15/11/86

Brasil celebra hoy las primeras elecciones directas desde que los militares abandonaron el poder (15-11-1986)

Cerca de 70 millones de brasileños elegirán hoy una Asamblea constituyente que elaborará la nueva Constitución democrática. Éstas son las primeras elecciones directas que se celebran en Brasil desde la retirada de la dictadura, en enero de 1985. La República Federativa de Brasil avanza un paso más hacia su normalidad democrática, desenganchando otro eslabón del tutelaje de una dictadura militar plenamente efectiva entre 1964 y 1985.

Treinta y dos mil candidatos de más de 30 partidos políticos pelean por los Gobiernos de 23 Estados, dos tercios de un Senado de 72 miembros, 484 diputados federales y 953 diputados de asambleas estatales.Las claves de estas elecciones residen en la composición de la Cámara federal -que será constituyente- y en los Gobiernos de Río de Janeiro y Sâo Paulo. La Cámara deberá redactar una nueva Constitución adaptable a las necesidades de este país-continente, donde en el norte es invierno cuando en el sur es verano, fuertemente descompensado en sus economías regionales y cuyo desarrollo industrial se ha llevado a cabo a un coste social insufrible.

Así, la nueva Constitución habrá de contemplar a largo plazo el protagonismo del Estado en la economía sin dañar el arraigado federalismo, y a corto plazo, establecer el futuro del actual presidente, José Sarney, líder civil político de la dictadura militar, mediocre poeta, académico de la lengua y devenido en una suerte de Adolfo Suárez brasileño de esta transición, admitiendo su actual mandato de seis años, recortándolo, o convocando elecciones presidenciales directas tal como lo reclamaba vehementemente la izquierda.

Por primera vez, unos ocho millones de analfabetos censados adquieren el derecho del sufragio, y los sondeos de opinión no calculan en más allá del 40% la tasa de los brasileños que saben lo que implica elegir una Asamblea constituyente. No obstante, la intención de voto se encuentra fuertemente decidida en favor del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), liderado por Ulysses Guimarâes, coligado con el Partido del Frente Liberal (PFL): desertores de la dictadura militar hacia esta democracia negociada y capitaneados por el actual presidente y por el poderoso jefe de su gabinete civil, Marco Maciel, cacique de Pernambuco.

'La tancredanza'

El PMDB y el PFL -demócratas de toda la vida y demócratas de ocasión- gobiernan la República por un pacto político muy alambicado -el que se llamó la tancredanza- elaborado por Tancredo Neves, presidente electo en enero de 1985 y fallecido de cáncer antes de su toma de posesión.José Sarney, destinado sólo a ser un vicepresidente de oropel, asumió la presidencia y demostró ser menos torpe de lo que se auguraba: se erigió en líder político e implementó el Plan Cruzado, congelando precios y salarios, estableciendo una nueva moneda y poniendo un precario dique a la inflación.

Sarney, apoyado sobre sus amigos del PFL, puede ver hoy recortadas sus influencias ante el avance electoral del PMDB, nada satisfecho con esta consolidación predemocrática del viejo colaborador de los militares. Por supuesto que Ulysses Guimarâes, en la setentena, tiene prisas objetivas por alcanzar la presidencia de la República en unas elecciones directas y que José Sarney pretende conservar su mandato de seis años aduciendo que no hay que precipitarse y que la normalización política brasileña puede convertirse en una primavera de Praga.

Así, la batalla por el Gobierno de Sâo Paulo -el gigante económico del país- se resolverá entre António Erminio de Morâes, candidato páulico de Sarney, y Orestes Quercia, postulado por el PMDB. Querella interna entre las dos alas del Gobierno.

El Gobierno de Río de Janeiro -la antigua capital, el tambor de Brasil- es otra cosa: el sociólogo WeIlington Moreira Franco, por el PMDB, compite con el antropólogo Darey Ribeiro, del Partido Democrático Tragalhista y hombre del legendario Leonel Brizzola, que no se presenta a la reelección del Gobierno carioca.

