24/10/82

Habitación 706 (24-10-1982)



"¿Pero tú te crees que yo tengo algún síndrome de Allende?" Y es cierto que no lo tiene, y vuelves a recapacitaren el don de la credibilidad con que los hados han deparado al caballo socialista. Es creído por las multitudes que le aclaman en los mítines y por las personas individuales que le interrogan en su autobús. Acaso su misterio sea el de la esfinge: que como carece de él resulta inexplicable. Pero tienes que acabar por creerle aun cuando sólo sea acarreando los materiales más pobres de la psicología periodística: este es un hombre que siempre dice lo mismo. Tanto cuando le escuchas en sus mítines como en las ruedas de Prensa y, según los allegados, no varía gran cosa en las ejecutivas del partido.Cuando parpadean los intermitentes del bus electoral de cabeza, se para la comitiva en una autopista, suben al bus de la prensa Felipe, Julio Feo y un par de escoltas, la marabunta informativa afila las mandíbulas, propones que el contacto sea off the record y se te acepta. Se retiran las jirafas de los micrófonos de la tele, se cierran los magnetófonos y se guardan los blocks de bolsillo. Bueno, pues Felipe sólo aporta diferencialmente variaciones de vocabulario. Sigue diciendo lo mismo. Y esto no es un reproche. Lo escribo con admiración intelectual y moral hacia uno de los pocos políticos españoles que siempre dicen aquello que están pensando. Este hombre podrá ocultar información, pero es caracteriológicamente incapaz de mentir. Y por eso a todos los que le seguimos puede parecernos monótono a fuer de ser sincero.

Bronca con la Prensa

Llega a Soria con retraso y a un cine donde no cabe la gente, por problemas administrativos que han impedido que el partido socialista encontrara un aforo mayor. El líder viene roto y casi con el barro en la ropa. Bronca tremebunda a la prensa que, a su juicio, no supo entender su viaje al Levante anegado y que, colateralmente, magnificó los rumores golpistas. Luego, en el autobús, admite que no se debe aparcar a su comitiva periodística dejándola tirada en Calahorra, sin más explicaciones. "Entiendo muy bien que es un derecho ciudadano el de que la prensa informe de todos los pasos de un candidato electoral. Pero, ante las noticias de las inundaciones de Valencia, he querido ir allí para estar con la gente que sufre sin cobrar a cambio entrevistas con la prensa. Allí he marchado por solidaridad humana, no para hacer campaña de nada. No existe otra razón por la que yo haya interrumpido mi gira electoral".

Pese al encabronamiento mutuo entre el candidato y la prensa, sabes que todo lo que te cuenta es cierto. Ramón Rubial arrojó sobre Julio Feo, manager de esta campaña, una de las mayores broncas de su vida, cuando supo que el caballo socialista cambiaba el esfuerzo de Euskadi por el dolor del sureste. Se subió a las avionetas prohibidas (mueve a reflexión la lista de líderes políticos accidentados y muertos en los últimos meses a bordo de aparatos privados) y, conduciendo personalmente un auto alquilado, por entre el barro ha llegado -sin periodistas- hasta el alcalde de un pueblecito murciano ("de nosotros nadie escribe, pero ahí tengo dos cadáveres en el depósito y la ruina en el poblado"). Regresan agotados del periplo de las aguas y te devuelven los discursos en campo abierto de Azaña prestados por una edición mexicana de Juan Marichal. Felipe los lleva en la maleta en edición rústica del año 1936. ("Pero es otra cosa, otra época; sólo cabe rescatar su tono ético".)

"No ocurre nada preocupante"

Después, en el piso séptimo de un hotel, en su habitación obligadamente desordenada, y molestando al alcalde de Zaragoza y otros compañeros partidarios, Felipe, fresco pese a su última paliza, almuerza parcamente una sopa, un filete, y se vuelve a irritar:

-Ya está bien de obsesiones golpistas. Tengo los contactos imprescindibles con el aparato del Estado como para saber que no está ocurriendo nada auténticamente preocupante. Y, por lo demás, hace meses, años, que he pedido dar dos conferencias en el CESEDEN (Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional) y aún estoy esperando a que me autoricen para contarles a los militares españoles un par de cosas. Primero, que qué es esa historia de la disolución de la unidad de España con un Gobierno PSOE. Todas esas siglas que han surgido por el centro y la derecha no van a sacar un diputado por las nacionalidades históricas. Pero somos nosotros los socialistas quienes podemos garantizar un proyecto de Estado. Y ya me contarán, en segundo lugar, cuántos tenientes y capitanes son accionistas privilegiados de la empresa privada. No creo que sea precisamente el Ejército quien no entienda la política social de mi partido.

