10/5/83

Las catastróficas inundaciones en el norte argentino amenazan la capital (10-5-1983)

Más de 200.000 personas han sido ya evacuadas de las provincias del norte argentino, asoladas desde hace dos meses por un anormal régimen de lluvias, presumiblemente originado por la gigantesca presa brasileña de Itaipú. Cientos de miles de hectáreas de las provincias argentinas de Formosa, El Chaco, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe han quedado anegadas para siempre, según los hidrólogos. Los repuntes de los ríos Paraná y Paraguay, y sus afluentes, que penetran en Argentina desde el Paraguay, para desembocar en el río de la Plata, alcanzan ya hasta diez metros sobre su nivel. habitual.El excedente de agua que baja del Norte, de la Mesopotamia argentina, arrastra ingentes masas de camalotes (vegetación flotante) de hasta cuatro metros de espesor. La acumulación de camalotes contra las bases de torres de tendido eléctrico, carreteras o pilares de puentes, hasta derrumbarlos por presión, está dejando sin infraestructura de comunicaciones al noroeste del país. Los camalotes, desde el confin de las selvas norteñas, están llegando al estuario del Plata, al puerto y paseos marítimos de Buenos Aires. La Prensa de la capital inserta advertencias sobre la llegada a la ciudad de víboras, yararás (un ofidio de mordedura mortal), arácnidos, y hasta monos y carpinchos (un pequeño cerdo cimarrón), enloquecidos tras días de angustiosa navegación sobre las matas vegetales.

Los damnificados arremeten contra la imprevisión de este Gobierno y de los anteriores ante la ausencia de una adecuada infraestructura de canalización de aguas. Pero científicos y ecólogos aseguran que las talas forestales brasileñas y la inmensa presa de Itaipú son los causantes de un desplazamiento hacia la Argentina de la frecuencia e intensidad de las vias en la zona y del desbocamieto crónico de los ya incontrolables Paraguay y Paraná

7/5/83

Los obispos argentinos juzgan 'insuficiente' el informe militar sobre los desaparecidos (7-5-1983)

La comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina reaccionó publicando una moderada crítica al informe militar 48 horas después de que Juan Pablo II expresara su solidaridad con el dolor de los familiares de los desaparecidos. Afirman los obispos en su nota que el informe de la Junta "contiene aspectos positivos que pueden constituir un paso para la reconciliación, pero es insuficiente".

"Es lamentable", continúan los obispos, "la falta en el documento de una referencia a la búsqueda de soluciones que respeten los derechos de los niños desaparecidos, los cuales queremos creer que viven y han sido entregados en adopción". "Se requiere el reconocimiento de los yerros, su detestación y la búsqueda de caminos posibles de reparación. Ello es exigido no solamente por los excesos cometidos, atropellos a la dignidad humana -inclusive con la muerte de inocentes- y métodos injustos, sino también, y con mayor razón, si se induce a la adopción práctica de un sistema éticamente condenado. Todo ello demuestra la insuficiencia del documento, que requiere una mayor explicitación", agregan.A título índividual, algunos obispos están subiendo a los púlpitos para rechazar el informe militar. El obispo de Río Negro lo acaba de repudiar por "falso, inmoral e hipócrita", y dirigiéndose al general Jorge Videla le pregunta públicamente: "¿No sabe como nosotros que las fuerzas armadas han violado sistemáticamente los elementales derechos del hombre y profanado su dignidad?". Un párroco de Neuquen ha prohibido la entrada en su iglesia de cualquier funcionario civil o militar que no haya abominado previamente el informe de la Junta.

Solidaridad con las 'madres'

La marcha de las madres y abuelas de la plaza de Mayo rompió este jueves su recorrido circular obsesivo y avanzó, voz en cuello, por la avenida Veinticinco de Mayo hasta el deshabitado Congreso, que ahora están limpiando los albañiles. Unas 5.000 personas, pese a la hora laborable, se sumaron en esta ocasión a las habitualmente solitariasmadres y, por primera vez, los partidos políticos unieron sus pancartas a esta protesta semanal.El informe ha tenido la virtud de romper el aislamiento de las madres de la plaza de Mayo. Durante media hora atronaron los balcones de la Casa Rosada con sus rítmicos eslóganes e insultos de grueso calibre ante la impasibilidad de los granaderos de la guardia. Después finalizaron la manifestación ocupando simbólicamente las escalinatas del Congreso.