Brizzola, acusado de pretender ser una especie de Perón con samba y con mulatas, es el primer aspirante desde la izquierda a unas futuras elecciones presidenciales directas. Sarney le ha dado con todo, volcando en la campaña carioca a numerosos ministros de su Gabinete y negando las acusaciones de aquél de estar siendo ahogado económicamente por el Gobierno federal de Brasilia.

Debate económico

Obviamente, el Plan Cruzado y sus primeros y dudosos resultados han constituido el eje de la campaña para estas elecciones. Su autor, el ministro de Hacienda, Dilson Funaro, ya ha admitido que habrá que remodelarlo no más allá de febrero del próximo año. Por una parte, el aumento del consumo interno ha provocado el des abastecimiento, y por otra, la especulación monetaria ha disparado la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el dólar negro hasta el ciento por ciento.Pero sea como fuere, el caso y la ocasión son buenas: el gigante suramericano, tan poco acostumbrado a ello, vota hoy obligatoriamente y en libertad a sus senadores, diputados y gobernadores. Una nueva Constitución democrática está esperando.

5/11/86

Alfonsín comunica a Reagan que la única ofensiva argentina será la diplomática (5-11-1986)

El presidente argentino, Raúl Ricardo Alfonsín, conversó telefónicamente durante 10 minutos, en la noche del lunes, con el presidente de EE UU, Ronald Reagan, a quien le expuso la postura de su Gobierno ante la ampliación británica de su zona de exclusión económica en torno a las Malvinas. "La ofensiva diplomática", le dijo Alfonsín, "será la única ofensiva que desarrollaremos". El presidente, que conversó acompañado del canciller, Dante Caputo, solicitó "apoyo y comprensión" de EE UU en este contencioso.

Según fuentes oficiales de la Casa Rosada (sede del Gobierno), el presidente Reagan se mostró complacido por esta aseveración y afirmó a su homólogo argentino que su Administración desconocía de antemano la iniciativa británica.Previamente a esta conversación, Alfonsín confirmó su viaje privado a Estados Unidos, que comenzará el 16 del corriente mes, para dictar una conferencia en Boston y varias en universidades de la costa oeste. La cancillería argentina trabaja intensamente por lograr una entrevista entre los dos mandatarios.

La próxima convocatoria del Consejo de la OEA (Organización de Estados Americanos) es consuelo para hoy y duelos y quebrantos para mañana, dada la absoluta inoperancia y desprestigio de la institución, foro político ya desdeñado incluso por su auspiciador y controlador: EE UU. Ante el hecho cumplido británico, reedición diplomática de la política de la cañonera, Argentina alberga frágiles esperanzas en llevar sus razones y sus derechos al ánimo de los socios comunitarios del Reino Unido

Jorge Sábato, secretario de Estado para Asuntos Exteriores se encuentra en Europa en una gira por Francia, Italia, Holanda, Bélgica, República Federal de Alemania y España. También visitará la Confederación Helvética, representante de los intereses británicos en Argentina. Como emisario especial del presidente Alfonsín intentará explicar la desmesura de que el Reino Unido pretenda ser Estado ribereño de otro en el Atlántico sur.

Toda la preocupación argentina reside ahora en mantener su recuperada imagen de nación democrática, pacífica, para nada agresora, y de recabar también algún apoyo, por mínimo que resulte, de Estados Unidos. Dejadas felizmente atrás las baladronadas de los militares en el poder, el Gobierno argentino mantiene su rabia, su impotencia, pero también su calma.

La guardia de infantería cortó enérgicamente desde su raíz algunos pequeños brotes de manifestaciones agresivas contra entidades relacionadas con el Reino Unido, otorgándolas protección permanente. Los corresponsales británicos realizan sus trabajos en paz, el Banco de Londres atiende a sus clientes y los colegios ingleses reciben a sus pupilos.