El Gobierno desapareció

-Pero las elecciones, la campaña, ¿no le parecen inanes, ante un voto ya decidido de antemano?

-Lo que ha ocurrido es que el Gobierno desapareció. Ahora está, todavía, colocando gente en alguna diputación en algún cargo más o menos importante, pero ha desaparecido como referente de campaña y hay un trasvase de votos hacia la derecha y otro hacia la izquierda que ya estaba claro antes. Lo que se ha ido clarificando en esta campaña ha sido ese trasvase de votos hacia la derecha. Al final se ha conseguido en un esfuerzo conjunto la polarización del voto de las derechas en torno a Alianza Popular, a más de que a eso hay que sumar los elementos que dentro del Gobierno ya han estado trabajando por eso. Por ejemplo, el caso de Robles Piquer, cuya fidelidad al Gobierno, digan lo que digan, no me puedo creer y cuya fidelidad a la operación Fraga me parece que es total.

-Bueno, peor ha sido lo de Oscar Alzaga, ¿no?

-Pues me puede doler más lo de Oscar, porque yo sé, que pese, a todo es un demócrata. Pero el otro, para qué nos vamos a engañar, es simplemente el cuñado de su propio jefe.

-¿No ha incidido el PSOE en la disolución acelerada de la derecha racional española?

-No. Porque en la disolución de las Cámaras hecha por Calvo Sotelo de prematura no hay nada. Ellos pensaban llevarlo a diciembre o a enero. Recuerdo una frase de Abril Martorell, entrando yo en la moncloa ("esto podernos llevárnoslo a junio") e insistían en que necesitaban siete meses para recomponer el partido. Yo le dije a Calvo Sotelo y a Landelino, en el mes de julio, que yo no había perdido la confianza en la UCD pero que empezaba a pensar que esa confianza la habían perdido ellos. Y me parece que no me equivoque en nada porque ya no sé si Calvo Sotelo quiere que gane la Unión del Centro Democrático.

-¿Pero a usted no le parece extraño que aquí se cumpla por primera vez un precedente histórico como es el de que un Gobierno de derechas no ya pierda tinas elecciones, sino que se haga el haraquiri políticamente, y prácticamente se disuelva como partido?

"Hubo una oferta por escrito a UCD"

-El Gobierno estaba en estado de disolución. Y Calvo Sotelo, cuando tomó la decisión de disolver las Cámaras, yo pienso que se encontraba en el más absoluto nihilismo. Y esto lo digo con todo respeto. Yo creo que cerró el paso a una posibilidad de centro alternativo que podía ser representado por Adolfo Suárez. Después de las elecciones de Andalucía yo le ad vertí a Calvo Sotelo lo que podía ocurrir y le dije muy claramente que al PSOE y al país no le iba a sorprender el hecho de tinas elecciones anticipadas. El sabía que desde el mes de junio el comité federal del PSOE ya estaba elaborando las listas electorales. Y aún más, yo le ofrecí a primeros de marzo un acuerdo político entre el Gobierno y la oposición para completar decisiones económicas y administrativas para que pudiéramos entre todos llevar las elecciones con tranquilidad hasta 1983. Y completar tranquilamente la legislatura. Bueno, pues lo único que le interesó fue ese supuesto triunfo político de meternos en la OTAN.

-¿Pero esa oferta de colaboración llegó a algo más?

22/10/82

Caras largas (22-101982)



Felipe González voló ayer a Valencia para estar junto a un pueblo nuevamente anegado, pero también para rebañar unos minutos en Madrid, a lai¡da o al regreso, junto a Alfonso Guerra y su cuartel general electoral. Junto con Julio Feo, el director de esta campaña, voló desde Vitoria ante el cierre de Sondica por la niebla. Cuando a primera hora de la mañana te arrastras desde la cama al ascensor del hotel bilbaíno de Felipe para intentar llenar tu cestita con noticias, la primera te la facilita un policía nacional en el mismo ascensor, que apartando su metralleta te da la novedad de que el líder se ha marchado.Hasta las cuatro de la madrugada estuvo el candidato en sus habitaciones, con amigos y colaboradores, discutiendo en un ambiente amargo la actual situación que a todos nos amilana. Tras el mitin de Vitoria un responsable de campaña se acercó a Felipe:

-El golpe está dado. Vamos a llevarte con discreción a un sitio seguro.

