14/7/85

El país que nunca existió (14-7-1985)

Los bolivianos acuden finalmente hoy a las urnas, después, de que una iniciativa del presidente Hernán Siles para aplazar los comicios fracasara por falta de quórum en el Congreso. Con un fondo económico y político absolutamente deprimido e insistentes rumores de golpe militar, los pronósticos de victoria se dirigen hacia el ex dictador Hugo Bánzer y al líder conservador Víctor Paz Estenssoro. Si ninguno de los candidatos obtiene la mayoría necesaria hoy en las urnas será el Congreso boliviano el que designe presidente el mes próximo.

En 1868 el presidente boliviano Ariano Melgarejo hizo pasear en burro por La Paz al ministro plenipotenciario de su majestad británica, que había rehusado la invitación a un sarao oficial. La reina Victoria requirió las cartas geográficas y buscó el emplazamiento de Bolivia. Aunque el país aún no había perdido a manos chilenas su litoral costero con el Pacífico, encontró una nación trepada como ninguna sobre la cordillera andina, con su capital emplazada en una trocha de la puna brava a 4.000 metros de altura, desparramada por el noroeste hacia las selvas amazónicas y hacia el suroeste por el terrorífico chaco -semidesiertos inclementes- que Bolivia comparte con Paraguay y Argentina.Ante las dificultades y el costo de una expedición de castigo para vengar una afrenta, a la postre menor, la reina Victoria mojó un dedo en el tintero y emborronó de negro la carta boliviana: "Bolivia no existe", sentenció a sus secretarios.

De alguna manera, el exabrupto victoriano encerraba una pizca de verdad. Bolivia: poco más de un millón de kilómetros cuadrados, seis millones de habitantes, 60% de quechuas y aymarás puros, 30% de cholos (mestizos) y 10% de blancos; una de las zonas habitadas más altas del mundo, principal productor mundial de cocaína, 40% de analfabetismo, expectiva de vida de 48 años, 73% de la población sin asistencia sanitaria de ninguna clase, ingentes reservas minerales y petrolíferas, y una media desde su independencia de un golpe de Estado cada nueve meses. Golpilandia.

Dentro de la consideración periférica de América del Sur, Bolivia se encuentra, junto a Paraguay, en la periferia de la periferia, y hasta su historia es una sarta de desdichas. Toda la desesperanza de Bolívar, al que debe su nombre, y la amargura de su testamento parece reflejarse en la nación. Junto con Perú perdió la guerra del Pacífico frente a Chile (1874-1879), siendo desposeída de su acceso al océano Pacífico y quedando encerrado contra los contrafuertes andinos. Tal es la nostalgia marítima boliviana que mantiene una Armada y una Marina Mercante surcando las aguas del lago Titicaca y los ríos navegables de la cuenca del Plata por los que encuentra salida hacia el Atlántico sur.

Entre 1932-1935 guerreó con Paraguay a cuenta de un petróleo que tampoco existió, perdiendo tres cuartas partes del Chaco, 50.000 hombres, la hacienda nacional y hasta la moral. Columnas enteras de tropas bolivianas que bajaban de los fríos del altiplano desaparecieron en la devastación calurosa del Chaco y, años más tarde de firmada la paz, fueron encontradas sus osamentas en formación. Y en un diferendo fronterizo con Brasil se vio obligada a entregar parte de su Matto Grosso a cambio de una mísera compensación económica.

Al igual que en Perú, la conquista española descabezó el incanato dejando intactas y sin apenas penetración linguística y social sus estructuras y las de las tribus tributarias, que aún, felizmente, se mantienen, pero originando un serie de choques de mentalidades con lo que se entiende por una república democrática, cristiana y occidental de la que Bolivia se reclama. Así, parte de la campaña radiada electoral ha de hacerse, hoy mismo, en quechua y aymará, con dudosas esperanzas de que sus recipiendarios entiendan cabalmente el mensaje de la democracia parlamentaria.

Contrastes

El país es rico para su nivel de población e inmensamente depredado por su oligarquía nacional y las compañías internacionales. Primer productor mundial de estaño, ha tenido, no obstante, la mala suerte de ver caer los precios del mineral hasta por debajo de su coste de extracción. Pero en las desolaciones de la puna andina la minería continúa siendo una orgía de metales: oro, plata, cobre tungsteno, bismuto, cinc, antimonio, etcétera. Abunda el petróleo hasta el punto de considerarse a Bolivia como una de las grandes reservas estratégicas de Occidente, y sobra el gas natural.

Sin embargo, el pasado año el país se declaró unilateralmente en suspensión de pagos, incapaz de afrontar una deuda externa de poco más de 3.000 millones de dólares; mantiene un salario de 12 dólares mensuales que puede considerarse como un buen sueldo y los mineros continúan extrayendo metales a cuatro o cinco mil metros de altitud, inhalando una delgadísima atmósfera apenas sin oxígeno, casi como bajo la soterrada esclavitud de la colonia.