Después de años de soledad, estas madres coraje, viejas, pobres, perseguidas (una de ellas también desapareció), empiezan a recoger su cosecha. Una ancianita diminuta, con las piernas hinchadas y varicosas, con su pañal blanco en la cabeza con el nombre de su hijo, grita desaforada en primera fila ante la casa del Gobierno y los gigantescos granaderos. Es española, Franco fusiló a su marido y aquí los militares han hecho desaparecer a su único hijo.

6/5/83

Los militares argentinos exigen mayor dureza con Italia (6-5-1983)

El embajador argentino en Roma ha sido llamado a Buenos Aires para evacuar consultas y permanecerá un tiempo alejado de su representación diplomática. Pese a que algunos militares estaban pidiendo poco menos que la ruptura de relaciones con Italia tras las denuncias de presidente Sandro Pertini, se ha impuesto la prudencia del canciller Aguirre Lanari y no pasará de ahí el enfurruñamiento oficial argentino.

En el interior continúan las manifestaciones de repulsa contra la Junta por su documento sobre los desaparecidos y se preparan movilizaciones parciales, de protesta en Buenos Aires que culminarían a mediados de mes con una concentración ante el vacío Congreso de los Diputados.Pueden detectarse diferencias en la cúpula militar, que no ha obtenido ningún beneficio con la publicación del documento; altos mandos castrenses reconocen, además, que la declaración de la Junta no supone un valladar jurídico contra futuros procesamientos de militares a instancias de familiares de las víctimas, y que la ley de amnistía en preparación, de no pactarse con las fuerzas políticas, podría quedar en papel mojado ante el futuro Congreso democrático.

Los pactos y contrapactos, la conspiración política, es la tónica de este período preelectoral. El diario Clarín acaba de dar datos fehacientes sobre la estancia del almirante Massera (miembro del triunviro militar del golpe de 1976) en Madrid el pasado fin de semana para una hipotética entrevista de diez horas con la viuda de Perón. Las denuncias del líder radical Raúl Alfonsín sobre el pacto militar-sindical han paralizado las transferencias de los sindicatos que aún quedan bajo intervención castrense.

Motín a bordo

Tras peripecias dignas de la filmografía de los hermanos Marx e indignas de la tristeza de los familiares de los caídos en Malvinas, elLago Lácar llegará mañana de arribada al puerto de Buenos Aires después de una semana de errática singladura. Un frente de tormentas obligó al navío a buscar el amparo de la costa, mientras el ingeniero Destéfanis, organizador del viaje y supuesto hombre de los servicios de información militar, intentaba comunicarse por radio con la primera ministra británica y hasta con el Papa. Después ideó un desembarco triunfal en alguna población costera argentina pero fue disuadido desde Buenos Aires. Finalmente, uno de sus ayudantes, ebrio no sólo de patriotismo, dirigió un intento de amotinamiento para destituir al capitán del buque y forzar el paso hasta las Malvinas. El rebelde fue reducido y desembarcado, y el Lácar recibió la orden de regresar inmediatamente a puerto.

5/5/83

Posible crisis diplomática italo-argentina por las insistentes protestas de Pertini (5-5-1983)

La Junta Militar argentina se reunió ayer para analizar la crisis diplomática abierta con Italia tras las dos durísimas admoniciones dirigidas por el presidente italiano, el venerable Sandro Pertini, a su colega argentino Reynaldo Bignone. La respuesta española, en cambio, ha sido providencial para los militares argentinos, mientras los familiares de desaparecidos muestran su amarga decepción.La Embajada argentina en Roma ha hecho entrega de un memorándum al Gobierno italiano en el que expresa su más enérgica protesta por el primer telegrama de Pertini. El presidente italiano ha remitido ahora al teniente general Bignone una súplica en la que se muestra sorprendido por la defensa que él, "un hombre honesto y oficial insobornable", hace de "oficiales que con graves fechorías han deshonrado el uniforme que usted lleva con honor. No me interesa si otros jefes de Estado no sintieron el deber de protestar como protesté yo. Peor para ellos. Cada cual actúa según sus modos de sentir".

