31/7/83

El Gobierno militar argentino pide a la Iglesia que apoye ante el pueblo la ley de autoamnistía (31-7-1983)

El Gobierno argentino ha pedido formalmente a la Iglesia que interceda ante el país para que sea aceptada la futura ley de anmistía o de pacificación nacional. El ruego fue formulado por el presidente de la nación, teniente general Reinaldo Bignone, al presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Juan Carlos Aramburu, en una imprevista reunión celebrada en la residencia presidencia¡ de Olivos.

El prelado argentino estaba acompañado del obispo de Corrientes, Jorge López. Esta petición a la Iglesia argentina desvela el sentido último de los recientes deseos de la Junta Militar y del Gobierno argentinos de otorgar a los prelados el papel de hombres buenos en los conflictos sociales.Ya el miércoles, los miembros del equipo de Pastoral Social que preside el obispo de Morón, Justo Laguna, se reunían con los ministros económicos para hacerle llegar las propuestas de las dos CGT y de la multipartidaria (un plan de emergencia a corto plazo para llegar a las elecciones de octubre con mayor poder adquisitivo), dando con ello por cerrada una gestión mediadora en este terreno. "Ustedes", dijo a los obispos un miembro del Gobierno, "son los únicos que pueden conseguir que todos los sectores se sienten a una misma mesa con el Gobierno". No era otra cosa que el primer paso para convencer a la Iglesia de que ayude a pasar el mal trago de la ley de autoamnistía, considerada clave de la transición argentina hacia la democracia.

Excesos en la represión

El general Llamil Reston, ministro del Interior, volvió a recordar por segunda vez en pocos meses que en prisiones castrenses se encuentran "unos 150" militares y policías por haber cometido excesos durante la represión. Nuevamente, no facilitó nombres, ni cargos concretos ni condenas.Las diversas asociaciones de familiares de muertos por la subversión, propiciadas por el Gobierno para contrapesar a las madres y abuelas de la plaza de Mayo, y otros organismos defensores de los derechos humanos no convencen a nadie, pese a las listas de asesinados por el terrorismo que hacen insertar en los diarios.

O acaso por ello mismo: documentos oficiales del Gobierno argentino cifran el número de muertos por el terrorismo entre los años 1970 y 1979 en 647, de los que sólo un centenar son civiles.

Desde 1976 hasta 1979, el Gobierno admite oficialmente la desaparición de 6.200 ciudadanos, mientras que otras evaluaciones disparan la cifra hasta las 30.000 personas.

Aun aceptando las cifras gubernamentales, la desproporción entre el número de personas muertas por la guerrilla (Montoneros -extrema izquierda peronista- y Ejército Revolucionario del Pueblo -troskistas-) y el de desaparecidos por la guerra sucia antisubversiva es tan grande que echa por tierra la tesis de que se trató de una guerra civil no declarada.

Las estimaciones de la actual Junta Militar cifran en unos 5.000 los jefes y oficiales (principalmente del Ejército y la Marina) que podrían verse implicados en reclamaciones judiciales ordinarias por tortura, asesinato o desaparición. No es de extrañar, pues, que el Gobierno se haya decidido a pedir socorro a la misma Iglesia.

La Iglesia argentina, al contrario de la chilena, guardó silencio durante la represión y volvió la cabeza ante la barbarie.

Un sueño penoso

No por ello, sin embargo, ha perdido su papel hegemónico en la sociedad (la mayoría del pueblo argentino ignoró culposamente la represión) y ahora es requerida para cerrar vergonzantemente aquel capítulo.Al término de la entrevista con el presidente Reynaldo Bignone, el cardenal Juan Carlos Aramburu declaró que "hemos sido informados sobre los diversos contenidos de la ley de pacificación. Se trata de un anteproyecto destinado a lograr el orden, la tranquilidad, que debe tener sus condicionamientos adecuados basados en la verdad, la justicia, el amor y, por consiguiente, en el perdón". Subrayó el cardenal que "por la información que recibimos, el Gobierno actual no quedará incluido en la ley".

Todo lo demás es en la política argentina anecdótico: la batalla electoral se perfila entre Raúl Alfonsín, líder indiscutido de los radicales (ya es presidente del partido y virtual candidato presidencial), e Ítalo Argentino Lúder, ex presidente provisional y abogado de Isabel Perón.

El fantasma de la viuda de Perón, la ex presidenta Isabel Martínez, sigue planeando sobre el justicialismo. Las Fuerzas Armadas están revisando en estos días con detenimiento sus escalillas y se especula con el pase a retiro anticipado de al menos 10 generales de división comprometidos en la guerra sucia.