La economía de la depredación, autóctona y extranjera, continúa como antaño. Ya en 1939, el coronel Busch, dictador de 34 años héroe del Chaco, promulgó desesperado el siguiente decreto: "Con céntrese en el Banco Central de Bolivia el 100% de divisas proveniente del total bruto de las exportaciones, cuya entrega en letras de primera clase será previa al trámite de la póliza de exportación". Tras intentar fusilar a uno de los exportadores infractores, y viendo fracasado su maximalismo económico, se pegó un tiro en la cabeza.

El déficit fiscal del país es sideral y el contrabando ha devenido en una intocable fuente de subsistencia popular. Los trenes y autobuses que convergen sobre La Paz desde las fronteras arriban atiborrados de mercaderías, y en las principales arterias paceñas, mujeres quechuas y aymarás, con sus ponchos, sus múltiples sayas, sus sombreros hongos y sus niños amarrados a la espalda, sus rostros inescrutables y su economía de movimientos y hasta de gestos para resolver la falta de oxígeno, ofrecen el contrabando a los transeúntes en las aceras.

Finalmente, las alturas crueles del altiplano boliviano exigen el cultivo de la coca. Es una tradición y una necesidad que no se puede erradicar. La hoja de coca masticada con cal, elaborada con la saliva, alivia el hambre y el cansancio, procura cierto bienestar y permite, en suma, sobrevivir a la falta de oxígeno. La coca masticada o en infusión es beneficiosa y constituye un elemento básico de la economía interna. Pero en las selvas del noroeste, en la cuenca del río Beni, la hoja de coca se cultiva para extraer cocaína y sus derivados.

La elaboración de cocaína produce a los narcotraficantes bolivianos tres veces más de ingresos que los del país por sus exportaciones, y el ejército, la policía, la Administración están penetradas por la corrupción consiguiente. El actual embajador estadounidense en La Paz mantiene firme una oferta de 100 millones de dólares a fondo perdido para acabar con el narcotráfico, pero a cambio de un plan gubernamental coherente que no termina de fraguarse. La mayoría de los partidos políticos coinciden en sus programas electorales en que el narcotráfico terminará en Bolivia cuando los países occidentales que sufren el azote de la cocaína compren los excedentes de las plantaciones de coca -lo que no consumen los bolivianos sin elaborar- al precio que ofertan los reyes de la droga.

El país afronta desde estas bases la elección legislativa y municipal de hoy. Bajo una ley inadecuada que obliga a los ciudadanos a elegir a diputados, senadores y alcaldes en una misma lista cerrada, con lo que el presidente electo acaba controlando hasta el último municipio. Es un proceso electoral, por lo demás, encomiable por cuanto se está desarrollando, dentro de sus dificultades, sin un incidente, sin un tiro, sin un muerto.

Tragicomedia política

En la reciente historia boliviana se han dado casos de presidentes, como el general Villarroel, sacados de su despacho por las turbay colgados de una farola frente a la casa del Gobierno. La presidenta Lidia Gueiler, antes de ser derrocada por el general García Meza en 1980, tuvo que resistir el ataque de su edecán, que borracho y a altas horas de la madrugada, pretendió violar su dormitorio para requerirla de amores. Y el actual presidente Siles Zuazo, a más de protagonizar una huelga de hambre para resitírse a las exigencias sindicales, fue secuestrado durante horas por un grupo de oficiales.

Todo es posible en Bolivia, país de gentes extremadamente corteses y educadas, muy dignas en su pobreza, hasta el extremo de que La Paz es una ciudad segurísima para el extranjero, que raramente será expoliado. Todo es posible porque las explosiones de violencia política hacen correr la sangre a borbotones, y porque las leyes y la propia Constitución tienen un valor harto relativo. Es anticonstitucional este adelanto de las elecciones, el propio Gobierno que acordó adelantarlas ha intentado postergarlas, la candidatura de Jaime Paz (por el MIR) es perfectamente impugnable, y todo es un embrollo jurídico en el que la letra de las leyes resulta negociable.

Bajo las crestas del Illimani, la montaña andina que preside La Paz, las expectativas son tan siniestras como las que signaron la elección de Salvador Allende como presidente de Chile, pero al revés. Un congreso abocado a designar -si como se prevé sólo alcanza la primera minoría- a un general autoritario y ex dictador como Hugo Bánzer para la presidencia de la República con el consenso de un sector selectivo del electorado, pero sin la menor conexión con las grandes masas.

La situación favorece a los candidatos derechistas frente a una izquierda atomizada (14-7-1985)

Habría que recurrir a Freud, socorrido por la tradición latinoamericana del caudillaje, para explicar en las elecciones bolivianas de hoy la búsqueda afanosa de un padre que ponga orden en el caos de la vida y el frenesí canceroso de las izquierdas por dividirse y multiplicarse hasta el infinito en una huída constante de cualquier norma rectora posibilista.Setenta y nueve agrupaciones políticas concurren a estos comícios, de las cuales 40 pertenecen a la izquierda clásica, y hubieran sido más de no haberse agrupado varios partidos ni más ni menos que en tres frentes populares. El fenómeno de la izquierda latinoamericana, envenenada pero certeramente retratada por Mario Vargas Llosa enHistoria de Maika, encuentra en Bolivia su más exacta expresión.

