La celebración del día internacional de la mujer puede inducir a la
melancolía o hasta a la tristeza maligna. Desde la Revolución Francesa la
derrama de derechos humanos ha afectado a las mujeres en forma lenta y rácana y
antes llegó la conciencia universal sobre la abominable esclavitud o la
descolonización en Africa y Asia que la equiparación jurídica dentro de la
misma especie, por encima de la diferencia de género. No es una “boutade”
feminista el que la mujer ha llegado a ser una colonia del varón. La liberación
sustancial de las mujeres se dio hace solo un siglo y no llegó de la mano de la
política, la jurisprudencia, la sociología o el mero humanismo sino de la
ginecología y la farmacopea. El sufragismo hubiera acabado varado en otro
formulismo sin el vertiginoso avance de la higiene sexual femenina. Hoy un
apéndice de Naciones Unidas como la Oficina Internacional del Trabajo cifra en
un 17% la brecha salarial española entre géneros. Eso no se cierra con un
esfuerzo legislativo o un simple decreto ley sino con el funcionamiento
ordinario de la inspección de trabajo. Pero ninguna fuerza política toma en
serio el mandato constituyente contra la discriminación. Aducen los economistas
que la equiparación aumentaría los costes laborales, argumento perverso que
sugiere la bondad de que haya trabajadores masculinos de primera, segunda y
tercera. Mientras no se cumpla el principio elemental de que a trabajo igual,
salario igual, el feminismo permanecerá en un cuello de botella del que solo
salen extravagancias como las despechadas “Femme” nacidas (tenía que ser ) en
la destartalada Ucrania. El palurdo lenguaje políticamente correcto (ciudadanos/ciudadanas/ jóvenes y jóvenas)
ha convertido una atroz segregación en la especie humana en un rifirrafe de
sexos cuando los problemas de las mujeres son los de los hombres. Será buena
noticia la desaparición del día de la mujer y de ese aserto machista de que las
chicas son unos chicos muy raros.
7/3/15
4/3/15
UN HOMBRE CORRIENTE (4-3-2015)
A José Mújica le siluetean como extravagante siendo un hombre
corriente. Habitó su destartalada chacra prescindiendo de palacio y coche
oficial; como algunos Presidentes italianos, u Olof Palme a quien de todos
modos hubiera asesinado la policía sueca. Su “escarabajo” del año del cólera no
desentona del parque móvil más viejo del mundo donde los coches duran
generaciones. El 90% del sueldo lo destina a generosidades, pero basta la
aportación de su mujer senadora, y aunque le tildan de vegetariano es carnívoro
como rioplatense. La corbata se la prestan para ocasiones, pero en Nueva York
ya solo visten ahorcados los conserjes de los hoteles. Con grandes lagunas
(pasó de primaria a Tupamaros), su esposa, abogada, le desasna cada día con un
orden de lecturas, y se apoya en el sentido común, esa rareza de la casta, la
secta y la nomenklatura. Le metieron seis balazos y él dispararía más,
sobreviviendo a 30 años de cárcel, 11 ininterrumpidos en condiciones inhumanas.
Votada una amnistía para todos, cuando camina por la avenida 18 de julio saluda
a los sayones que le torturaron. No hizo funcionarios a los parados sino que
copió la Administración neozelandesa haciendo productiva una burocracia pequeña
y eficaz. Como no tuvo a mano muchos ricos prefirió dar confianza a la
inversión extranjera y mantener una red bancaria internacional más o menos
paradisíaca. Reducir la pobreza a la mitad es un plan a muy largo plazo porque
los exguerrilleros desconfían de Keynes. Aunque participe del Foro de Sao Paulo
nada tiene que ver con el comunismo de IKEA que arma el chavismo. Mantuvo la
gasolina a mitad de precio para los argentinos adinerados que ocupan Punta del
Este, y ni se le ocurrió cuestionar la deuda del paisito. El ciudadano Pepe no
pretendió voltear Uruguay como un calcetín abriendo abismos entre derechas e
izquierdas. En su mandato avanzó por
pasos zanjando problemas sin abrir otros. ¡¿Es que no hay más hombres
corrientes por ahí!?
2/3/15
HAMELIN, OTRA VEZ (2-3-2015)
Acudí de oyente a una conferencia en Hannover, Baja Sajonia, ha cincuenta kilómetros de la onírica villa
medieval de Hamelín. En mi ignorancia, que es mucha, creía que lo de las ratas
y los niños eran una fabulación de los hermanos Grimm y no una variante de
leyendas datadas con exactitud en 1.284. El misterioso flautista limpió de
roedores el poblado ahogándolas en el río, y al no recibir pago arrastró con su
música a los niños hasta encerrarlos en el seno de una montaña. Pudo ser una
leva para trabajos infantiles, una emigración de adolescentes o alguna peste de
infantes. Pero en las fiestas de Hamelín la banda cesa de tocar cuando emboca
la calle mayor para que los críos no vuelvan a perderse tras un son. Nuestros
flautistas, hijos del Foro de Sao Paulo para salvar la memoria comunista del hundimiento
del socialismo real, dirigen esta marcha hacia la nada de un cuerpo de marea
electoral angustiado, bienintencionado y desinformado. Los soplaflautas no
consiguen armar un programa económico legible, pero dejan claro que consideran
un robo la propiedad privada y que las libertades informativas las garantiza el
Estado. Segunda vivienda pero con exacción impositiva, y “Granma” e “Izvestia”
para todos. Lo esencial es tomar el poder trepando por el garantísmo
democrático horadándolo por dentro según el agónico modelo chavista a
preservar. El llamado socialismo del siglo XXI es populismo de cahiporra,
prisión para opositores y asesinato de misses y estudiantes en manifestación.
