7/8/85

Una atroz campaña, poselectoral a favor de Bánzer (6-8-1985)

Aún ayer, en los diarios que dan cuenta de la elección congresual del líder del MNR, Víctor Paz Estenssoro, continuaban publicándose páginas enteras de publicidad con la consigna "ahora si; Bánzer, presidente de todos los bolivianos".Desde que los primeros y balbucientes recuentos electorales asignaron una primera minoría a la Acción Democrática Nacionalista (ADN), del general y ex dictador Hugo Bánzer, aquélla se lanzó a una masiva y doble campaña poselectoral: dar por sentada la designación presidencial del candidato de la primera minoría y destapar el cubo de la basura del Gobierno saliente de Hernán Siles Zuazo y, por extensión, de toda la izquierda.

Las principales acusaciones recayeron sobre el servicio diplomático boliviano y las supuestas trapacerías financieras de algunos de sus miembros, sin olvidar destacar en la primera página de las publicaciones banzeristas la reciente detención en Buenos Aires de un funcionario de la Embajada boliviana presuntamente implicado en el tráfico de pasta básica de cocaína.

'Disneylandia' organizada

Otra línea de ataque publicitario banzerista salpimentada de epítetos dignos de un juzgado de guardia se refirió consecuentemente -y hasta con justicia- a la Disneylandia organizada por la Junta Nacional Electoral en el Coliseo cerrado de La Paz donde se contabilizaron los votos y se dieron por buenos los sufragios de los niños bajo la condición de que no fueran muchos (sólo se admitieron los votos infantiles que no superaran un tercio de cada mesa electoral).Un destacado periodista boliviano relató en un libro las elecciones de 1979 y 1980 bajo el siguiente título: La guerra de los insultos. La historia se ha repetido con algunas variantes: mientras la campaña propiamente electoral no se distinguió, pese a sus tensiones, por la aversión verbal entre personas y partidos, la batalla por los votos en el Congreso destapó la cacerola política con toda la presión que contenía.

Los partidarios de Bánzer y de Paz Estenssoro se han llamado de todo, comenzando, según la reglamentación moral de Tomás de Quincey, por reputarse mutuamente de asesinos hasta terminar recriminándose faltas a la correcta educación, buenas costumbres y al adecuado manejo del diccionario de la Real Academia Española, como ayer se pudo escuchar en la sesión inaugural del Congreso.,

La lectura de los diarios paceños de la última semana ha sido un ejercicio fascinante.

Escasos y sectarios en su información política, todos publicaban páginas enteras -formando sábana-, con la página par denunciando en grandes caracteres tipográficos la desaparición de 400 urnas electorales en la capital, La Paz, y el robo de 90.000 presuntos votos de Acción Democrática Nacionalista (ADN), y en la página impar, la arremetida de los pazestenssoristas contra el general ex dictador que prometió a los bolivianos "una cirugía sin anestesias".

Alan García, líder de vocación continental (6-8-1985)

A primeras horas de la tarde del 28 de julio pasado, el venerable senador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) Luis Alberto Sánchez, jadeante y disneico a sus 85 años de edad, asumía provisionalmente la presidencia de la República peruana en su calidad de presidente de los congresos de diputados y senadores y tan sólo por los breves minutos que mediaron entre la despedida del arquitecto Fernando Belaúnde Terry y la llegada al palacio legislativo del joven mandatario electo, Alan García, de 36 años de edad.

Luis Alberto Sánchez, abogado y doctor en Letras, tiene a sus espaldas una obra literaria y erudita de caudales amazónicos. Fue campeón de esgrima, futbolista y boxeador, y coqueteó con el toreo, la gimnasia olímpica y la danza. Hace pocos años, ante una pérdida progresiva de la visión, intentó, pegarse un tiro en la cabeza; por dos, veces el gatillo del revólver rastrilló sin disparar el cartucho, y escudriñando el arma para advertir su fallo, se disparó por fin el tiro sin herirle: el sobresalto le hizo recapacitar y afortunadamente desistió.Multidesterrado, perseguido y encarcelado, era la viva representación del viejo aprismo palpando por primera vez la dignidad del poder. Su banda presidencial era pequeña, amoldada a su cuerpo anciano de escasa estatura, y se había preparado otra para el corpachón fornido de Alan García. Cuando éste llegó, juró y firmó, tomó su banda, se la autoimpuso, se cuadró y contempló la Cámara con rictus de amarga seriedad mientras los parlamentarios le ovacionaban con las rítmicas y extrañas palmas sincopadas con las que aplauden los peruanos. Luis Alberto Sánchez, desplazado por Alan García de su vitalicia presidencia de la comisión política del partido, también le contemplaba incrédulo y sin aliento.

