31/5/85

El Gobierno argentino actúa por primera vez contra las bandas de extrema derecha (31-5-1985)

El ministro del Interior argentino, Antonio Troccoli, compareció ayer a puerta cerrada ante la Cámara de Diputados para informar sobre los pasos dados por el Gobierno en pos de la desarticulación de las bandas desestabilizadoras de extrema derecha. El subsecretario del departamento facilitó el miércoles detalles a la Prensa sobre la detención de una de estas cuadrillas, relacionada con recientes secuestros de industriales y colocación de bombas en locales públicos.

La importancia de estas detenciones y de los allanamientos, en los que se han descubierto importantes arsenales de armas de guerra, reside en que por primera vez, no ya en los últimos años, sino acaso en la historia argentina, un Gobierno actúa policialmente contra el ultranacionalismo terrorista ligado a servicios parapoliciales y paramilitares.El Gobierno radical, en efecto, ha comenzado a actuar con energía contra los terroristas de extrema derecha -los únicos existentes- utilizando a la policía federal, pero es consciente de que toda la trama de los servicios paralelos de las tres armas -principalmente el Ejército y la Armada- permanece intacta, latente, y sólo podrá ser desmontada desde dentro si a ello colabora la actual cúpula militar, dirigida por el teniente general Héctor Ríos Ereñu, jefe del Estado Mayor conjunto.

El terrorismo de izquierda fue aniquilado físicamente y la propia juventud argentina ha entrado en un letargo próximo al pasotismo de sus compañeros generacionales españoles. El horror y la destrucción anexos a los proyectos revolucionarios de los montoneros o del Ejército Revolucionario del Pueblo han dado paso entre los jóvenes a la explosión del rock, el desentendimiento político y el comienzo de la cultura de la droga. Incluso los montoneros, en anuncios publicados en la Prensa y firmados por sus dirigentes, Mario Eduardo Firmenich y Fernando Vaca Narvaja -el primero, preso en Buenos Aires y sometido a proceso-, admitieron el error histórico de su sublevación civil y se plegaron explícitamente a las reglas de la democracia política.

No hay otro terrorismo en el país que el de los viejos servicios de información militar, que están desarrollando una inteligente operación de secuestros, extorsiones, colocación de bombas, en una progresión que conduciría hasta el atentado contra alguna figura militar, único medio de invertir los términos -fuertemente degradantes para el conjunto de las fuerzas armadas- en que se está desarrollando el juicio contra las tres primeras juntas castrenses.

Precisamente, el juicio contra las cúpulas militares responsables del genocidio argentino continúa su acumulación de espantos y vesanias en un crecimiento progresivo contra el que nada pueden hacer las.defensas ni los segmentos de opinión proclives a exculpar la metodología de aquella guerra sucia. En una de las dos últimas sesiones de la vista oral se herprobado un secreto a voces: el arrojamiento de Cadáveres al río de la Plata por parte del Ejército. Ya anteriormente quedó probado que cuando el general Suárez-Mason (prófugo), ex comandante del Primer Cuerpo de Ejército, recriminó al comisario de El Tigre (delta del Paraná) por no haberle informado de la aparición de un cuerpo en el río, éste le replicó: "Pero, mi general, ¡si han arrojado ustedes 8.000 cadáveres a las aguas!".

El testimonio de Iris Etelvina Pereyra de Avellaneda, madre de Floreal Avellaneda, un muchacho de 14 años desaparecido en 1976, fue estremecedor. El 15 de abril de 1976, personas disfrazadas con barbas y pelucas postizas derribaron la puerta de la casa de la familia Avellaneda a la 1.30. Buscaban al padre de familia, militante del Partido Comunista Argentino.

