En la primera mayoría
absoluta socialista el Vicepresidente Alfonso Guerra dio cruel muerte a
Montesquieu. La separación de poderes Legislativo-Ejecutivo-Judicial
establecida por el barón de Secondat es una piedra sillar de la democracia como
el sufragio universal individual y secreto, o el “Habeas Corpus” o la
inviolabilidad del domicilio. Eso de que el Legislativo, del que emana el
Ejecutivo, interfiera al Poder Judicial es una mandanga latina de la que no se
han contaminado los anglosajones, siempre más serios. No solo el PSOE sino toda
la clase política compró la burra de Guerra, y es un alivio que doña Soraya nos
anuncie que hay freno y marcha atrás. El Consejo General del Poder Judicial
apareció un día en el Boletín Oficial del Estado como “Conejo General del Joder
Judicial”. Era una errata malintencionada. Habrá que poner el “tipex” sobre la
Constitución porque el trabajo del agónico CGPJ puede llevarlo una dirección
general de Justicia con diez funcionarios, y no sería más dependiente del
Gobierno. Pero bien está devolverlo a sus orígenes y que los jueces elijan a
los suyos. Para el Tribunal Constitucional la Vicepresidenta anuncia cambios
interesantes pero no sustanciales: que los magistrados cesen con su jubilación.
Algún día el TC será suprimido porque se ha convertido en un tribunal de
casación del Supremo. Este abrirá una Sala de lo constitucional y recuperará su
nombre: Supremo, última instancia. La Constitución de los Estados Unidos es la decana de las escritas por lo mucho que
ha sido enmendada. Pero corregir la nuestra de 1978 exige consenso entre los
partidos y otro clima socioeconómico. Vamos para largo.
30/1/12
29/1/12
EL BOMBERO JAPONÉS (29-1-2012)
El responsable de la fuerza
de bombardeo estratégico de la USAF en el teatro de operaciones del Pacifico,
general Curtis le May, por mal nombre “Pantalones de acero”, ignorante del
“Proyecto Manhattan” y la posibilidad de armamento nuclear, planeó e inició la
destrucción de Tokio, megalópolis de millones de habitantes. La capital
japonesa era madera y papel pintado y pronto la ciudad ardió por barrios
provocando más víctimas que las sufridas luego por Hiroshima y Nagasaki. Los
bomberos japoneses buscaban un cruce de calles como cortafuegos y en la esquina
situaban uno con una gran banderola roja: el fuego no podía pasar de él o toda
la brigada se consumía en pavesas como kamikazes, como viento divino. Un método
de extinción suicidamente voluntarista. El Presidente Rajoy, y lo escribo
admirativamente, recuerda al bombero abanderado japonés respondiendo al Fondo
Monetario Internacional que cumpliremos nuestros compromisos contraídos con
Bruselas y tangencialmente con Angela Merkel de reducir drásticamente el
déficit (parar el incendio) para el 2013. Ahora la oposición socialista le da
la razón a Christine Lagarde que teme que los recortes europeos retrasen la
recuperación económica. Puede ser, o no. La economía es como la meteorología.
Los socialistas en el poder siempre nos han dicho que el FMI es un oráculo muy
débil. Rodrigo Rato se fue a medio mandato, no se sabe si espantado. Strauss-Khan
cayó en un vodevil sexual. La propia Lagarde, primera mujer ministra de
finanzas del G-8 (Francia) y pionera en su actual cargo, está enredada en
procesos legales económicos en los Tribunales de Paris. El FMI parece tocado
por la mala suerte y sus pronósticos tomados a beneficio de inventario. Las
diferencias de matiz entre Guindos y Montoro están siendo selladas por Soraya
Sáenz de Santamaría y el Presidente, en Lisboa, se ha amarrado a su bandera de
bombero japonés. Nada que ver con la sopa juliana que organizaron sucesivamente
Pedro Solbes y Elena Salgado. Quizá Angela Merkel esté equivocada pero al menos
tiene un criterio y Mariano Rajoy se suma a él en busca de la confianza
perdida. Durante esta legislatura lloverán piedras pero al menos comprobaremos
si es cierta la vieja tesis de la Economía de que para crecer lo primero que
hay que hacer es empequeñecerse.
