20/10/83

Raúl Alfonsín, en el Ferrocarril Oeste (20-10-1983)

Desde 1946, el radicalismo es el frustrado antagonista del peronismo. Siempre perdieron las elecciones frente al Movimiento Nacional Justicialista y en dos ocasiones gobernaron gracias a los votos de sus adversarios: en 1958 los sufragios peronistas dieron la victoria al disidente radical Frondizi, a cambio de un reconocimiento político que no se produjo, y en 1963, Illía tuvo acceso a la Casa Rosada con sólo el 26% de los votos, gracias a que Perón ordenó desde Madrid votar en blanco. Tras una breve conciliación durante el segundo peronismo, el abrazo (Perón-Balbín), la antinomia han resucitado. Los argentinos vuelven a ser o peronistas o radicales. Domingo Faustino Sarmiento, presidente argentino en la segunda mitad del siglo XIX, dio por cancelados los enfrentamientos entre blancos (unitarios) y colorados (federales) mezclando pintura blanca y roja y cubriendo con la mixtura las paredes del palacio del Gobierno, que en adelante sería conocido como la Casa Rosada. Fue el gesto simbólico de un gobernante cultivado que terminó sus días como maestro rural, ejemplo de una raza de políticos con estatura moral, de los que, paradójicamente, Argentina ha sido siempre prolífica.Esta tradición hizo posible el abrazo de Perón y Ricardo Balbín, que ya viejos aceptaron que radicales y peronistas lograran tener un mínimo común denominador populista sobre el que entenderse. Pero sólo aquellos dos caudillos tenían perspectiva histórica para el encuentro nacional. Balbín despediría en el Congreso al cadáver de Perón -con las más emocionadas palabras, pero el pacto radical-peronista quedó en el tiempo, y los militares, ante los desastres de la Administración de Isabelita, ni siquiera tuvieron el obstáculo de una oposición democrática y definida en el Congreso que garantizara una alternativa política.

Reorganizada la Unión Cívica Radical (UCR) en torno a Raúl Alfonsín, el partido ha crecido nuevamente, diferenciado bajo sus viejas banderas de los mejores valores cívicos interclasistas de la sociedad argentina: respeto por las leyes, tolerancia, honestidad pública, aprecio por la cultura, desprecio de la demagogia. La UCR remozada por Alfonsín recuperó el aliento de los orígenes radicales en que Alem e Yrigoyen se enfrentaron al reaccionarismo criollo, que prácticamente añoraba los fastos del virreinato y propuso a los hijos de los colonizadores y a los primeros emigrantes una república igualitaria, amable, laboriosa e instruida.

Desde finales del pasado siglo, el radicalismo ha amparado a un amplio segmento de la sociedad argentina no muy bien definido ideológicamente (aunque inclinado hacia un conservadurismo ilustrado y liberal), pero que en sus infinitas multidivisiones siempre fue cauce de profesionales, clases medias, intelectuales y jóvenes y obreros idealistas, pero desengañados del revolucionarismo utópico. Por forzar una traslación histórica, podría suponerse que Azaña podría haber militado cómodamente en el radicalismo argentino.

Un país al que emigrar

Y tras tantos sufrimientos, muchos argentinos no han recapacitado que a la postre, bajo los Gobiernos radicales, Argentina siempre fue un país en el que se podía vivir y al que merecía la pena emigrar, mientras que bajo los Gobiernos peronistas la República adquirió él sabor agrio de las revoluciones a medio hacer. La revolución es como la salsa mahonesa: si se corta es indigerible.

Así, los dos primeros peronismos fueron interrumpidos por asonadas Militares, exactamente igual que los dos últimos Gobiernos radicales; pero mientras los peronistas eran desalojados de la Casa Rosadal- so pretexto de la inminencia de guerras civiles y en medio del caos social, los radicales fueron conducidos' hasta la calle sin otra excusa que la ambición militar alimentada por una sociedad que hasta 1976 tendía a confundir las fuerzas armadas con el ejército de salvación, al ejército con la patria, a la disciplina castrense con la eficacia administrativa.

Pero el caso es que ahora muchos argentinos añoran la presidencia de Arturo Illía y, en menos medida, la de Frondizi. Con Frondizi, un disidente radical que pacta con el peronismo proscrito, Argentina recupera su crédito exterior, por más que su política interior no sea otra cosa que una continua sumisión a las exigencias militares hasta su lógico derrocamiento. El doctor Illía, triunfante en 1963 con los votos en blanco de los peronistas, ejerce uno de los mejores Gobiernos que ha tenido Argentina en los últimos 50 años. Illía, anciano, médico rural, es sometido a un acoso cruel por la aparente ausencia de autoridad, que se traduce en que no cierre periódicos, acate con mimo la Constitución, no persiga ni a quienes le denigran y tome el té solo, sin escolta, en la confitería Richmond, de la calle Florida; de vez en vez abandona su despacho y baja a la plaza de Mayo para sentarse bajo el sol en un banco y desmigajar pan a las palomas.