Como afirma Roberto Jordán Pando, el candidato presidencial derrotado de antemano del gubernamental Movimiento Nacional Revolucionario de Izquierda (MNRI), "Bolivia es un país izquierdista". Su oligarquía nacional, antaño representada por la rosca -la mafia, latrenza, el grupo de presión- encabezada por la familia Patiño (rey del estaño), sólo ha contemplado al país como un extenso yacimiento.

Un 60% de su población puramente quechua y aymará permanece en sus costumbres, en sus idiomas, en sus tradiciones cooperativistas y en su pobreza precolombina; lo que denominaríamos clase media es una caricatura de sus homólogas chilena, peruana, brasileña o argentina, sin llegar a hacer referencia de la clase media europea o estadounidense Es un país territorialmente expoliado por sus vecinos Chile -que le arrebató la costa en la guerra del Pacífico- y Paraguay -que le cercenó El Chaco en la guerra por el petróleo en 1932-1935-, y la mayoría de sus habitantes son lisa y llanamente pobres de solemnidad.

40 posibles candidatos

En este contexto el comunismo boliviano, que habría encontrado un excelente caldo de cultivo en las intactas estructuras del incanato, cayó mayoritariamente en e trotskismo.

La izquierda tradicional, así sometida a su propia metástasis ofrece 40 posibles candidatos a la presidencia de la República, en frentados a muerte entre sí, con lo que queda autoexcluida de cualquier posibilidad de gobernar Además no se andan por las ramas: el Partido Obrero Revolucionario, por ejemplo, no tiene re paro en clamar que edificará un ejército popular sobre las cenizas de las actuales fuerzas armada bolivianas.

Lo peor de la situación es que la enfermedad infantil del socialismo ha calado en la Central Obrera Boliviana, capitaneada por el legendario Juan Lechín -aristócrata, revolucionario, de 70 años, cinco matrimonios, el último con una señora de 30 años-, y en el Sindicato Único de los Campesinos.

La COB llegó a despachar al general Juan José Torres, derrocado por Bánzer y asesinado por la Triple A en Buenos Aires, como "pequeño burgués", negándose a colaborar con su Gobierno, y ha sumido en la miseria institucional a la última Administración de Hernán Siles Zuazo, que llegó a hacer una huelga de hambre en el palacio presidencial como protesta por la irracional presión sindical.

En definitiva, al grito de "¡fascista el último!" la izquierda bofiviana se ha lanzado históricamente a una frenética carrera por la pureza ideológica y revolucionaria que, además, carece de sentido para los bolivianos más desposeídos. Ernesto Guevara de la Serna lo comprendió tardíamente, al precio de su propia vida, aíslado en la selva y sin encontrar el apoyo de un campesinado que no entendía nada.

Pero no por todo lo anterior Bolivia deja de ser una sociedad objetivamente de izquierdas que encontró su más alta expresión en la fracasada experiencia socialista de 1952-1964, capitaneada por Víctor Paz Estenssoro, al frente de un Movimiento Nacional Revolucionario, nacionalista, no marxista pero tampoco anticomunista, populista, y finalmente escindido en el Movimiento Nacional Revolucionario de Izquierda del actual presidente Hernán Siles Zuazo y en el Movimiento Nacional Revolucionario Histórico del propio Paz Estenssoro. Paz es ahora candidato presidencial y ha girado abiertamente a posiciones de centro derecha. Este cambio de rumbo no es precisamente nuevo, ya que colaboró en 1971 con la cruenta dictadura del general Bánzer que derrocó a Juan José Torres.

Toda la teoría historicista, sin embargo, se derrumba ante las ruinas de la última Administración de Siles Zuazo, electo en 1980 con la coalición del MNRI y del Partido Comunista Boliviano. El arruinamiento endémico del país -muy rico en recursos-, el desvertebramiento de su sociedad y el entreguismo de Siles a la izquierda maximalista sindical sólo ha dejado dos opciones electorales con posibilidades de victoria: el MNRH de Paz Estenssoro (un continuismo reformista formal, más firme ante los sindicatos y sedicentemente derechista) y la Alianza Democrática Nacional (ADN) del ex dictador Hugo Bánzer.

El partido de Bánzer escarba en el fango de la hiperinflación y rebaña votos de los estupefactos bolivianos cargados de billetes que no valen para comprar un paquete de cigarrillos y que están cansados de la nómina diaria de las huelgas: mano dura, intervencionismo estatal en los conflictos entre trabajadores y empresarios, apertura generosa a las inversiones extranjeras, retrepamiento en Estados Unidos para escapar de la crisis.