El padre, salta de la cama y escapa por una ventana hacia los tejados vecinos y la calle. El grupo armado detiene a punta de pistola a Iris y a su hijo, Floreal: "Nos encañonaron y nos pegaron trompadas y patadas. Nos sacaron a mi hijo y a mí a patadas y nos encapucharon a los dos. Fue la última vez que lo vi". En la comisaría de Villa Martelli, primer lugar de su cautiverio, la madre es torturada. "Tirada en una cama, me echaron agua y me aplicaron la picana en la boca, en los pechos, en los órganos genitales. Fue tremendo, tremendo. Me preguntaban dónde estaba mi marido y acerca de un pergamino que me habían regalado compañeros del partido comunista. Podía escuchar los gemidos de mi hijo: 'Mami, mami, decí, por favor, que papi se escapó".

La madre fue trasladada al penal de Olmos y en el trayecto sufrió un simulacro de fusilamiento. El que mandaba el ficticio piquete de ejecución la ofreció el cumplimiento de tres últimos deseos.

"Pedí saber dónde estaba mi hijo y me contestó: 'por tu hijo no te preocupes, ya lo reventamos. Con los comunistas no se puede'. Entonces dije: tierra trágame", declaró Iris, que fue localizada el 13 de julio de 1978, tras más de dos años de desaparición en un chupadero militar.

Un mes después del secuestro apareció en la costa uruguaya del río de la Plata el cadáver del hijo (14 años), con el esfínter anal roto por sodomización y los intestinos desgarrados por empalamiento.

29/5/85

Raúl Alfonsín, se resiste a desatar ahora una crisis de Gobierno (29-5-1985)

Roque Carranza, un ingeniero de 65 años, soltero, actual ministro de Obras y Servicios Públicos, jurará hoy como nuevo ministro de Defensa argentino en sustitución del fallecido Raúl Borrás. Interinamente, Carranza conservará su primera cartera, de lo que se desprende que Raúl Alfonsín, se resiste seriamente a abrir la crisis de su desgastado Gobierno.

La muerte de Borrás, corroído en seis meses por un fulminante cáncer del pulmón, parece, inscribirse en esa especie de macumba que los autócratas habían realizado sobre algunas democracias del Cono Sur y que tiene su mejor exponente en la muerte de Tancredo Neves en Brasil. En Argentina y en apenas dos años, el presidente Raúl Alfonsín ha perdido, tras súbitas enfermedades mortales, al físico atómico Jorge Sábato -hermano del galardonado escritor y una excelente cabeza del radicalismo-, al senador, Rubén Rabanál -el más brillante teórico económico del partido- y ahora a Raúl Borrás, su más estrecho colaborador y hombre firme y flexible que había sabido ganarse el respeto de la casta militar.Raúl Borrás en Defensa, junto con Dante Caputo en Relaciones Exteriores y Culto, han sido los dos únicos hombres del Gabinete que ofrecen saldos positivos en la gestión de sus respectivos ministerios. Con dos cambios en la titularidad del Ministerio de Trabajo -una máquina de picar ministros ante los embates de la Confederación General del Trabajo (CGT)- y uno en Economía, Alfonsín podía haber aprovechado la desgracia de la pérdida de Raúl Borrás para reordenar su Gobierno en profundidad. No ha sido así, por más que estén al cabo de la calle las especulaciones sobre las dimisiones del actual ministro de Trabajo o del de Educación y Justicia.

Muerto Borrás, se especuló con su sustitución por hombres de primera fila, como Cuglies presidente del Congreso, o Antonio Troccoli, ministro del Interior, únicos capaces de afrontar el juicio a las tres primeras Juntas Militares soportando la presión de los uniformados. El juicio se encuentra en el borde de su fase más álgida con el llamamiento al estrado de los testigos de jefes y oficiales en actividad, quehabrán de testificar sobre el comportamiento de las tres armas en la guerra sucia. Hasta ahora sólo han depuesto jefes y oficiales en retiro, y sobre la actividad de la policía federal militarizada. A este respecto, ha trascendido la visita de una delegación de coroneles al teniente general Ríos Ereñú,jefe del Estado Mayor Conjunto, oponiéndose a la citación en el juicio de oficiales en activo.