Felipe, entre irritado e indignado, contestó fulminante:

-Vamos a nuestro hotel de Bilbao.

Jornada de perros, malas noticias, rumores' desaforados, noticias ciertas y graves, otras tonterías sobre atentados a Felipe, saturación de líneas telefónicas y el coro telonero de la octava asamblea de ETA apoyando el cambio con un rosario de bombas por Euskadi. Felipe habló telefónicamente con Carlos Garaikoetxea y a las dos de la madrugada estaba buscando a Mario Onaindía. Habla con el Rey a diario. Carmen Romero se queda preocupantemente en Madrid y José Luis Moneo -casi el médico particular del partido- vende bondadosamente la idea de que es que uno de los niños padece de anginas. Te comentan en un periódico local que el responsable de la inteligencia militar aquí destinado acostumbra, en un esfuerzo de profesionalidad, a telefonear a los diarios; para inquirir información. Una amiga importante prefiere no pernoctar en su domicilio el próximo día 28. Un experto en asuntos militares hace cuentas sobre un velador: "Me salen dos mil golpistas en el Ejército español; una minoría".

-¡Oye (voz anónima) vete a deprimir a otra parte! El 28 hay una cita con las urnas y ya de antemano las están llenando de temor, de abstención o de reservas ante'e1 triunfo socialista. Golpe habrá, por supuesto. La primera hipótesis de trabajo de los socialistas españoles analiza un cuartelazo en el primer año de Gobierno. Un compañero llama a tu puerta con el último sondeo: barrida socialista...

Onaindía te afirma en la cafetería del hotel que ETA Militar está buscando alguna buena excusa para apearse de la lucha armada y que el Rey -junto al Ayuntamiento de la ciudad- es una de las figuras institucionales más respetadas por el pueblo vasco. Miguel Boyer, el anfitrión de aquella cena histórica con este Fraga jupiterino, se olvida la cartera en la habitación de Felipe y pulula por el hotel. Las últimas noticias te afirman que el candidato socialista ha suspendido su intervención en Bilbao y en Logroño por dificultades aéreas. Pocos compañeros de este bus electoral dan por bueno que Felipe deje de comparecer ante sus citas sólo por problemas de vuelos e inundaciones, por graves que éstas sean. Quien puede decírtelo te lo afirma: "El Rey se siente solo". ¡En la tierra en que un ex dirigente de ETA Militar te habla con elogio del monarca, la panda del golpe sigue cobrando la nómina del Estado y teniéndonos a todos en vilo! Ya se sabe que el seguro de paro sólo es para los obreros.

21/10/82

El salario del miedo (21-10-1982)



Un destacado beneficiario de nuestra derecha pura y dura circula por el centro de Madrid, por los aledaños del Centro Colón, donde entre otras personas de respeto habita el general Sabino Fernández Campo, secretario de la Casa Real. Pasea por la acera cuando se destapa una alcantarilla y emerge por ella un hombre con buzo de obrero. El beneficiario reconoce la cara de un teniente coronel del Ejército destinado en la Inteligencia del Estado. "¡Pero fulano, qué haces aquí y de esta guisa!". Y el aludido, naufragando entre la amistad y la sorpresa, se confiesa: "Pues chico, que vengo de pincharle el teléfono a Laína".Quien contaba la anécdota (rigurosamente verídica) con nombres y apellidos argumentaba además que este Gobierno no tenía intervenidos más de doscientos teléfonos. Ignacio Aguirre, secretario de Estado para la Información cabeceaba dudoso -le pagan por eso- de la cifra y del cuento. Pero ahí está fotografiado nítidamente todo el clima moral de la dirección política de este país.

El candidato socialista ha parado por un día su caravana en Madrid y ha volado después a Euskadi, en un infame vuelo de "Aviaco" que demuestra la veracidad de la teoría de Kuuta Jukosky sobre la sustentación de superficies planas en corrientes aéreas y la estupidez de las concesiones monopolísticas. No quiero ser abstruso: Kuuta Jukosky demostró que los aviones vuelan, pero yo me quedé ayer en tierra pese a llegar media hora antes de la demostración de la sustentación sobre fluidos. Toda una tarde en coche hasta San Sebastián para escuchar al líder socialista hacer una oferta de paz en esta ciudad machacada por el terror. No ha cogido el autobús y por tierras vascas su seguridad le ha metido en el auto blindado de Johny Falcone y El galleta, sus chóferes de seguridad. La Policía Nacional protege su hotel en Bil.bao, donde te cruzas con Mario Onaindía, Pilar Miró, Eduardo Sotillos, o con cenas explicativas de Euskadiko Ezkerra, a más de la ironía del líder que flota tras la habitual conferencia de Prensa: "No quiero ser cruel ni recordarle al señor Rosón mi polémica con él en el Congreso a cuenta de las negociaciones de Txiki Benegas con la ETA". Y se muestra de acuerdo con la intención de última hora de este Gobierno de mirar a los ojos al terror y facilitar a un sector de ETA el siempre difícil paso de apearse del tigre de la lucha armada.

