1/11/86

Argentina cree que Reagan dio su aprobación a Thatcher para fijar la zona de exclusión pesquera en las Malvinas (1-11-1986)

"Los viajes oficiales a La Habana se pagan, y bastante caro, en América Latina", es el comentario generalizado en medios diplomáticos y periodísticos acreditados en Buenos Aires. Bien debía de sospecharlo el presidente Raúl Alfonsín cuando, al proyectar su última visita a la URSS y Cuba, solicitó al Gobierno español una dilatada escala técnica en Madrid, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid -día de la Hispanidad, 12 de octubre-, para equilibrar sus estancias en capitales como Moscú y La Habana. El Gobierno español y los Reyes le brindaron y ofrecieron sus mejores cortesías. La recepción en Estrasburgo del Premio a los Derechos Humanos, otorgado por el Parlamento Europeo, terminaba de equilibrar el malhadado viaje.

No fue suficiente. El comandante Fidel Castro arrojó a las calles de La Habana a 300.000 cubanos agitando banderas argentinas, paseó a Alfonsín por la capital y le sumergió sobre la lluvia del trópico entre las mulatas del cabaré Tropical: el primer mandatario occidental y para nada marxista que Castro recibía en muchos años. Lo dicho: los viajes a La Habana se pagan, y muy caro.No de otra forma se explica en Buenos Aires el moderado comunicado de la Secretaría de Estado norteamericana sobre el nuevo contencioso argentino-británico por la amplición a 150 millas de la zona de extensión en derredor de as islas Malvinas. Aceptando esta circunferencia de exclusión en el mar Argentino, jamás litigado, se sospecha en Buenos Aires que Gran Bretaña, como durante la guerra anglo-argentina de 1982, ha obrado con la anuencia de la Administración de Ronald Reagan.

Por otra parte, no es ningún secreto aquí que la embajada del imperio -la de Estados Unidos- carece del menor interés por contemplar factorías pesqueras soviéticas en las costas del Atlántico sur o buques de la URSS congeladores de altura operando en sus aguas. Así, la impresión generalizada es que Gran Bretaña ha dado su paso atropellador sobre seguro, con respaldo de sus primos norteamericanos. Por ello, la Prensa porteña invoca el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), signado en Río de Janeiro en 1945 y cadáver institucional tras la guerra de las Malvinas, por ver si ese muerto favorece la defensa continental o sólo a uno de sus firmantes.

El presidente Alfonsín está pegado al teléfono y el jueves habló durante al menos media hora con el presidente Reagan. Su canciller, Dante Caputo, se reunió también el jueves con el Senado argentino en sesión a puerta cerrada, calificada como de insuficiente por la oposición justicialista. Caputo destacó que la ampliación británica de exclusión a 270 kilómetros podría provocar incidentes armados y que el riesgo existe ya, aunque técnicamente la exclusión no impere hasta el 1 de febrero de 1987.

Desmilitarizar

No obstante, el Gobierno argentino ha puesto énfasis en desmilitarizar la invasión británica de sus propias aguas jurisdiccionales, aclarando que las maniobras que se están llevando a cabo en la Patagonia (4.000 hombres, siete generales) estaban previstas de antemano. Sólo la aviación naval y terrestre quedará en alerta para el patrullaje del mar Argentino. Se ha confirmado igualmente la suspensión de licencia anticipadas para la clase de 1967 ahora bajo bandera.

Mayor importancia para la política interna del país es la confirmación delcomité militar de asesoramiento al presidente: un gabinete de crisis compuesto por los jefes de Estado Mayor de las tres armas, legisladores y el canciller. De la mejor fuente, pero que no quiso ser identificada, se puede asegurar que el Gobierno ha tenido que desplegar su máxima energía para controlar los ánimos exaltados en una base aérea del sur del país.

Muy escasas esperanzas se albergan en Buenos Aires de que alegatos internacionales ante las Naciones Unidas, el TIAR o ante el buen sentido de la comunidad de las naciones alivien a la República Argentina de esta agresión. El país, ahíto de la mejor carne del mundo, sin cocina nacional fuera de las pastas aportadas por la inmigración italiana, desdeña el pescado hasta el asco. Y en los caladeros vírgenes de su mar austral reside parte de la riqueza que permitiría al país sufragar una deuda externa que jamás se ha negado a pagar.