Alan García extraía a la APRA de seis décadas de persecuciones y ostracismos y ocupaba la presidencia de la República a los 36 años, saltando por encima de dos generaciones del partido. Es obligado ocuparse con alguna extensión de él.

Años de bohemia

Nació en Lima de una familia de padres y abuelos apristas -los progenitores, encarcelados por su militancia- pertenecientes a la clase media ilustrada. Militante aprista desde su secundaria, estudia Derecho en la universidad de San Marcos y se doctora en Madrid con La concepción jerárquica de la sociedad y el derecho constitucional en la independencia de América, bajo la dirección del profesor Manuel Fraga Iribarne.Estudia Sociología en París y vive en la década de los setenta la bohemia latinoamericana parrandeando por las calles con una guitarra y cantando a los turistas valsecitos peruanos. Ya está casado con una compatriota y tiene una hija.

En un viaje a Madrid para asistir a un seminario latinoamericano coincide con Pilar Nores, una argentina, hija del rector de la universidad de Córdoba, que estudiaba Economía en Londres. Alan, pese a su acendrado catolicismo, se divorcia y contrae nuevo matrimonio civil con la actual primera dama peruana, de la que tendrá otras tres hijas, la última nacida en abril a los pocos días de su elección.

En 1978, un año antes de morir, Víctor Raúl Haya de la Torre, a la postre un gran docente, un gran conocedor del alma de los jóvenes, le reclama a Perú y le hace elegir diputado a la Asamblea Constituyente que elabora, bajo su presidencia, la nueva Constitución republicana. Alan García se destaca entonces, a los 29 años, como un excelente orador e inicia una carrera, partidaria destellante: en 1980 es cabeza de lista de la APRA en las elecciones generales; el mismo año, el congreso del partido le designa presidente de la comisión de ideología y doctrina; dos años después es elegido secretario general de la APRA, y en 1984, por voto universal, secreto y directo de los militantes, es elegido candidato presidencial por el 90% de los sufragios internos. Y el 14 de abril del presente año arrasa electoralmente las urnas, con más del 50% de los votos válidos, logrando para su partido la mayoría en las dos cámaras.

Dotado de una gran prestancia física, añadida a su juventud (1,85 de estatura), es una personalidad nada trivial, tan aparentemente contradictoria e imprevisible como la doctrina que sustenta. Tiene gran vigor intelectual y es muy eficaz en su trabajo; es colérico y autoritario y no sabe delegar, pero desmayos de profunda depresión le hacen ser amado por sus subordinados, que así le ven humano.
Es católico practicante y confeso, de misa dominical, que corre a postrarse ante el Papa siendo candidato a la presidencia, hace lucir a su segunda esposa la medalla de Juan Pablo II, y toma juramento a sus ministros sobre la Biblia y "por Dios y por la patria", pero él jura sólo "por el pueblo peruano"; se divorcia, y admite la contraconcepción y el desarrollo práctico de los grandes y algo brutales murales que se observan en Lima: "Planifique su familia, piense en los conejos".

Acento bostoniano

Y firme en la tradición antinorteamericana del aprismo, es sorprendente en él el toque kennedyano: la mujer joven, delicada y elegante, los hijos sempiternamente presentes, la ruptura del protocolo, el abrirse la chaqueta para mostrar que no usa chaleco blindado, el dialogar desde el balcón con los transeúntes, y hasta el mismo dilema de John Fitzgerald en su discurso de asunción: "Planteémosnos qué podemos hacer por el Estado antes de lo que éste puede hacer por nosotros". Acento bostoniano, de nueva frontera, compensado maritalmente por lacompañerita Pilar, decidida impulsora de comedores populares y que ya cita en su despacho a los ministros para coordinar planes de socorro a los más necesitados, como una nueva Evita peruana, fiel a su nacimiento argentino.Aparentes contradicciones para una mentalidad europea, pero no para un político latinoamericano y menos aún aprista. Víctor Raúl Haya de la Torre fue un gran sincretista ideológico y en los años veinte quiso apresar y latinoamericanizar las dos grandes corrientes morales del comunismo y del fascismo; leyendo su farragosa obra escrita en difíciles condiciones de exilio o confinamiento se encuentran todas las contradicciones de un honrado trapero intelectual que se inspiró en Marx y en Engels, en el Kuomintang, en Bolívar, en el Nuevo Testamento, en la Revolución Francesa, en Sorel y en Tupac Amaru.