Se queja de toda la suciedad subyacente en es la campaña aparentemente tan átona, de corrección de formas en la superficie y trufamiento de rumores: golpes de Estado por fascículos, terrorismo incierto, alarma popular, indución a los niños de que perderán su colegio con un triunfo socialista, o a los rentistas modestos de que el PSOE recorre España en un autobús con la intención de nacionalizarles la maceta del balcón. Felipe se ríe de todo esto, en público, pero se le advierte dolorido por toda la guerra sucia que está alfombrando su autobús electoral. Con los militares resulta exquisito, pero no puede evitar un punto de impaciencia al tratar lo obvio. Así, si Aramburu Topete, director general- de la Guardia Civil, confía en la sensatez de los socialistas, el líder expresa a su vez su confianza en la sensatez de Aramburu Topete. No oculta el hecho de que está harto de declaraciones militares de sumisión constitucional. Cuando le hablas del tema -el golpe contra una Administración socialista- se llena de hastío, en ese reconocimiento inconsciente que todos nos hacemos: "¿Cómo se puede hacer política bajo este chantaje?".

-Pero, Felipe -le aduces- la gente sale acongojada de los cines en que han visto Missing. Tiene razón Carrillo cuando sugiere que hay qué pasar esta película por televisión.

El caballo socialista, un punto harto de películas de miedo, intenta romper lo que estima un círculo infernal de iniciados: que una clase periodística, política, intelectual, con acceso a zonas privilegiadas de información -por más que muchas veces sea información podrida- está obsesionada con una asonada que no preocupa a los ciudadanos comunes. El caso es que al llegar a Bilbao te preguntan por el sentido de las últimas audiencias de la Zarzuela y que en los corrillos de enterados se discuten las posibilidades de que Tejero obtenga un acta de diputado por Madrid. Si así fuera, la votación de indignidad sugerida por Felipe de nada serviría, por cuanto el mandato popular, "el acta", prima sobre la decisión de la Cámara. Y ahí el "número". Ayer me comentaba un cualificado periodista: "Aquí hay un voto de locura que quiere ver a Tejero en el Parlamento". Y un candidato al Congreso: "Yo no me siento con él" . Y un jurista: "Pues te vas a sentar, porque si sale, pese a los estudios jurídicos que- está haciendo el Gobierno, hay que sacarlo de la cárcel para constituir la Cámara". Alguien, utópico pero sensato, sugiere encerrar a los magistrados de la Sala Segunda del Supremo, en concilio, hasta que dictaminen -cuanto antes- los recursos judiciales que pesan sobre Tejero y sus amigos. Manías, discusiones y problemas típicos y tópicos de Madrid. Cuando escapas de esa neurosis y traspasas las alambradas que "Aviaco" pone entre el futuro triunfo socialista y la libre información, acabas recordando que la red de alta tensión la nacionalizó en Francia el general De Gaulle cuando sacó a las tropas alemanas de París, y que ya está bien de tanto cuento y de tantas amenazas. Porque de quien gane estas elecciones se espera, entre otras cosas, no ver a los oficiales de nuestro Ejército salir de las alcantarillas disfrazados de pocero.

18/10/82

El abrazo del sapo (18-10-1982)