Pero no es éste un problema de más o menos peces. Es el problema del control por Occidente del Atlántico sur, la necesidad subjetiva, de erradicar de él bases pesqueras del Este y el doblete de pago obligado por viajes oficiales a La Habana.

[El presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, invitó ayer a los cancilleres de Argentina y Brasil para que, junto con el de Uruguay, analicen mañana, en Punta del Este, la situación del Atlántico sur tras la creación por parte del Reino Unido de la zona de exclusión en torno a las Malvinas, informa Efe].

31/10/86

Un comité militar asesora a Raúl Alfonsín (31-10-1986)

Unidades de la aviación naval y cazabombarderos de la fuerza aérea argentina quedaron desde el miércoles en estado de alerta, prestos a patrullar las aguas jurisdiccionales de la República. Simultáneamente, el presidente, Raúl Alfonsín, convocó por decreto un comité militar -un Gabinete de crisis- que asesora al presidente en situaciones de emergencia como la creada por la decisión unilateral británica de extender a 150 millas, con una posible ampliación a 200 millas, la zona de exclusión económica de las islas Malvinas. Las mismas fuentes dan por segura la cancelación de las licencias anticipadas a los conscriptos de este año.

 [El comité rnilitar estará formado por el ministro de Defensa, el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y los del Ejército, Armada y Fuerza Aérea, infórma Reuter.]La decisión británica de ampliar a 277 kilómetros su zona de exclusión crea en torno a las Malvinas una circunferencia secante con las aguas territoriales argentinas y establece una proyección geodésica sobre la Antártida inaceptable para el más amable de los politicos porteños. Ha sido un jarro de agua fría para la Administración democrática de Alfonsín, empeñada en hacer regresar el contencioso de los archipiélagos del Atlántico Sur a su situación. jurídica previa a la guerra cle 1982.

Todo se ha dado la vuelta, y el país y la nación se sienten injustamente agredidos. El presidente Alfonsín interrumpió una reunión de gobernadores provincia les para tratar sobre la copartici pación federal introduciendo en ella al canciller Dante Caputo, que explicó las consecuencias de la medida británica.

A las dos de la madrugada de ayer, el Congreso levantó su sesión tras ser informado por el canciller, quien también ayer explicó la situación al Senado. Alfonsín ha hablado telefónicamente con los presidentes de Brasil, Uruguay, Perú, Venezuela y con el presidente del Gobierno español, Felipe González. Prepara una reunión informativa con los embajadores de los países que pescan en las áreas ahora excluidas y se espera una convocatoria argentina de los paises miembros del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

Todos los partidos y en especial el justicialista -extrañamente unánimes-, han cerrado filas tras el rechazo del Gobierno radical a la decisión británica que se considera un gesto impe rialista, vejatorio de la soberanía nacional e innecesario.

La medida británica aparenta corresponderse con los acuerdos pesqueros sobre las aguas del Atlántico Sur firmados por el presidente Alfonsín con los Gobiernos de la URSS y de Bulgaria acuerdos a los que se esperaba se sumara en breve Japón. Los convenios de explotación pesquera en aguas territoriales argentinas constituyen una de las pocas salidas económicas del país para hacer frente a sus obligaciones financieras internacionales (entre ellas, deudas con bancos británicos) y no ponían en precario la seguridad militar del Reino Unido en torno a las Malvinas.

Tan es así que las prioridades de la cancillería argentina colocaron públicamente a las Malvinas en un cuarto puesto, precedidas por la integración con Brasil, Uruguay y Chile, la política de intercambios comerciales y la deuda externa. Toda la política exterior de la recobrada democracia argentina ha estado volcada en buena lógica sobre la recuperación económica y el hallazgo de nuevas fuentes de ingresos.

Como se dice aquí, los británicos han pateado el tablero: la nueva zona de exclusión económica británica en derredor de las Malvinas, al margen de sus implicaciones políticas, geográficas y geodésicas sobre la Antártida, anula de hecho los acuerdos pesqueros argentinos con terceros países interesados en estas aguas, aún río esquilmadas, y que ni siquiera habían sido ratificados por el Parlamento argentino.