Pero de entre todos sus textos es imposible extraer una sola tontería: fue un tercerista avant la lètre y desarrolló una teoría y un partido interamericanista, nacionalista, populista, interclasista, regeneracionista, y manteniendo las distancias con el capitalismo -lo que en sus años se llamaría la plutocracia- y el comunismo. Convencido -cierta y cabalmente- de que la política hegemónica estadounidense era el principal obstáculo para el desarrollo de América Latina, contra ella enfiló su dialéctica y pagó su precio: persecuciones sin cuento, permanente hostilidad militar, varias veces impedido de ocupar el poder ganado democráticamente y más de 50 años de siembra política sin ver brotar el fruto. Es de comprender el sentimentalismo de Alan García haciéndose entregar el acta de presidente electo en la biblioteca de Haya de la Torre y su peregrinación posterior, junto con todo su Gobierno, a su tumba en Trujillo.

Pero probablemente la APRA ha ganado las elecciones de abril, más que por la vaga y moralizante ideología de Haya de la Torre, por los desastres de la derecha de Acción Popular, la bolsa de gatos en que ha devenido la izquierda clásica y la personalidad magnética de Alan García. Belaúnde ganó las elecciones de 1980 por un 45% de los votos de un electorado que quería la estabilidad democrática -Belaúnde fue derrocado por el general Velasco Alvarado en 1968-, y junto a Acción Popular -la derecha conservadora- se retira con poco más del 6% de los votos y al borde de desaparecer como partido.
La derecha, y en particular Belaúnde Terry, demostró ser eficaz para hacer rodar la democracia -a Belaúnde se le podrá acusar de todo, menos de no ser un eminente, defensor de las libertades formales-, pero perdió sus cinco años sin afrontar el más pequeño de los problemas estructurales del pueblo peruano. Y tuvo la mala suerte, o el justo castigo, de comenzar su mandato con la puesta de largo de Sendero Luminoso en las altas profundidades andinas.

La bandera de la justicia

La izquierda, dividida, recompuesta, vuelta a dividir, aún empecinada en disquisiciones alquimistas sobre la III Internacional, podrida de personalismos, logró dar una mínima imagen de unidad bajo la batuta seráfica de Alfonso Frejolito Barrantes y apoderarse de la alcaldía de Lima. Pero de la campaña previa a las elecciones de abril se desprende que Barrantes no deseaba ganar, o cuanto menos temía un triunfo electoral izquierdista, sin lugar a dudas prematuro.Quedaba la APRA, incontaminada por el ejercicio del poder y con su bandera de justicia en las manos. Su viejo líder radical, Armando Villanueva, Zapatones, yahabía fracasado estrepitosamente ante Belaúnde en las elecciones de 1980. El partido estaba dividido y la vieja guardia aprista, ya añosa, esclerotizada en sus cargos. Resultado inevitable que de entre los cuadros jóvenes emergiera alguien con ambición y cualidades, erigiéndose en sintetizador y superador de las ancianas diferencias partidarias y oferente de trabajo y eficacia. Una trayectoria política interna -la de Alan García- no muy despareja, aunque más fulgurante y sin un Alfonso Guerra, de la de Felipe González dentro del Partido Socialista Obrero Español.

En seis años, y a los 36, Alan García ha ocupado el poder en la APRA y en el palacio de Pizarro. Tras las elecciones de abril, antes de tomar posesión de la presidencia, convocó el congreso del partido para dominarlo en plena euforia triunfal. Armando Villanueva aspiraba a la secretaría general, pretendiendo disparar hacia arriba a Alan García, a la presidencia del partido.

Alan García movió los pasillos congresuales, aceptando finalmente la presidencia partidaria pero unida a la presidencia de la comisión política, de la que removió sin contemplaciones al anciano ex suicida Luis Alberto Sánchez, ahora presidente del Senado y del Congreso y primer vicepresidente de la República peruana. La secretaría general la dejó dividida en dos, con turnos rotatorios de 18 meses: una para Zapatones y otra para el sindicalista Luis Negreiros -el Durito; a Zapatones le llamanel Duro-, para que se vayan cocinando entre sí. Alan Garcia, por indiscutibles méritos propios, es el centro y eje del partido y el que con su imagen, su juventud y su oratoria les ha llevado al poder. Muy por encima del resultado electoral, los últimos sondeos de opinión le otorgan el 80% de la credibilidad popular.