27/1/12
CAMPEONES DE CORRUPCIÓN (27-1-2012)
En la predemocracia de
Carlos Arias Navarro y la constituyente de 1978 hasta nuestros días no se han
dado casos de corrupción políticas más terribles y abyectos que los
protagonizados por el partido socialista. En cuanto adquirieron el gobierno del
Estado la cúpula del PSOE se entregó a la dulce tarea de asesinar cruelmente a
presuntos etarras y gentes que pasaban por allí. José Luis García Goena, prófugo
del servicio militar, se desangró con las piernas cercenadas por una lapa bajo
su coche. A dos alevines etarras sin la menor importancia como Lasa y Zabala
les arrancaron las uñas torturándoles durante días por los apósitos de cura que
presentaban sus cadáveres, les trasladaron a Levante donde cavaron sus fosas, les negaron la
confesión que pedían, les despenaron con tiros en la nuca y los sepultaron en
cal viva. El buen Juez Javier Gómez de Liaño, otra víctima de Baltasar Garzón,
sabe los detalles de este caso. Con fondos públicos de todos los españoles
encumbrados socialistas financiaron a los sicariatos portugués y francés para esta particular matanza de hombres que
no habían asesinado a nadie y se repartieron para su disfrute personal los
fondos de reptiles del Ministerio del Interior. Antes, desde los despachos de
Ferraz, tendieron una red de extorsión a empresas privadas y públicas para
sufragar el innecesario referéndum sobre la OTAN. Eran urdangarines “avant la
lettre” sin prosopopeya ducal. Los socialistas no quieren hablar de estas cosas
(la corrupción de la sangre y el dinero) aduciendo que son cosa juzgada. Muy
mal juzgada. Y para tapar sus crímenes de Estado dieron en una disparatada
carrera sobre las corrupciones del Partido Popular que nunca ha matado a nadie
ni desfondado el Erario para adquirir fincas, hasta llegar al disparate de los
tres trajes de Federico Camps. Campeones de una corrupción de cine “gore”
insisten en su empeño, y si Camps es inocente no el PP valenciano. Los verdugos
llaman ladrones a los demás y sacan pecho. ¿Por qué no se callan?
24/1/12
EL SALARIO DEL MIEDO (24-1-2012)
El clásico cinematográfico
“El salario del miedo” escrita y dirigida por Henry-Georges Clouzot sobre la
novela homónima de Georges Arnaud, protagonizada por Yves Montand narra la
letal peripecia de camioneros transportando nitroglicerina hacia un pozo
petrolífero en llamas. El ácido nítrico sobre la glicerina constituye un
explosivo que al estallar suprime el oxigeno y apaga cualquier fuego por
poderoso que sea, con el inconveniente de que es más inestable que el carácter
de Venizelos, ministro de Hacienda griego, y al menor movimiento arrasa su
alrededor. Quienes lo llevaban en camiones por carreteras de ripio cobraban
salarios exorbitantes que muy pocos llegaban a recibir porque sus cuerpos (y
sus camiones) jamás aparecían. Luego Alfred Nobel inventó la dinamita dándole
densidad con arenilla al pavoroso
mejunje haciéndolo manejable como un juguete. En la antigüedad se
remuneraba el trabajo con sal y de ahí la palabra. Hoy hay salarios de miedo en
instituciones privadas o mediopensionistas y jubilaciones de espanto para
personajes que han hundido una Caja de Ahorros. No es bueno ni malo sino
obsceno cobrar cinco millones de euros al año para pedir desde el cargo
subsidios públicos o darse un jubileo de quince millones tras haber sido
incompetente tratando con nitroglicerina fondos provenientes del erario.
Siempre decimos que la empresa privada puede pagar con su dinero como quiera.
Pus no. De momento un Gobierno conservador se propone trasparentar los sueldos
públicos, que tampoco son el corazón de la manzana, y debería ponerles techo.