Y generará, en el decurso de los días, una nueva excitación nacionalista nada conveniente para la consolidación de la democracia. Hoy todo es cerrar filas tras el Gobierno, pero en semanas comenzará a acusarse a Allfonsín de entreguista, se le reputará de débil y se acabará glorificando la locura de la penúltima Junta Militar de la dictadura, que invadió los archipiélagos.

En el pensamiento de que la debilidad estratégica argentina se: encuentra en el profundo sur -Malvinas, latente amenaza chilena sobre la Patagonia poblada por inmigrantes del país transandino-, muchos jefes y oficiales no precisamente enamorados de la democracia han sido, en los últimos tres años, destinados a unidades operativas en los fondos geográficos de la República para que se ejercitaran en su oficio y dejaran de hacer política de café en las grandes capitales del Norte. Entre ellos se reconocen como el Ejército de África, en rememoración de la sublevación franquista de 1936. No es necesario explayarse sobre las consecuencias de esta decisión del Reino Unido sobre la psicología militar golpista argentina.

Más de cinco grandes pesqueros argentinos, dentro de la zona de exclusión (31-10-1986)

Al menos cinco grandes pesqueros argentinos congeladores de altura se encuentran en estos rnomentos dentro de la nueva circuriferencia de exclusión económica decretada por el Reino Unido en torno a las islas Malvinas. Y según declaraciones del ,almirante José Toribio Merino, triunviro de la Junta Militar chilena, recogidas en Buenos Aires, el pasado lunes se avistaron en aguas internacionales del Pacífico 80 pesqueros soviéticos y polacos rumbo al Atlántico Sur.

Medios periodísticos argentinos especulan sobre la posibilidad de que los acuerdos pesqueros entre Buenos Aires y Moscú incluyeran la participación de la empresa hispano-soviética Sovhispan, ahora dedicada al faenaje en los caladeros canarios.

La ansiedad reside aquí en la hipótesis de un enfrentamiento entre pesqueros soviéticos y unidades de la Armada británica. De ello se deduciría el nivel de respaldo a la democracia argentina de Washington y Moscú, y se teme que la zona devenga en un arabesco lateral de la confrontación entre las dos grandes potencias, con todos los plateis rotos pagados por Argentina.

El Gobierno de Buenos Aires, en su comunicado sobre la ampliación británica de su zona de exclusión económica, aduce que es "jurídica y políticamente inaceptable, al recaer sobre espacios marítimos sobre los que la República Argentina ejerce derechos de soberanía y jurisdicción". "La conservación de los recursos pesqueros invocada en la declaración británica", continúa la nota oficial, "constituye en realidad un pretexto para tratar de justificar la adopción de la medida".

Obviamente, pese a las medidas militares cautelares adoptadas por Buenos Aires, lo último que se espera es un choque armado. Los radicales en el poder en la Argentina, moderados, eternamente dubitativos, reclarnados del krausismo español, empeñados en la recuperación de la imagen internacional del país, harán cualquier cosa menos tomarse dos whiskies de más y empeñarse en una guerra como la que organizó el teniente general Leopoldo Fortunado Galtieri entre los vapores de su cerebro.

30/10/86

El fiscal Strassera pide prisión perpetua para el general argentino Ramón Camps (30-10-1986)

La fiscalía de la Cámara Federal de Apelaciones argentina solicitó ayer, en un extenso alegato, reclusión perpetua para el general Ramón Camps, ex jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, y para el comisario mayor de la policía bonaerense, Miguel Etchecolatz. Otros cinco procesados en esta misma causa recibieron peticiones fiscales entre los 25 y los 18 años de reclusión, por detención ilegal, robo y aplicación de tormentos a los detenidos.