Pero se den las vueltas que se den, todo termina conduciendo a la misma piedra en el camino: la cuenta moral y judicial por el genocidio de la disidencia política argentina.


28/7/83

El Partido Justicialista pide la rehabilitación total de la ex presidenta argentina Isabel Perón (28-7-1983)

El Partido Justicialista pidió formalmente el lunes a la Junta Militar argentina el restablecimiento sin dilaciones ni cortapisas de los derechos políticos de Isabel Perón, "para que la institucionalización del país se realice sobre bases firmes y legítimas".

En la nota petitoria, presentada por Deolindo Bittel, vicepresidente del partido, se insiste en que "es necesario un acto histórico de reparación moral de tantos agravios e injusticias", y se recuerda que Argentina tiene trágicas experiencias sobre proscripciones.Isabel Perón puede ostentar cargos dentro de su partido y regresar al país cuando desee, pero no puede desempeñar cargos públicos, al haber quedado inhabilitada por una sentencia judicial posterior a su derrocamiento. Recientemente se especuló con la posibilidad de que la Junta Militar dictara un indulto especial para la viuda de Perón, y esta es la primera vez que el justicialismo solicita oficialmente la completa rehabilitación de su líder.

En vísperas de su retorno, todo vuelve a recordar la novela de los anteriores regresos, frustrados o realizados, de Perón al país.

El Gobierno paraguayo ha desmentido las informaciones publicadas aquí sobre la supuesta estancia de José López Rega, brazo derecho de la fámilia Perón, en el país para someterse a operaciones de cirugía estética que habrían cambiado su rostro.

Bittel partió ayer hacia Asunción, dado que Paraguay puede ser una de las etapas en el regreso escalonado de Isabelita. El vicepresidente panameño Jorge Illueca negó que la señora haya realizado gestiones para ser acogida provisionalmente en su país.

Un ex gobernador peronista de Tucumán define a Isabel Perón como una niña, reina del movimiento" que debe regresar "para dirigimos como una madre y apaciguar los ánimos de los hijos revoltosos".

Las elecciones internas del Partido Justicialista son aún una masa gaseosa de la que sólo es predecible una ligera preeminencia de la figura de Italo Argentino Luder, prudentemente a medio camino entre los ultraverticalistas que quieren el regreso de Isabelita como dictadora del movimiento y quienes defienden la necesidad de democratizar el partido.

24/7/83

La viuda de Perón, invitada a presidir el congreso del Consejo Nacional Justicialista (24-7-1983)

El Consejo Nacional Justicialista ha invitado oficialmente a Isabel Martínez de Perón a presidir las deliberaciones del congreso partidario que antes del 10 de septiembre habrá de decidir la candidatura peronista para las elecciones de octubre. Así lo anunció Deolindo Bittel, vicepresidente del movimiento, quien, no obstante, recalcó enfáticamente que "nada ni nadie interferirá en el proceso de reorganización del partido". Como antaño, nuevamente la política argentina se hace mirando hacia Madrid y todo son especulaciones sobre el pensamiento de la ex presidenta y viuda de Perón.Los líderes sindicales peronistas Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel, en nombre de la CGT radical y de las 62 organizaciones peronistas, han remitido un telegrama a Isabel Perón en los siguientes términos: "Ante la confusión que se crea en la actualidad, rogamos contemple la posibilidad de que si es necesaria alguna directiva, ésta sea transmitida a los cuerpos orgánicos, a fin de garantizar su fiel cumplimiento". Intentan así desenmascarar a quienes se erigen en supuestos mensajeros de las intenciones y deseos de la ex presidenta y que están sumiendo al movimiento en un océano de confusiones. El silencio de la ex mandataria y las características del peronismo contribuyen a ello. "Yo no pienso mandarle ningún telegrama a nadie", declara Deolindo Bittel; "y menos a la señora de Perón para pedirle explicaciones. Y creo que con su actitud de dignidad y silencio la misma señora de Perón ya nos está dando uña clara directiva de cuál debe ser la conducta de los peronistas en esta etapa en la que tenemos que dejar de distraernos con visiones o fantasmas y dedicarnos a trabajar en serio por el futuro del país".

Toda esta efervescencia ha sido originada por el inminente retorno de Isabel Perón y la posibilidad de que la preceda, con instrucciones políticas, el coronel croata Milos Deboguetich, viejo amigo de la familia y hombre de confianza en Madrid de la señora. Sobre el coronel Milos, dirigentes peronistas estiman que "nada tiene que hacer en Argentina, porque el partido tiene sus propias autoridades y está en trámite de su reorganización definitiva".