El MNRH de Paz ocupará el segundo puesto en la carrera electoral y, presumiblemente, el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Jaime Paz (un equivalente de las socialdemocracias europeas), el tercero. El resto de los partidos, al menos en estos comicios, son comparsas electorales. Por lo demás, no se espera que Bánzer logre la mayoría absoluta y el Congreso deberá decidir entre el 2 y el 6 de agosto quién gobierna este país.

Camacho dimite

A pocas horas de abrirse los colegios electorales, el ministro de Asuntos Exteriores, Edgar Camacho Omiste, renunció ayer a su cargo, un día antes de los comicios, por diferencias con las Fuerzas Armadas, a raíz del establecimiento de relaciones diplomáticas de Bolivia con China Popular. Camacho presentó su renuncia en la tarde de ayer al presidente Hernán Siles Suazo.

A su vez, Juan Lechín, secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana, anunció ayer que no votará en las elecciones de hoy. Lechín dijo que para los trabajadores, las elecciones "son un acto intrascendente".

13/7/85

Ejercito boliviano presiona a Siles para que acepte las elecciones del domingo (13-7-1985)

Toda la tarde paceña fue ayer una salsa de rumores alarmistas para todos los gustos: dimisión del presidente Hernán Siles Zuazo; renunda del candidato presidencial del oficialista Movimiento Nacional Revolucionario de izquierda, Roberto Jordán Pando; pedido de alejamiento en sus funciones del secretario general de la Central Obrera Boliviana, el legendario y anciano Juan Lechín... Pero ya en la mañana era pública en los círculos políticos la presión del Ejército sobre el presidente Hernán Siles para que dejara de hacer evoluciones sobre el alambre y consumara sin más las elecciones del domingo.

El Congreso boliviano -diputados y senadores- no alcanzó el jueves ni siquiera el número suficiente de asistentes para abrir la sesión; sólo 47 diputados, de 130, y cinco senadores, de 27, concurrieron a la cita extraordinaria del Gobierno para tratar del aplazamiento de las elecciones de mañana hasta el 15 de septiembre, por presuntas irregularidades en la confección del censo electoral.A primera hora de la tarde de ayer, tropas de Infantería acordonaron preventiva y suavemente -permitían el paso de personas y vehículos- las bocacalles de acceso a los palacios legislativo y presidencial, en el temor de marchas multitudinarias, a favor o en contra de las elecciones, sobre el Congreso o la Casa del Gobierno. No hubo tal ni se registró el menor incidente, pese a que el centro paceño era recorrido por caravanas de camiones, camino de los mítines finales de la campaña electoral.

Falta de quórum

La cita extraordinaria en el Congreso resultó patética. Sólo faltó que se fuera la luz. El presidente del Senado, Julio Garret, candidato a la vicepresidencia, junto a Paz Estensoro, por el Movimiento Nacional Revolucionario Histórico, pasé lista y contabilizó con estupor la presencia de dos senadores y cuatro diputados. Tras un cuarto intermedio, y llegado al hemiciclo el presidente de la Cámara de los Diputados -y del Congreso-, Samuel Gallardo, procedió a un segundo recuento, encontrando presentes a 5 senadores y 47 diputados.

Ante la evidente falta de quórum, algunos parlamentarios comenzaron a golpear sus escaños pataleando en el suelo mientras de las tribunas oficiales se retiraban los embajadores presentes. El presidente congresual, Gallardo, abandonó el palacio dejando en manos de un secretario del Parlamento la prosecución del fúnebre areópago gran comisión. A los gritos, una pequeña multitud de miembros del Partido Comunista Boliviano abandonó las tribunas del público seguida por varios parlamentarios. Y el nonato congreso extraordinario se disolvió por los pasillos como una pastilla efervescente en un vaso de agua caliente.

Mientras en las calles, ajenas al intento congresual, se cerraban los mítines electorales como si nada estuviera ocurriendo en el palacio legislativo, el ministro del Interior, Gustavo Sánchez, y el canciller, Edgar Camacho, organizaron precipitadamente una conferencia de prensa en el salón de los espejos del palacio del Gobierno para explicar que, pese a las irregularidades constatadas en la confección del censo, el Gobierno "cooperará con todos los medios a su disposición para que la realización del acto elegionario se lleve a efecto en los mejores términos, de manera pacífica y dentro del espíritu de comprensión y concordia".

Antes del teatrillo congresual, el jefe de las Fuerzas Armadas bolivianas, Simón Sejás, y los comandantes en jefe de las tres armas habían emitido un comunicado de cuatro puntos dirigido a la opinión pública, en cuyo segundo apartado afirmaban taxativamente: "Luego de un análisis exhaustivo de la situación actual y tomando en cuenta la descomposición social que se viene observando, tenemos la firme y unánime convicción de apoyar y agot ar todos los medios posibles para la verificación de los comicios electorales establecidos por ley de la República para el 14 de julio del año en curso".

