28/3/83

El Gobierno argentino declara ilegal la huelga general de hoy y reprimirá todo intento de boicotear el trabajo (28-3-1983)



El Gobierno argentino ha declarado ilegal la huelga general convocada para hoy por las dos grandes centrales sindicales, "en razón de no encuadrarse en las normas y procedimientos relativos al ejercicio del derecho de huelga". El Ministerio del Interior ha acuartelado a la policía federal y ha advertido que reprimirá con energía todo intento de obstaculizar el ejercicio del derecho al trabajo. Otro miembro del Gobierno, el titular de Economía, Jorge Wehbe, en declaraciones a la emisora Radio del Plata, negó toda posibilidad de que el paro, pueda hacer caer al régimen militar instaurado hace siete años.

El Ministerio del Interior, por su parte, ha recordado los límites vigentes a la actividad sindical, ha acuartelado a la policía federal y ha advertido que reprimirá con energía a quienes obstaculicen el derecho al trabajo. Periódicamente, los canales de televisión dirigidos por las tres armas emiten amonestaciones contra el boicoteo al trabajo.Wehbe, sin embargo, fue más allá en sus declaraciones y descartó igualmente que la huelga pueda servir de recibidor a otro golpe de Estado. "La avidez de la civilidad por arribar a un Gobierno constitucional es tal", afirmó, "que ningún hecho podría ser utilizado como argumento suficiente para quebrar este tránsito".

Respaldo total

Por otra parte, las intimidaciones gubernamentales son inaplicables ante una huelga respaldada por todos los sindicatos (gremios). Hoy Argentina habrá quedado paralizada por completo (hasta el privilegiado sindicato de pilotos se suma a la huelga), y sólo funcionarán servicios mínimos de urgencia atendidos por piquetes de sindicalistas. Tiene razón el Gobierno -en términos estrictamente numerarios- al afirmar que no hay más dinero para repartir y que no se puede, físicamente, atender las reclamaciones salariales de los sindicatos, pero la corrupción y la naturaleza antidemocrática de la Administración restan credibilidad a sus argumentos.

Obviamente, la huelga general de hoy tiene también sus perfiles políticos. Ante las disensiones en el Gobierno y las divisiones de los partidos, se erigen las dos ramas de la Confederación General del Trabajo (CGT) como una colosal fuerza de presión que empuja al país hacia las elecciones. No obstante, mayor inquietud provoca aún la convocatoria de la central sindical dura para marchar el día 30 sobre la plaza de Mayo de Buenos Aires -a la que todos los jueves acuden las madres de los desaparecidos- en reafirmación de los deseos de normalización democrática de la sociedad.

El teniente general Menéndez (en retiro forzoso), gobernador militar de las Malvinas durante la ocupación argentina, ha dado un extenso comunicado a los periódicos autojustificando sus responsabilidades militares durante la guerra. El teniente general Galtieri (el presidente que ordenó la invasión de las islas) no ha vuelto a abrir los labios desde que cometió el error de conceder una entrevista a la periodista florentina Oriana Falacci, a la que afirmó que, a la postre, también mueren personas en las inundaciones y no sólo en las guerras, y que éstas no deben ser criticables.

Menéndez también estaba sumido en un absoluto mutismo, pero una reciente entrevista publicada aquí con el general británico Jeremy Moore (a quien se rindió) y las críticas generalizadas al valor de su oficialidad le han hecho reaccionar. El general Moore alude a que numerosos oficiales argentinos declinaron el honor de compartir con la tropa los rigores de la primera línea de fuego y recuerda que mientras un jefe británico, el teniente coronel Jones, murió asaltando una posición enemiga delante de sus hombres, no hay una sola baja por muerte entre los jefes militares argentinos.

Coraje militar antisubversivo

El general Menéndez, en una exposición esencialmente técnica, arguye que hubo jefes argentinos heridos -aunque no muertos- y que el Ejército ya había probado su coraje en la lucha en montes y ciudades contra la guerrilla subversiva. El núcleo de su autodefensa estriba en que el Reino Unido movilizó contra él la mayor concentración de tropas expedicionarias desde la segunda guerra mundial, que se vio sometido a bloqueo aeronaval y que sus tropas soportaron 72 días el clima austral y los británicos sólo 45 días. Nada importante que ayude a salvar las distancias entre familia militar y sociedad civil.

Hace unos días un soldado de reemplazo fue objeto de chanzas en un cuartel de Buenos Aires. Un suboficial profesional se unió a las novatadas, empujó al soldado y lo arrojó al suelo entre risas. Desde el suelo, el conscripto le espetó: "¿Así empujábais a los ingleses en las Malvinas?". El suboficial, entonces, desenfundó su pistola y mató al soldado. Así están las cosas en las vísperas del primer aniversario del intento de recuperación.