Sacudir Perú

Desde esta peana de espuma triunfalista Alan García aspira a algo más -fiel a su maestro Haya de la Torre- que a una pacífica y ordenada continuidad constitucional por cinco años. Va a sacudir a Perú como a una estera, y ya, a las 48 horas de su presidencia, ha cesado al coronel jefe de Homicidios de la Policía de Investigaciones por supuesta relación con el tráfico de divisas y ha decretado una economía de guerra más dura que la de Argentina retando al Fondo Monetario Internacional.Quienes le conocen estiman que aspira seriamente a cerrarle la boca a Fidel Castro -cuya parafernalia oratoria sin duda ha estudiado y, cuando menos, igualado- y a superar desde una izquierda posibilista el prestigio de la insondable sensatez del presidente argentino Raúl Ricardo Alfonsín. Sea como fuere, su futuro emerge potente, como un nuevo líder latinoamericano.

Paz Estenssoro fue elegido presidente de Bolivia en la segunda vuelta con los votos de las minorías de izquierda (6-8-1985)

El Congreso boliviano de diputados y senadores eligió a las tres de la madrugada de ayer (nueve de la mañana, hora peninsular) a Víctor Paz Estenssoro como presidente de la República Boliviana, en segunda votación y tras nueve horas de sesiones. El gran derrotado, el general retirado y ex dictador Hugo Bánzer, sólo obtuvo en las dos vueltas los 51 votos de los congresuales de su propio partido, Acción Democrática Nacionalista (ADN). Ésta es la cuarta vez que Paz Estenssoro, de 79 años, logra el acceso a la presidencia de la República y la primera en lo que va de siglo en que la trasmisión de poderes se efectúa en Bolivia entre presidentes elegidos en las urnas.

El nuevo presidente logró 70 votos en la primera votación (contaba con 59 senadores y diputados), y 94 en la segunda. Eran precisos 79 votos congresuales para la elección presidencial, y Paz Estenssoro los recabó de entre el resto de las formaciones de izquierda, principalmente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de su sobrino Jaime Paz Zamora. Los diputados y senadores banzeristas, airados, abandonaron el Congreso en señal de protesta por el que denominaron avasallamiento de su primera minoría electoral.

Problemas de idiomas

La sesión del Congreso boliviano resultó dramática y hasta patética. Su nuevo presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada, un empresario fuertemente conservador del MNR de Paz Estenssoro, comenzó pidiendo excusas por no ser hispanohablante. En efecto: pese a ser un boliviano de clarísima raigambre española, se educó desde niño en los Estados Unidos y habla un español de segunda mano, endurecido y aplastado, que sería de agradecer en una reunión social pero que no parece el más aconsejable para dirigir un Congreso de diputados y senadores. La mera elección de este hombre para su cargo -hombre por lo demás culto y de fino intelecto- retrata por sí sola el carácter de esta transición boliviana.El conciso no hispanohablante presidente del Congreso comenzó pidiendo un minuto de silencio y meditación para no proceder a la votación presidencial en un acto de "machismo o de orgullo" (los pantanos de su vocabulario movían al espanto) y con un "¡que Dios salve a Bolivia!" dio comienzo el debate.

Dios debía de estar muy ocupado en esos momentos por cuanto un diputado banzerista exigió ni más ni menos que el escrutinio para la elección presidencial fuera nominal y, no secreto, aduciendo que el MNR de Paz Estenssoro había comprado votos congresuales. El presidente no hispanohablante recibió de sus secretarios un diccionario de la Real Academia Española e hizo que fuese leída a los congresistas la acepción de escrutar con todos sus latinajos incluidos. Se dio paso así a una discusión etimológica ajena a la realidad boliviana y poco menos que estratosférica, sobre si escrutar significaba recontar votos. en secreto o con publicidad.

Por tres veces y entre los gritos y clamores de las barras bravas que colmaban las balconadas del hemiciclo, el presidente no hispanohablante ordenó la lectura del diccionario de la Real Academia Española y de su acepción sobre el escrutinio, hasta que un diputado -y ya no se habló más del asunto- advirtió que el tomazo que se estaba usando desde la presidencia no era precisamente el diccionario de la Real Academia.

Bien confesó el presidente de la cámara, el ciudadano boliviano no hispanohablante, Gonzalo Sanchez de Lozada, que sus amigos y parientes le habían recomendado tener sus intervenciones por escrito y ser parco en las contestaciones. La reyerta semántica sobre la Constitución y el reglamento de la Cámara entre el presidente no hispanohablante y los oradores de la ADN que exigían voto nominal ocupó nada más que ocho horas. Durante ellas, y atropellándose con la dicción, la sintaxis, las erres, los verbos, los singulares, los excesos verbales y hasta la correcta pronunciación del nombre de Bolivia, el presidente del Congreso terminó ordenando a la guardia la expulsión de las barras bravas partidistas que asistían a la sesión interrumpiendo a los oradores con cantatas, silbidos, aplausos, siflas, insultos, amenazas y toda su parafernalia verbal.

