado el derecho a decidir, como última frontera de la democracia, en compañía de una reducida fauna que va de Oriol Jonqueras (que profesa la Historia Contemporánea que nunca existió), a Pilar Rahola, pasando por franquistas redimidos por la edad. Igual que no existe en la Unión Europea Constitución alguna que admita la independencia de sus partes nacionales (ni Bélgica), el derecho a decidir no existe en la jurisprudencia internacional, a menos que se confunda con la descolonización del pasado siglo, y no parece que los catalanes sean negros sujetos al látigo esclavista del  Reino de Aragón. La última ocasión que en España se libró el derecho a decidir lo protagonizó el teniente coronel Antonio Tejero violando a tiros el Congreso. “Por collons” lo único que se consigue es el amedrentamiento de los matones, la cárcel y el ridículo. A esta conjunción de compañeros mártires hay que darles el beneficio de la duda y suponer que traman algo menos testicular. Retrasando un año su consulta imposible se aproximan al referendo escocés, pero les resultará negativo, a menos que se desmayen las encuestas, y son muy otras las relaciones escocesas con Inglaterra. Convergencia i Unió (especialmente la primera) ha puesto el intermitente de ERC, a la izquierda, para avanzar por la derecha. Aunque el secesionismo catalán no sea historicista sino victimista,  sabe que no correrá la sangre por las Ramblas y que lo peor que le puede ocurrir a Artur Mas es que le inhabiliten. Llegados a la insumisión recordarán que la policía del Estado en Cataluña son los Mossos de Escuadra. El único peligro que corren los catalanes es que estos iluminados del voluntarismo usen el año de reflexión que se han otorgado para rajar la Constitución en un federalismo asimétrico de papel-maché, que la dejará inservible para todos. La división de la sociedad catalana será para todos los españoles. No hay peor político que el que escinde y hacd florecer los problemas que no existían. Pero ¿de donde se ha sacado la derecha catalana del seny a un personaje como Artur Mas, digno de la subjefatura de planta de unos grandes almacenes?.