Sin embargo, el presidente Alfonsín ha optado por no abrir la crisis de Gobierno y continuar moviéndose en el círculo cerrado de sus íntimos amigos personales y partidarios. "Su exagerado sentido de la amistad", dicen sus propios allegados, "es el peor defecto de Alfonsín". Así los mejores títulos de Roque Carranza para ocupar la cartera de Defensa son los de íntimo amigo de Alfonsín y del propio Raúl Borrás. Carranza, además, cumplió entre 1953 y 1955 dos años de penitenciaría acusado de haber colocado una bomba en la plaza de Mayo que generó una matanza. Carranza militaba en los comandos civiles que se oponían violentamente a Perón, pero siempre negó su autoría en aquel atentado terrorista.

Probablemente Alfonsín no quiera cambiar de caballos en la mitad del río -por el juicio- y Roque Carranza sea una solución provisional hasta la terminación del proceso, hacia octubre, en el que se produciría un cambio de Gobierno. Más que en su gestión al frente de las fuerzas armadas se confía en la del teniente general Héctor Ríos Erenú, uno de los últimos nombramientos de Borrás.

De Ríos Ereñú espera el Gobierno que acceda finalmente a desmontar el aparato de los servicios paramilitares utilizados durante la guerra sucia contra la subversión y ahora en plena campaña desestabilizadora.

Los testimonios de torturas cometidas a inválidos en el juicio contra los militares argentinos (29-5-1985)

En una de las más breves jornadas de la vista oral del juicio contra las Juntas Militares, el pasado lunes se recabaron testimonios sobre el secuestro de obreros en la Mercedes-Benz argentina y sobre la desaparición y tortura de ciudadanos inválidos.En agosto de 1977, fuerzas vestidas de civil secuestraron de sus domicilios en el Gran Buenos Aires a cinco operarios de la Mercedes-Benz, que hoy continúan desaparecidos. Días después, otro grupo de tareas se personó en la factoría reclamando por el obrero Héctor Ratto. La dirección de la fábrica, temiendo altercados en la planta, denegó el acceso a los secuestradores por no exhibir credenciales policiales fiables. Inmediatamente llegaron tres camiones militares con 36 soldados uniformados al mando de un teniente primero que procedieron al arrpsto de Ratto, según relató éste.

Tras permanecer varios días en una comisaría capitalina, fue puesto formalmente en libertad sin cargos. En el mismo patio de la comisaría fue encapuchado por desconocidos y arrojado al piso de un automóvil conducido por uno de los civiles que habían intentado secuestrarle en su puesto de trabajo. Fue ingresado en un centro clandestino de detención que identificó como Campo de Mayo, acantonamiento del I Cuerpo de Ejército argentino. Permaneció desaparecido por más de dos años, y en su chupadero vio a sus cinco compañeros secuestrados. Él mismo recibió tortura por medios eléctricos, y el 31 de agosto de 1977, fue incluido en una lista de 30 personas que debían ser trasladadas en un camión con destina incierto. En el último momento, un oficial le tomó del brazo: "Vos te quedás".

Testificaron igualmente su calvario los padres y abuelos del matrimonio chileno formado por José Poblete Roa -a quien le faltaban sus dos piernas- y su mujer, Gertrudis Hlaszick, también minusválida, y su hija de ocho meses, Claudia Victoria, desaparecidos los tres desde noviembre de 1978 y posteriormente vistos con vida por otros presos en los campos clandestinos Blanco y Olimpo. Este matrimonio, junto con otras parejas de invidentes, mutilados, paralíticos, todos simpatizantes de la izquierda peronista, pero con esc asas facultades para la acción, fueron secuestrados, torturados y desaparecidos, según testimonio de otros detenidos que regresaron con vida. El de los inválidos.ha sido un paquete de testigos eficacísimo en la estrategia del fiscal.