27/3/83

Argentina: una nación en el diván del psicoanalista (27-3-1983)



A siete años del golpe que instauró un régimen militar en Argentina, ninguno de los propósitos enunciados por los golpistas como pretextos del golpe se ha logrado. El nuevo corresponsal de EL PAIS en Buenos Aires traza hoy el semblante patológico de una Argentina desorientada por siete años de errores incompetencias y desaciertos.

"Destruida la clase media, alcanzada la tasa de inflación más alta del mundo, acumulada una deuda. exterior imposible de pagar, aniquilada la moral civil, consumado un genocidio sobre 30.000 ciudadanos y perdida muy poco gloriosamente la guerra de las Malvinas, el proceso de reconstrucción nacional ha alcanzado sus últimos objetivos nacionales. La intervención, militar en Argentina ha terminado".Este hubiera sido el parte bélico de la Junta Militar argentina sí el pasado jueves, séptirmo aniversario de su golpe de Estado, hubiera decidido devolver a los oficiales a los cuarteles y el poder político a la sociedad civil. No -ha sido así, y la Junta festejó su cumpleaños con el estilo que la caracteriza: no con un desfile militar ni con una proclama patriótica, sino con una misa y el secuestro de la revista La Semana.

Los vendedores de Prensa te vocean por las calles: "Compre la revista Humor, que está a punto de ser secuestrada", y el Gobierno militar promulga una ley que prohíbe a las agencias y periódicos la transmisión de noticias por medio electrónico, condenando al subdesarrollo a la Prensa argentina. Acaba de decirlo bien claro el teniente general Nicolaides, jefe del Ejército que es quien manda aquí: "No. vamos a tolerar ataques a las fuerzas armadas ni acusaciones infundadas de que hemos violado los derechos humanos. Si es necesario, el Ejército actuará".

Una sociedad desmoralizada

En los lujosos hoteles del barrio Norte te advierten en cartelito que no abras nunca la puerta de tu habitación sin antes observar por la mirilla y que tengas siempre echada la cadena de seguridad. Los empleados de la city, trajeados y con corbata, almuerzan entristecidos bocadillos de fortuna en los bancos de las plazas próximas. El 95% de los pisos de alquiler del Gran Buenos Aires ha sido retirado del mercado inmobiliario por sus propietarios, temerosos de una futura ley de arrendamientos tras las elecciones.

Ex ministros de Economía y analistas financieros estiman que la deuda exterior (48.000 millones de dólares, más de cinco billones de pesetas) no podrá ser pagada jamás, y aquí no hay negocio posible sin pagar la coima (porcentaje) a un funcionario del Gobierno.

Este es el clima. En siete años, los militares argentinos han arrasado a su país, un país inmensamente rico que se autoabastece de petróleo, puntero en el subcontinente en energía nuclear, con la primera cabaña ganadera del mundo y con el grano a la intemperie por falta de silos, ante ingentes cosechas.
Pero acaso lo peor es que la dictadura militar ha quebrado el espinazo moral de esta sociedad. No es una apreciación subjetiva. Hasta el obispo Quarracino, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, decía ayer al llegar a Buenos Aires que "Argentina necesita un gran lavado de moralidad". El esquema es muy simple: si en una sociedad de hechura europea como ésta pueden desaparecer 30.000 hombres, mujeres y niños en menos de dos años sin que pase, nada, es que vale todo, menos el aborto y el divorcio, poco gratos para la oligarquía militar.

Los expertos en el intervencionismo militar en el Cono Sur se llevan las manos a la cabeza ante el balance de la Junta Militar argentina.

En este país hay jefes y oficiales de las tres armas (siempre peleándose entre sí) dirigiendo emisoras de *radio, los canales de la abominable televisión, gestionando petroquímicas,haciendo de gerentes de líneas de transporte público o mataderos industriales;. todo lo han llevado directamente, hasta lograr apoyar al país sobre las tres patas de la crisis mis grave de su historia: la deuda exterior, los desaparecidos y,las Malvinas.

La deuda es otro de los estragos producidos por la literatura económica de Milton Friedman sobre países en vías de desarrollo. Un monetarismo feroz, un entendimiento de que no hace falta trabajar, ni producir, ni invertir porque el dinero trabaja por sí sólo ha hecho saltar por los aires los cimientos de la economía argentina.