Cabe destacar que tan amenazador empeño por parte de la cúpula de las Fuerzas Armadas bolivianas porque se celebren las elecciones del domingo es ajeno a la estimación generalizada de que los comicios serán ganados -por mayoría simple- por el ex dictador general Hugo Bánzer. El general Sejás ha tenido un buen entendimiento con el presidente Siles Zuazo, mientras que Hugo Bánzer no oculta su desprecio por su camarada de armas, que durará poco en su cargo si el antiguo tirano recobra electoralmente la presidencia de la República.

Dos viejos compinches

La elección de mañana está decidida entre los dos viejos compinches del golpe militar que derrocó al bienintencionado general Torres -una suerte de Torrijos boliviano posteriormente asesinado por la Triple A en Buenos Aires-: el general Bánzer, líder de Acción Democrática Nacional, y el múltiple ex presidente Víctor Paz Estenssoro, jefe del Movimienio Nacional Revolucionario Histórico, antiguo revolucionario moderado, no marxista, y hoy defensor de tesis de centro derecha.

Bánzer va en cabeza, con una estimación de votos del 40%, y Paz Estenssoro, en segundo puesto, con 10 puntos menos. Bánzer arrambla con todo el descontento social de las clases medías -las relativas clases medias bolivianas-, hartas de un Gobierno de izquierdas, que, a fuerza de ceder terreno a los sindicatos obreros y campesinos, ha profundizado la crisis histórica heredada y ha terminado de postrar a una nación secularmente descompuesta.

La televisión emite continuamente testimonios de los ciudadanos que fueron arbitrariamente encarcelados bajo la dictadura de Bánzer, de quienes sufrieron atroces torturas y de aquellos que vieron asesinar a sus deudos bajo la égida del general ahora convertido a la democracia. Es una propaganda cierta y excelente, pero que no surtirá efecto ante la necesidad de autoritarismo que reclaman sectores urbanos de la población machacados por la revolución permanente que pretenden los trotskistas, y nada felices ante la presentación electoral de 40 partidos de izquierda, entre los que se incluyen tres frentes populares.

12/7/85

La Paz reconoce al régimen de Pekín, pese a la oposición del Ejército (12-7-1985)

Cuatro días antes de las elecciones generales del domingo, el Gobierno boliviano anunció ayer el establecimiento de relaciones con la República Popular China, otorgando un plazo de 72 horas al encargado de negocios de Taiwan en La Paz para abandonar el país. Puede deducirse el malestar entre la cúpula de las fuerzas armadas por cuanto el pasado mes de abril expresó su oposición a esta medida en carta dirigida al presidente, Hernán Siles Zuazo.El canciller boliviano, Edgar Camacho, argumentó al dar a conocer la noticia que el reconocimiento de todos los regímenes socialistas se encontraba en el programa electoral de la coalición de izquierdas que llevó al poder a Siles Zuazo, y que el reconocimiento de China Popular estaba sancionado por el Parlamento. Es verdad, pero mueve a sorpresa que un Gobierno con toda seguridad saliente y en vísperas electorales proceda a un reconocimiento diplomático de la talla de la República Popular de China, que es, además, contestado por buena parte de las fuerzas armadas.

El comunicado conjunto chinoboliviano, firmado el pasado martes en Nueva York entre los embajadores de ambos países ante la Organización de las Naciones Unidas, hace énfasis en el reconocimiento boliviano de Taiwan como parte integrante de China y en el del Gobierno de Pekín, de que Bolivia tiene derecho histórico y natural a una salida geográfica al océano Pacífico.

Se estima en La Paz que antes que dejarle un regalo envenenado al hipotético futuro Gobierno derechista del general Bánzer, lo que está haciendo Siles Zuazo -intento tardío de aplazar las elecciones, reconocimiento de Pekín- es dar satisfacciones formales al sindicalismo obrero y campesino para rebajar el estado de crispación de la izquierda, que ve inevitable el triunfo del ex dictador.

En abril, el general Simón Sejas, comandante en jefe de las fuerzas armadas, y los jefes de las tres armas se dirigían a Siles para rogar que el previsto reconocimiento de la República Popular de China se aplazara hasta la constitución del nuevo Gobierno emanado de las elecciones del domingo.

Las elecciones generales bolivianas se realizarán definitivamente el próximo domingo (12-7-1985)

Las elecciones generales en Bolivia se realizarán definitivamente el próximo domingo, día 14 de julio. Por falta de quórum no pudo reunirse ayer el Congreso boliviano, como deseaba el Gobierno, para atrasar las elecciones del domingo hasta el 15 de septiembre, por lo cual los comicios se celebrarán en la fecha prevista.

Sólo 47 diputados se presentaron en el Congreso, de un total de 130, y cinco de los 27 senadores, razón por la cual el presidente de la Cámara de Diputados, Samuel Gallardo, ordenó suspender la sesión extraordinaria del Congreso.El Gobierno, la Central Obrera Boliviana, y casi toda la izquierda querían retrasar tres meses las elecciones, mientras la derecha y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) estaban a favor de celebrarlas este domingo.