26/5/85

Fallece el ministro de Defensa argentino (26-5-1985)

Raúl Borrás, ministro de Defensa argentino, falleció ayer, a los 52 años, en un hospital de Buenos Aires, víctima de un fulminante cáncer de pulmón detectado hace seis meses. Borrás fue el arquitecto de las alianzas internas que llevaron a Raúl Alfonsín y a su fracción renovación y cambio a la jefatura de la Unión Cívica Radical y a la candidatura presidencial en las elecciones democráticas de 1983. Era la mano derecha de Alfonsín, y en calidad de tal ocupó la cartera de Defensa para manejar el problema más espinoso de la transición argentina: el control de las Fuerzas Armadas, su democratización y el enjuiciamiento de sus excesos durante la dictadura. En dos años redujo en un 30% los presupuestos militares, pasó a retiro a decenas de generales, almirantes y brigadieres del Aire, suprimió los cargos de comandante en jefe de cada arma, disolvió un cuerpo de Ejército, redujo la permanencia en filas y cesó a dos cúpulas militares por insubordinación o incompetencia

25/5/85

Los sindicatos argentinos desean capitalizar la oposición ante la debilidad peronista (25-5-1985)

Más de 100.000 personas -un número superior a los concentrados en la plaza de Mayo el pasado 26 de abril en defensa de la democracia- se reunieron el jueves frente a la Casa Rosada en protesta por la política económica del Gobierno, en un acto que indica que la Confederación General del Trabajo se apresta a capitalizar la oposición, ante la debilidad del peronismo. La huelga general de 13 horas sólo fue seguida en un 50% en todo el país.

El mes de movilizaciones ordenadas por la Confederación General del Trabajo (CGT) culminó en la plaza de Mayo con un acto completamente político y sin la menor connotación gremial. Fue una concentración peronista, fuertemente apoyada por la izquierda extraparlamentaria, y que denota que la CGT se apresta a asumir el papel de oposición al Gobierno ante la debilidad y fragmentación del peronismo político.La tribuna de oradores levantada de espaldas a la casa del Gobierno fue ocupada sólo por dos de los cosecretarios generales de la CGT: Osvaldo Borda y Saúl Ubaldini. Los otros dos cosecretarios, Baldasini y Triaca, quienes en su testimonio en el juicio de Buenos Aires contra las tres primeras juntas militares aseguraron desconocer la desaparición de gremialistas durante la dictadura y afirmaron haber recibido un trato excelente durante su detención por los militares, no comparecieron en la plaza. Hubiera resultado grotesco verles guardar el minuto de silencio por los sindicalistas desaparecidos con que se dio comienzo al acto cegetista.

El líder cervecero Saúl Ubaldini, el principal orador, no desentonó del carácter político dado a la campaña de propaganda previa a la concentración. El centro de Buenos Aires fue tapizado con carteles en los que se ve a un niño desnudo y famélico con la leyenda de que éste será el precio que Argentina pagará por satisfacer la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la banca extranjera. La foto del niño hambriento corresponde a un reportaje sobre la desnutrición infantil en Tucumán durante el Gobierno de la última Junta Militar. El Gobierno radical consideró doblemente insultante y falso el cartel por cuanto ha desarrollado un plan alimentario nacional para erradicar el hambre infantil en el país de los alimentos.

Ubaldini exigió que la deuda externa se debata en el Congreso de la nación y arremetió contra el FMI y los "usureros internacionales". No dio tregua al Gobierno e insistió en su denostada formulación verbal: "Si no cambian de política económica, que se vayan".

"En Argentina", dijo, "no va a haber otro golpe de Estado, pero no porque no lo quiera el Gobierno, sino porque lo impediríamos los trabajadores". Contra el presidente Alfonsín fue directo y sarcástico, remedando sus frases: "Con promesas no se cura, con promesas no se educa, con promesas no se come...".