Termina así la primera fase del tercero de los grandes procesos judiciales argentinos: el primero, contra las tres primeras juntas militares; el segundo, contra la penúltima Junta Militar por la perdida de la guerra de las Malvinas; y éste, contra el segundo escalón represor en la guerra sucia contra la subversión. Dada la extensión del alegato fiscal, los abogados defensores han obtenido una prórroga hasta el 5 de noviembre para iniciar sus propios alegatos. El tramo de este juicio se ha desarrollado sin incidentes dignos de mención, excepción hecha de una pataleta de los policías encabezados por el comisario Etchecolatz, que abandonaron la sala durante la primera audiencia.Aconsejados por sus letrados, asistieron a las demás vistas; Sólo faltó él general Ramón Camps, ingresado en dependencias sanitarias del Primer Cuerpo de Ejército, aquejado de un cáncer de próstata de cuyo tratamiento forma parte la ingestión de hormonas femeninas.

El fiscal Julio César Strassera y su adjunto, Luis Moreno Ocampo, han seguido la misma línea de trabajo desarrollada en el juicio contra las juntas de la dictadura. Encerrados en sus decrépitos despachitos del Palacio de los Tribunales, ayudados por un grupo de jóvenes colaboradores y manejando fichas de cartón de diferentes colores, se centraron esta vez en 280 casos de desaparecidos que sufrieron la muerte, el robo, la tortura y la vejación.

La prueba judicial

Por lo escuchado, han demostrado suficientemente la participación de Camps y Etchecolatz en al menos dos casos de asesinato con alevosía y detenciones ilegales, torturas y robos extensibles hasta 500 casos que han, ido apareciendo con la deposición de los testigos. Por supuesto que esto es sólo la prueba judicial y no la totalidad del drama que vivió Buenos Aires.El general Camps, el carnicero de Buenos Aires,pertenece al arma de caballería y, pese a haber alcanzado su rango, es un jefe gris, poco apreciado por sus conmilitones y que terminó su carrera dirigiendo la remonta de la provincia de Buenos Aires. En 1976, tras el golpe de Estado que derrocó a Isabelita Perón, el general Suárez Mason, ahora prófugo y entonces comandante del Primer Cuerpo de Ejército, le designó jefe de la policía bonaerense. La policía de la primera provincia del país quedó así militarizada y bajo la dirección de un fanático del anticomunismo y del antisemitismo.

Camps convirtió la provincia bonaerense en un infierno para la guerrilla izquierdista, para sus simpatizantes, para los librepensadores, para los intelectuales, para los estudiantes y hasta para cualquier ciudadano anodino y despreocupado políticamente que tuviera la mala fortuna de cruzarse en una esquina con sus grupos de tareas dedicados al secuestro de sospechosos.

Al contrario de Videla, Massera, Suárez Mason, Menéndez, Viola y otros jerarcas militares de la dictadura, Camps no tuvo empacho en involucrarse directamente con la represión. A cara descubierta, interrogaba y amenazaba a los torturados. Es un hombre convencido de la bondad de su gestión y, antes de ser puesto preso, se jactaba ante la Prensa de haber chupado a 15.000 personas, y se lamentaba de que la dictadura no hubiese declarado el estado de guerra interna para fusilar a los subversivos bajo el código marcial en vez de asesinarlos clandestinamente. Presumiblemente, es un paranoico compulsivo.

Este juicio, ahora en su recta final, no ha despertado interés en la sociedad argentina, ahíta de procesos, ansiosa de olvidar un pasado del que muchos se sienten culpables por su silencio y su omisión, y estrangulada por problemas económicos básicos que presiden cruelmente su vida cotidiana.

13/10/86

Benedetto murió solo, pobre y abandonado (13-10-1986)

El periodista y escritor argentino Antonio di Benedetto murió en la noche del pasado viernes a los 64 años de edad, de un derrame cerebral, en el hospital Italiano de Buenos Aires. Ha muerto, como en una transposición de su obra literaria, solo, pobre, abandonado, olvidado. Sus obras le valieron el prestigo internacional, pero también la cárcel y la tortura durante el régimen militar. Nació en la provincia de Mendoza, al pie de la cordillera andina, cursó estudios de abogacía y desde los 18 años se dedicó al periodismo y la literatura. Fue enterrado en Mendoza el pasado sábado.

Liberal, antiperonista, pero sobre todo un individualista a ultranza -según propia confesión- fue chupado al día siguiende del golpe militar de marzo de 1976 por un grupo de tareas del ejército (chupar, hacer desaparecer a un ciudadano, en la terminología militar de la dictadura). Durante 18 meses desapareció en chupaderos -centros clandestinos de detención- de Mendoza y La Plata, capital de, la provincia de Buenos Aires.