En las agencias de cambio te cotizan el dólar a su valor real delante del uniformado policía federal encargado de velar por la cotización legal. El peso argentino cae cada mañana. La inflación de diciembre de 1976 al mismo mes de 1982 ascendió al 22.544,7%, y el índice de precios al consumo en el mismo período subió del 2.379,6% al 538.852,2%. El pueblo argentino, en suma, está pasando hambre. Hay incluso datos que revelan la situación económica de este pueblo. El 50% de la población es colar no asiste a la escuela, ni siquiera a la pública, por falta de dinero para adquirir ropa, libros, útiles de enseñanza y pagar el transporte. Muchos padres solicitan créditos bancarios para mandar a sus hijos al colegio, como afirman los propios argentinos. El proceso militar habrá conseguido una nación de analfabetos y desaparecidos.

La deuda es evasión

Los asesores económicos de los partidos estiman que al menos un tercio de la deuda exterior es, lisa y llanamente, evasión de capitales. Lo que aquí se llama meter la mano en la lata ha distraído cientos de miles de millones de dólares en créditos extranjeros otorgados a empresas argentinas y que nunca llegaron a este país. Esta es otra de las desapariciones que, depara el militarismo-monetarismo, y que el humor depresivo de los argentinos resume en las páginas que se leen por doquier: "El último que se marcha que pague la deuda".

Como todos los jueves (y el último era el aniversario de la toma del poder por los militares), las Madres de la Plaza de Mayo empezaron a dar vueltas en torno al obelisco de la plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada donde Juan de Garay fundó la ciudad de Buenos Aires y plantó la picota de la justicia.

Humildes ancianas, desgastadas bajo el bochorno húmedo del otoño porteño, con sus pañuelos blancos en la cabeza, claman por sus hijos en su espectáculo patético: "Es como si nuestros hijos desaparecidos nos hubieran parido a nosotras", dicen; "esa es nuestra fuerza", el drama de los dramas y el problema insoluble de este país. Un genocidio sin haber mediado una guerra abierta y con pocas posibilidades de un segundo Nuremberg. Y, desde el cinismo, se aduce que además es un genocidio mal administrado: hay pruebas por doquier. Los propios militares levantaban actas de sus cementerios clandestinos, que ahora van apareciendo lentamente. Debieron pensar que estarían, mil años en el poder.

Las fuerzas armadas preparan una ley de amnistía (que ellos prefieren llamar de reconciliación nacional) que, curiosamente, no afectará a los presos o exiliados por razones políticas, sino sólo a quien pueda estar comprometido en excesos durante la represión de la guerrilla y el terrorismo (y no debe olvidarse que entre los desaparecidos figuran niños de meses).

Los partidos políticos hacen blandas declaraciones de orden moral y se alejan del fondo de un asunto que molesta y que quema; nadie tiene una solución, y se estima que en este escalón puede tropezar el restablecimiento de la democracia en Argentina. Para muchos políticos, olvidar definitivamente a 30.000 conciudadanos es el precio a pagar por la democracia; para algunos militares es incomprensible que se les juzgue por lo único que. han hecha bien (en Argentina ni estalla una bomba ni se produce un solo atentado político).

Otros oficiales preparan ya su exilio y, con un Ejército comprometido masivamente en la tortura y el asesinato, se busca afanosamente la fórmula para encontrar a .10 o a 100 cabezas de turco que puedan pagar el pato por todos. Va a ser muy dificil. El Ejército, ya ha esgrimido la eximente de la obediencia debida, y ha recordado tajantemente que sólo los tribunales militares juzgarán a los militares; pero hasta el más modesto argentino reconoce en la intimidad que, si los 30.000 desaparecidos (que, están muertos) se echan al caldo del olvido, la democracia en ciernes se habrá cimentado sobre un osario. Otra grieta en la esquizofrenia moral de este país.

Adiós a la victoria y al prestigio

Y, finalmente, la guerra de las Malvinas es el colofón grotesco de este ensayo militar, y ha dado al traste con el orgullo nacional argentino además de con la Junta Militar. Alguna revista bonaerense ya empieza a publicar por entregas el clásico del científico británico Norman Dixon (Sobre la psicología de la incompetencia militar), porque se puede perder una guerra salvando el prestigio, pero en las Malvinas las fuerzas armadas argentinas perdieron ambas cosas.

La única explicación al desastre es la que ofrecen algunos oficiales jóvenes, deseosos ya de volver a sus cuarteles y hartos de generales bien situados en consejos de administración: nunca se pensó en la ocupación permanente de las islas, sino en dar el golpe y entregar la soberanía de hecho a las Naciones Unidas antes de que se acercara la flota británica. Las Malvinas no es el tema clave del Ejército argentino; su enemigo natural es Chile, y, de hecho, durante el conflicto no se sacó un soldado de las fronteras andinas, sino que se mandaron a Puerto Argentino conscriptos de las provincias del Norte, tropicales, a morirse de frío en el confin del mundo austral.