Rehabilitación de 'la señora'

Una comisión de dirigentes del partido está organizando el regreso de la señora y reclamar su completa rehabilitación. Por el momento, Isabel Perón puede ejercer cargos partidarios, pero, condenada por sentencia firme, continúa inhabilitada para desempeñar cargos públicos. Periódicos, revistas, noticieros de la televisión, todos se ocupan amplia y obsesivamente por desentrañar este misterio de la esfinge: lo que hará o dejará de hacer Isabelita. Aquí aún se recuerda que durante su gobierno, los ministros se perseguían a la carrera dando vueltas a la mesa del consejo en la Casa Rosada, para agredirse físicamente, pero el recuerdo no obsta para que su figura política, purificada por cinco años de reclusión militar, siga siendo respetada. La Prensa más crítica caricaturiza sin piedad a figuras militares que aún ostentan poder, pero hasta los más decididos antiperonistas se cuidan de ridiculizar a esta mujer.

15/7/83

La liberación de Valdés, severo golpe para el régimen de Pinochet (15-7-1983)

Por dos votos contra uno, una sala de la Corte de Apelaciones de Santiago dejó sin efecto las detenciones y procesamientos del ex canciller y secretario general de la Democracia Cristiana, Gabriel Valdés, y de sus cinco correligionarios implicados en el caso de los panfletos. La corte ha dejado en libertad incondicional y revocado su procesamiento hasta a la propietaria de la imprenta donde la policía incautó 700.000 octavillas convocando a la jornada de protesta del martes pasado.

Es un severo golpe para el régimen dado que las jornadas mensuales de protesta pacífica van a continuar indefectiblemente. A partir de este fallo, en el que se establece que los ciudadanos tienen derecho a la protesta pacífica, y a convocarla, el Gobierno -que recurrió ayer contra la resulción- ha perdido el ya escaso territorio jurídico sobre el que quería apoyar la represión de la disidencia.

A las nueve de la noche del miércoles, sonriente, alzando los brazos en la uve de la victoria, Valdés abandonó la cárcel de Santiago ante más de un millar de personas y las cámaras de televisión de medio mundo que convirtieron aquello en un plató. "Estoy feliz con la resolución de la corte, por el apoyo de todos mis amigos y por la solidaridad de todo el mundo. Esto es un triunfo por la libertad de mi país".

Valdés abrazó a Carmen Frei, hija del ex presidente Eduardo Frei, y mientras sus partidarios entonaban el himno nacional, marchó a su domicilio, escoltado por, una caravana de vehículos que hacían sonar sus bocinas. El ex parlamentario Jorge Lavandero, que permaneció cinco días en huelga de hambre, declaró que su liberación "es un triunfo moral; siempre la razón se impone sobre la fuerza, nunca tuve la mínima duda de que íbamos a triunfar; ni la cárcel ni este tugurio donde nos han metido es suficiente cuando uno es hombre para soportar cualquier cosa que sea cuando se tienen ideales".La satisfacción entre la Democracia Cristiana (DC) es completa. En el reparto de papeles con que la oposición organiza las protestas, la del martes era en exclusividad de la DC. Y todo ha salido a pedir de boca: el Gobierno se defiende desproporcionadamente con un toque de queda que provoca el mayor concierto de cacerolas que recuerda Santiago, amén de las inevitables molestias y perjuicios para todos, y da carta de martirologio a dirigentes democristianos que necesitaban algunas detenciones para que se terminen de olvidar las concomitancias de su partido con el golpe de Pinochet.

La oportuna intervención papal pidiendo por la paz en Chile cierra el circuito, y aunque el Gobierno declara aceptar y agradecer humildemente los consejos del Papa, la realidad es que han quedado a los pies de los caballos tras las palabras urbi et orbi de la plaza de San Pedro. El mensaje del Papa sólo viene a subrayar lo que el régimen pinochetista más desea ocultar: el profundo estado de anormalidad en que se desarrolla la vida del pueblo chileno.

El 11 de agosto habrá una cuarta jornada de protesta, y aún se ignora quién la protagonizará; si avanzan las negociaciones para una multisindical que agrupe a sindicatos de obreros y patronos, será ésta quien levante la bandera. Los partidos de izquierda de la Multipartidaria han asumido inteligentemente un segundo plano y deliberadamente no alzan cabeza en el entendimiento de que es la Democracia Cristiana quien tiene que derruir al régimen (que afirma no tener otro enemigo que la conspiración marxista internacional), evidenciando con su protagonismo las contradicciones y hasta las falacias de aquél.

Por otra parte, la preeminencia de la DC en la dirección de sindicatos de obreros y patronos le obliga a encabezar la demolición del régimen. La torpeza de Pinochet es tal que con el toque de queda del martes y la detención de Valdés no ha hecho otra cosa que primar al partido que le está segando la hierba debajo de los pies.