La Prensa le bautiza de tortuga por su paso pausado, y muchos argentinos,que nunca habían vivido bajo mayor felicidad política, alimentaron el golpe militar del general Onganía en 1966. El viejo, sabio y tolerante Illía tuvo que abandonar a empujones la Casa Rosada, tras reputar acertada y valientemente de delincuentes a los militares que le desalojaron y sin haber cometido otro error importante que la nacionalización de las concesiones petroleras extranjeras, indispensables ante la ausencia de tecnología propia.Hoy esa mezcla de habilidad y bonhomía políticas que aunaban BaIbín e Illía, parece la inspiración de este abogado de un pueblo de Buenos Aires, de 56 años, paternal, tranquilo, hábil para el mitin, casado, con nietos. y secreto admirador de la socialdemocracia europea que es Raúl Alfonsín. Hace dos semanas, a medio camino de una campaña agotadora, los radicales convocaban su primer mitin en Buenos Aires sin atreverse a alquilar los estadios del River o del Boca ante el temor de no llenarlas. Optaron, finalmente, por el estadio del Ferrocarril Oeste (además, el- único, sindicato de la CGT dirigido por un radical es el ferroviario), en el barrio porteño de Caballito, mediano y humilde.

El peronismo replicó con una huelga de transportes de superficie para el mismo día; pero aun así 100.000 personas desbordaron las gradas, el terreno de juego y los aledaños en lo que fue considerado como el alfionsinazo en ferro. Nunca los radicales -históricamente proclives a resolver las cosas en comité- hablan acumulado tanta gente fuera de los sepelios de Yrigoyen, Balbín e Illía. Radicales provectos con niños, señoras con abrigos de piel del barrio Norte de Buenos Aires, obreros en paro, profesionales universitarios proletarizados, masas en las tribunas del estadio, atronando los bombos cual barras bravasperonistas y entonando los rítmicos y pícaros eslóganes que siempre acompañan las manifestaciones políticas en este país, apagaron la megafonía del candidato cuando prometió, de llegar al poder, equiparar la tortura al asesinato cualificado.

Las palabras esperadas- Exigió la solidaridad latinoamericana y fustigó el egoísmo económico de EEUU y el Mercado Común Europeo, abogó por la revolución verde, prometió que en Argentina será prioritaria la enseñanza elemental obligatoria sobre el servicio militar obligatorio, el final de las comandancias en jefe de las tres armas para la sumisión militar al presidente civil de la nación; ni venganzas ni claudicaciones, sino justicia pormenorizada sobre las desapariciones, las torturas y las muertes. Estado de derecho, imperio de la ley, dejarse de caminar a contramarcha de la historia ("qué nadie vuelva a intentar un golpe gratis en Argentina"). Toda la catarata de palabras largamente esperadas y que no se escuchan en los mítines peronistas.

Tras aquel discurso, el peronismo salió de su letargo e intensificó su campaña, atribuyendo a Raúl Alfonsín el padrinazgo de las multinacionales, de la socialdemocracia europea y del Departamento de Estado norteamericano. Es una degradación inútil de la metodología política, por cuanto el avance radical que obsesiona a los peronistas es dificil que finalmente les arrebate, al menos, una mayoría simple capaz de ser negociada en el colegio electoral. La inercia peronista, beneficiada por dos asonadas, aún funcionará, y sólo cuando el justicialismo agote un período legislativo y tenga un balance completo que ofrecer podrá ganar o perder en lo que será la normalización de la vida política argentina.

19/10/83

El peronismo muestra sus violentas disensiones en un mitin celebrado en Buenos Aires (19-10-1983)

Con actos multitudinarios en Córdoba y Buenos Aires, el peronismo remontó su apagada campaña electoral en el Día de la Lealtad: el 17 de octubre, aniversario de la concentración de 1945 en la plaza de Mayo que llevó a Juan Domingo Perón al poder.