Los convenios pesqueros con la URSS y Bulgaria han sido ratificados por ambas Cámaras. Pero la decisión británica los convierte en papel mojado. El presidente Alfonsín lo ha dicho amargamente: "Nosotros no hemos traído ningún pesquero al mar Argentino. Ya estaban aquí faenando sin control. Sólo queremos explotar racionalmente nuestros recursos en nuestros mares, jamás discutidos, y hacerlo con seriedad y sin dañar a nadie".

1/11/86

Argentina cree que Reagan dio su aprobación a Thatcher para fijar la zona de exclusión pesquera en las Malvinas (1-11-1986)

"Los viajes oficiales a La Habana se pagan, y bastante caro, en América Latina", es el comentario generalizado en medios diplomáticos y periodísticos acreditados en Buenos Aires. Bien debía de sospecharlo el presidente Raúl Alfonsín cuando, al proyectar su última visita a la URSS y Cuba, solicitó al Gobierno español una dilatada escala técnica en Madrid, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid -día de la Hispanidad, 12 de octubre-, para equilibrar sus estancias en capitales como Moscú y La Habana. El Gobierno español y los Reyes le brindaron y ofrecieron sus mejores cortesías. La recepción en Estrasburgo del Premio a los Derechos Humanos, otorgado por el Parlamento Europeo, terminaba de equilibrar el malhadado viaje.

No fue suficiente. El comandante Fidel Castro arrojó a las calles de La Habana a 300.000 cubanos agitando banderas argentinas, paseó a Alfonsín por la capital y le sumergió sobre la lluvia del trópico entre las mulatas del cabaré Tropical: el primer mandatario occidental y para nada marxista que Castro recibía en muchos años. Lo dicho: los viajes a La Habana se pagan, y muy caro.No de otra forma se explica en Buenos Aires el moderado comunicado de la Secretaría de Estado norteamericana sobre el nuevo contencioso argentino-británico por la amplición a 150 millas de la zona de extensión en derredor de as islas Malvinas. Aceptando esta circunferencia de exclusión en el mar Argentino, jamás litigado, se sospecha en Buenos Aires que Gran Bretaña, como durante la guerra anglo-argentina de 1982, ha obrado con la anuencia de la Administración de Ronald Reagan.

Por otra parte, no es ningún secreto aquí que la embajada del imperio -la de Estados Unidos- carece del menor interés por contemplar factorías pesqueras soviéticas en las costas del Atlántico sur o buques de la URSS congeladores de altura operando en sus aguas. Así, la impresión generalizada es que Gran Bretaña ha dado su paso atropellador sobre seguro, con respaldo de sus primos norteamericanos. Por ello, la Prensa porteña invoca el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), signado en Río de Janeiro en 1945 y cadáver institucional tras la guerra de las Malvinas, por ver si ese muerto favorece la defensa continental o sólo a uno de sus firmantes.

El presidente Alfonsín está pegado al teléfono y el jueves habló durante al menos media hora con el presidente Reagan. Su canciller, Dante Caputo, se reunió también el jueves con el Senado argentino en sesión a puerta cerrada, calificada como de insuficiente por la oposición justicialista. Caputo destacó que la ampliación británica de exclusión a 270 kilómetros podría provocar incidentes armados y que el riesgo existe ya, aunque técnicamente la exclusión no impere hasta el 1 de febrero de 1987.

Desmilitarizar

No obstante, el Gobierno argentino ha puesto énfasis en desmilitarizar la invasión británica de sus propias aguas jurisdiccionales, aclarando que las maniobras que se están llevando a cabo en la Patagonia (4.000 hombres, siete generales) estaban previstas de antemano. Sólo la aviación naval y terrestre quedará en alerta para el patrullaje del mar Argentino. Se ha confirmado igualmente la suspensión de licencia anticipadas para la clase de 1967 ahora bajo bandera.