'Diabólica' operación

El país, por lo demás, permanece en calma. Es muy firme y meditada la decisión de limitar las prcotestas a una por mes en una diabólica (por lo sutil y eficaz) operación de acoso y derribo. Un ex ministro del Interior de un Gobierno democristiano me reconocía que hubiera dimitido inmediatamente arte una perspectiva como esta. Pío hay Gobierno ni régimen que resista unos cuantos muertos a plazo fijo y por mes. Y menos un toque de queda mensual. La admirable estrategia de la Multipartidaria y del Comando Nacional de Trabajadores ha hecho perder la iniciativa al general de la miseria que quería ser el general de los pobre.

La broma, por lo demás, recorre los mentideros de Santiago. A la esposa de Pinochet, muy influyente, junto con su hija Laura, sobre su marido, se la conoce por "la mayonesa" porque siempre está encima del loco (el loco es un marisco, suave pero insípido, que faenan pescadores chilenos y japoneses en sus costas). No es un dato baladí; es la expresión del desprecio y la falta de respeto en la que ha caído un hombre que se mantiene en el poder sorprendentemente, sin beneficiar a nadie. Las últimas especulaciones de Santiago -sin duda, voluntaristas- apuntan hacia una hipotética renuncia por razones de salud de su excelencia el presidente de la República y del supremo Gobierno.

Su comité de crisis -ministros clave, secretarios de Estado, generales- recomienda una estrategia de palo y zanahoria que ha llegado tarde: detenciones y liberaciones, autorización de libros y toque de queda, regreso de exiliados y amedrentamiento de la población mediante asesinatos durante las manifestaciones de protesta, férrea censura de Prensa y encarcelación de líderes sindicales.

Hace unos años, tras el referéndum constitucional de 1980, esta política habría servido de algo. Ahora no sirve de nada, destruido el sistema económico artificial que sirvió de peana a aquel referéndum.

El balance del toque de queda del martes arroja ya dos muchachas, de 17 y 19 años, muertas por disparos en Santiago y Valparaíso; un celador de liceo de 27 años desaparecido y presumiblemente secuestrado durante el toque, numerosos heridos por disparos, y 1.200 detenidos en cinco ciudades del país, muchos de los cuales tendrán que pasar por la jurisdicción militar.

Hasta la policía lo reconoce

Hasta la propia policía admite públicamente que al menos una de las muertas lo fue por disparos efectuados desde un auto sin matrícula, y aquí nadie duda de a quién pertenece. Un dirigente estudiantil democristiano denuncia en una carta al director que publica la revista católica Hoy que fue secuestrado por la Central Nacional de Informaciones y torturado. La policía intentó sodomizarlo mientras sacaban fotografías que después fueron remitidas a su madre y a sus amigos con leyendas obscenas. Todos temen los últimos coletazos de un régimen que indefectiblemente se encuentra en el cabo de la cuerda.

14/7/83

Dos jóvenes muertas, un herido y 500 detenidos, balance de la jornada de protesta en Chile (14-7-1983)

Dos jóvenes de 17 y 19 años muertas a balazos, un herido, y más de 500 detenidos es el balance del to que de queda impuesto el martes en Santiago por el Gobierno del general Augusto Pinochet para sofocar la tercera jornada de protesta nacional. En el extrarradio no se respetó el toque de queda y la capital dio el mayor concierto de cacerolas que recuerdan los chilenos.El efecto psicológico de la ruidosa protesta generalizada, junto a las reacciones internacionales por la detención de líderes de la Democracia Cristiana, se consideran como un éxito entre la oposición al régimen.

A las ocho en punto de la noche del martes, muchos de los corresponsales de Prensa -encerrados por el toque de queda en el hotel Carrera, de Santiago, frente al palacio de La Moneda- entraron en sus cuartos de baño convencidos de que se abrían misteriosamente los grifos. Un rumor sordo, como el del gorgoteo del agua corriente, comenzaba a llegar al centro comercial y financiero de la ciudad donde se encuentra el hotel.

Había comenzado con el toque de queda el más impresionante concierto de cacerolas que recuerdan los chilenos. La torpeza del régimen ha multiplicado el efecto psicológico de esta tercerajornada de protesta. Los chilenos, pueblo europeo, civilizado, despreciativo de lasrepúblicas bananeras, ya sometido a múltiples restricciones y empobrecido económicamente, no tolera que, después de 10 años de gobierno, el régimen les meta en sus casas, como a escolares, a las ocho de la tarde.

Y el espeso silencio de una capital recluida sirvió de telón de fondo al batir rabioso de las cacerolas, que Pinochet habrá escuchado nítidamente desde su residencia en el barrio alto de la ciudad.