Unas 150.000 personas escucharon e insultaron a algunos dirigentes peronistas -especialmente a Lorenzo Miguel, vicepresidente ejecutivo del partido- en el estadio porteño de Vélez, en un ambiente de gran violencia, mientras otras 100.000 acogían en un cruce de calles en Córdoba (feudo radical) al candidato presidencial Ítalo ,Lúder.Mediante una logística impecable y con miles de autobuses esperando a los obreros a las puertas de las fábricas, el peronismo replicó el lunes a los éxitos de la campaña de Raúl Alfonsín. Es evidente la recuperación peronista en la recta final electoral.

En la cancha porteña de Vélez, miles de gargantas peronistas recibieron con un acogedor y atronador "¡hijo de puta!" a su líder Lorenzo Miguel, secretario de la Unión Obrera Metalúrgica, de las 62 organizaciones (brazo político del peronismo en la CGT) y primer vicepresidente ejecutivo del partido. Un gigantesco coro ("¡Lorenzo, compadre, la concha de tu madre!": el peor exabrupto argentino) impidió hacer uso de la palabra a quien en ausencia de Isabel es el jefe del peronismo. Botellas y cascotes volaron hacia la tribuna de oradores mientras Lorenzo Miguel intentaba achacar la bronca a provocadores radicales y comunistas. Miguel tuvo que retirarse.

La guerra entre facciones peronistas ha rebrotado sin esperar a los resultados electorales. Herminio Iglesias, caudillo del peronismo provincial bonaerense, disputa el poder a Lorenzo Miguel y, en menor medida, a Lúder, quien procura permanecer equidistante e incontaminado.

Los incidentes marcan un giro en una campaña electoral que comenzó apaciblemente y que se ha ido tiñendo de Violencia; entre los propios peronistas y desde éstos hacia los radicales.

Se estima en Buenos Aires que el binomio Lúder-Bittel aspira secretamente a un triunfo minoritario del peronismo que exija una votación pactada en el colegio electoral, en el temor de que un nuevoperonazo en las urnas dé ínfulas a unos sindicalistas que ya se pelean por el poder antes de obtenerlo. Una sustanciosa pérdida de masa electoral permitiría a Lúder liberarse del corsé sindical y maniobrar hacia pactos poselectorales con el radicalismo y dirigir el Movimiento Nacional Justicialista hacia un partido moderno.

Los 'huérfanos de Perón' (19-10-1983)

Los peronistas afrontan las elecciones del 30 de octubre como si su general-líder estuviera aún vivo. Su imagen está presente en las calles y lo estará en el recuerdo de todo el que deposite una papeleta a favor de Ítalo Lúder, sus palabras van a ser repetidas durante la campaña por las cabezas visibles de un movimiento dividido, con enfrentamientos internos, unido sólo por la confusa herencia de Juan Domingo Perón. Ni siquiera la viuda del líder parece por el momento dispuesta a volver a Buenos Aires a consolar a los huérfanos de Perón.

La campaña peronista para las elecciones del 30 de octubre es un monumento a la necrofilia y al pasado. Abiertamente se pide el voto para Perón, y las imágenes del caudillo muerto señorean la propaganda televisiva. Aislada y silenciosa su viuda en Madrid y divididos prematuramente los máximos dirigentes del justicialismo, los líderes sindicales del peronismo se han lanzádo a la conquista del partido. En público, alardean de un nuevo peronazo; en privado, ternen la humillación de tener que pactar su triunfo en el colegio electoral tras no conseguir la mayoría ab soluta. Conductor de 'patotas' Uno de los más eximios huérfanos de Perón es Herminio Iglesias, joven candidato a la gobernación de la provincia de Buenos Aires (donde habita la mitad del país), aspirante a futuro líder, nacional, hijo de famélicos emigrantes gallegos, conductor de patotas (bandas), crecido económicamente al arrimo de la prostitución y el juego en su provincia, surcado de cicatrices, tuerto, sin un párpado,,varias veces herido de bala, inteligente, ambicioso e inculto.

Cuando los periodistas le inquieren sobre su supuesta orquitis traumática (a la salida de un velatorio le dispararon entre las piernas), clava en su interlocutor la mirada obsesiva de su ojo perennemente descubierto y le ruega le envíe a su madre o a su hermana, si son hermosas, para que ellas lo comprueben personalmente. Lorenzo Miguel, con sus blancas patillas hasta la mandíbula, secretario de la violenta Unión Obrera Metalúrgica, de las 62 organizaciones que agrupan a los sindicatos peronistas de la Confederación General del Trabajo, y ahora primer vicepresidente ejecutivo del peronismo, se encuentra envuelto en juicios por la desaparición en un horno de pan de los restos troceados de uno de sus guardaespaldas, que cometió el error de acopiar un exceso de información.