Mayor importancia para la política interna del país es la confirmación delcomité militar de asesoramiento al presidente: un gabinete de crisis compuesto por los jefes de Estado Mayor de las tres armas, legisladores y el canciller. De la mejor fuente, pero que no quiso ser identificada, se puede asegurar que el Gobierno ha tenido que desplegar su máxima energía para controlar los ánimos exaltados en una base aérea del sur del país.

Muy escasas esperanzas se albergan en Buenos Aires de que alegatos internacionales ante las Naciones Unidas, el TIAR o ante el buen sentido de la comunidad de las naciones alivien a la República Argentina de esta agresión. El país, ahíto de la mejor carne del mundo, sin cocina nacional fuera de las pastas aportadas por la inmigración italiana, desdeña el pescado hasta el asco. Y en los caladeros vírgenes de su mar austral reside parte de la riqueza que permitiría al país sufragar una deuda externa que jamás se ha negado a pagar.

Pero no es éste un problema de más o menos peces. Es el problema del control por Occidente del Atlántico sur, la necesidad subjetiva, de erradicar de él bases pesqueras del Este y el doblete de pago obligado por viajes oficiales a La Habana.

[El presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, invitó ayer a los cancilleres de Argentina y Brasil para que, junto con el de Uruguay, analicen mañana, en Punta del Este, la situación del Atlántico sur tras la creación por parte del Reino Unido de la zona de exclusión en torno a las Malvinas, informa Efe].

31/10/86

Un comité militar asesora a Raúl Alfonsín (31-10-1986)

Unidades de la aviación naval y cazabombarderos de la fuerza aérea argentina quedaron desde el miércoles en estado de alerta, prestos a patrullar las aguas jurisdiccionales de la República. Simultáneamente, el presidente, Raúl Alfonsín, convocó por decreto un comité militar -un Gabinete de crisis- que asesora al presidente en situaciones de emergencia como la creada por la decisión unilateral británica de extender a 150 millas, con una posible ampliación a 200 millas, la zona de exclusión económica de las islas Malvinas. Las mismas fuentes dan por segura la cancelación de las licencias anticipadas a los conscriptos de este año.

 [El comité rnilitar estará formado por el ministro de Defensa, el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y los del Ejército, Armada y Fuerza Aérea, infórma Reuter.]La decisión británica de ampliar a 277 kilómetros su zona de exclusión crea en torno a las Malvinas una circunferencia secante con las aguas territoriales argentinas y establece una proyección geodésica sobre la Antártida inaceptable para el más amable de los politicos porteños. Ha sido un jarro de agua fría para la Administración democrática de Alfonsín, empeñada en hacer regresar el contencioso de los archipiélagos del Atlántico Sur a su situación. jurídica previa a la guerra cle 1982.

Todo se ha dado la vuelta, y el país y la nación se sienten injustamente agredidos. El presidente Alfonsín interrumpió una reunión de gobernadores provincia les para tratar sobre la copartici pación federal introduciendo en ella al canciller Dante Caputo, que explicó las consecuencias de la medida británica.

A las dos de la madrugada de ayer, el Congreso levantó su sesión tras ser informado por el canciller, quien también ayer explicó la situación al Senado. Alfonsín ha hablado telefónicamente con los presidentes de Brasil, Uruguay, Perú, Venezuela y con el presidente del Gobierno español, Felipe González. Prepara una reunión informativa con los embajadores de los países que pescan en las áreas ahora excluidas y se espera una convocatoria argentina de los paises miembros del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

Todos los partidos y en especial el justicialista -extrañamente unánimes-, han cerrado filas tras el rechazo del Gobierno radical a la decisión británica que se considera un gesto impe rialista, vejatorio de la soberanía nacional e innecesario.