La Prensa no oficialista, amordazada por la censura, que dedica sus páginas editoriales a los problemas ganaderos, al Pioneer-10 y al sistema solar, procura reproducir íntegros los telegramas de Sandro Pertini, a los que ahora hay que sumar la repulsa francesa y una severa crítica de la Santa Sede a través de un ceñudo editorial de L'Osservatore Romano.

No tiene mucho a donde agarrarse la Junta Militar y, de milagro, no se ha agarrado al clavo ardiendo de la protesta española. Llama la atención en Buenos Aires que la diplomacia española haya tenido que justificar su protesta en la cifra de 2.050 desaparecidos dados oficialmente por muertos, cuando hasta la propia Junta reconoce la desaparición de más de 6.000 ciudadanos.

La guerra de las cifras es banal por cuanto, tal como ocurrieron las cosas, tanto dan 10.000 desaparecidos más o menos para reputar de genocida el proceso militar argentino. Pero en Buenos Aires se juega al desprestigio de las organizaciones humanitarias que barajan cifras elevadas, y a este respecto que España sólo se refiera a 2.050 desaparecidos supone una ayuda inesperada y milagrosa.

Por otra parte, el Gobierno español parece resignado a limitar sus gestiones a los 35 desaparecidos de nacionalidad española sobre los que está dispuesto a hablar el Gobierno argentino. Aquí prima el concepto jurídico del suelo sobre el de la sangre para sentar la nacionalidad, y la Casa Rosada no admite la competencia de nuestra Embajada sobre los 174 desaparecidos hijos y nietos de españoles, pese a los convenios de doble nacionalidad firmados entre los dos países. El caso es que los familiares de los desaparecidos tienen muy pocas palabras gratas para la gestión de la diplomacia española.

3/5/83

Las denuncias de Raúl Alfonsín pueden provocar una ruptura en la Multipartidaria argentina (3-5-1983)

La luna de miel entre los integrantes de la Multipartidaria argentina, amenaza con acabar antes de tiempo, para mayor satisfacción de la Junta Militar. Raúl Alfonsín, precandidato radical, y Lorenzo de Miguel, líder de los sindicatos peronistas, se han tirado los trastos a la cabeza en el mismo aeropuerto de Ezeiza, nada más regresar al país, el uno de Madrid y el otro de Pekín.

La disputa tiene su origen en las denuncias de Alfonsín sobre la existencia de un pacto entre militares y sindicalistas. De Miguel, a su llegada, desmintió categóricamente tales imputaciones: "Alfonsín es un mentiroso o debe de estar viviendo en otro mundo. Yo no creía que hubiera políticos mentirosos en el país, pero si hoy miente, antes de la campaña electoral, no sé lo que va a hacer en el futuro. Han visto los radicales que la afiliación al Justicialismo es intensa, que tenemos tres millones de afiliados, y se ven perdedores".Alfonsín declaró a su regreso su satisfacción por el viaje a España. "Para Argentina fue emocionante", dijo, "cómo se aplaudió en el congreso de defensa de la democracia la resolución sobre las Malvinas, favorable a Argentina, y tiene gran importancia que la haya firmado Gabriel Valdés, presidente de la Democracia Cristiana chilena".

Sobre su gresca con los sindicatos peronistas declaró que "no puede haber una democracia si no hay un sindicalismo fuerte, pero tampoco puede haber democracia sin un sindicalismo absolutamente democrático. A mí no me interesa demasiado quién gane las elecciones, me interesa la democracia. El día de la elección tiene que ser un día de alegría para todos los argentinos, porque significará la recuperación de nuestros derechos y libertades, y yo voy a defender la democracia aunque se me insulte y aunque sea mal interpretado".