Fuera, en la plaza de Murillo, en la que se alzan el palacio presidencial, el palacio Quemado, la catedral y el Congreso, esperaban militantes de MNR y de ADN animados por fanfarrias musicales y vigilados por las tropas, junto a la farola donde turbas derechistas sacaron de su despacho en el palacio presidencial al presidente general Gualberto Villarroel -el que afirmó: "no soy enemigo de los ricos pero soy más amigo de los pobres de Bolivia"- y en 1946 le colgaron cristianamente en un acto de democracia directa. Militantes de ambos bandos y fanfarria incluida, fueron dispersados, tras enlodazarse de insultos, por la policía.

Vino en apoyo del presidente del Congreso boliviano, no hispanohablante, la gran bronca parlamentaria general establecida entre los congresuales de los distintos partidos que se olvidaron de si los votos de Paz Estenssoro estaban o no comprados y debían ser públicos o nominales, y que comenzaron eficazmente a insultarse entre ellos. La ADN acusó al MNR a comprar los votos congresuales; el MNR acusó al general Bánzer de haber mantenido campos de concentración en Bolivia durante su dictadura - 1971-1978-; y el Partido Socialista-1, de simples y llanos asesinatos.
El MIR, al final del extraño debate, emitió un comunicado donde afirmaba que votaría por Paz Estenssoro pero que para nada se comprometería con su futuro Gobierno. El MNRI del todavía presidente Siles Zuazo fue más duro con Paz Estenssoro que con Bánzer y retó a este último a demostrar sus acusaciones de que Siles se encuentra relacionado con el tráfico de drogas.

El reparto de improperios fue durísimo y generalizado hasta que tomó la palabra el representante del partido indigenista Tupaj-Katari de Liberación, quien, en un perfecto castellano, puso las cosas en su sitio: "Se trata de una discusión banal entre intereses políticos y económicos ajenos a la gran mayoría del pueblo boliviano formado por indios puros ketchuas, aymaras y guarúnies.

Una invitación al llanto

A la postre, el debate semántico sobre el escrutinio y sobre si éste debía ser público o secreto quedó en nada, permaneciendo en el aire la acusación banzerista de la compra de votos congresuales. El presidente del Congreso, no hispanohablante, ordenó la votación presidencial y un diputado -que no pudo ser identificado pero que sin duda erabanzerista- exigió la lectura previa del acta de la Junta Nacional Electoral.El texto del acta es una invitación al llanto, plagada de exculpaciones, acusaciones al Gobierno por sus deficiencias, asunción de errores, imputaciones a la ley electoral y encendida defensa de que si el Gobierno hubiera aceptado la computación estadounidense para la espurgación del censo -ofrecida gratuitamente y rechazada por comprensible orgullo nacional- no habrían terminado votando en Bolivia los menores de edad.

6/8/85

España, sin delegación especial en el relevo de Siles Zuazo (5-8-1985)

España no enviará, muy probablemente, una delegación especial a la toma de posesión de mañana del nuevo presidente boliviano, y será el embajador, Tomás Lozano, el encargado de representar al Gobierno de Felipe González en la ceremonia de relevo del presidente Hernán Siles Zuazo. No se espera la asistencia de otros jefes de Estado más que los de Argentina, Raúl Alfonsín; Perú, Alan García, y Uruguay, Julio María Sanguinetti, que aportan la mayor dignidad estatal a los actos que, además, coinciden con las fiestas de la independencia boliviana. En cualquier caso, la presencia de estos tres jefes de Estado está condicionada, naturalmente, a los imponderables de la política boliviana (en principio, se prevé que sea elegido presidente Víctor Paz Estenssoro).Ya ha llegado a La Paz, antes de que el Congreso eligiera al nuevo presidente, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), João Baena Soares, y van llegando no mas allá de otras 15 delegaciones encabezadas por viceministros o embajadores extraordinarios.

Una discreta presencia militar ronda las calles de La Paz. En los barrios bajos de Calacoto -la zona residencial y elegante, donde hay más oxígeno-, la vivienda oficial del presidente de la República, ya de por sí un bunker arquitéctonico verde plagado de troneras y casamatas, se encuentra fuertemente protegida con tropas bien visibles.

No obstante, la tranquilidad física es completa en todo el país, sujeto a la guerra de nervios de los partidarios del ex dictador Hugo Bánzer, que auguran el apocalipsis si el Congreso no respeta la primera mayoría electoral. Así, los modestos movimientos de tropas referidos al desfile militar del próximo miércoles son convertidos, interesadamente, como una marcha sobre la capital boliviana de unidades leales a Bánzer.