El Congreso extraordinario de Diputados (130)- y Senadores (27) que debía estudiar la petición presidencial de aplazar las elecciones generales del domingo en Bolivia hasta el próximo 15 de septiembre estaba citado para las tres de la tarde de ayer, hora boliviana (nueve de la noche en Madrid), en La Paz.

Ante la falta de quórum -la mitad más uno de los congresistas- era improbable que el Congreso pudiera decidirse sobre el aplazamiento.

Sólo albergando veladas dosis de insensatez se podían hacer pronósticos políticos en esta República, pero estaba en el ambiente que las elecciones generales del domingo se celebrarían y que el congreso de ayer no habría reunido el quórum necesario. La casi totalidad de los congresistas se encontraba en campaña electoral y la mayoría de los partidos no deseaba que regresasen a tiempo a La Paz para la cita extraordinaria del poder ejecutivo.

Para ello y sin incurrir en desacato tenían dos excusas: el Gobierno había de proveerles de fondos y transporte para regresar con urgencia a la capital política -la histórica y judicial es Sucre-, y las comunicaciones interiores son absolutamente imprevisibles; las intrincadas redes ferroviarias y camineras pueden ser cortadas durante horas y hasta durante semanas por cualquiera de las innumerables huelgas activas que padece el país o hasta por el cruce y autoestabulación entre las filas o en el camino de un altivo rebaño de llamas.

Pero todo eran disquisiciones sobre el sexo de los ángeles constitucionales ante la realidad de que una mayoría de la opinión pública, la oposición de derecha y centro-derecha que se sabe triunfante, las Fuerzas Armadas, la Iglesia católica y la embajada de los Estados Unidos deseaban que se cumpliese el compromiso electoral de pasado mañana. Sólo el partido del Gobierno -Movimiento Nacional Revolucionario de Izquierdas-, seguro derrotado en los comicios, la extrema izquierda que propugna el rechazo a las elecciones y los poderes fácticos de la Central Obrera Boliviana y los sindicatos, pretendían el aplazamiento.

Graves irregularidades

Sobre unos siete millones de votantes, se han inscrito en los censos algo más de dos millones de ciudadanos, sólo el 70% de los supuestos electores, y se estima que de éstos al menos un 20% se abstendrá de ejercer su derecho. Por otra parte, se han detectado graves irregularidades en la confección de los censos en las zonas cantoneras sujetas a una rápida emigración hacia los centros urbanos. Bajo estas premisas, el Gobierno y los sindicatos querían hacer valer el retraso electoral.La oposición democrática, al margen de la Alianza Democrática Nacional del general Hugo Bánzer, que no duda de su triunfo, aduce que el país puede darse con un canto en los dientes si vota la mitad del censo y que tal porcentaje es admisible e incluso excelente en cualquier democracia parlamentaria; en las elecciones que habrían de repetirse en caso de comprobación de un solo fraude y que en los distritos en los que no se haya tenido tiempo de elaborar censos fiables los comicios pueden celebrarse el domingo siguiente al de la elección.

La realidad es otra y los errores y hasta violaciones del censo son una excusa que empaña el problema general. Una inflacción que economistas igualmente competentes puntuan entre el 8.000% y el 12.000% anual, más la acumulación de fallos estructurales congénitos -economía de la cocaína y contrabando institucionalizado-, el entreguismo de Siles a las continuas reivindicaciones salariales de los sindicatos, han propiciado un giro a la derecha del país.

El dinero ha quedado destruido; la habitación de un hotel cuesta 24 millones de pesos bolivianos diarios, más el 20% de impuestos, y el precio se alza por semanas. Un diario cuesta 100.000 pesos y el dólar negro, en continua trepada, se cotizaba ayer a 750.000 pesos bolivianos. No hay suficientes bolsillos para guardar los billetes.

Como en Argentina, los políticos especulan con la necesidad de dar muerte al peso inflacionado y cambiar el signo de la moneda, pero no pueden, como el Gobierno de Alfonsín, congelar salarios que en Bolivia alcanzan los 12 dólares mensuales.

En este contexto es en el que se ha nutrido la propaganda electoral del ex dictador Hugo Bánzer -a quien los sindicatos acusan de estar financiados por el Partido Republicano estadounidense- que permita un Gobierno fuerte.

En estas extrañas vísperas electorales convocadas anticipadamente por el Gobierno y que el Gobierno quería retrasar, los sindicatos están realizando una prueba de fuerza que, pese a su magnitud, no es ni mucho menos la más grave de las sufridas en los últimos años por el Gobierno constitucional: huelgas en el Banco Central de Bolivia, entre los maestros, los mineros y los zafreros; serias posibilidades de que se interrumpan coactivamente las comunicaciones terrestres y aéreas el día de la votación; 200 cartuchos de dinamita decomisados en las últimas 48 horas y sólo en La Paz, por la policía de manos de extremistas...