Son dos hombres temidos y temibles, ambos hijos de españoles, representativos de la nueva dirección peronista y con notables perspectivas de acceder a los más altos cargos de la nación. Son algunos de los huérfanos de Perón, que ahora se pelean con sordina por el reparto del poder peronista. Abusan de su persecución y sufrimientos bajo la dictadura militar, pero apenas tienen un leve recuerdo para toda la izquierda revolucionaria, más o menos infiltrada o integrada sinceramente en el peronismo, que acabó habitando la escuela de Mecánica de la Armada o las cárceles secretas hasta su posterior asesinato.

Vergonzosamente, los huérfanos de Perón quieren aparecer como las primeras víctimas del proceso militar, pero es dificil dejar de advertir que la guerra -sucia militar, además de aniquilar la subversión de izquierda, limpió de bolches las filas peronistas, devolviendo al movimiento toda su pureza antimarxista original. No es anecdótica la reciente- agresión sufrida por las madres de la plaza de Mayo a manos de militantes peronistas de la CGT o la estimación de los informes políticos de las fuerzas armadas de que un Gobierno peronista será más comprensivoque uno radical con los excesos de la represión. Los mismos informes que, analizando las relaciones exteriores, pronostican un acercamiento a la Alianza Popular de los peronistas y una aproximación al PSOE de los radicales.

El martirologio de la viuda

Mientras los militares fumigaban a sangre y fuego su axila izquierda, los peronistas acumulaban el martirologio de la viuda de Perón (cinco años en un chalé militar) o dé Lorenzo Miguel (preso en su casa), junto a los innegables sufrimientos de tantos peronistas, humildes vejados por la brutalidad de la Junta. La atrocidad militar sumió en un rápido olvido el hecho de que la Triple A (Alianza Anticomunista A rgentina) fue un hijo legítimo del peronismo, que las matanzas y desapariciones se iniciaron bajo Gobiernos peronistas y que la guerra civil argentina fue un subproducto de la batalla interna justicialista.

Antes que Isabelita fuese derrocada, Lorenzo Miguel arrojó contra ella la agresión de sus sindicatos, sellando su destino y dando la última justificación a la intervención militar: por vez primera, precisamente por saberlo débil, el sindicalismo peronista se enfrentaba a su Gobierno. No es de extrañar la renuencia de Isabel a regresar, sabiéndose antaño traicionada por quienes ahora detentan el poder partidario. Isabel sólo aspira a recuperar la fortuna de Perón y a colocar política, económica y administrativamente al entorno que le demostró fidelidad. Pero los que la votaron como presidenta del partido comentaban a los periodistas que, si volvía a Argentina antes de las elecciones, el triunfo sería del candidato radical Alfonsín.

Italo Argentino Lúder, flemático abogado candidato a la presidencia por el peronismo, alcanza su nominación tras arduos esfuerzos por no hacer nada, no decir nada, no comprometerse con nadie. Reputado por el teniente general Lanusse (quien entrega el poder a Cámpora en 1973, inaugurando, el segundo peronismo) como hombre incapaz de tomar una decisión, Lúder fue nominado candidato a la presidencia por quienes aspiran a manejarlo, que son todos. Su triunfo no derrotaba a ninguna facción, excepto a los ultraverticalistas -que querían la designación de la señora y que lamentan que unas paperas tempraneras privaran a Perón de haberles legado un hijo-, pero le impide triunfar por la fuerza de sus propias ideas (vaporosas y evanescentos dentro de la liturgia peronista).

La fórmula presidencial Lúder-Bittel, además, reunía otras ventajas. Lúder es un suizo que aporta la imagen tranquilizadora del perfecto presidenciable y de la moderación, que puede arañarle votos al radicalismo entre las clases medias; hombre mesurado, que controla sus emociones (algunos estiman que carece de ellas), pálido, profesoral, viene a restar. agresividad al aluvión zoológico peronista. Bittel, otro suizo, notario, caudillo del chaco, satisface las exigencias de las provincias y aporta idéntica imagen de respetabilidad democrática y personal.

Lorenzo Miguel volcó el apoyo sindical en favor del binomio a cambio de la primera vicepresidencia ejecutiva del partido, que implica la totalidad del poder si la presidenta es Isabel, quien permanece callada y dolorida en Madrid, rezando mucho y consultando a un psiquiatra. Por lo demás, el tejido pactado por los administradores de la herencia de Perón otorgaba la gobernación de la provicia de Buenos Aires a Antonio Cafiero, ex ministro de Economía, acaudalado y cultivado. Herminio Iglesias le arrebató la candidatura a patadas, y poco menos que a punta de pistola, en el controvertido congreso bonaerense.