La cúpula de las fuerzas armadas, encabezada por el general Simón Sejas, ha emitido su tercer comunicado en tres semanas. Se hace garante de la normalidad constitucional y ásegura "el cumplimiento de las leyes y de las decisiones que emanen del honorable Consejo Nacional en la elección de presidente y vicepresidente constitucionales".

5/8/85

Víctor Paz pacta con la izquierda para volver a la presidencia de Bolivia (5-8-1985)

El acuerdo alcanzado ayer en el Congreso boliviano entre el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), de Víctor Paz Estensisoro, y el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), de Jaime Paz Zamora, dejaba la jefatura del Estado en manos del primero, frente a su rival, el general ex dictador Hugo Bánzer. A la una de la madrugada, hora de Madrid (seis horas menos en La Paz), se daba por descontada la elección de Víctor Paz como nuevo presidente boliviano, pero la votación final se retrasaba hasta muy entrada la madrugada de hoy.

El Movimiento Nacionalista Revolucionario Histórico (MNRH) del ex presidente Paz Estenssoro, había alcanzado acuerdos políticos con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de su sobrino Jaime Paz, con el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Vanguardia (MNRV) y con el Frente del Pueblo Unido (FPU) para frenar el acceso del general Bánzer al poder. Los 51 diputados y senadores de la Acción Democrática Nacional, de Bánzer, ya se habían retirado de sus escaños en la mañana durante las votaciones para la elección de presidentes del Senado y del Congreso. Estos cargos fueron otorgados, tras pactos previos, a un senador del MNRH y a un diputado del MIR. Para los seguidores de Bánzer, está funcionando el rodillo de la izquierda, que impide reflejar su triunfo minoritario en las urnas.En la plaza de Murillo, frente al Congreso y al Palacio Quemado, cientos de militantes de ADN y del MNRH, hasta con una fanfarria musical y vigilados por las tropas, aguardaban en la noche de ayer la decisión de la asamblea de diputados y senadores. Se esperaba que los tres primeros partidos ofrecieran su candidatura presidencial, obligando a una segunda votación entre Bánzer y Paz Estensoro, ya sin ninguna posibilidad para el primero.

Paz Estenssoro logró en los pactos superar el listón de los 79 votos que previsiblemente le iban a da la presidencia. Bánzer fue el candidato que más votos populares logró en las elecciones, pero obtuvo menos escaños que Víctor Paz.

De confirmarse, éste sería el cuarto mandato presidencial de Paz Estenssoro, que ya ocupó el cargo en los períodos 1952-1956, 1960-1964 y del 6 de agosto al 4 de noviembre de ese último año. Paz Estenssoro ha ofrecido a su sobrino un conjunto de responsabilidades en su nuevo Gobierno, facilidades políticas y la presidencia de la Cámara baja en la persona del diputado del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) Gastón Encinas, que resultó elegido con los votos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Tras este acuerdo, Paz Estenssoro se acercó decisivamente a la presidencia.

Las elecciones, adelantadas dos años ante la ingobernabilidad del país, han dejado las cosas donde se hallaban, pero un poco peor ante el avance de la Acción Democrática Nacionalista (ADN) del ex dictador general Hugo Bánzer. El general ha ganado los comicios en votos populares y con una ventaja de 37.034 votos sobre Paz Estenssoro, pero los mecanismos compensatorios de representación provincial le dejaron en minoría en el Congreso con 51 escaños contra los 59 del MNR.

El MIR de Paz Zamora, con 16 diputados y senadores, se convirtió en el tercer partido del país y en el primer árbitro de esta elección presidencial. Jaime Paz Zamora, socialdemócrata, de 45 años, con fuertes y justificadas tentaciones presidencialistas, necesita estratégicamente que prosiga la autodestrucción de la izquierda histórica boliviana para continuar erigiendo al MIR en una alternativa de poder izquierdista moderada, sensata y ordenada. Le habría convenido un triunfo neto del general Bánzer para cohesionar a la oposición y prepararse para unas nuevas elecciones. Obviamente, resultaba duro apoyar a Bánzer y responsabilizarse así de su elección y Paz Zamora ha terminado inclinándose por el camino, no mucho menos amargo pero más presentable, de apoyar a su tío y, a la postre, también lejano pariente ideológico.

El general Bánzer, al no haber arrasado en las urnas como justificadamente había esperado, tenía muy poco que hacer en los cabildeos del Congreso de Diputados y Senadores. Por debajo del MNR, ADN y MIR, han que dado representados en el Congreso el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierdas del presidente Hernán Siles Zuazo (MNRI) con ocho congresistas; el MNRV (Movimiento Nacionalista Revolucionario de Vanguardia, otra enésima división del MNR y segunda revelación de estos comicios junto al MIR) con seis diputados y senadores; el Partido Socialista-1, con cinco; el Frente del Pueblo Unido, con cuatro; el Partido Demócrata Cristiano, con tres; el Movimiento Revolucionario Tupac Katarí de Liberación (indigenistas), con dos; y la Falange Socialista Boliviana, con tres.