La medida británica aparenta corresponderse con los acuerdos pesqueros sobre las aguas del Atlántico Sur firmados por el presidente Alfonsín con los Gobiernos de la URSS y de Bulgaria acuerdos a los que se esperaba se sumara en breve Japón. Los convenios de explotación pesquera en aguas territoriales argentinas constituyen una de las pocas salidas económicas del país para hacer frente a sus obligaciones financieras internacionales (entre ellas, deudas con bancos británicos) y no ponían en precario la seguridad militar del Reino Unido en torno a las Malvinas.

Tan es así que las prioridades de la cancillería argentina colocaron públicamente a las Malvinas en un cuarto puesto, precedidas por la integración con Brasil, Uruguay y Chile, la política de intercambios comerciales y la deuda externa. Toda la política exterior de la recobrada democracia argentina ha estado volcada en buena lógica sobre la recuperación económica y el hallazgo de nuevas fuentes de ingresos.

Como se dice aquí, los británicos han pateado el tablero: la nueva zona de exclusión económica británica en derredor de las Malvinas, al margen de sus implicaciones políticas, geográficas y geodésicas sobre la Antártida, anula de hecho los acuerdos pesqueros argentinos con terceros países interesados en estas aguas, aún río esquilmadas, y que ni siquiera habían sido ratificados por el Parlamento argentino.

Y generará, en el decurso de los días, una nueva excitación nacionalista nada conveniente para la consolidación de la democracia. Hoy todo es cerrar filas tras el Gobierno, pero en semanas comenzará a acusarse a Allfonsín de entreguista, se le reputará de débil y se acabará glorificando la locura de la penúltima Junta Militar de la dictadura, que invadió los archipiélagos.

En el pensamiento de que la debilidad estratégica argentina se: encuentra en el profundo sur -Malvinas, latente amenaza chilena sobre la Patagonia poblada por inmigrantes del país transandino-, muchos jefes y oficiales no precisamente enamorados de la democracia han sido, en los últimos tres años, destinados a unidades operativas en los fondos geográficos de la República para que se ejercitaran en su oficio y dejaran de hacer política de café en las grandes capitales del Norte. Entre ellos se reconocen como el Ejército de África, en rememoración de la sublevación franquista de 1936. No es necesario explayarse sobre las consecuencias de esta decisión del Reino Unido sobre la psicología militar golpista argentina.

Más de cinco grandes pesqueros argentinos, dentro de la zona de exclusión (31-10-1986)

Al menos cinco grandes pesqueros argentinos congeladores de altura se encuentran en estos rnomentos dentro de la nueva circuriferencia de exclusión económica decretada por el Reino Unido en torno a las islas Malvinas. Y según declaraciones del ,almirante José Toribio Merino, triunviro de la Junta Militar chilena, recogidas en Buenos Aires, el pasado lunes se avistaron en aguas internacionales del Pacífico 80 pesqueros soviéticos y polacos rumbo al Atlántico Sur.

Medios periodísticos argentinos especulan sobre la posibilidad de que los acuerdos pesqueros entre Buenos Aires y Moscú incluyeran la participación de la empresa hispano-soviética Sovhispan, ahora dedicada al faenaje en los caladeros canarios.

La ansiedad reside aquí en la hipótesis de un enfrentamiento entre pesqueros soviéticos y unidades de la Armada británica. De ello se deduciría el nivel de respaldo a la democracia argentina de Washington y Moscú, y se teme que la zona devenga en un arabesco lateral de la confrontación entre las dos grandes potencias, con todos los plateis rotos pagados por Argentina.

El Gobierno de Buenos Aires, en su comunicado sobre la ampliación británica de su zona de exclusión económica, aduce que es "jurídica y políticamente inaceptable, al recaer sobre espacios marítimos sobre los que la República Argentina ejerce derechos de soberanía y jurisdicción". "La conservación de los recursos pesqueros invocada en la declaración británica", continúa la nota oficial, "constituye en realidad un pretexto para tratar de justificar la adopción de la medida".