Hasta seis veces se interrumpió su discurso con la marcha peronista -"¡Perón, Perón, qué grande sos; mi general, cuanto valés!"- antes de ordenar a la multitud que se dispersara en paz renunciando a la manifestación hasta el Congreso de la República. El desbordamiento de la plaza de Mayo contrastó con un seguimiento parcial -un 50% de inasistencia al trabajo- de la huelga general de 13 horas. La tranquilidad ciudadana fue absoluta, y los 23 detenidos de la jornada lo fueron en su calidad de carteristas.

La opinión más extendida entre los analistas políticos argentinos es que con el acto del jueves el hundimiento gradual del peronismo ha tocado fondo, salvado por la Confederación General del Trabajo; que Saúl Ubaldini emerge ya como líder público indiscutible de la CGT -sin brillo público, manda en la sombra Lorenzo Miguel, jefe de los sindicatos peronistas-, y que lo peor que le podía ocurrir no ya a Raúl Alfonsín, sino al país, es que los sindicatos levanten la bandera de la oposición al Gobierno, abandonada por el peronismo político y parlamentario.

El Gobierno trata de restar importancia a la concentración cegetista poniendo énfasis en el relativo fracaso de la huelga general, pero altos funcionarios gubernamentales no ocultan su preocupación porque el bipartidismo radical-peronista degenere en un choque radicalismo-sindicalismo.

La CGT ordenó que no se perturbara el juicio de los militares (25-5-1985)

La 21ª jornada de la vista oral del juicio de Buenos Aires se celebró normalmente, pese a la huelga general. Las seccionales judiciales de la Confederación General del Trabajo (CGT) ordenaron expresamente que el proceso no fuera interrumpido por la huelga, y de hecho, la del jueves fue la más larga sesión celebrada hasta ahora.

Ante la Cámara Federal de Apelaciones comparecieron testigos anónimos, profesionales, amas de casa, obreros, estudiantes,desaparecidos en los chupaderos Club Atlético, El Banco, Olimpo, Malvinas o Escuela de Mecánica de la Armada. Varios de ellos testificaron que habían comprobado personalmente la presencia del entonces coronel Camps y del general (prófugo) Suárez-Mason, así como de otros jefes del Ejército y la Marina en los pozos de detención ilegal y en las mismas sesiones de tortura.

Mientras las defensas parecen desmoronadas y ya apenas -sabiamente- formulan preguntas a los testigos, el fiscal Julio César Strassera continúa acumulando testimonios sobre la responsabilidad en el genocidio de altos jefes operativos de las fuerzas armadas, lo que anula la tesis -en cualquier caso atrabiliaría- de que los triunviros desconocían las acciones ilegales cometidas por debajo de su escalón de mando.

El patetismo en la jornada del jueves residió en la confirmación de que numerosos desaparecidos dados la vuelta fueron obligados a colaborar en la Administración e Intendencia de los chupaderos y en la aplicación de tormentos a otros detenidos: una reedición criolla de la figura delkapo de los campos de concentración hitlerianos.

El ingeniero Mario César Villani inicialmente se negó a colaborar, pero terminó accediendo al comprobar que la picana averiada provocaba mayores laceraciones y sufrimientos a los atormentados que bajo su funcionamiento normal.

El ingeniero Villani vio en sus sucesivos lugares de secuestro, y conversó con ellos, al coronel Camps y a los generales Suárez-Mason y Ricchieri y a los capitanes de navío Allara, Supisiche y D'Imperio. Suárez-Mason, conociendo su preparación técnica, llegó a consultarle sobre la forma de interferir emisiones televisadas con fines de propaganda.

Villani relató cómo en 1979, durante la visita realizada a Argentina por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, todos los desaparecidos en la Escuela de Mecánica de la Armada fueron trasladados a la isla de El Tigre, en el delta del Paraná.

Otros desaparecidos narraron cómo en cada chupadero funcionaba un Consejo, integrado por cautivos de confianza, encargado de tareas de administración, falsificación de documentos, sanidad y camuflaje de vehículos rodados.