En esta sopa de letras, a la que quedó reducida la presentación preelectoral de 79 partidos políticos, Hugo Bánzer prácticamente nada tenía que pescar o negociar, y ni el voto en blanco de alguna de estas fuerzas políticas era suficiente para evitar la lógica con solidación de alianzas entre Paz Estenssoro y otros partidos, si no afines, sí espantados ante la idea de ver volver al general Bánzer al Palacio Quemado y empujado por los votos populares.

Por ello, toda la estrategia de la ADN desde el 15 de julio ha residido en hacer hincapié en su primera minoría, y al día siguiente de los comicios ya el general Bánzer convocaba una conferencia de Prensa en La Paz para autoproclamarse presidente electo y emplazar al Congreso a que respetera los votos populares.

Recuento superrealista

Pasaron los días y, en un recuento electoral ciertamente superrealista, que ya ni se sabe a quién ha terminado favoreciendo, y en el que se dieron por válidos los votos emitidos por los niños bajo condición de que no superaran un tercio de cada mesa, los sufragios rurales y mineros acortaron las distancias entre Bánzer y Paz Estenssoro (a la postre su aliado político durante la dictadura) hasta el punto de permitir moralmente a este último negociar su presidencia en el Congreso. Por radio, por televisión, en los diarios, la propaganda de Bánzer machaca su lema: "Somos mayoría y vamos a formar gobierno".

Suave pero amenazadoramente, los seguidores de Bánzer aluden a hipotéticas movilizaciones populares para defender sus 37.000 votos de mayoría. Y los cuadros militares adictos al ex dictador o simplemente incómodos ante la vuelta de los gastados revolucionarios socialistas de 1952 se han puesto a emitir panfletos y comunicados como el de la segunda división del Ejército acantonada en Coruro. Una tremenda presión psicológica sobre el Congreso a la que han resultado indiferentes la mayoría de sus miembros. A las seis de la tarde de ayer -doce de la noche en Madrid- el Congreso boliviano tenia previsto iniciar la sesión para elegir a Víctor Paz Estenssoro para su cuarta presidencia. O, mejor dicho, para rechazar el acceso de Bánzer a su primera presidencia democrática.

3/8/85

El plan de 'economía de guerra' adoptado en Perú incluye la suspensión por seis meses de los pagos internacionales (3-8-1985)

El nuevo Gobierno peruano, que tomó posesi6n el pasado domingo, adoptó el jueves un paquete de medidas de economía de guerra,aún más drásticas que las recientemente acordadas en Argentina por Raúl Alfonsín. El Gobierno aprista de Alan García ha suspendido por un período de seis meses todos sus pagos internacionales, ha congelado por otros tres meses todas las operaciones en moneda extranjera, ha devaluado el inti (la nueva moneda peruana) en un 12% y ha congelado indefinidamente todos los precios de bienes y servicios, así como los alquileres de las viviendas.

En la noche del jueves, el primer ministro y titular de la cartera de Economía y Finanzas, Luis Alba Castro, se dirigió al país por radio y televisión para anunciar las medidas económicas de emergencia después de dos días de feriado bancario y cambiario.Previamente se emitieron fragmentos del discurso de asunción presidencial de Alan García en el que éste recordaba cómo la economía peruana había retrocedido 20 años en su nivel de producción y cómo el país estaba adquiriendo alimentos en el exterior ante la paralización de su agricultura.

Luis Alba dibujó un panorama sombrío, admitiendo que la crisis económica y moral heredada de la anterior Administración es aún mayor de la que la APRA evaluaba desde la oposición, y acudió a gráficos ilustrativos para demostrar la caída de la producción por habitante, la disminución del empleo, la reducción de la capacidad de compra por habitante, el aumento de la inflación por encima ya del 200% anual y el incremento impagable de la deuda externa.

Pese a ser muy duro con el Fondo Monetario Internacional y las entidades extranjeras acreedoras de Perú, reconoció que la política económica neoliberal seguida hasta ahora era la principal responsable del decaimiento peruano. El doctor Alba Castro propició una política antiinflacionaria heterodoxa basada en la recuperación de la producción y el consumo y en la estabilización dirigista desde el Estado de los costos productivos.