Pero Galtieri, entre los vapores de su cerebro (aquí siempre se le representa con un vaso en la mano), decidió que la plaza de Mayo la ocupaba él y no las centrales sindicales, y convenció a todo el mundo de que EE UU frenaría al Reino Unido, que a éste, a la postre, le interesaban poco las islas y que Londres no se atrevería a retirar su flota de Europa.

Mientras, los argentinos, abandonados por Occidente, del que se reclaman, se descubren en su condición tercermundista y latinoamericana; el presidente Bignono. abraza en Nueva Delhi a Castro y a Arafat. Sin embargo, Nicolaidesi censura en televisión tales imágenes y nadie entiende nada, y los viejos y crueles chistes sobre los argentinos ya no causan dolor a quien aquello de que un argentino es un italiano que se cree inglés o que el mejor negocio de¡ mundo es comprar a un argentino por lo que vale y venderle por lo que cree va-, ler es agua pasada. Taxistas, inédicos, empresarios, políticos, economistas te repiten una cantilena monocorde: "Lo peor de Argentina somos los argentinos". Preguntas a un exiliado naturalizado español: "¿Cambiaste de nacionalidad por razones políticas o económicas?". "No, sólo por asco".

Corrientes abajo, abriéndose paso por entre el endemoniado tráfico de la ciudad, un Ford Falcon de color verde, sin identificaciones, hace aullar sus neumáticos a toda velocidad, y se te encoge el corazón.

24/3/83

Licio Gelli, gran maestre de la logia P-2, condenado a dos meses de cárcel (24-3-1983)



En ausencia del acusado, que no compareció ante los tribunales para evitar a los periodistas y en particular a los fotógrafos, el gran maestre de la logia masónica P-2, Licio Gelli, fue condenado ayer en Ginebra a dos meses de cárcel por haber infringido la ley federal de entrada y permanencia en el país, al haberse servido en varias ocasiones de un falso pasaporte argentino a nombre de Marco Bruno Ricci.Según los abogados de Gelli, que aceptaron sin apenas oposición la sentencia, su cliente estaba obligado a emplear tales astucias y a utilizar documentación falsa, ya que Italia había presentado contra él una orden internacional de búsqueda y captura.

Tras la detención de Gelli, en septiembre del pasado año, las autoridades judiciales de Milán encontraron en su domicilio una lista negra de adeptos a la logia masónica Propaganda 2 y, desde entonces, se le acusa de prácticamente todo: de ser el hombre de confianza de Calvi, de haber tramado el asesinato de Aldo Moro, de haber movido los hilos que condujeron al drama de la estación de Bolonia y de estar implicado en el atentado contra el Papa.

Gelli reconoce haber pagado en Chile cinco mil dólares (unas 675.000 pesetas) por el falso pasaporte a nombre de Ricci y haberse servido de otras falsas identidades. También afirma poseer un pasaporte diplomático argentino a su nombre que no ha utilizado nunca en Suiza.

Las autoridades italianas exigen su extradición, y entre los delitos que le reprochan destacan los de conspiración, subversión, espionaje, abuso de confianza, malversación de fondos, corrupción y un largo etcétera. El departamento suizo de Justicia y Policía, que aún no ha accedido a la extradición solicitada por Italia, examina en estos momentos el aparentemente "complejo y voluminoso caso Gelli".

28/1/83

Ben Bella desea ser libre y no refugiado político (28-1-1983)



El antiguo presidente y líder de la revolución argelina Ahmed Ben Bella podría pedir asilo político en Suiza si su regreso a Francia, al chalé que tiene alquilado en Montmorency, en las proximidades de París, no puede efectuarse en "condiciones de normalidad" y con unas mínimas garantías de seguridad" tanto para él como para el resto de su familia.Ben Bella ha manifestado que por el momento ni siquiera ha pensado en esta eventualidad. "Tampoco conozco", dijo, "la opinión de las autoridades federales helvéticas al respecto, aunque presumo que, dada la tradicional reputación de hospitalidad de que goza el país, una solicitud en este sentido podría ser acogida favorablemente". "Sin embargo", añadió a continuación, "no tengo intención de pedir el estatuto de refugiado político ni aquí ni en cualquier otro lugar".

Según sus propias manifestaciones a los periodistas, las autoridades argelinas intentan silenciar sus actividades políticas, y el registro policial del que fue objetoanteayer en su domicilio parisiense explicaría las presiones que el Gobierno argelino está ejerciendo sobre París.