Pero solo rozar al Estado con tu trabajo debería prohibir o drenar fiscalmente
la legión del millón de euros de los inmorales. Con esta plaga de langosta
encima el que pretenda más que conduzca un camión de nitroglicerina.
23/1/12
LOS CONGRESILLOS DEL PARTIDILLO (23-1-2012)
Tras tantos esfuerzos porque la llamemos Carma Chacón la renovada
María del Carmen” La de Ronda” , destapadas sus raíces andaluzas, enfundada en
la bata de cola y aireando los brazos por sevillanas, va y dice: “Los españoles
tienen puestos los ojos en nosotros “: Va a ser que no, María del Carmen de Barroso.
Los españoles están sobrados de asuntos
terroríficos como para detenerse en la ensaladilla personalista que se sirve en
los congresillos socialistas. Estas son las primeras elecciones primarias que
organiza el PSOE desde la clandestinidad
predemocrática de Suresnes que aupó a Felipe por la
defección de Nicolás Redondo, y siempre presumieron de ellas cuando en todas
las ocasiones las abortaron en la acertada sospecha de Alfonso Guerra de que
esos comicios previos los carga el diablo. De estos dos en la carretera
secundaria hacia la nada intelectual se podrá decir que Rubalcaba representa el
espíritu de Atapuerca, pero la doña no ha nacido ayer aunque se hubiera sentado
silente en los Consejos de Ministros de Zapatero. Asegura María del Carmen que Garzón
es juzgado por perseguir la corrupción.
Que la ilustre Felipe González a quién el juez mártir persiguió sañudamente con
una X. Estos saltan del crucero con más rapidez que el capitán del “ Costa Concordia “ y no tienen otro
afán que el de tender una manta de
olvido para recuperar el poder perdido en las redes del Estado. Al menos
Rubalcaba ha olvidado de momento la revolución pendiente ( no se sabe si la
falangista o la de empobrecer a los ricos ) pero la lozana andaluza lleva de
tanque de pensamiento a los novísimos José Borrell y Cristina Narbona más
estatistas que un plan quinquenal soviético. Entrados en una tormenta perfecta,
financiera, institucional, moral, lo que miramos los españoles con temor es la
marcha de la primera oposición, con la que habrá mucho que negociar, hacia un
partidillo desguazado en ininteresantes reyertas tabernarias.
22/1/12
MARÍA CALLAS EN BANQUILLO (22-1-2012)
Nos ponían juntos en los
ágapes y me iba confundiendo. En una cena de Luis del Olmo a famosos y
periodistas me aconsejó comer poco y beber solo “Coca-Cola”. Quería mantenerse por debajo de su peso.
“Es que la televisión te engorda mucho”. A la Audiencia Nacional no accedía por
el garaje en el coche de respeto, que es lo seguro, discreto y cómodo, sino que
dos veces al día subía y bajaba las escaleras de la puerta principal frente al
reten de las televisoras. Viniera o no a cuento la figura del juez Baltasar
Garzón acababa colándose en los telediarios. En un almuerzo con la Reina, en
una mesa redonda de ocho en la que no la dirigió la palabra, Garzón me ilustró
sobre los inconvenientes sociales del tabaco hasta que doña Sofía, terminado su
pescado, prendió un blanco extralargo que daba humo azulado, haciéndonos la
caridad del permiso a los tabaquistas. Yo vivía cerca de la Audiencia e,
invitados o no, Garzón caía por casa con otros magistrados y la doctora
aparejaba comistrajos mientras conspirábamos contra los inmorales y él
criticaba al Rey. Contra Pinochet o Videla vivíamos mejor; enfrentarnos al
narcotráfico o ETA era una medalla. Le regalé al juez un “poster” abertzale con
su cara y la mía dentro de una diana. Mirábamos las “mani puliti” de los
italianos y el martirio del juez Falcone, esfuerzos terminados en el primer
ministro Monti y la zarrapastrosa zozobra del “Costa Concordia”. Cuando Garzón
escarbaba en los GAL y la corrupción socialista del dinero y la sangre
(“Gurtel” es un juego de niños pijos) vendió su virginidad a Felipe González y
al ser traicionado crucificó a aquel en una X, Felipe comentó: “Se va a enterar
este de lo que es hacer política”. Defenestró sus ambiciones Juan Alberto
Belloch, el cochero de Drácula por su faz inquietante, biministro de Interior y
Justicia y hoy regidor de Zaragoza. También juez, otro que tal, me citó a
almorzar en un raro palacete madrileño. “Garzón no es juez; es un policía, y
por ello no se entiende lo que instruye. Se dedica al toma y daca, al
intercambio de cromos. Si tú me dices lo que me conviene yo te saco de imputado
y te dejo de testigo. Si me cuentas determinadas cosas yo meto tu sumario en un
cajón hasta que se enfríe el infierno. No indaga la verdad y arma los sumarios
casando piezas que nada tienen que ver entre sí. Los buenos abogados le conocen
y echan abajo sus ilegibles trabajos de instrucción”.
