Cuentan que mi querida
Pilar Rahola aspira a ser Portavoz de la Iª0 República Catalana, y es que todo
es posible cuando sopla la tramontana. Cuando nombraron a Eisenhower jefe de
teatro de operaciones europeo le preguntaron por el General Mac Arthur, máximo
rango en el Pacífico y del que había sido ayudante. “ Estudié con
él-contestó-dos años de arte dramático “. En verdad, el altivo e insubordinado
guerrero de la pipa mazorca, era muy teatrero. El enésimo independentismo
catalán siempre fue muy dado a la representación, al teatro furioso o al pánico
de Fernando Arrabal. La Fura des Baus tenía que nacer en el Nordeste como Els
Joglars de Albert Boadella habían de acabar en la meseta. La creatividad
catalana es indiscutible y el radicalismo independentista esta despegando una
oferta magnífica de artes escénicas en España y el extranjero. La independencia
catalana es repetitiva y ya la proclamaron dos veces en el siglo pasado, contra
la legalidad del Gobierno provisional republicano y contra la Constitución de la
República que les había dado el Estatut. Es falso que se erigiera el Castillo
de Montjuich para bombardear Barcelona cada cincuenta años, pero es una verdad
empírica que cada tanto alguien se asoma al balcón de la Generalitat y proclama
la República Catalana dentro de una federación o incluso en una federación
ibérica sin molestarse en consultar a los portugueses. El independentismo es
pulsión o compulsión, federación o confederación. Es el benaventiano tinglado
de la vieja farsa y los nuevos intereses creados. Pese a toda la tramoya que se
está organizando tras las bambalinas Cataluña no va ser un Estado
independiente, al menos en lo que queda siglo, y para el siglo XXII tanto nos
dará que hayamos parcelado España vendiéndola a los chinos. Al burro muerto la
cebada al rabo. Y Cataluña no será independiente con esta Constitución sin
desenfundar una pistola ni tampoco enviar un Guardia Civil. Se desconoce la
fuerza legal que posee el Gobierno legítimo de la Nación para hacer cumplir la
Ley, sin recurrir al Estado de Alarma y la militarización de los controladores
áereos como hicieron Rodriguez Zapatero con su ínclito Pepiño Blanco. Si Artur
Mas y su extraño séquito emulan a Maciá y Companys ni siquieran irían a la cárcel a menos que el Tribunal
Supremo obrara de oficio. No penarían por sedición sino por los malos actores
sobreactuados.
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