Fuentes solventes han declarado que el propósito del ex presidente argelino es volver a Francia a pesar de que nunca logró obtener una autorización formal de residencia en este país.

Su única credencial es un simple pasaporte diplomático que le permite, en principio, permanecer tres meses como turista sin mayores formalidades administrativas, a menos que las autoridades gubernamentales le declaren "indeseable o persona no grata".

Este no parece ser el caso de Francia, que para Ben Bella no dispone de argumentos jurídicos suficientes para expulsarle y que, en todo caso, en el plano político, podría ser bastante, problemático.
Mientras se esclarece la operación policial llevada a cabo en su domicilio parisiense, el líder de la revolución argelina no descarta la posibilidad de pedir un permiso de residencia prolongada en Suiza para su familia, dado que uno de sus hijos continúa necesitando cuidados médicos.

1/11/82

Entrevista a Santiago Carrillo (1-11-1982)

Santiago Carrillo se retira de la dirección del PCE, pero no de la política. El veterano dirigente comunista se cree todavía con fuerzas suficientes para " navegar durante años "'y ofrece su experiencia tanto a su partido como a la vida política desde "algún despachito en las Cortes". El ex dirigente del PCE considera que la Unión Soviética, jugando subliminalmente a favor de la oferta socialista, ha podido tener alguna influencia en los resultados de las pasadas elecciones legislativas, tan desfavorables a su partido. Y, en consecuencia, avanza oscuros presagios sobre el futuro político español. En concreto, afirma que no hay que descartar la hipótesis de un golpe de Estado contra la próxima administración socialista porque no considera al futuro gobierno en condiciones de destruir las tramas golpistas.

A una indicación convenida, el Partido Comunista de España regresaría automáticamente al frío de los manglares y espesuras de la clandestinidad. Otros partidos de izquierda, como el Movimiento Comunista o -en menor medida- los socialistas, también han estudiado o estudian la posibilidad de mejorar la red de sus alcantarillas conspirativas. En cualquier caso, Santiago Carrillo no aspira a inspirar ninguna hipotética película de Costa Gavras sobre España rodada fuera de España.-Si hay un golpe tendrán que apresarme en los primerísimos momentos, y desprevenido. Porque tenemos infraestructura suficiente para, que yo pueda estar, al menos hasta tres meses, trabajando políticamente, sin tener que abandonar Madrid. Y entienda usted que yo, ocurra lo que ocurra, nunca volveré a exiliarme; jamás dejaré otra vez mi país. Pero debemos estar preparados ante la hipótesis de un golpe de Estado contra una Administración socialista. El PSOE se va a ver obligado a realizar muchas concesiones y no me parece que se encuentren en las mejores condiciones para desmontar las tramas golpistas. Muy probablemente han llegado antes de tiempo al poder y seguro que se arrepentirán de haber sembrado la destrucción política por su izquierda y por su derecha democráticas. En las intervius (Carrillo siempre utiliza este anglicismo, presumiblemente heredado de ese largo exilio que no quiere volver a plantearse) que en la noche del 28 de octubre hacían Hermida y Azcona, todos los ciudadanos pedían al nuevo Gobierno lo mismo: que acabe con el paro, con el golpe y con el terrorismo. Los tres retos están muy lejos de las posibilidades reales de actuación de los socialistas que, insisto, se verán obligados a hacer grandes concesiones. La Historia dirá, finalmente, si la política equivocada ha sido la mía o la de la dirección del PSOE. Y que conste que el primer interesado en carecer de razón soy yo mismo. Porque si aquí se produce un golpe de Estado triunfante, a Felipe González le van a exiliar, pero a mí, si me detienen, me asesinarán. Lo tengo asumido.

-En la noche del 28 de octubre no se le veía a usted proclive a la dimisión. Por el contrario, replicó arriscadamente a una periodista que le preguntaba por esta eventualidad. No fue su noche de Otumba, no fue exactamente su noche triste. Fraga, en cambio, la noche del 1 de marzo de 1979, casi lagrimeando sobre los resultados que vomitaban los ordenadores, anunció su retirada de la política y se sentó sobre una mesita de cristal fracturando la luna.