Para el exterior, el primer ministro y ministro de Economía anunció el envío de télex a la comunidad financiera internacional explicando una postergación por seis meses de los vencimientos de la deuda pública externa directa e indirecta, de mediano y largo plazo, e invitando a los acreedores de Perú a reunirse en Lima para estudiar soluciones realistas al problema de la deuda externa. Luis Alba destacó que la moratoria unilateral no significaba un abandono de su "indeclinable propósito de honrar las obligaciones contraídas por el Perú en el exterior, pero, obviamente", dijo, "partimos del principio de que nuestro primer compromiso es con los peruanos, con la inmensa deuda social acumulada con la mayoría empobrecida del Perú".

El inti -sol, en quechua- quedó devaluado en un 12%, y por 90 días han quedado sujetos a caución todos los depósitos y certificados bancarios en moneda extranjera.

El primer ministro tranquilizó a los ahorradores en divisas enfatizando que el Gobierno no piensa castigar a quienes han mantenido su dinero dentro del país, que los depósitos- seguirán siendo mantenidos en moneda extranjera, pero que es necesaria ahora su utilización temporal para pagar importaciones urgentes.

[EE UU decidió ayer suspender temporalmente toda ayuda militar y económica a Perú hasta que este país decida pagar la deuda exterior contraída con Washington. Funcionarios del Departamento de Estado señalaron que la decisión fue notificada al Gobierno peruano por medio de la embajada de Washington en Lima, informa Efe.]

Finalmente el Gobierno aprista, leal al carácter heterodoxo que quiere dar a su lucha contra la inflación, decretó un aumento de salarios: 50% sobre el sueldo mínimo (alrededor de 12 intis en Lima), 22% a los maestros, 15% a los empleados públicos y 165 intis lineales a los trabajadores no sindicados ni sujetos a negociación colectiva.

El primer ministro hizo énfasis en que no se otorgarían nuevas amnistías fiscales, que se perseguiría la corrupción económica y administrativa pasada y futura -"no habrá borrón y cuenta nueva", ha afirmado Alan García- y en que el Gobierno afronta una cruzada nacional para la que requiere la movilización moral de todos los ciudadanos.

1/8/85

Alan García reitera que no se someterá a los dictados del Fondo Monetario Internacional (1-8-1985)

Ante 50 periodistas extranjeros, que tuvieron que escribir sus preguntas y sin derecho a repreguntas, el presidente peruano, Alan García, ratificó su decisión de no someterse a los dictados del Fondo Monetario Internacional (FMI). Matizó que el 10% de las exportaciones era un tope máximo a los pagos del servicio de la deuda, pero que las entregas efectivas podrían ser menores. "El 10%", dijo, "es una suma realista, posible, pero máxima". García insistió en que "Perú es miembro del Fondo y seguirá manteniéndose como tal, pero no aceptaremos condiciones de política económica".

Sobre las medidas económicas de emergencia y el cierre bancario, García fue hosco y hermético: "Las medidas económicas", afirmó, "no se anuncian; se adoptan. La fuga de divisas ya se produjo sin control cambiarío, así que un control ahora no añadiría nada. En esta situacíón de emergencia se hace imprescindible restringir el uso de las divisas a los fines que sean estrictamente necesarios".Se le preguntó sobre sí el presidente argentino, Raúl Alfónsín, cuyas medidas de economía de guerra comienzan a dar resultados en Argentina, le había facilitado algún consejo. "Ninguno", contestó, "pero estaría dispuesto a recibirlos". Se le interrogó sobre el llamamiento de Fidel Castro para que cumpliera sus promesas de liberación na cional. "Yo respondo ante el pueblo del Perú por el cumplimiento de mis promesas, no ante ningún gobernante extranjero".

Representantes de la Prensa anglosajona inquirieron sobre el futuro de las libertades informativas en Perú -exquisita y hasta increiblemente respetadas por el anterior presidente, Belaúnde Terry-, y Alan García fue tajante: "Serán escrupulosamente respetadas, porque ésa es la prueba de la democracia desde la cual se tiene poder moral para poder medir en qué otros sectores se práctica la democracia y la revolución".

Alan García se extendió sobre las democracías materiales, que garantizan el sustento físico, pero impiden el libre examen, y las democracias formales y liberales, que garantizan el voto periódico, indiferentes a la miseria del pueblo, señalando que el APRA y su Gobierno buscan una conjunción de ambos sistemas.

El nuevo presidente rechazó terminantemente un supuesto malestar entre las fuerzas armadas peruanas por sus propuestas de reducción armamentística y su decisión de rebajar sustancíalmente la compra de aviones Mirage 2000 en Francia, firmada por la anterior Administración. "Nuestras propuestas y decisiones", dijo, "no significan desarmar al Perú y dejarlo inerme o incapaz frente a cualquier eventualidad".