Durante más de una hora, el caceroleo fue y vino bajo el cielo cárdeno de la: noche andina de Santiago, variando de ritmo, trasladándose de un barrio a otro sobre los tejados de la ciudad. Con las luces apagadas y en el alféizar de sus ventanas, desafiando el frío, los santiagueños cansaron sus brazos golpeando las ollas con cucharones. Otros descendieron a los garajes y agotaron las baterías de sus coches encerrados, repitiendo tres toques rítmicos de bocina. Los periodistas del hotel Carrera bloqueaban la centralita, telefoneando a los distintos barrios para obtener información.

Interlocutores desconocidos sacaban a las ventanas sus auriculares para que un corresponsal extranjero pudiera escuchar el concierto de un barrio periférico. La cadena telefónica -la inventiva de la castigada oposición chilena es infinita- comenzó a funcionar. Una llamada anónima te dice: "Chile debe volver a la democracia. Pase a otros tres teléfonos este mensaje y no rompa la cadena". Varias centrales telefónicas sectoriales de Santiago quedaron inmediatamente saturadas.

Hasta la medianoche, la ciudad mantuvo sus ventanas abiertas, escuchándose a sí misma, pese al invierno, y oyendo los disparos intermitentes que se producían por doquier. Las poblaciones del extrarradio ignoraron el toque de queda, cortaron sus calles de tierra con neumáticos prendidos y arrojaron cadenas sobre los cables de alta tensión.

Aunque las tropas, prudentemente, no fueron empleadas a fondo, se produjo la muerte de dos jóvenes. Una de ellas, una muchacha de 17 años, María Isabel Sanhueza Ortiz, hermana de un carabinero, alcanzada por una bala en el jardín de su casa. Otra, Carmen Gloria Larenas, de 19 años, cuya muerte se conoció anoche, fue víctima, según el informe policial, de los disparos efectuados por desconocidos desde un coche sin matrícula. La policía da cuenta de más de 500 detenciones por violación del toque de queda.

Tras el almuerzo del martes, las calles de Santiago comenzaron a vaciarse. Por los suelos, las pocas octavillas escapadas a la requisa militar de la imprenta clandestina de la Democracia Cristiana (la primera jornada de protesta la protagonizó el cobre; la segunda, el Comando Nacional de Trabajadores, y esta tercera, la Democracia Cristiana) rezan así: "Julio 12. ¡Proteste! Caceroleo de 20.00 a 22.00 horas. No compre nada. Termina la protesta a las 22.00 horas del martes 12". Otros panfletos, enviados por correo, dibujan un auto ocupado por personas que hacen sonar cacerolas y el claxon bajo la cruceta de un punto de mira telescópica. "¡No!", dice la leyenda, "no lo vuelva a hacer. Con su actitud recuerda los funestos mil días de Unidad Popular y le hace un daño a su familia. ¡Medítelo!". En el panfleto está escrita a mano la matrícula del auto del destinatario. Sólo la policía puede conocer la dirección de un automovilista por la matrícula de su coche.

Radio Cooperativa, prohibida la palabra protesta, emite música de Serrat y habla sesgadamente de "jornada de descontento". Cierran los comercios, mientras que las radios y los canales de televisión dan lectura al bando del toque de queda: "...quien se encuentre en las calles, deberá detenerse inmediatamente y aproximarse hacia las fuerzas de seguridad...". A las cinco de la tarde, los santiagueños se apretujan en las colas de los autobuses. Los pocos que circulan (se han arrojado miguelitos, pequeños trípodes de púas, en las calzadas) lo hacen abarrotados, con las puertas abiertas y viajeros colgando. En la céntrica avenida O'Higgins un grupo de taxistas, a grandes voces, convoca rutas de retirada hacia las casas y llena sus coches, con seis viajeros.

Camiones y tanquetas militares comienzan a entrar en la ciudad. Es inevitable el recuerdo de Missing y la secuencia del caballo blanco desbocado. A las cinco de la tarde, en la capital de Chile no se puede tomar un café ni comprar un periódico. Quienes cumplen horarios vespertinos se aprestan a encerrarse en sus trabajos; se altera el horario de los trenes que salen o llegan a Santiago. En los poblados periféricos (La Legua tuvo que ser bombardeado por la avia ción el 11 de septiembre de 1973: sus habitantes estaban colgando de las farolas a los carabineros rebeldes), los obreros parados están en las calzadas, expectantes. No pasa nada, pero por la noche se enfrentarán a las tropas.