-Mire usted, yo mi noche triste ya la tuve en el mes de junio, cuando presenté mi dimisión como secretario general de los comunistas españoles. También entonces estimaron que presentaba la dimisión como una maniobra para regresar con más fuerza o más poder, y no era así. Entonces mis compañeros me: rogaron que no me fuera, pero yo les comuniqué privadamente que al día siguiente de las elecciones legislativas dimitiría de la secretaría. Porque comprendí que en aquella. fecha, ante las divisiones que aparecían en el partido, comenzaba la inflexión. Ya se habían producido las principales deserciones, pero todavía las encuestas nos daban el diez por ciento de los votos, lo que significaba, pese a todo, mantener nuestros resultados de 1979. Con las disensiones yo sabía que empezábamos a descender inexorablemente, y por eso mi noche triste fue la de junio. En cualqúier caso, mi quinielaen estas elecciones apostaba por doce diputados y un cinco por ciento de los votos. Y más que la reducción de nuestro grupo a cuatro diputados, lo que me duele es esa pérdida de votantes hasta el tres y pico por ciento. Pero eso yo ya lo vi venir en junio. Por eso, si en la noche del 28 repliqué con acritud a algún periodista que inquiría por mi dimisión fue por la irritación lógica de quien ya la tenía en la cabeza y en secreto desde casi cuatro meses antes.

Santiago Carrillo se ha sentado a la mesa, tras saludar a Sánchez Montero, Ballesteros y unos camaradas suramericanos que almuerzan en otro saloncito contiguo de una marisquería de la madrileña calle de Fuencarral, y ha comenzado a agitar su pierna derecha como un metrónomo, en disonancia con toda su calma, su pulcritud verbal, su hablar pausado. Recordamos a Oriana Falacci y su celebrada entrevista con Carrillo en El Europeo:

-Y usted, ¿por qué mueve tanto la pierna? -preguntaba Oriana.

-Todos los secretarios generales de los partidos movemos mucho la pierna.

-Bueno, ¿y ahora el Rey va a tener que llamar a Gerardo Iglesias para evacuar las consultas protocolarias previas a la formación del Gobierno socialista?

-El Rey puede llamar a quien quiera, pero estimo que llamará a consultas a los líderes parlamentarios de los partidos. No tiene por qué llamar a los secretarios. Suárez, por ejemplo, no era secretario de UCD, ni lo es ahora del CDS; ni Fraga lo es de AP, y nadie creo que dude de que son los líderes que deben expresar la voluntad de sus partidos. Mire usted, si Pasionaria hubiera pasado a una edad más joven a la presidencia del partido, cuando yo accedí a la secretaría general, yo hubiera seguido siendo el secretario del PCE, pero Dolores Ibárruri sería la imagen indiscutible del partido.

Antes del almuerzo, por teléfono, Carrillo te dice ante alguna alusión excesivamente respetuosa: -Oiga, que yo no me he muerto ni he pasado a la historia; el que se ha muerto es el general Franco, no yo.

Y sobre la agotadora sesión de veinticinco horas del comité ejecutivo, deja bien claro que nadie pidió su dimisión -puede que sólo lo hicieran explícitamente los catalanes del PSUC Rovira y Ribó- y que en todo momento se pidió allí que los cambios tenían que hacerse con Carrillo a la cabeza. "Se me encargó la redacción del papel con las conclusiones de aquella reunión y, mientras lo redactaba, reflexioné y opté por mi dimisión, anunciada en junio. Era lo más conveniente".

-Es difícil de creer que usted no se retira estratégicamente para regresar con más bríos.

-Escúcheme lo que le voy a decir, porque se lo afirmo con toda seriedad: no volveré a la secretaría general del Partido Comunista de España. Ni tampoco seré nunca en el futuro presidente del mismo. Pero, eso sí, tengo energías físicas e intelectuales como para seguir navegando años, y algún magisterio sobre el PC y la política española creo que podré tener.

Ahí tiene usted a Adolfo Suárez, ahora con dos diputados y que tiene mucho que aportar aún a este país. Y no es sólo una mera coincidencia que Suárez y yo nos tengamos ahora que encontrar en el grupo mixto del Congreso. (Los dos únicos diputados que no obedecieron la orden de Tejero de tirarse al suelo).