Los sindicatos argentinos desean capitalizar la oposición ante la debilidad peronista (25-5-1985)

Más de 100.000 personas -un número superior a los concentrados en la plaza de Mayo el pasado 26 de abril en defensa de la democracia- se reunieron el jueves frente a la Casa Rosada en protesta por la política económica del Gobierno, en un acto que indica que la Confederación General del Trabajo se apresta a capitalizar la oposición, ante la debilidad del peronismo. La huelga general de 13 horas sólo fue seguida en un 50% en todo el país.

El mes de movilizaciones ordenadas por la Confederación General del Trabajo (CGT) culminó en la plaza de Mayo con un acto completamente político y sin la menor connotación gremial. Fue una concentración peronista, fuertemente apoyada por la izquierda extraparlamentaria, y que denota que la CGT se apresta a asumir el papel de oposición al Gobierno ante la debilidad y fragmentación del peronismo político.La tribuna de oradores levantada de espaldas a la casa del Gobierno fue ocupada sólo por dos de los cosecretarios generales de la CGT: Osvaldo Borda y Saúl Ubaldini. Los otros dos cosecretarios, Baldasini y Triaca, quienes en su testimonio en el juicio de Buenos Aires contra las tres primeras juntas militares aseguraron desconocer la desaparición de gremialistas durante la dictadura y afirmaron haber recibido un trato excelente durante su detención por los militares, no comparecieron en la plaza. Hubiera resultado grotesco verles guardar el minuto de silencio por los sindicalistas desaparecidos con que se dio comienzo al acto cegetista.

El líder cervecero Saúl Ubaldini, el principal orador, no desentonó del carácter político dado a la campaña de propaganda previa a la concentración. El centro de Buenos Aires fue tapizado con carteles en los que se ve a un niño desnudo y famélico con la leyenda de que éste será el precio que Argentina pagará por satisfacer la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la banca extranjera. La foto del niño hambriento corresponde a un reportaje sobre la desnutrición infantil en Tucumán durante el Gobierno de la última Junta Militar. El Gobierno radical consideró doblemente insultante y falso el cartel por cuanto ha desarrollado un plan alimentario nacional para erradicar el hambre infantil en el país de los alimentos.

Ubaldini exigió que la deuda externa se debata en el Congreso de la nación y arremetió contra el FMI y los "usureros internacionales". No dio tregua al Gobierno e insistió en su denostada formulación verbal: "Si no cambian de política económica, que se vayan".

"En Argentina", dijo, "no va a haber otro golpe de Estado, pero no porque no lo quiera el Gobierno, sino porque lo impediríamos los trabajadores". Contra el presidente Alfonsín fue directo y sarcástico, remedando sus frases: "Con promesas no se cura, con promesas no se educa, con promesas no se come...".

Hasta seis veces se interrumpió su discurso con la marcha peronista -"¡Perón, Perón, qué grande sos; mi general, cuanto valés!"- antes de ordenar a la multitud que se dispersara en paz renunciando a la manifestación hasta el Congreso de la República. El desbordamiento de la plaza de Mayo contrastó con un seguimiento parcial -un 50% de inasistencia al trabajo- de la huelga general de 13 horas. La tranquilidad ciudadana fue absoluta, y los 23 detenidos de la jornada lo fueron en su calidad de carteristas.

La opinión más extendida entre los analistas políticos argentinos es que con el acto del jueves el hundimiento gradual del peronismo ha tocado fondo, salvado por la Confederación General del Trabajo; que Saúl Ubaldini emerge ya como líder público indiscutible de la CGT -sin brillo público, manda en la sombra Lorenzo Miguel, jefe de los sindicatos peronistas-, y que lo peor que le podía ocurrir no ya a Raúl Alfonsín, sino al país, es que los sindicatos levanten la bandera de la oposición al Gobierno, abandonada por el peronismo político y parlamentario.

El Gobierno trata de restar importancia a la concentración cegetista poniendo énfasis en el relativo fracaso de la huelga general, pero altos funcionarios gubernamentales no ocultan su preocupación porque el bipartidismo radical-peronista degenere en un choque radicalismo-sindicalismo.