El centro, sin civiles

A las siete de la tarde, el centro de Santiago está desierto de civiles. Unos pocos coches particulares cruzan las calles a toda velocidad; helicópteros militares sobrevuelan la desolación de la capital. Los alrededores de la Moneda están fuertemente protegidos por carabineros con casco y metralleta. La Moneda, palacio colonial hermosísimo, tiene en su centro un patio con naranjos que hasta el golpe de 1973 los chilenos cruzaban libremente para no tener que bordear el edificio. Llega el toque de queda y los últimos desprevenidos se refugian en las antesalas de los hoteles. Raúl Matas, que presentara en Televisión Española Discomanía, recuerda, desde la televisión estatal, que uno de los principios del derecho occidental reside en la ilegitimidad de la rebe lión contra el poder legalmente constituido, y enfatiza el rechazo de Chile a la protesta diplomática española por la detención de Gabriel Valdés y sus correligionarios.

Estamos en 1983. Hace 10 años que el general Pinochet gobierna en este país. En este tiempo no se ha atrevido a levantar el estado de emergencia.

Por el contrario, se incomunica en la cárcel a Gabriel Valdés y el Gobierno sigue emitiendo monó tonos comunicados sobre el peligro de la subversión comunista intemacional. Los chilenos, aburridos y encerrados en sus casas rompieron el martes sus cacerolas en la que puede haber sido la noche más solitaria y meditativa del general Pinochet.

13/7/83

Pinochet decreta, a la desesperada, el toque de queda para hacer frente a la nueva jornada de protesta de los chilenos (13-7-1983)

Hacia las 10 de la mañana, hora de Santiago, el Gobierno del general Augusto Pinochet anunció por radiotelevisión el toque de queda en la región metropolitana y en la provincia de Concepción para el día de ayer, desde las ocho de la tarde hasta las 12 de la noche. Nadie, por consiguiente, puede circular por las calles entre esas horas. Permanece inalterable el toque de queda para vehículos entre las dos y las cinco de la madrugada. No debe olvidarse, además, que rige en el país el estado de emergencia, que se renueva cada seis meses, y que restringe los derechos y libertades individuales de reunión, asociación y expresión, que la censura informativa es total y que el artículo 24 de la Constitución permite la detención o destierro indefinido y arbitrario de las personas.

No era bastante: ayer, y por cuatro horas, los chilenos tuvieron que correr a refugiarse a sus casas mientras las calles de Santiago eran patrulladas por las tropas. Y todo ello, 10 años después del golpe de Estado contra el Gobierno democrático de Unidad Popular. Esta desmedida y prepotente reacción del Gobierno ante una tercera jornada de protesta pacífica evidencia, más que las manifestaciones mismas, el profundo estado de anormalidad en el que se desarrolla la vida pública chilena bajo el régimen pinochetista. Un atronador cacerolazo desde las ventanas por parte de los santiagueños encerrados por decreto se esperaba a la hora de cerrar esta edición.Nuevamente el centro de Santiago y las poblaciones del extrarradio fueron ayer una concentración de autobuses de carabineros, de parejas de policías con perros, y de soldados en un despliegue intimidatorio excepcional. El general Mendoza, director de carabineros, ya declaró el lunes que "el que sea sorprendido, que se atenga a las consecuencias", que los organizadores de la protesta "son los mismos de siempre", que "hay algunos a quienes les interesa la vuelta al pasado" y que esperaba que "todas las medidas policiales tomadas no fuesen necesarias".

También el lunes, en el palacio de la Moneda se reunieron durante cuatro horas los ministros del Interior, Relaciones Exteriores Defensa, Hacienda, Justicia, Trabajo, secretario general del Gobierno y secretario general de la Presidencia, junto con el jefe de la guarnición militar de Santiago y de la zona en estado de emergencia y el director de la Central Nacional de Informaciones (policía política). Conforman una especie de comité de crisis del general Pinochet y dedicaron su tiempo a garantizar hoy el mantenimiento del orden público a toda costa. Al tiempo, Pinochet se reunía con el mismo fin con el vicecomandante en jefe del Ejército y con el jefe del Alto Estado Mayor. Nunca una protesta popular, que además se convocaba pacífica y que en sus ediciones anteriores no alcanzó a formar grandes manifestaciones por las calles (todo son saltos intermitentes, barricadas esporádicas, sonar de cocinas o de cacerolas desde las ventanas) habrá merecido tanto despliegue y tanta preocupación. Según fuentes solventes, en las anteriores reuniones se puso sobre la mesa el informe correspondiente al estado de sitio.