No. Entre los libros que ahora lee Carrillo se encuentran las memorias de Galbraith En ellas el economista y agrónomo cana diense cuenta la gestación de las de Noel Coward. "¿Pero no has tomado nunca notas?" "Nunca; tengo una memoria de elefante. Mejor dicho: en ocasiones los elefantes me consultan a mí". Es obvio que Adolfo Suárez, como de él afirma Felipe González, tiene una vocación política de elefante, pero en las alturas del grupo mixto le acabaremos viendo evacuar consultas y petición de consejos a Santiago Carrillo. Sintiéndome ya objetivamente envejecido, medito ante la mirada mineral, de pupilas dilatadas de este hombre, que antes de que yo naciera ya era delegado de Orden Público en la Junta de Defensa de Madrid y empujaba responsabilidades abrumadoras. Casi cincuenta años acarreando el comunismo español, hasta esta su hora peor, por sus más dramáticos escalones. El respeto a su figura política e histórica es obligado. Te mira como desde la cima de los siglos, la superación de las de cepciones y la sabiduría genética de las iguanas. Coriáceo, firme, sobrenadando la depresión poselectoral, limpiando, con Belén Piniés, los papeles de su mesa en la sede madrileña del partido -"Ahora tengo más tiempo para dormir"- y decidido a buscarse un despachito en el Congreso. "Lo prefiero; allí estaré más tranquilo, es más difícil el acceso, y en las oficinas del partido tendría más a los camaradas sobre mí para consultarme. Y Gerardo Iglesias tiene que empezar a trabajar solo." Receloso ante la Prensa, a la que culpa en parte de una cierta campaña de imagen contra su partido, y acaso contra su persona, pero educado, firme, convencido, como si comandara un sumergible varado en el fondo de alguna plataforma continental, con los timones de profundidad trimados, a la espera angustiosa de poder emerger.

-Con todos los respetos, don Santiago, para el nuevo personaje, no parece que Gerardo Iglesias, muy joven, con cinco años de cárcel, bastantes peldaños por debajo de usted, sea la persona capaz de sacar al partido de la barrena en la que ha entrado.

-Gerardo Iglesias puede acabar sorprendiendo a todos, como a menudo ocurre en política. Fue un hombre al que ya se le pidió que ocupara la secretaría de organización y no quiso por no dejar Asturias...

-Pues eso casi lo invalida como político...

-O confirma que no es un arribista. Pero lo importante es que es en Asturias donde mejor se han aplicado las conclusiones del décimo congreso del PCE y que es en Asturias donde nuestro partido ha salido menos perjudicado de nuestro fracaso electoral. En buena lógica, éste era el hombre.

Carrillo tiene un exquisito cuidado por no ir abriendo los labios de las viejas y jóvenes heridas, y sólo se muestra escéptico ante Nicolás Sartorius o ante Marcelino Camacho. "Nico Sartorius, que nunca dejará este partido; ya se ha acabado el goteo de las fugas, está equivocado; su diseño del PCE conduce a una salida idéntica a la del comunismo griego: escisión entre renovadores y soviéticos, y extraparlamentarismo". "Camacho puede pensar que Conúsiones Obreras encontrarán alguna comprensión en el PSOE, pero ¿para qué nos vamos a engañar?, los socialistas intentarán hegemonizar a la UGT".

Nos vamos arrebatando los pitillos (también Carrillo consume tres cajetillas diarias y ha advertido a los catalanes que seguirá inhalando alquitrán y nicotina en las reuniónes del PSUC, pese a la reciente prohibición de fumar en ellas) y don Santiago, lenta y pacientemente, va desglosando ordenadamente su análisis de la caída y de la progresiva recuperación que espera.

-Estoy recibiendo cartas de alcaldes socialistas que lamentan el resultado comunista. Ahora, en las elecciones municipales podemos encontrarnos con un voto comunista de arrepentimiento, al margen de que en este tipo de elecciones siempre se vota antes a la persona, que la conoces directamente, que al partido. No nos van a barrer ahí, y confío en que continúe la gestión común con los socialistas, que no podrán gobernar en solitario en muchas ciudades, ni siquiera en Madrid. Aquí, en las elecciones generales se ha votado lo posible -que era el PSOE-, no se ha votado anti-PC (salvo no más de quinientos votos de castigo en Madrid); nos ha restado papeletas el síndrome del golpe y, sobre todo, el deterioro de imagen que sufre el partido a raíz de los problemas internos que aparecen en junio. Se produce una satelización de fuerzas de izquierda hacia el PSOE, que éste utiliza a fondo, y no se lo reprocho, y la doble tentación de que, o se va uno al PSOE o hacia la creación de una nueva izquierda, como se pretende conseguir en Euskadi. El Partido Comunista Español queda bloqueado social y posicológicamente. Un actual diputado del PSOE, antes de mi partido, de 42 años, me decía...

-¿Eugenio Triana?...

-Yo no voy a dar el nombre. Digo que me comentaba que a su edad ya tenía que ser diputado si algún día quería llegar a ser ministro, y que en el PCE no lo iba a conseguir. Esto lo entiendo humanamente. Y por otro lado, otro gran compañero y gran persona, sin escaño de diputado, me reprochaba que cuando acudía al Parlamento veía entre la minoría socialista a una serie de señores que no dieron un palo al agua durante la dictadura, mientras él, viejo luchador por la democracia, se sentaba en la tribuna de invitados. Y esto también se vuelve contra mí.