Golpes en la cabeza

Gran miope, sus carceleros le privaron de sus gafas y le obligaban a arrastrarse desnudo por el piso de su celda para limpiarla. Los golpes que recibió en el cráneo le provocaron ulteriores e intermitentes períodos de amnesia y su cuadro general de salud quedó permanentemente dañado. Borges, Sábato, Múgica Laínez, Victoria Ocampo, pelearon vigorosamente para evitar entonces, su desaparición definitiva, el mal agüero militar que cayó sobre Haroldo Conti o Roberto Walsh. Finalmente expatriado, residió en Estados Unidos, Guatemala y España. Jamás le dijeron por qué le habían chupado... y pese a los vejámenes físicos esa incertidumbre sigue siendo todavía la peor de las torturas. Profundamente tímido, dotado de una gran delicadeza espiritual, regresó a Argentina en 1984, recibió algunos homenajes y promesas y se resistió a volver a Mendoza quedándose a vivir en Buenos Aires, ciudad que odiaba. La difícil democracia recuperada tenía sus problemas generales y fue despedido por falta de presupuesto de un organismo cultural estatal. Malvivía de un sueldito de la Casa de Mendoza en Buenos Aires, algunas críticas de libros y una desmayante asesoría en un taller literario. Nadie le tiró una mano. Llegó a pensar en un aviso en un diario porteño: "Periodista repatriado y desesperado anda buscando departamento en Buenos Aires". "Lentamente estoy volviendo al exilio", declaraba a Clarín hace un año. Había sido subdirector del diario Los Andes en su ciudad natal.

La pavorosa espera

Zama, la pavorosa espera de don Diego de Zama, funcionario del imperio español en Asunción, desmoronándose en el pudridero de la bahía fluvial que forman el Pilcomayo y el Paraguay, esperando un destíno en Buenos Aires, es su novela más celebrada. Su consideración como autor de relatos cortos es igualmente alta. Escribió unos elogiados Cuentos del exilio.Di Benedetto obtuvo 11 premios literarios, y entre los que juzgaron y distinguieron su producción se encuentran los nombres de Jorge Luis Borges, Manuel Mújica Laínez, Leopoldo Marechal, Augusto Roa Bastos y Gabriel García Márquez.

4/10/86

Alfonsín convoca a una 'convergencia democrática' en Argentina (4-10-1986)

El presidente de Argentina, Raúl Alfonsín, se dirigió al país en la noche del jueves convocando a una convergencia democrática que provoque una discusión nacional sobre la redefinición del papel del Estado y sus aparatos institucionales, la economía, los sistemas de seguridad social y el traslado de la capital federal a la Patagonia, entre otros asuntos. Alfonsín excluyó de esta convocatoria a "los conservadores de privilegios" y a los "impulsores de la revolución delirante".Con esta iniciativa, Alfonsín intenta por enésima vez incitar a un gran acuerdo nacional que extraiga al país de su marasmo político. Presumiblemente no albergue excesivas, ilusiones sobre el éxito de su propuesta, pero sí alguna esperanza de pactar apoyos en el Congreso de los Diputados y Senadores para sus proyectos de traslado capitalino hacia el Sur y de reforma constitucional, cuyo punto caliente sería la posibilidad de su reelección en 1989.

Divisiones en el peronismo

La multidivisión del peronismo en fracciones enfrentadas diluye así la fuerza política del primer partido opositor y dificulta notablemente lo que podría haber sido un pacto nacional entre los dos grandes partidos de la República (Unión Cívica Radical y Movimiento Justicialista).Y de esa ausencia de entendimiento político dentro del peronismo nace la fuerza de la CGT (Confederación General del Trabajo) liderada por el dirigente Saúl Ubaldini, que somete al Gobierno de la Unión Cívica Radical (UCR) a continuadas pruebas de fuerza, desbordando siempre los límites de la reclamación sindical.

Alfonsín ha excluido de este diálogo al Partido Comunista argentino, al Movimiento al Socialismo (MAS), al Partido Obrero y al Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), liderado por el ex presidente Arturo Frondizi. Los tres primeros, en diversos niveles de ultraizquierda, y el último, grupúsculo de la derecha económica encamado con la ultraderecha del peronismo.