Obviamente, pese a las medidas militares cautelares adoptadas por Buenos Aires, lo último que se espera es un choque armado. Los radicales en el poder en la Argentina, moderados, eternamente dubitativos, reclarnados del krausismo español, empeñados en la recuperación de la imagen internacional del país, harán cualquier cosa menos tomarse dos whiskies de más y empeñarse en una guerra como la que organizó el teniente general Leopoldo Fortunado Galtieri entre los vapores de su cerebro.

30/10/86

El fiscal Strassera pide prisión perpetua para el general argentino Ramón Camps (30-10-1986)

La fiscalía de la Cámara Federal de Apelaciones argentina solicitó ayer, en un extenso alegato, reclusión perpetua para el general Ramón Camps, ex jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, y para el comisario mayor de la policía bonaerense, Miguel Etchecolatz. Otros cinco procesados en esta misma causa recibieron peticiones fiscales entre los 25 y los 18 años de reclusión, por detención ilegal, robo y aplicación de tormentos a los detenidos.

Termina así la primera fase del tercero de los grandes procesos judiciales argentinos: el primero, contra las tres primeras juntas militares; el segundo, contra la penúltima Junta Militar por la perdida de la guerra de las Malvinas; y éste, contra el segundo escalón represor en la guerra sucia contra la subversión. Dada la extensión del alegato fiscal, los abogados defensores han obtenido una prórroga hasta el 5 de noviembre para iniciar sus propios alegatos. El tramo de este juicio se ha desarrollado sin incidentes dignos de mención, excepción hecha de una pataleta de los policías encabezados por el comisario Etchecolatz, que abandonaron la sala durante la primera audiencia.Aconsejados por sus letrados, asistieron a las demás vistas; Sólo faltó él general Ramón Camps, ingresado en dependencias sanitarias del Primer Cuerpo de Ejército, aquejado de un cáncer de próstata de cuyo tratamiento forma parte la ingestión de hormonas femeninas.

El fiscal Julio César Strassera y su adjunto, Luis Moreno Ocampo, han seguido la misma línea de trabajo desarrollada en el juicio contra las juntas de la dictadura. Encerrados en sus decrépitos despachitos del Palacio de los Tribunales, ayudados por un grupo de jóvenes colaboradores y manejando fichas de cartón de diferentes colores, se centraron esta vez en 280 casos de desaparecidos que sufrieron la muerte, el robo, la tortura y la vejación.

La prueba judicial

Por lo escuchado, han demostrado suficientemente la participación de Camps y Etchecolatz en al menos dos casos de asesinato con alevosía y detenciones ilegales, torturas y robos extensibles hasta 500 casos que han, ido apareciendo con la deposición de los testigos. Por supuesto que esto es sólo la prueba judicial y no la totalidad del drama que vivió Buenos Aires.El general Camps, el carnicero de Buenos Aires,pertenece al arma de caballería y, pese a haber alcanzado su rango, es un jefe gris, poco apreciado por sus conmilitones y que terminó su carrera dirigiendo la remonta de la provincia de Buenos Aires. En 1976, tras el golpe de Estado que derrocó a Isabelita Perón, el general Suárez Mason, ahora prófugo y entonces comandante del Primer Cuerpo de Ejército, le designó jefe de la policía bonaerense. La policía de la primera provincia del país quedó así militarizada y bajo la dirección de un fanático del anticomunismo y del antisemitismo.

Camps convirtió la provincia bonaerense en un infierno para la guerrilla izquierdista, para sus simpatizantes, para los librepensadores, para los intelectuales, para los estudiantes y hasta para cualquier ciudadano anodino y despreocupado políticamente que tuviera la mala fortuna de cruzarse en una esquina con sus grupos de tareas dedicados al secuestro de sospechosos.

Al contrario de Videla, Massera, Suárez Mason, Menéndez, Viola y otros jerarcas militares de la dictadura, Camps no tuvo empacho en involucrarse directamente con la represión. A cara descubierta, interrogaba y amenazaba a los torturados. Es un hombre convencido de la bondad de su gestión y, antes de ser puesto preso, se jactaba ante la Prensa de haber chupado a 15.000 personas, y se lamentaba de que la dictadura no hubiese declarado el estado de guerra interna para fusilar a los subversivos bajo el código marcial en vez de asesinarlos clandestinamente. Presumiblemente, es un paranoico compulsivo.