Por lo demás, La Paz -raro nombre para una ciudad donde durante el golpe del general García Meza contra la presidenta Lidia Gueiler en julio de 1980 se produjeron 1.500 muertos y 2.500 detenciones- vive una calma bastante completa y se confía no sea el calmón que precede a las tempestades. Pese a todo la campaña es apreciablemente correcta y, salvo excepciones, los candidatos no se agreden desaforadamente como en elecciones anteriores.

11/7/85

Clima de incertidumbre en Bolivia a la espera de que el Congreso decida sobre las elecciones del domingo (11-7-1985)

El Congreso boliviano habrá de reunirse mañana en sesión extraordinaria para debatir la propuesta gubernamental de aplazar hasta el próximo 15 de septiembre las elecciones presidenciales previstas para el próximo domingo. Se ignora qué puede resultar más grave en el proceso de degradación estructural boliviana, si que se suspendan las elecciones del domingo o que se celebren y el derechista general Hugo Bánzer Suárez se alce con la mayoría de los sufragios. El país vive un extraño estado de incertidumbre y de hoscos presagios bajo una tersa superficie de tranquilidad general.

La campaña electoral se está llevando a cabo sin incidentes y hasta sin tono, excepción hecha de la voladura -sin víctimas- en la tarde del martes del domicilio capitalino del presidente de la corte electoral, Edgar Oblitas. Pese a los antagonismos en pugna, la campaña no suscita grandes movilizaciones populares ni conlleva toda la parafernalia inherente a unas elecciones presidenciales. Mítines pequeños y clima moderado y hasta relajado por radiotelevísión. Bien es cierto que no caben grandes agitaciones fisicas y anímicas respirando el delgado aire de la puna andina a 4.000 metros de altitud.Lo más sorprendente es que la campaña electoral prosigue impertérrita, pese a la petición presidencial, a cinco días de los comicios, de un aplazamiento de los mismos por más de dos meses. Con su decisión, el presidente Hernán Siles Zuazo pretende evitar una guerra civil ante el triunfo previsible del general Hugo Bánzer, pero lo ha hecho tarde y mal y, como apuntan constitucionalistas y observadores imparciales, aproximándose él mismo a una suerte de golpe de Estado blando con la pretendida postergación de las elecciones.Los sondeos de opinión carecen de fiabilidad en América Latina, y aún más, si cabe, en Bolivia, pero de alguna manera resultan indicativos, y todos coinciden en otorgar una mayoría minoritaria e incluso absoluta al general Bánzer, candidato presidencial de la derechista Acción Democrática Nacional (ADN), y no más allá de un 4% de los votos a Roberto Jordán Pando, candidato del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierdas (MNR-I), ahora en el Gobierno.A sólo horas de las elecciones -como justamente le recuerda la posición de derecha y centroderecha-, el presidente Siles Zuazo ha caído en la cuenta de que más del 50% del campesinado -indios quechua y aymará- no está censado electoralmente, y que, como afirma la Central Obrera Boliviana (COB) y los Sindicatos Unificados del Campo, celebrar los comicios en estas circunstancias es regalarle el triunfo a la derecha.

Sólo el Congreso podría impedir el previsible triunfo del general Bánzer, reuniendo todos los votos de las formaciones de izquierda para arrebatarle groseramente la presidencia, si aquél sólo obtuviera una mayoría minoritaria. Es cierto que Bánzer para nada representa a la mayoría del país, y que, enfrentado a la todopoderosa Central Obrera Boliviana, tendría que gobernar en permanente estado de guerra civil; pero el aplazamiento hasta el 15 de septiembre de las elecciones -tiempo necesario para dar mayor representativídad al censo- se enfrenta a un obstáculo y a un despropósito jurídico-constitucional.

Las elecciones del domingo fueron anticipadas en un año por acuerdo del Gobierno y de 10 partidos de oposición para evitar la guerra civil, y sólo una ley de la República puede alterar su fecha. Si mañana el Congreso, citado en sesión extraordinaria, no reúne quórum -como es harto probable-, las elecciones habrán de celebrarse indefectiblemente, con el enrarecimiento añadido de la oposición del Gobierno.

Presidencia interina

Pero si el Congreso llegara a aprobar el aplazamiento electoral hasta el 15 de septiembre, el propio presidente y los diputados y senadores deberán abandonar su puesto y sus escaños el próximo 6 de agosto, fecha prevista para la entrega del poder; el presidente del Senado debería asumir interinamente la presidencia de la República y dimitir inmediatamente en favor del presidente de la Cámara de Diputados, por cuanto él mismo es también candidato, y en ese interregno ya todo sería posible en Bolivia, un país en el que ya de por sí todo puede ser.Las fuerzas armadas se encuentran muy divididas -lo que facilitaría una guerra civil-, pero prefieren las elecciones del domingo al galimatías político-institucional que supondría su aplazamiento. El general de división Angel Vargas, secretario del Consejo Nacional de Seguridad, ha dirigido una carta al presidente Siles Zuazo -publicada en todos los medios de comunicación- recomendando el cumplimiento del cronograma electoral como mejor medio de evitar mayores males a la República. El general Bánzer ha denunciado un hipotético pero improbable proyecto de golpe militar a cargo de oficiales izquierdistas.