La realidad es que muchos sectores peronistas estiman que su presencia en la Multipartidaria ha desdibujado el potencial real del Justicialismo y lo ha convertido en un furgón de cola del radicalismo. Estos sectores verían con buenos ojos la retirada peronista del pentágono político que hasta ahora forman con los radicales, los desarrollistas, los intransigentes y los democristianos.

No obstante, es improbable la ruptura de una Multipartidaria que tendrá que rendir sus mejores frutos, precisamente, tras las elecciones, dando estabilidad a los primeros pasos de la futura y frágil democracia argentina, y que está siendo bandera en todo el cono sur para la creación de plataformas similares en la lucha contra las dictaduras castrenses.

1/5/83

Los obispos argentinos rechazan los intentos de exculpación de la Junta Militar en el poder (1-5-1983)

Continúan desgranándose críticas y condenas al documento de la Junta Militar sobre guerra antisubversiva y desaparecidos. Ni una sola voz se ha alzado para justificarlo, excepción hecha del teniente general Videla (instaurador del proceso en 1976), quien ha roto un prolongado silencio para decir que el documento "está hecho con amor" y que "es justo".

A título personal, la condena de los obispos ha sido unánime:"No es parejo -el documento- al referirse al accionar subversivo y cuando examina la represión ejercida" (obispo de Morón).

"Es falso e inmoral. Decirse cristiano y no admitir la doctrina cristiana es una falsedad que está catalogada en el mismo Evangelio como hipocresía. La gran verdad es que los argentinos hemos padecido tanto más por la represión que por el terrorismo. En definitiva, la represión se ha convertido en un terrorismo de Estado" (obispo de Río Negro).

"Existe una diferencia notable entre la reconciliación que propugna la Junta Militar y la que recomienda la Iglesia" (obispo de Kilmes).

"No dice la verdad, oculta la realidad y llama al error sobre lo que fue un plan previamente elaborado y metódicamente ejecutado mediante secuestros, torturas, frecuentemente realizados en lugares castrenses previamente designados y que concluyeron con gran número de muertes" (obispo de Neuquén).

"Respira una soberbia totalmente reñida con el Evangelio" (obispo metodista Bonino).

La mayoría de la jerarquía católica, en suma, ha reprobado el documento militar y ha ido algo más allá en su compromiso cristiano que en la declaración episcopal recientemente publicada y en la que también se aludía a los desaparecidos.

Políticos, sindicalistas, intelectuales, se han puesto al fin de acuerdo en el guirigay preelectoral argentino: hay que remitir a los jueces los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la represión por la dictadura militar.

El resbalón de la Junta sólo es explicable desde la perspectiva de su desorientación y desmoralización tras el fracaso en las Malvinas.

Y después de la corrupción moral que implica los desaparecidos, queda aún por estallar la económica que ha embarrado a una oficialidad dedicada desde hace siete años a gerenciar industrias de bienes y servicios. Ahora mismo están en prisión preventiva varios jefes del Ejército presuntamente implicados en una estafa de adulteración de gasolina desde empresas estatales. No obstante, fuentes castrenses admiten que el Ejército sigue estudiando una ley de amnistía para antes de octubre.

Estado de sitio (1-5-1983)

Hace un mes, el acreditado columnista estadounidense Jack Anderson publicó en el sindicato de diarios que edita sus artículos una noticia no desmentida por la Junta Militar argentina: las negociaciones entre los militares y una firma norteamericana para la compra e instalación en el gigantesco cementerio bonaerense de la Chacarita de un perfeccionado y discreto crematorio industrial de cadáveres. La guerra de las Malvinas y el subsiguiente antiyanquismo argentino, o acaso un último hálito de cordura, habrían frustrado el macabro negocio. Sea como fuere, el caso es que, como sedicentemente sus últimos responsables acaban de reconocer, a la dictadura militar argentina, si no le sobran miles de cadáveres, al menos le faltan miles de ciudadanos.