Cláxones y cacerolas

A las 12 de la mañana de ayer, hora de Santiago, seis de la tarde en Madrid, podía advertirse una disminución sensible en el tráfico de peatones por el centro de paseo de la ciudad, y ya había noticias de una masiva deserción escolar. Sin embargo, a esta hora la normalidad era completa fuera de la alarma generalizada por el brusco anuncio del toque de queda y de las anécdotas de breves y primerizos conciertos de claxon mientras los automovilistas se sonríen tímida y cómplicemente y alguna cacerola batida prematuramente en una ventana. En las facultades universitarias de la capital ya habían comenzado los encierros y las manifestaciones dentro de los campus.

Miguel Alex Schweitzer, ministro de Relaciones Exterior y sobre cuya dimisión se especula blandamente ante el bochorno internacional de la detención de Gabriel Valdés y sus correligionarios, tuvo que recibir a los embajadores y encargados de negocios de la Comunidad Económica Europea, quienes, en grupo, acudieron a la cancillería a expresar la preocupación de sus Gobiernos por el apresamiento de los dirigentes de la Democracia Cristiana chilena. No pudo contestarles otra cosa que se trataba de un asunto meramente judicial, en el que el Gobierno no decidía. Es obvio en Santiago que el Gobierno podía haber detenido a Gabriel Valdés, José Lavandero y José de Gregorio mediante la aplicación administrativa del artículo 24 de la Constitución pinochetista; ha optado, después de las quejas estadounidenses, por la detención de Rodolfo Seguel, por forzar la orden de prisión a través de un juez duro y complaciente. Tan es así que la querella de Interior por los 700.000 panfletos de la Democracia Cristiana se retrasó hasta que estuviera de guardia el juez adecuado.

Al manifiesto de 380 personalidades chilenas en favor de la libertad de los detenidos se suman ya otras 1.200 firmas encabezadas por la viuda del ex presidente Eduardo Frei. Aunque con prudencia y encomiable moderación, no hay nadie relevante en Chile, y podría decirse que hasta nadie decente, que ponga su firma al pie de un papel que apoye a este régimen, sino todo lo contrario. La reacción de Pinochet, de consecuencias imprevisibles a la hora de redactar esta crónica, es, como poco, la del hombre que ha perdido todo contacto con la realidad: toque de queda a las 8 de la noche en un Santiago muerto de frío, de rabia y de temor.

12/7/83

Goyo Álvarez, el Napoleón de una república novillera (12-7-1983)

Montevideo, azotada por los vientos, encerrada en sí misma, apagada, estuvo tres días en la calle saludando al rey Juan Carlos que Negaba desde la democracia. Así, el pasado 1º de mayo y la visita de don Juan Carlos después, pueden haber convencido a la oposición uruguaya de que el pueblo quiere ser convocado para terminar de salir de esta miseria. Miseria policiaca que llega hasta la saciedad. Un enviado especial de EL PAIS visitó recientemente Uruguay.

Las conversaciones de los lunes entre el Ejército uruguayo y los representantes de los partidos Blanco, Colorado y Unión Cívica, se celebraban en un salón del Parquehotel de Montevideo. Algo se había ganado y los líderes políticos recuerdan cómo hace unos meses tenían que esperar horas, en la calle, ante los portones de los cuarteles, para ser recibidos en audiencia militar. Éste era un diálogo que les repugnaba y para el que no estaban preparados. Asesores estadounidenses les habían convencido de que ganarían el referéndum constitucional de 1980 y encontraron en él sus Malvinas políticas. Aun así estimaron que al menos ganarían las elecciones internas de los partidos autorizados y se encontraron conque la extrema derecha de blancos y colorados quedaba barrida de las urnas."Tienen reflejos lentos", estima un dirigente de la proscrita Democracia, Cristiana. "Tardaron ocho meses en darse cuenta de que tenían que negociar y llegaron al diálogo sin entusiasmo y sin haber soltado lastre. Podían haber conseguido pactar con los partidos su impunidad, que es lo que más les interesa; razonables garantías para impedir que el terrorismo rebrote, e incluso la proscripción de los comunistas en una primera etapa. Pero no, lo que quieren es entrar en las casas por la noche".

En efecto, uno de los más caros empeños de los militares en los diálogos del Parquehotel consistía en la reforma de la Constitución para limitar la inviolabilidad del domicilio, al menos en las noches. Con el argumento de que la subversión utiliza con nocturnidad los pisos particulares para sus demoniacas tenidas, quieren que el Ejército y la policía pueda allanar las casas sin mandamiento judicial en cuanto se ponga el sol. Y que esa facultad quede reflejada en la futura Constitución.

Romper la baraja

Es perfectamente comprensible el radicalismo de Wilson Ferreira, líder exiliado indiscutible de los blancos, que busca desde Londres romper la baraja de este diálogo imposible. "Pero Ferreira", afirman los colorados, "puede acabar como Haya de la Torre, que ganaba todas las elecciones y no gobernó nunca porque los militares peruanos cuando juraban la Constitución añadían por lo bajinis: 'Y odio eterno a Haya". Finalmente blancos, colorados y cívicos han abandonado la charada del Parquehotel y han emprendido la senda chilena de las movilizaciones periódicas y pacíficas.