La pelea Iglesias-Cafiero será señalada en su día como la prehistoria de la segunda guerra civil peronista. Iglesias, representante del peronismo de "Alpargata, sí; libros, no", tras forzar bravamente su nominación, se ha lanzado a una campaña de talante nacional y formalmente grosera. Ha sembrado con su propaganda las paredes de la capital federal y, pese a los abrazos de los jerifaltes locales, se abstiene de intervenir junto a Lúder o Miguel, quien pasea los dos trajes que ha adquirido por todo el país. En La Plata (capital de Buenos Aires), Iglesias no asistió a su mitin, donde debía hablar junto a Lúder, y éste se encontró al borde de ser evacuado por su servicio de seguridad. La segunda guerra civil peronista apunta ahora hacia una mera lucha interna por el reparto del poder.

Por otra parte, el temor y las dudas suscitadas por las masivas afluencias a los actos electorales de Raúl Alfonsín y la pérdida de la disciplina sindical -la última huelga de transporte en Buenos Aires no fue seguida inicialmente por más del 50% de los chóferes; el resto fue convencido mediante incendio o tiroteo de los autobuses circulantes- han propiciado acelerados cambios en el tono de la propaganda electoral (restándola agresividad), una catarata de agresiones y difamaciones contra los radicales (se les acusa de servir intereses internacionales) y un ensanchamiento de las diferencias entre estoshuérfanos de Perón que siguen hablando de la revolución pendiente. De alguna manera son falangistas nutridos de carne y con suerte histórica.

Detenido en Paraguay el presidente del sindicato de Prensa (19-10-1983)

El secretario general del Sindicato Independiente de Periodistas de Paraguay, Alcibiades González del Valle, que trabaja como redactor del periódico Abc Color de Asunción, se encuentra detenido e incomunicado, según han denunciado en la capital española compañeros del periodista.Alcibiades González está considerado un destacado luchador por las libertades y la democracia en su país, donde el régimen del general Alfredo Stroessner lleva a cabo una política reiteradamente denunciada como represiva por organizaciones defensoras de los derechos humanos.

14/10/83

Generales, candidatos y 'madres de Mayo', en la recepción de la Embajada en Argentina (14-10-1983)

Por primera vez en siete años, el Día de la Raza ha vuelto a ser festivo en Argentina y la bandera española ha ondeado en las calles céntricas de Buenos Aires. El proceso . militar suprimió la fiesta y la derrota en las Malvinas la resucitó, al redescubrirse los argentinos como latinoamericanos. Y por una vez esta sociedad pudo reconciliarse en los salones de la embajada de España, centro de la jornada; desde los generales y políticos de la dictadura militar hasta los candidatos de la inminente democracia, pasando por el Nobel de la Paz Pérez, Pérez Esquivel, y las madres de la plaza de Mayo, con sus pañuelos en la cabeza, convivieron todos por unas horas al amparo de nuestra representación.José Luis Messia y Jiménez presentó sus cartas credenciales como embajador de España ante la República Argentina al presidente Reynaldo Bignone. Messía, procedente de la embajada en Estrasburgo, sustituye a Manuel Alabart, de inminente jubilación. En los círculos polítitos porteños se reconoce positivamente la vieja preocupación del nuevo embajador por la defensa de los derechos humanos y sus relaciones personales con la actual Administación española.

La Prensa de Buenos Aires destaca declaraciones de Mercedes Rico-Godoy, directora general para Iberoamérica (quien recientemente visitó el país), en el sentido del deseo del presidente español, Felipe, González, de asistir a la toma de posesión de su colega argentino tras las elecciones del 30 de octubre, que restituirán la democracia al país.

Nicolaides intenta en vano callar a los generales que muestran la desunión Militar (14-10-1983)

El teniente general Cristino Nicolaldes, comandante en jefe del Ejército argentino, intenta, sin éxito, detener con sanciones ejemplares la cascada de declaraciones de generales que ponen en precario la ya escasa nnidad militar. A los 60 días de arresto que ya cumplió el ex presidente Galtieri y a los que cumple el general Benjamín Menéndez (ex gobernador de Malvinas) habrá que sumar el previsible arresto del teniente general Alejandro Lanusse, ex presidente que entregó el poder en 1973 al peronista Héctor Cámpora.