Cambios en el comunismo

El comunismo argentino ha sufrido extrañas transformaciones estratégipas en sus últimos años. Aun siendo perseguido por la última dictadura militar, no colaboró con la subversión armada de izquierdas y ganó una acreditada fama de prosoviético. Restablecida la democracia en Argentina, emitió por primera vez en su historia un documento orgánico en el que justificaba la resistencia armada contra la oligarquía. Sus integrantes son inasivamente intelectuales o progresistas de clase media; el partido carece de una base obrera.El Movimiento al Socialismo y el Partido Obrero son agrupaciones trotskistas que ponen énfasis en la ruptura con el Fondo Monetario Internacional, la cancelación, unilateral de la deuda externa y una utópica revolución autárquica en el país.

El Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) -una escisión del radicalismo por su derecha representa lo más conservador de la sociedad argentina, dispuesta a pactar con los reflejos fascistas de la ultraderecha peronista.

25/9/86

Comienza hoy en Argentina el segundo juicio por las atrocidades de la 'guerra sucia' (25-9-1986)

El segundo proceso judicial sobre los delitos contra los derechos humanos cometidos bajo la dictadura militar, y, en este caso, en la provincia de Buenos Aires, comienza hoy formalmente. El principal acusado es el genejal Ramón Camps, conocido como el carnicero de Buenos Aires.

La vista será oral y pública, ante la Cámara Federal de Apelaciones -justicia civil-, que ya encausó a los nueve integrantes de las tres primeras juntas militares que gobernaron el país entre 1976 y 1982.El fiscal de esta causa es el de la nación, Julio César Strassera, asistido de su adjunto Moreno Ocampo.

Éste es el segundo gran proceso argentino sobre aquellas atrocidades y en él se enjuicia al general Ramón Camps, ex jefe de la policía de Buenos Aires; al general Pablo Richeri, quien ocupó el mismo cargo; a los comisarios Miguel Oswaldo Etchecolatz, Luis Héctor Vides y Alberto Roussé; al cabo de la policía Norberto Cozzani y al médico policial Jorge Bergos. En la provincia de Buenos Aires, por su gran densidad urbana y de población, se desarrollaron buena parte de la subversión de izquierdas y la mayor opresión policiaco-militar de la dictadura.

El general Camps, del arma de Caballería, ya retirado, se encuentra en un hospital militar aquejado de un cáncer de próstata, con metástasis generalizadas, y no asistirá a su propio juicio. Camps, tenido por el carnicero de Buenos Aires, se jactó públicamente de haber hecho desaparecer a miles de personas y sólo ha lamentado que la dictadura no hubiera proclamado en su día el estado de guerra interna para haber procedido a las ejecuciones tras la celebración de cortes marciales.

El general Camps se ocupó personalmente del secuestro, interrogatorio y tortura del periodista Jacobo Timerman, quien, ya en el exilio, relató su experiencia en el libro Presos sin nombre, celdas sin número, que fue objeto de una serie televisiva de éxito en Estados Unidos. Camps, a su vez, no contento con saber torturar mejor que el periodista, pretendió demostrar que sabía también escribir mejor que él y publicó dos libros imputando a Timerman conexiones con las finanzas de la organización de extrema izquierda Montoneros.

Otras víctimas destacadas del general Camps son el actual subsecretario de Acción Docente, Alfredo Bravo, y el ex secretario de Prensa del Gobierno de la provincia de Buenos Aires Oswaldo Papaleo.

Sobre Camps y sus cinco compañeros de banquillo pesan, entre otros supuestos delitos, el asesinato, tras tortura, de varios estudiantes secundarios de La Plata, capital de la provincia bonaerense, que habían protestado por la subida de los autobuses escolares.

Entre el martes y el miércoles últimos, 182 testigos reconocieron por la mirilla de un biombo a los seis procesados, a Camps en su hospital y a los restantes en la Corte. Ayer los policías federales encausados tuvieron que someterse al reconocimiento de viva fuerza y obligados con la misma contundencia a vestir ropas civiles, las que se supone utilizaban durante sus operaciones de secuestros y torturas.