-Pero su partido llega al inicio de la reforma política con un patrimonio moral y político muy superior al de los demás, y lo ha ido perdiendo.

-Nos encontramos entonces con un PSOE inmaduro e izquierdista y fuimos nosotros quienes tuvimos que adoptar un sentido de la responsabilidad del Estado para sacar el país adelante. Luego el PSOE se deslizó sobre su derecha, dejándonos sin espacio entre él y la UCD. Y, además, partimos de bases muy estrechas. La Comisión de los Diez,que desde la oposición negociaba entonces con el primer Gobierno de Suárez, se negó a admitir una transición que excluía al partido comunista; menos Felipe González, que afirmó que negociaría si era preciso en solitario con el Gobierno, aun cuando nosotros nos quedáramos fuera. No hay que olvidar que aquí no se ha producido una victoria antifranquista. Aquí sólo ha triunfado el primer reformismo de la UCD, y ahora, el segundo del PSOE. Si yo fuera Alvaro Cunhal estaría ahora en el poder gobernando con Soares y con los militares progresistas. Pero aquí había que tallar otra cosa; sin contar con la decisiva influencia de la Unión Soviética.

Aduces a Carrillo que la URSS puede influir seriamente sobre muchos países, pero que te parece aventurado que pueda modificar un sentido del voto como el nuestro. "No sea usted ingenuo; puede influir, por ejemplo, a través de su propio periódico". Y alude Carrillo, entre dolorido y orgulloso, a la ayuda soviética, subliminal, al cambio socialista. "¡Si llego yo a firmar en Moscú el papel que Felipe firmó con el PCUS ..." Y se plantea la sucesión de Breznev: "Puede aumentar la tensión internacional y eso siempre favorecerá la creación de Gobiernos de derechas en Europa. Crecerá la influencia del Ejército Rojo en Moscú y perderán posibilidades de subsistencia los Gobiernos socialistas del Mediterráneo. Ya le he dicho que la historia dirá quién tiene razón y si acaso no es prematuro y perjudicial para todos un triunfo adelantado del socialismo en España".

Le reprochas el haberse dejado arrebatar por el PSOE aquella bandera del pacto entre un partido y la sociedad, un compromiso .histórico genuinamente eurocomunista hacia las clases medias, los jóvenes, los intelectuales. Te replica, con razón, que antes que nadie él tendió esa mano política, pero que ahora carece de la plataforma suficiente para hacer la oferta. Le hablas de la ilusión que ha despertado la campaña del PSOE y te observa desde la sima de su sabiduría: "Usted es muy joven, pero yo he visto a las masas enardecidas el 14 de abril de 1931, y en el mes de junio yo ya estaba haciendo de apagafuegos ante esas mismas masas, que se manifestaban contra el primer Gobierno de la República". A más de que prevé una radicalización de las bases del PSOE: "Largo Caballero accedió al Gobierno hablando de reformismo estructural y salió hablando de la dictadura del proletariado. Y no deberíamos olvidar a este respecto que al menos el cinco por ciento del voto socialista y el catorce por ciento del voto comunista están pensando que sería bueno para España el modelo soviético". Y leves quejas por lo que estima un trato injusto: "Yo no he destroza do a nadie como el PSOE a su izquierda socialista. Si he cometido un error ha sido el de no ser un dictador en mi partido y haber mantenido, contra viento y marea, un serio y constante proyecto eurocomunista". La rodilla derecha no ha perdido un momento su diapasón, rítmico, mantenido, obsesivo, que tanto reclamara la atención de Oriana. ("Oiga, que en aquella entrevista mi colega se enamoró de usted").
-Oriana es una periodista muy inteligente, y una mujer que sufre.

Hace ocho meses que no habla en privacidad con Felipe González ("Ha tenido mucho cuidado en despegarse de nosotros"). Pero si Mitterrand tiene un amigo en España, éste es Carrillo y no el caballo socialista. En un autobús Felipe le tildó de pequeño saco de maldades. Desde la otra punta del país le replicó socarrón: "En todo caso, creo que puedo aspirar a ser un pequeño saco de experiencias". Te habla de algún banquero que está con el golpe duro y antihistórico y se lleva las manos a la cabeza ante la decisión socialista de nombrar a Fraga jefe de la oposición. Cultiva amigos de años en las direcciones socialista y comunista de partidos de dos continentes ("No, no los telefoneo regularmente. Voy a la Embajada y hablo con ellos por valija diplomática"). Casi paramos la circulación de una calle para hacer unas fotos y le despides -como a todos- en la portezuela de un auto que pesa tres veces más franco fábrica.