Este juicio, ahora en su recta final, no ha despertado interés en la sociedad argentina, ahíta de procesos, ansiosa de olvidar un pasado del que muchos se sienten culpables por su silencio y su omisión, y estrangulada por problemas económicos básicos que presiden cruelmente su vida cotidiana.

13/10/86

Benedetto murió solo, pobre y abandonado (13-10-1986)

El periodista y escritor argentino Antonio di Benedetto murió en la noche del pasado viernes a los 64 años de edad, de un derrame cerebral, en el hospital Italiano de Buenos Aires. Ha muerto, como en una transposición de su obra literaria, solo, pobre, abandonado, olvidado. Sus obras le valieron el prestigo internacional, pero también la cárcel y la tortura durante el régimen militar. Nació en la provincia de Mendoza, al pie de la cordillera andina, cursó estudios de abogacía y desde los 18 años se dedicó al periodismo y la literatura. Fue enterrado en Mendoza el pasado sábado.

Liberal, antiperonista, pero sobre todo un individualista a ultranza -según propia confesión- fue chupado al día siguiende del golpe militar de marzo de 1976 por un grupo de tareas del ejército (chupar, hacer desaparecer a un ciudadano, en la terminología militar de la dictadura). Durante 18 meses desapareció en chupaderos -centros clandestinos de detención- de Mendoza y La Plata, capital de, la provincia de Buenos Aires.

Golpes en la cabeza

Gran miope, sus carceleros le privaron de sus gafas y le obligaban a arrastrarse desnudo por el piso de su celda para limpiarla. Los golpes que recibió en el cráneo le provocaron ulteriores e intermitentes períodos de amnesia y su cuadro general de salud quedó permanentemente dañado. Borges, Sábato, Múgica Laínez, Victoria Ocampo, pelearon vigorosamente para evitar entonces, su desaparición definitiva, el mal agüero militar que cayó sobre Haroldo Conti o Roberto Walsh. Finalmente expatriado, residió en Estados Unidos, Guatemala y España. Jamás le dijeron por qué le habían chupado... y pese a los vejámenes físicos esa incertidumbre sigue siendo todavía la peor de las torturas. Profundamente tímido, dotado de una gran delicadeza espiritual, regresó a Argentina en 1984, recibió algunos homenajes y promesas y se resistió a volver a Mendoza quedándose a vivir en Buenos Aires, ciudad que odiaba. La difícil democracia recuperada tenía sus problemas generales y fue despedido por falta de presupuesto de un organismo cultural estatal. Malvivía de un sueldito de la Casa de Mendoza en Buenos Aires, algunas críticas de libros y una desmayante asesoría en un taller literario. Nadie le tiró una mano. Llegó a pensar en un aviso en un diario porteño: "Periodista repatriado y desesperado anda buscando departamento en Buenos Aires". "Lentamente estoy volviendo al exilio", declaraba a Clarín hace un año. Había sido subdirector del diario Los Andes en su ciudad natal.

La pavorosa espera

Zama, la pavorosa espera de don Diego de Zama, funcionario del imperio español en Asunción, desmoronándose en el pudridero de la bahía fluvial que forman el Pilcomayo y el Paraguay, esperando un destíno en Buenos Aires, es su novela más celebrada. Su consideración como autor de relatos cortos es igualmente alta. Escribió unos elogiados Cuentos del exilio.Di Benedetto obtuvo 11 premios literarios, y entre los que juzgaron y distinguieron su producción se encuentran los nombres de Jorge Luis Borges, Manuel Mújica Laínez, Leopoldo Marechal, Augusto Roa Bastos y Gabriel García Márquez.