17/11/13

KENNEDY, PERO MENOS (17-11-2013)

El 22 de noviembre de l.963 hacía en Madrid un frío helador y las restricciones eléctricas desaconsejaban quedarse en las casas sombrías y friolentas, así que siendo un adolescente pobre y sin novia que colgarme del brazo, me refugié en un cine de sesión contínua donde ví una película quizá titulada “El mensajero del miedo” en la que un soldado estadounidense capturado por los norcoreanos recibe un lavado de cerebro y repatriado a EE.UU. dispara en  un acto público con un rifle de mira telescópica contra el Presidente, matándolo. Típico producto de la guerra fría en que se prevenía a los incautos occidentales de la permanente y criminal conjura comunista. Ignoraba aquella tarde que la tópica pregunta “¿Qué hacías cuando mataron a Kennedy?” la tenía extrañamente contestada. Regresado a las tinieblas de mi casa me estaba buscando desesperadamente por teléfono mi compinche y compañero de clase Juan Van-Halen (hoy senador del PP): “Un francotirador acaba de asesinar a Kennedy”. Hasta los titulares del periódico del día siguiente no acabé de disociar la película propagandística del magnicidio de Dallas, y aún hoy me incomoda la coincidencia.

Los estudiantes de hace cincuenta años no teníamos otras elecciones que las extranjeras y en la liza Nixon-Kennedy no podíamos apostar ni un cartucho de castañas porque todos eramos kennedyanos, rendidos ante la juventud, la apariencia saludable, el encanto, la nueva frontera y una promesa de renovación, de una generación entregando el testigo a otra. Luego resultó que Kennedy había ganado por la mínima en Illionis y que el patriarca,traficante de licores y Embajador pronazi en Londres, tenía comprada a la mafia de Chicago. El paso del tiempo es muy cruel hasta para las más sólidas biografías. A Kennedy le escribieron una colección de biografías( “Profiles in courage”) para darle un toque intelectual y un “Pulizter”, pero siempre persiguió más faldas que libros. En el Pacífico le salvó su valor nadando hasta la extenuación para salvar la tripulación quemada de su “PT-l09”, pero que de noche un destructor japonés arrolle una mínima torpedera parece un accidente de tráfico naval más que un glorioso hecho de armas. Probablemente los nipones ni se enteraron que habían atropellado algo. Pero si luego tienes el talento de rodearte de fieles amigos, escritores y periodistas, como Gore Vidal o Arthur M. Schlesinger, Jr. Puedes convertir en tormenta de  fuego un humo de pajas.

 John Fitzgerald Kennedy siempre fue un seguidor de la CIA, casi  un rehén. De Vietnam no debió pedir consejo a los franceses, que sí conocían las penalidades de Indochina, y ni siquiera distinguía entre Tomkím, Aannam y Cochinchina, creyendo que con Laos y Camboya formaban un dominó, y desconociendo el milenario aborrecimiento vietnamita  hacia China. Comenzó asesinando al dictador sudvietnamita Ngo Dinh Diem y a su hermano el ministro del Interior Ngo Dinh Un (que se lacaba los dientes de negro para inspirar terror), ambos católicos como él, dándo el disparo de salida para la escalada militar de sus sucesores. Ese asesinato de la CIA marca el comienzo de la intervención americana en el sudeste asiático. Ya bajo la Administración de Eisenhower la Agencia Central de Inteligencia Americana había diseñado una invasión de juguete de Cuba, mercenarios del exilio anticastrista con bases en Guatemala y el disparatado supuesto de que los cubanos se alzarían espontáneamente contra el Régimen. Kennedy cargó las responsabilidades sobre la CIA como antes había llorado sobre los hermanos Dinh.


La crisis de los missiles en la Isla si le ganó respeto mundial porque aquel preámbulo del Apocalìpsis  fue una trampa irresponsable de la URSS de Kruschev por mucha cohetería americana  obsoleta que hubiera en la frontera turca. Kennedy y su equipo, en particular su hermano Robert, Fiscal General, posteriormente también asesinado, supieron mantenerse firmes sin desconectar nunca el teletipo que les unía con el Kremlin. En  la Casa Blanca no podían hacer otra cosa y la hicieron bien. El Cuerpo para la Paz, voluntarios desplegados fundamentalmente en Centro y Sudamérica, estuvo compuesto por más agentes de inteligencia que pos cooperantes, y fue más eficaz, tras Kennedy, la cancelación de la Doctrina de la Seguridad Nacional y  el cierre de la panameña Escuela de las Americas para formación ignomisiosa de militares contrainsurgentes. Vaya en su descargo que no le dieron tiempo, pero sí sembró la carrera espacial y sinceros avances en los derechos civiles. Biografía de claroscuros en la que predomina el fisgoneo de alcoba y las admiraciones incondicionales. Reagan o Clinton ya compiten con él en la Presidencia mejor considerada tras Roosevelt. Lo más impresionante que me queda de su mandato es lo que estaba haciendo yo el día que le asesinaron tan extrañamente.

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