Lanusse, en declaraciones a la revista Siete Días, del editor exiliado Fontevechia, denuncia la corrupción militar de los últimos siete años y se lamenta de que los directorios empresariales argentinos estén llenos de generales cuando lo prohibe taxativamente la reglamentación castrense. Dé la ley de amnistía estima que "es lamentable, totalmente inoportuna e inadecuada por haber sido promulgada contra la opinión dé todo un país; los resultados de esta ley van a ser exactamente el polo opuesto ,a los resultados buscados...".El general-ex presidente denuncia la existencia de altas jerarquías militares que apoyan -un triunfo peronista y llega a afirmar que el gol pe de 1976 que derrocó a Isabel Perón fue pactado entre, un sector de las Fuerzas Armadas y un sector del peronismo. Tilda al general y ex presidente Videla de "calamidad". Y reconoce que en la guerra de las Malvinas las Fuerzas Armadas argentinas demostraron su completa incapacidad para operar bajo un comando unificado conjunto. En la mañana de ayer, Lanusse fue requerido con urgendia al comando del Ejército, para ratificar o desdecir sus declaraciones, y se esperaba su arresto fulminante.
Las dos CGT y el Gobierno han alcanzado un acuerdo por el que las primeras renunciaría su intención de una nueva huelga general de 48 horas antes de las elecciones, y el segundo congelará los tarifazossobre artículos y servicios de primera necesidad. Dio obstante, continúa el sarpullido de huelgas sectoriales descontroladas y es inminente otra paralización del transporte de superficie,en el Gran Buenos Aires.

La campaña electoral continúa con una crecida de insultos desde el peronismo hacia los radicales. La agresividad verbal peronista ha aumentado con sus disensiones internas. Erminio Iglesias, candidato a la gobernación de Buenos Aires, ya no asiste a los actos en los que comparecen el candidato presidencial Italo Lúder o el primer vícepresidente del partido, Lorenzo Miguel. Estos últimos aspiran a captar votos moderados de clase media, mientras Iglesias excita la raíz más populista del movimiento. Iglesias acaba de "declarar la guerra a los extranjeros que nos quieren comprar y a los argentinos como Raúl Alfonsín que nos quieren vender". EL lenguaje y hasta la presencia patibularia de este hombre, que además está haciendo campaña fuera de su provincia, espantan al sector peronista encabezado por Lúder.

Por lo demás, el grueso de la campaña peronista lo está llevando un cadáver. "Vote a Perón" es el eslogan más repetido, y la foto del líder difunto y la proyección de sus discursos multitudinarios priman sobre la imagen o la palabra de los candidatos vivos. En el interior, la campaña prefiere el abuso de la imaginería de Eva Duarte. De Isabel Perán, ni una foto, ni una palabra, ni un cartel, ni la menor alusión a quien es teórica y jurídicamente la presidenta del partido.

Un general para un pueblo (14-10-1983)

El domingo 30 de octubre, un censo electoral próximo a los 18 millones, sobre 28 millones de argentinos, acudirá por primera vez a las urnas en 10, años y por tercera en 20 para elegir libremente presidente y vicepresidente de la nación, diputados nacionales y provinciales, senadores, gobernadores, alcaldes y concejales. Un terremoto político y administrativo en el que cinco millones de argentinos estrenarán su derecho al sufragio. Tras siete años de proceso militar, ruina económica, acumulación de una deuda externa sideral y derrota en las Malvinas, los peronistas confían en la inercia de su movimiento obrero y sentimental, y los radicales creen que por primera vez en 40 años pueden vencer al peronismo.

"Cuando fui obligado a exiliarme marché a Italia para estudiar a Antonio Granisci y poder entender el peronismo. Ahora que lo en tiendo he regresado para votar a los radicales de Alfonsín". Es la reflexión, no exenta de humor, de un intelectual porteño de izquierda que ha tenido que recurrir al psico análisis no tanto para resolver sus contradicciones personales como para desentrañar el embrollo ideo lógico de quienes quieren sentirse próximos al proletariado argen tino.Porque uno de los empeños intelectuales más arduos consiste en intentar trasladar a esquemas occidentales el movimiento peronista sin desbarrar en demasía. Acaso el único consuelo resida en que no pocos argentinos políticamente cultos encuentran las mismas dificultades para entender cabalmente este fenómeno prepolítico amasado con culto a la personalidad ("Perón, Perón, que grande sos. Mi general, cuánto vales", reza la letra del himno peronista), corrupción, sincero populismo, rencor social, violento antiizquierdismo, nacionalismo exacerbado, bombos golpeteados hasta el frenesí, las mujeres del general, sindicatos, controlados por cúpulas mafiosas que dirimen a tiros sus cuotas de poder, bastante prepotencia ("Paso, paso, páso, que viene el peronazo"), tango, milonga, guitarra criolla, mucha, nostalgia, todo el sentimentalismo del mundo, algo de doctrina social de la Iglesia, bastante anticlericalismo y esa tranquila, sincera y ciega irracionalidad con la que aún te contestan en las postrimerías de 1983: "El peronismo es un sentimiento y entra por la piel" ("Sinvergúenza y ladrón, queremos a Perón").