Cuando Garzón sacrificó a
su amigo y colega, el juez Gómez de Liaño, en el altar de Jesús Polanco, las
amistades naufragaron, y cuando pidió el acta de defunción de Franco se hizo
necesario siluetear a la María Callas de la Audiencia Nacional. A la Callas
también la falla la voz, ingería asquerosamente tenias para adelgazar mientras
comían en sus intestinos, y perdió la protección de Onassis como Garzón la de
Moncloa. Es ególatra y de ambiciones desmedidas. Como Moreno Ocampo, el
argentino mersa y chanta (no fiable en lunfardo), quiso la fiscalía de la Corte
Penal Internacional y, palurdamente, la perdió por falta de inglés. Negoció su
biografía con Pilar Urbano y constatamos que el juez superestar también era un
vulgar pesetero. No le interesa la ciencia jurídica que no tiene sino la
popularidad, el efectismo del cucañista. Los Derechos Humanos solo los atiende
para crear una red internacional clientelar en la que asesora al Gobierno
colombiano, a la OEA, a la Corte de Roma o al Tribunal de la Haya, con
financiación y apoyo socialista. Superman, Batman, Spiderman, el Capitán
América y El Guerrero del Antifaz. Pero, sobre todo, el que depone ronco en el banquillo
del Supremo es María Callas. La izquierda sin causa ni atributos resulta
patética jaleando a este astuto gañan con puñetas.
21/1/12
PENALIZAR LA POLÍTICA (21-2-2012)
Entre las dos guerras
mundiales Argentina era una potencia y hoy una cuadra abandonada en la que
impera un movimiento que ha destruido la política. No invitaré a seguir sus
ejemplos. Además como estiman que con la comida no se juega si la Policía
Caminera sorprende una tienta van presos hasta los espectadores. Pero de mis
años australes añoro la naturalidad con la que una republica federal interviene
las provincias. Estas están muy sujetas por el embozado centralismo del Puerto,
de Buenos Aires, y cuando una de ellas entra en lo que llaman “default”,
quilombo, merienda de negros cimarrones como el de Castilla- La Mancha o
Andalucía, la mayoría parlamentaria la interviene, destituye al Gobernador
elegido democráticamente y hasta al jefe de la policía, y un interventor
federal gobierna para sanear la contabilidad y reponer la vajilla. Ni los
periódicos titulan a cinco columnas un tutelaje provincial. Ya digo que no vamos
a imitar esa práctica, ni podemos, pero las propuestas del ministro Montoro son
de salud pública aunque la izquierda amante de la desprolijidad las tilde de
impropias. La gestión política no puede seguir siendo irresponsable y ha de
tener sus correctivos administrativos, civiles y penales. Aprobar una ley de
Dependencia, jalearla, y no dotarla económicamente, es una burla cruel a los
más angustiados. No pido cárcel para Zapatero, pero sí que el PSOE cante la
palinodia. Lo importante es la costumbre austral de que si una provincia se
desfonda por dolo pierda temporalmente su autonomía y aboque a otras
elecciones. Montoro tiene razón.
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