Todos los elementos del drama están servidos, y ninguna solución al crónico desvertebramiento de la sociedad boliviana parece menos mala. El país de las periódicas matanzas civiles y de los golpes de Estado -medias de uno cada nueve meses desde la independencia- camina decidido hacia las elecciones con futura guerra civil o hacia el cuartelazo sin elecciones. La eterna y maldita elección entre la peste y el cólera.

9/7/85

La extrema derecha vuelve a controlar el peronismo (9-7-1985)

El congreso de reunificación peronista sesionó el sábado y el domingo en Santa Rosa, provincia de La Pampa. Isabelita Perón fue reelegida, pese a su renuncia explícita a toda actividad política, como presidenta del movimiento, y Herminio Iglesias, caudillo bonaerense, punta de lanza de la extrema derecha del partido, resultó elegido secretario general del peronismo.

Un vuelco estrepitoso, desagradable incluso para anchas bases del Movimiento Justicialista, ha entregado la conducción legal del peronismo a la vieja alianza entre la dirección burocrática de los sindicatos partidarios y los elementos ultraderechistas del peronismo político.El congreso pampeano de Santa Rosa era la conjunción de las otras dos asambleas en que se encontraba dividido el peronismo: la del teatro porteño Odeón, dominada por Lorenzo Miguel, dirigente metalúrgico de las 62 organizaciones -sindicatos de obediencia peronista-, y Herminio Iglesias, caudillo del movimiento en la provincia de Buenos Aires, donde habita la mitad del país, y la de Río Ondo, situada a 1.200 kilómetros de la capital federal, donde quienes se sintieron avasallados por la prepotencia de los primeros eligieron al Senador Osvaldo Britos como primer vicepresidente del Partido

La justicia electoral argentina dio la razón al Congreso de Río Ondo que aglutinaba la mayoría de los diputados, senadores y gobernadores electos y que había sido celebrado con garantías democráticas y sin pistolas esgrimidas por debajo de la mesa. Odeolistas y riondistasacordaron un tercer congreso para impedir que se consolidara la división del partido, que ya había dado pie a la existencia de cuatro grupos parlamentarios. Los odeolistas representaban al aparato partidario, a la burocracia sindical y los riondistas al espíritu renovador que aspiraba a la reconstrucción de un partido obrero moderno sobre el viejo y derrotado peronismo.

Ninguna seria diferencia ideológica separaba ambas fracciones, dado que el peronismo en su conjunto ni siquiera ha elaborado un documento crítico analizando las causas de su derrota electoral a manos del radicalismo de Raúl Alfonsín. Odeonistas y riondistas se diferenciaban en el talante democrático y en la aspiración de las bases -ahora derrotadas- de reemplazar una dirigencia corrupta y caduca.

En el congreso pampeano de integración ha predominado el peso del aparato sindical y partidario, arrasando a los renovadores, hasta el extremo que el senador Osvaldo Britos no fue admitido como compromisario por defectos de forma. Como presidenta nominal del partido fue reelecta Isabelita Perón, retirada de la política y autoexilada en España; la primera vicepresidencia partidaria correspondió al senador de Catamarca Vicente Leónidas Saadi, un anciano enfermo -en el Congreso se desplazó ayudado por dos personas- representante del partido más conservador.

Saadi durante la campaña por el referéndum por la paz con Chile a cuentas del canal del Beagle protagonizó un bochornoso enfrentamiento televisivo con el canciller argentino, Dante Caputo, oponiéndose a la firma del Tratado de Paz.

La vicepresidencia segunda del peronismo ha recaído en Jorge Triaca, dirigente de los trabajadores del plástico y uno de los cuatro cosecretarios generales de la Confederación General del Trabajo. Recientemente compareció como testigo ante el juicio seguido en Buenos Aires contra las Juntas Militares y declaró desconocer que durante la dictadura militar hubieran desaparecido dirigentes sindicales. Asimismo reconoció haber recibido un trato excelente por parte de los militares durante su detención tras el golpe de Estado de 1976.

Autopropuesto para el cargo

La secretaría general del partido (un cargo de nueva planta) fue otorgada a Herminio Iglesias, que se autopropuso para el cargo. Herminio Iglesias, caudillo del peronismo en la provincia de Buenos Aires, sin un párpado tras sufrir un accidente automovilístico, sin un testículo tras un tiroteo con hampones por diferencias sobre la administración de las prostitutas de Buenos Aires, varias veces detenido por supuestos delitos comunes, de notable incultura, hombre temido y temible, se ha alzado con la dirección práctica del movimiento en alianza con Lorenzo Miguel, capo de los sindicatos peronistas.Herminio Iglesias se presentó candidato a la gobernación de Buenos Aires en las elecciones de 1983 y perdió entre un electorado predominantemente peronista que votó al radicalismo espantado ante la perspectiva de tenerle como gobernador.