En la Prensa insular canaria, los anuncios del mitin de Felipe lucen la siguiente apostilla: En este acto no se rifará ningún coche. Días antes, en Las Palmas de Gran Canaria, Landelino Lavilla había metido gente en un estadio ofreciendo, a más de sus encantos electorales, boletos para la rifa de un auto, cinco televisores y cinco bicicletas. El mitin salió bien, pero el número del coche rifado, sencillamente, no salió. Ante el clamor local, los periódicos publicaban anteayer una nota dejando bien claro que el auto sería donado a las Hermanitas de los Pobres. Un dato más para reconocer que, a Felipe, sus propios adversarios electorales le están poniendo la campaña como a Felipe IV las bolas del billar.En el avión que le desplaza a las Canarias, siempre en turista, como uno más, Felipe soporta entrevistas, fotografías, invitaciones de la tripulación para acceder a la cabina, peticiones continuadas para signar un autógrafo sobre los anuncios que del cambio socialista publican los diarios que reparten las azafatas. Mueve a asombro toda la resistencia psicológica que pone en juego este o cualquier otro candidato. Al lógico cansancio inherente. a la campaña debe sumarse el continuo relampagueo de los flash, las entrevistas, las conferencias de Prensa, los almuerzos of the record, el continuo abrasamiento personal del líder en campaña. Se le pregunta a Julio Feo, manager de esta crueldad, que cómo pueden soportarlo cuando ya los periodistas se derrumban por los asientos del bus y las recepciones de los hoteles. "Haciendo vida de atletas de competición", contesta.

Y fresco, como un atleta, salta Felipe al campo de futbol de Las Palmas de Gran Canaria. Pese a la media entrada -son las tres de la tarde, y hay que tener moral de combate para trucar la siesta por un mitin-, el campo hierve de entusiasmo. Sin rifas. Tan es así la despolitización de esta campaña socialista, que la megafonía del campo no emite La Internacional -aún estoy por escuchar el "Arriba, pobres de la tierra..."-, sino El himno de la alegría, de Beethoven, en versión popular no cantada. El estadio se derrumba sobre Felipe en una catarata de emotividad. Una niña -obviamente programada- sube al escenario con un clavel rojo para entregárselo al orador. Le tironea del jersei mientras éste habla. Al final, Felipe la coge en brazos y continúa su perorata moralizante ante el entusiasmo de miles de canarios.

Despues da la vuelta al campo de futbol en el que ha hablado, arrojando claveles por encima de las verjas de seguridad, rodeado por los policías, los periodistas y el equipo de sus fieles del partido. Cae un fotógrafo de espaldas sobre el césped y peleamos todos con una seguridad interior que larantiza -necesariamente- la salida del líder por algún vomitorio. El cronista tiene la musculatura dolorida, pese a ir trufado de pegatinas, colgajos, y múltiples acreditaciones partidarias, casi como un hombre-anuncio del PSOE, por mor de cruzar dos veces por día la cadena que rodea a este hipotético próximo presidente del Gobierno. Resulta admirable observar cómo los karatekas de su escolta le despegan con dos dedos de una mano de abrazos y efusiones mientras portan un radiotransmisor pegado a una oreja. Luego, en los almuerzos, los transmisores descansan sobre los manteles, y entre el pescado y la carne y la charla generalizada vamos sabiendo y decidiendo sobre cómo están las cosas kilómetros adelante. Y, siempre que puede, Felipe toma por unas horas una habitación de hotel para hacer de ella refectorio y descanso privado.

Va desgranando entre discurso y discurso su idea de cómo quiere que sean las relaciones entre la sociedad y su Gobierno. Quiere establecer una línea caliente -así la denomina- entre los ciudadanos y el hasta ahora inmaccesible Palacio de La Moncloa. Una serie de líneas telefónicas a las que las gentes abrumadas por los problemas y las desatenciones puedan llamar, plantear sus quejas y ser atendidas. Tambien quiere resucitar aquellas charlas junto al fuego de aquel Roosevelt que sacó a Estados Unidos de la depresión de su depresión económica contando a sus compatriotas la verdad de las cosas y las miserias del Gobierno. Ese "¡Adelante! ¡Animo!" con que Felipe acaba sus discursos.
Conexión carismática

Entre Gran Canaria y Tenerife la comitiva que vende la idea del cambio opta por el jet-foil prescindiendo del avión. Un excelente aerodeslizador naval del que el candidato prueba los mandos. Se le acercan pasajeros y piden consejos. Otra vez el atosigamiento del avión. En Santa Cruz de Tenerife, tras la obligada rueda de Prensa en un hotel, la plaza de toros no da a basto. Miles de personas se quedan fuera peleándose en los vomitori6s. El ruedo y las gradas estan abarrotados. La conexión del líder con la gente es carismática e instantánea. "¡Este pueblo tiene derecho a la esperanza. Y el cambio sale de ahí, de ahí, de ahí, de ahí -señalando con el índice a diferentes graderíos-. ¡Queremos poner a este país a trabajar!". Abierta contraposición con el eslogan de los golpistas, que sólo aspiran a meter a este país en cintura. Muchos jóvenes y muchos viejos. Un anciano, casi en éxtasis, se mantiene minuto tras minuto con un programa socialista en una mano y un clavel en la otra, en alto, votivamente. La Cruz Roja retira en camillas a los desmayados. (En esta campaña siempre hay un lugar y una atención para los minusválidos). Hombres curtidos lloran... Se advierte en las expresiones de sus rostros ese "no es posible que esto sea otra vez verdad". Y el coso se viene abajo entre aplausos y vítores cuando Felipe saca del baúl las viejas palabras herrumbrosas: el trabajo bien hecho, la solidaridad, la honestidad, la alegría, el ofrecimiento y la llamada de que si entre todos nos lo proponemos, este puede dejar de ser un país de tercera.