La segunda mitad de la década de los setenta pasará aquí a la historia como el quinquenio del horror, y a los anales militares y políticos como el momento en que un ejército rigorista, pero a la postre de tradición europea, enloquece, verdaderamente asume la teoría de las fronteras interiores, se revuelve sobre sí mismo y ataca a su propio pueblo.En los años más duros de la guerra del Ejército argentino contra el pueblo argentino flotaban los cadáveres en las aguas fangosas y achocolatadas del río de la Plata, derivando hacia las playas de Uruguay, entre Colonia y Montevideo; y quienes podían permitírselo volaban los 18 minutos que separan Buenos Aires de la capital oriental para buscar a sus deudos en las morgues uruguayas. Aviones mortuorios arrojaron cuerpos al Atlántico sur.

En Córdoba, en Tucumán, en Buenos Aires se excavaron solapadamente fosas comunes para los muertos NN (ningún nombre); ahora, cada vez que se descubre el emplazamiento de alguno de aquellos cementerios secretos, familiares envejecidos, ajados por esa insufrible mixtura de dolor y esperanza, contemplan la exhumación de carroña ya irremisiblemente irreconocible y NN para siempre. Los grandes cementerios bajo la luna; también aquí han fusilado como quien tala.

La versión de la Junta Militar de posibles excesos por su parte en una guerra contrasubversiva de la que desconocía las reglas es una de las falacias que hoy repugnan a los argentinos. Los planes para la guerra interior y la defensa de las fronteras ideológicas no llovieron del cielo el 24 de marzo de 1976, cuando el teniente general Videla, el almirante Massera (hoy dedicado a político demócrata) y el brigadier del Aire Agosti ocuparon el poder.

El reinado del terror

El terrorismo crecía en el país al menos desde la presidencia de Illía, y la guerrilla rural había proclamado territorio libre de América algunas zonas del Tucumán tropical. Primero, el Ejército presionó sobre el Gobierno constitucional peronista para que se le encargara de una represión legal de la insurrección (en lo que ahora quieren ampararse) y continuó su tarea derrocando a ese mismo Gobierno y al régimen democrático, dando suelta a los perros de una represión perfectamente diseñada de antemano.La guerrilla rural y urbana (que, por supuesto, asesinó todo lo que pudo) fue masacrada y el estado de sitio inauguró la época de las desapariciones y el terror. Se prohibió la teoría de conjuntos en la enseñanza matemática por subversiva y la utilización escolar del vocablo vector por pertenecer a la terminología marxista. Una censura hermética impidió la propagación de los abusos, y el pasaporte falso se cotizó a 5.000 dólares ante la imperiosa necesidad de tantos por escapar del país.

Se persiguió a los psicoanalistas por disipar los valores convencionales de la sociedad argentina, y a la juventud idealista solamente por serlo. Y los Ford Falcon de color verde, sin matrículas, se desparramaron por las calles del Gran Buenos Aires y de Córdoba, dando a esta guerra por el frente interior su auténtico sentido: una batalla de años en la que sólo hubo víctimas -desaparecidos- por uno de los bandos: los civiles argentinos sospechosos de liberalismo, progresismo o idealismo.

Un símbolo: el Ford Falcon

El Ford Falcon argentino es un auto robusto, duro, que ha dado una triste celebridad a su casa matriz norteamericana. Una importante partida de color verde fue adquirida por la Seguridad del Estado, y aunque se desapareció en coches de todos los colores y modelos, esta marca y este metalizado han quedado aquí como símbolo del terror estatal. En Ford Falcon trasladaban presos al centro de Buenos Aires, que en la madrugada eran fusilados contra el obelisco de la avenida Nueve de Julio (como fusilar contra la Cibeles). Ford Falcon cerraban las salidas de manzanas enteras, tras advertir a la policía federal que la zona de su operativo era territorio libre; y parapoliciales y paramilitares, con el convincente latiguillo de "estáte quieto o te reviento", trasladaban detenido al propietario de un libro de Gramsci (conozco intelectuales que aún tienen enterrada su biblioteca).Al día siguiente, a la semana, llegaban camiones y se llevaban televisores, frigoríficos, muebles, ropas, utensilios, joyas, dinero de quienes ya poblaban los locales del Ejército, la Marina, en menor medida la Aviación. Pisos de fortuna, chalés, estancias ganaderas abandonadas, donde empezó a echar chispas la picana hasta tales niveles que médicos argentinos, como los doctores Abel Pedate y Federico Bonet, han podido publicar monografías científicas de primer orden sobre las consecuencias psicológicas y somáticas de la aplicación de corrientes alternas a pezones, encías, glandes, escroto, recto y vagina.