La primera tentación que debe resistir el observador es equiparar el peronismo al fascismo o, como poco, al movimiento nacional. Tiene, sin duda, nopocos de los elementos irracionales de aquéllos, pero también es otra cosa y más genuina. Perón de la familia Perone- fue un admirador confeso de Mussolini, pero comenzó a movilizar las masas en la Plaza de Mayo cuando los fascismos europeos habían sido derrotados militarmente. Acogió al exilio nazi y ayudó a Franco con créditos para la adquisición de granos. Fundó sindicatos verticalistas y hegemánicos, y los libros de su segunda esposa -la fascinante Eva Duarte- fueron obligatorios en las escuelas. "La vida por Perón" fue la consigna, y se erigió en caudillo de sus fieles.

Virtuoso de la agitación por radio -aunque en menor medida que Evita- y en las concentraciones ante la Casa Rosada, en la explanada de la Plaza,de Mayo lanzó en más de una ocasión a sus huestes contra sus enemigos, y los descamisados golpearon, tirotearon, quemaron iglesias, periódicos y los reductos sociales de la oligarquía agrícola-ganadera.

Agitador virtuoso

Perón se enfrentó, con más energía que ningún otro, a la aristocracia criolla de los granos y las reses (que aún perdura y detenta poder), que soñaba una Argentina idílica y bucólica, poco poblada, afanada en trabajos agropecuarios, permanente importadora de manufacturas y libre de la peste del proletariado industrial, una Alcadia feliz en la que la mano de obra gaucha, los cabecitas negras del interior, tendrían un nivel de vida digno y los Martínez de Hoz; Anchorena, Alzaga-Unzue, Tezanos-Pintos, BulIrich, sorberían oporto en clubes exclusivos y silenciosos, vestidos con telas inglesas y discutiendo gravemente las cotizaciones de las bolsas internacionales de carne y cereales y los resultados de los partidos de polo.

El joven coronel Perón, en 1945 subsecretario de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión Social en el Gobierno del general Edelmiro J. Farrell, conecta con los sentimientos de una masa proletaria apenas organizada, y se coloca a la cabeza de una manifestación. De muchas cosas podrá acusarse al general Perón, menos de carecer de instinto político. Encauza a ese proletariado emergente y castiga con mano de hierro a la izquierda que puede discutir ideológicamente su liderazgo. El mayor odio peronista no es para la oligarquía, sino para los bolches, los zurdos, hasta que Perón, desde su Santa Elena madrileña, los necesite para regresar al poder. El primer peronistno redistribuye la riqueza, erige elefantiásicas obras sociales, desarrolla la industria, nacionaliza servicios, levanta casas, mientras Eva Duarte, colmada de joyas, abraza a sus descamisados, que la veneran, e inunda de juguetes las cunas de los niños pobres.

Perón llega, en su modernización del país, a implantar el voto femenino y el divorcio, pero se cuida de sangrar a la oligarquía y lleva adelante sus reformas con el dinero acumulado por Argentina durante la segunda guerra mundial. Sencillamente, no es un revolucionario: es un producto brillante del rencor social, harto de la tontería elegante del barrio norte de Buenos Aires. Hijo natural, viudo, se amanceba con otra hija natural -Evita- y, llenos de talento y de magogia, arremeten contra quienes se negaban y negaron a recibir los en sus salones. Ese rencor social, sumado al escaso interés de Perón por rodearse de eminencias, explican el carácter torvo, zafio, malencarado del peionismo ("Alpartasas, sí; librón, no"), donde medraron los válidos y los brujos de alcoba y en el que pareció primarse cualquier grosería o brutalidad y ser desdeñable todo refinamiento o tolerancia. Quedaron sin modernizar las estructuras sociales y políticas del país, y la industrialización fue antes un deseo de satisfacer el consumismo manufacturero de unos obreros halagados desde el poder que un proyecto serio y a largo plazo (aún hoy se habla en Argentina de "la revolución pendiente"). Quedó enquistado en la sociedad un sindicalismo de mangoneo financiero y guardaespaldas y, a la postre, la oligarquía permaneció intocada, aunque provisionalmente humillada.