Felipe González en sus mítines parece acercarse al tono moral de los tres discursos de Azaña en los campos de Mestalla (Valencia), Lasesarre (Baracaldo) y Comillas (Madrid), que en 1936 dieron el triunfo a una coalción de izquierdas capitaneada por los burgueses ilustrados de los que don Manuel podía ser paradigma. De hecho, los gestores de esta campaña de Felipe llegaron a pensar en la hipótesis de tres o cuatro mítines que galvanizaran al país. Se optó finalmente por la campaña tradicional, de la que -aún- todos esperamos el gran discurso final al que el candidato se va acercando poco a poco, pueblo a pueblo y mítin a mítin. Insisto en que ni siquiera pide el voto socialisfa. Reclama de los jóvenes que se metan en política, como hace cincuenta años exigía Antonio Machado. "Porque si no la política se hará a vuestras espaldas". Insiste en que no piensa pedir el carné del PSOE a nadie y sí credenciales de responsabilidad, trabajo y eficacia. Ilusión, entusiasmo y ahuyentarniento de históricos complejos de inferioridad. No es de extrañar que arrastre a las gentes tironeándolas con los vocablos olvidados: laboriosidad, optimismo, exactitud, diligencia, austeridad. Poco fálta para que el candidato.nos pida aseo personal, duchas matinales y que seamos más altos y más guapos. Pero a poca sensibilidad social que se tenga, habrá de convenirse que ese era el mensaje que estaba esperando este país.

La utopía del caballo socialista

Kamerer, biólogo austriaco, amante de Alma Malher, esposa del compositor del mismos apellido, fue una de las personalidades más apasionantes de la primera mitad del siglo. Empeñó su vida en el estudio de la reproducción del sapo partero, que criado en lagunas desarrolla unas rugosidades nupciales en sus garras delanteras que le posibilitan sujetar a la hembra durante el apareamiento en un medio acuático. Kamerer pensó que trasladando un sapo de tierra a un ambiente pantanoso, sus descendientes, tras varias generacio nes acabarían adquiriendo las rugosidades nupciales. Así se habría penetrado en los secretos del código genético y demostrado que un comportamiento inducido puede transformar las características de toda una sociedad. Lenin se apasionó por los estudios de Kamerer, que aseguraba haber logrado la transformación del abrazo nupcial del sapo. Acabó suicidándose ante el acoso de sus colegas, la acusación de falsario y, acaso, la crueldad sentimental de Alma Malher. Pero aún indemostrado genéticamente, ahí queda su mensaje y su esperanza: que un hombre criado en un medio solidario y generoso pueda adquirir de por siempre y para sus descendientes los caracteres de la generosidad y de la honradez.

Es la utopía que: va vendiendo el caballo socialista. Que se tienen que acabar -dice- las escuelas reproductoras de clases dirigentes y de clases que obedecen. Que él no va a retirar una peseta de la subvención a la escuela privada pero que va a poner cristales, calefacción y buenos profesores en las escuelas públicas; de los barrios humildes. "¡Y porque me da la gana!" No se pide el voto socialista y se reclama el pacto social; es ésta una campaña que casi ni reparte llaveros con emblemas pero exige el cumplimiento de los horarios. Es la vieja llamada al patrimonio moral de una sociedad que aún puede adquirir rugosidades nupciales en sus patas prensiles. No digo que las cosas tengan que ser tan bellas con los socialistas, sino que el diseñador de la, campaña del PSOE ha tocado una tecla hasta ahora inédita: que los problemas no nos impiden ser mejores y que hay que recuperar la moral civil. Algo así como "Vote usted lo que quiera pero esfuércese y cambie para mejor". Si yo tuviera alguna influencia intelectual sobre la Conferencia Episcopal, intentaría que nuestros obispos reflexionaran sobre un mensaje absolutamente cristiano que se les está escapando de las manos.