Desaparición ante testigos

La norma fue el secreto sobre el lugar de detención, la tortura generalizada para la obtención de informaciones y el secuestro indefinido durante años hasta la liberación o la muerte. Así, nacieron niños en prisión, y sus madres -avisadas con meses de antelación de cuál iba a ser su suerte-, fusiladas tras el parto ("los fetos no son subversivos", les decían). Hijos pequeños de matrimonios desaparecidos fueron vendidos a familias estériles estadounidenses, entregados a personas "de orden" bajo una nueva identidad... Parece un ensueño de la razón, pero no pasa un mes sin que los diarios den cuenta de que las madres o las abuelas de la plaza de Mayo, en sus pesquisas, han dado con el paradero de un niño secuestrado, restituyéndolo a sus familiares más cercanos.Miente la Junta Militar cuando afirma que los desaparecidos fueron muertos en acciones de guerra y no pudieron ser identificados por actuar clandestinamente bajo identidad falsa. Al margen de los niños, el 82% de los que desaparecieron eran ciudadanos perfectamente identificables, que fueron secuestrados ante testigos en sus domicilios, en su lugar de trabajo o en locales públicos frecuentados por ellos.

Es un solo caso, pero puede resultar cercano: una de las madres de la plaza de Mayo es una anciana que lleva escrito en el pañuelo blanco de su cabeza el nombre de Luis Rodolfo Guagnini, periodista, identificado políticamente con la izquierda, peronista, que jamás usó un arma o vivió en la clandestinidad, con trabajo estable y conocido como redactor deInterpress Service y corresponsal del Latin America Political Report y de EL PAIS. En diciembre de 1977 él y su mujer fueron secuestrados en un Ford Falcon. La mujer -hoy exiliada en Italia- es liberada a los dos días. Un año después, todavía la llamaban de tarde en tarde y la ponían al teléfono con su esposo. Liberados de aquel centro de detención comunicaron a madre y nuera que Guagnini, a los dos años del secuestro, fue conducido a otro lugar en el convencimiento de que sería fusilado. No ha vuelto a saberse de él.
Los responsables del genocidio preparan una ley de amnistía y recuerdan la cívica máxima del general De Gaulle: "La sangre seca rápido". Videla ha roto su prolongado silencio para declarar que el documento del jueves de la Junta Militar le parece "redactado con amor". El capitán de corbeta Astiz pasea su BMW por las afueras de la base naval de Trelew.

Una pesada herencia

Algunos secuestrados que, bajo la tortura, denunciaron a sus novias, a sus camaradas políticos (no terroristas) se han suicidado, ya en libertad. Otros, tras la delación, aún trabajan, amedrentados, para la información militar o policial. Un vago sentimiento de culpa capilariza a la sociedad argentina por su comprensible silencio atemorizado, por no haber querido enterarse de lo que estaba ocurriendo, cuando ahora leen en los diarios las direcciones de los centros de tortura y detención secretos. Y, como un viejo director de telediario, se dan una palmada en la frente cayendo en la cuenta de que en el sótano de aquel almacén en el que se ensayaban las telenovelas de un canal, la Marina manejaba la manivela del generador de la picana.Es la historia de los Ford Falcon de color verde que jamás fueron a ninguna guerra abierta contra ningún terrorista, y de la locura de unos militares perdidos que repetían mucho eso de que "Dios es argentino", y que ante las protestas de las organizaciones humanitarias internacionales replicaban con el estúpido eslogan de "nosotros somos derechos y humanos". Es la historia aún inconclusa del estado de sitio.