Clases medias

Las clases medias, los profesio nales, todo ese magma inasequible a la seducción de la alta burguesía y a la hipnosis política que puede llegar a provocar "el aluvión zoológico" (así llegó a ser tildado el movimiento peronista), quedó desonentada entre sus propios errores y pequeños egoísmos, la multi división de los radicales y el gran pecado original de los argentinos: la consideración del Ejército como columna vertebral del país, forjador de la nación y el gran padre al que en última instancia se acude para escapar de los atolladeros. Es todo el tejido social que ahora escruta las dudosas encuestas atisbando las posibilidades del radicalismo, pero con la resignación en el alma: "Tendremos que esperaseis años más hasta que el peronismo termine de derrumbar el país. Pero lo peor que puede ocurrir en Argentina es que ganen y vuelvan a sufrir un golpe militar . El peronismo, siempre en claroscuro, fue impecablemente democrático en sus accesos al poder. En 1946 obtuvo el 52%; en 1951, el 62,49% de los votos, y en 1973, el 49,59% en la elección de Campora y el 61,85% en la de Perón. Por dos veces fue ;violentamente apartado del poder que había alcanzado legítimamente: en 1955, por el teniente general Lonardi, y en 1976 por el teniente general Videla. Es la gran coartada histórica peronista: "Todo acabó mal porque no nos dejaron acabar nuestros dos últimos períodos electorales, y, además, sufrimos persecución e injusticia, mientras que otros obtenían prebendas y colaboraban con los Gobiernos militares".

Son verdades a medias, que como bien se sabe, constituyen las más grandes mentiras. En 1955, el Ejército derroca a un Perón que quema iglesias, que está excomulgadó, que ha perdido a su gran demagoga -a la que el profesor ha embalsamado para un mausoleo faraónico- y que ha gastado las ganancias argentinas (el período 1939-1952, los años en los que no se podía transitar por los pasillos del Banco Central porque los lingotes de oro atoraban los pasillos). Perón, entonces, se exilia cuando estaba en el cabo de la cuerda. El peronismo resultó históricamente beneficiado por más que en aquel momento lo ignorara.

Pacto sutil

En 1976, el peronismo -ya sepultado el Macho en Chacarita- pacta sutilmente el golpe militar Italo Luder, entonces presidente del Senado, presidente provisional cuando se retira brevemente Isabel Perán por una enfermedad nerviosa, podía haber forzado la dimisión o incapacitación de la seflora y haber conducido al país hasta las elecciones de la mitad del Congreso, para las que sólo faltaban nueve meses. Pero el peronismo ya estaba enfangado en su propia guerra civil, la dirección del partido se había mostrado capaz de los mayores despropósitos (López Rega) e Isabel Perán presidía Consejos de Ministros en los que los titulares se perseguían a carterazos alrededor de la mesa.

El proceso militar de, reorganización nacional, además de conculcar una legalidad constitucional, degeneró en tal barbarie que santificó a algunas de su poco santas víctimas. Cinco años de prisión en un chalé de las fuerzas armadas mejoraron la todavía impresentable figura de Isabel Perón; unos años de residencia obligatoria en su domicilio hicieron de Lorenzo Migull un mártir. López Rega no es ahora candidato peronista a algo porque los militares le hicieron la maldad o el desprecio de no detenerlo y encarcelarlo durante los últimos siete años.

Toda la dirección sindical peronista fianqueó al general Ongania (el gran patrocinador latinoamericano de la doctrina de la seguridad interior) cuando desalojé a patadas de la Casa Rosada al presidente constitucional, Arturo Illía, noble anciano radical que creía en el derecho a la justicia, quien jamás puso preso a nadie por denostarle y que legalizó a los peronistas. Ya entonces el cuchicheo entre militares y sindicalistas comenzaba a significar la política argentina. Unos y otros poseían la capacidad de repartir el poder y compartían idéntico desprecio por la metodología democrática y la misma tendencia por la resolución expeditiva de los problemas personales: ¿por qué no negociar? Todavía están negociando.

Y ahora el peronismo afronta la que puede ser su prueba postrera en esta campaña electoral poblada de fantasmas y de espectros. Una amiga de siete años -obviamente, adicta a la televisión- te comenta: "Yo no voy a votar a un señor que está muerto". Y su mucama (sirvienta) le replica: "Fue el único que nos dio algo". Lo dicho: el peronismo es un sentimiento y entra por la piel.