La oposición uruguaya llama la atención por su cordura política. Son partidos viejos, que datan -los dos hegemónicos- de la independencia, divididos en múltiples fracciones que coexisten amigablemente entre sí, con liderazgos definidos como los de Sanguinetti entre los colorados y Ferreira entre los blancos. Los partidos tolerados informan regularmente a los proscritos de sus negociaciones con los militares. La civilidad de estos "suizos de América" se refleja también en sus políticos. La cerrazón de los uniformados que detentan el poder puede llevar, sin embargo, al Uruguay a ser el último país del Cono Sur en recuperar sus libertades, pero una vez alcanzadas es la nación que tendrá un futuro democrático más estable y menos convulso. Su presupuesto nacional es el de una multinacional media y podrán repararse con menor coste social los desastres de una economía con gorra de plato. Pero la checoslovaquización del país aún permite a los militares seguir mandando en la tierra que hizo feliz a Garibaldi.

La embajada estadounidense en Montevideo no ha movido un dedo por la oposición uruguaya. Y tras la guerra de las Malvinas gran parte del personal diplomático de la representación de Buenos Aires ha sido trasladada a esta orilla del Plata. Ante la demolición controlada de las dictaduras castrenses en el Cono Sur, EE UU podría -así se estima en Montevideo- reservarse Uruguay como un último reducto de observación en un país pequeño y controlable y de gran importancia estratégica. Paraguay, sencillamente, no existe; gracias al presidente Stroessner, Asunción no pasa de ser la capital de una ensoñación geográfica.

La pinza democrática en la que Uruguay se encuentra, entre Brasil y Argentina, influye escasamente en este país, siempre un poco a trasmano del mundo. Como me admite un diplomático, "éste es un destino apasionante, que no interesa a nadie". La opinión pública internacional puede molestarse en poner sus ojos sobre los sucesos de Santiago o Buenos Aires, pero es indiferente hacia el sufrimiento escondido, callado, sin bombas ni tiros, de los montevideanos.

Y eso lo sabe el teniente general Gregorio Goyo Álvarez, presidente de la Junta Militar, que se tiene por peruanista, que sólo ha viajado al exterior para abrazar a Pinochet y que pretende perpetuarse en el poder. Hace tres meses utilizó una gira interior para lanzar una proclama en la que venía a proponer su propio partido político. Sus conmilitones le desautorizaron; los políticos se llevaron las manos a la cabeza: "Ya se ve como un Napoleón de una república novillera". PeroGoyo ha hecho todo lo posible por enarenar el diálogo político militar: suspensión de publicaciones, detenciones arbitrarias, provocaciones constantes.

Dentro del Ejército sólo el general Rapallo, que manda la primera, división del país y preside los debates del Parquehotel, cree en la necesidad de restaurar la democracia; en febrero pasa a la reserva. Sin proyecto político alguno, apoyándose en su ambición, en el hecho de que Uruguay es una gigantesca comisaría y en el desinterés internacional y el carácter pacífico de su pueblo, el presidente Goyo Álvarez rumia su permanencia en el poder más allá de 1985.

Un motivo de inspiración

Bajo un gobierno que llegó a encarcelar a Juan Carlos Onetti porque no le gustó el cuento premiado por un jurado del que aquél formaba parte, los uruguayos pueden haber encontrado en la reciente visita del Rey de España un motivo de esperanza. "Sólo el Papa", te aseguran, "podría haber hecho aquí lo que hizo el Rey: Convidar a cenar bajo el mismo techo a Goyo y a los políticos proscritos".

El canciller uruguayo justificó el secuestro de la revista Democracia por una foto en la que el Rey saludaba a Wilson Ferreira, aduciendo que éste era un delincuente común. Fernando Morán tuvo que advertirle, cortante, que el Rey no estrechaba la mano de delincuentes. Los tupamaros españoles sobre los que nuestra diplomacia negoció con esperanzas siguen pudriéndose en las prisiones más abyectas del Cono Sur. Tras una visita del Rey hasta la Junta Militar argentina, antes de las Malvinas, liberó presos e incluso aparecieron desaparecidos. Los militares de Montevideo no están dispuestos ni a pagar esta moneda de elegancia, pese a los esfuerzos hercúleos e impagables de nuestra embajada en Uruguay. Lo dicho: Checoslovaquia y que el Ejército pueda entrar de noche en las casas. Así están las cosas.