Maduro por Monedero, el de las cuentas del Gran Capitán. España votará lo que
le pete, pero si Podemos y sus flecos
acaban desplazando al PSOE a una tercera posición el país resultará
ingobernable, y si abduce a la socialdemocracia se disparará el gasto público y
regresaremos a la casilla de salida del final de Zapatero con crujir de dientes
para todos. Merece la pena meditar esta larga jornada de reflexión. Tocan el
caramillo americano, no los conciertos de flauta de Mozart.
28/2/15
DEVOLVIO LA DIGNIDAD A LOS ARGENTINOS (28-2-2015)
Crucé con mucha precaución la 9 de julio, la avenida más ancha del
mundo, porque es difícil observar el color de los semáforos de la acera de
enfrente y alta la posibilidad de ser aplastado por un colectivo (autobús),
accediendo al hotel Panamericano en cuya última planta Raúl Ricardo Alfonsín,
Presidente electo de la República Argentina por mayoría absoluta y en histórica
derrota del peronismo, tenía instaladas sus oficinas electorales. Originario
del pueblo gallego de Lalín, este abogado del pueblo bonaerense de Chascomús,
jefe de la Unión Cívica Radical (krausistas) había derrotado políticamente a 7
años de dictadura militar ominosa, pero el esqueleto uniformado permanecía
intacto pese a la infame derrota en las Islas Malvinas (o Flankland) en la que
solo luchó la Fuerza Aérea, en tanto el comandante de la fuerza de tareas
invasoras, general Benjamín Menéndez, se rendía incondicionalmente en Puerto
Argentino (Por Stanley) mientras seguía por televisión el mundial de Futbol.
Alfonsín era de trato llano, con sentido
del humor y notables dosis de saludable realismo. “Mi querido amigo, los
uniformados argentinos son culpables. ¿Sabe por que se llama COLIMBA a los
conscriptos del servicio militar obligatorio?: por Corre, Limpia y Barre. Todo
lo que permanece quieto se pinta, aunque sea un general, y todo lo que se mueve
se saluda, aunque sea un burro. Están más jerarquizados que otros Ejércitos. Y
sabe también por que no los puedo procesar por sus crímenes: porque no se van a
dejar. Voy a enjuiciar por lo civil a los que dieron las órdenes,
principalmente a las dos primeras Juntas Militares que cometieron los peores
desmanes. Para el alegato voy a nombrar Fiscal General de la República a un
apartidista, que se llama Julio César Strassera. Vaya a conocerle.
Días más tarde el flamante Fiscal General me recibía en el Palacio
de los Tribunales, en el piso de la Sala del Crímen de lo Penal y Correccional.
En su calidad de nuevo Jefe de las Fuerzas Armadas, Alfonsín había disuelto la comisión militar
que investigaba a paso de ganso sus propios crímenes y había derogado la
autoamnistía decretada por la última Junta Militar del teniente general Emilio
Bignone: por primera vez en la Historia se entregaba a la Justicia Civil el encausamiento de una dictadura castrense precedente. Era
tal el abandono del edificio que temí pisar a los ratones in digestos de
papeles. Strassera, el joven Fiscal Adjunto, Moreno Ocampo, y tres o cuatro
esforzadas mujeres, se afanaban en tres piezas (habitaciones) sin decoración
alguna, en mesas de madera sin barnizar
y cajas de zapatos donde iban archivando fichas. Obiamente no disponían de
móviles, los teléfonos eran de bakelita y Telefónica aún no había podido
desenredar la maraña de cables que constituían el cielo de Buenos Aires y las
llamadas se cortaban intermitentemente, se oían como ecos de las Pampas o la
simple conexión urbana tardaba horas mediante telefonísta. La informática aún
estaba en Silycon Valley e imperaban máquinas de escribir negras y cuadradas
propias de un excedente de la Embajada nazi. Strassera era enjuto, casi siempre
de gris marengo con corbata roja, alto, con cabello y bigote de negro córvido y
ojos muy vivos.
Me hizo un aparte en una mesa vacía alejada del leve rum-rum de
sus colaboradores y, cara a cara, comenzamos a robarnos el tabaco. El Fiscal
era fumador en cadena y se había quedado
sin su compulsión al carecer de un cadete (botones) que fuera a comprarlo, y
mientras hablábamos manteniendo la mirada hurtaba cigarrillos de mi atado
(paquete) del que afortunadamente tenía provisión. Con el tiempo fumarnos el
tabaco del otro se convirtió en una seña de identidad de una amistad entre
hermano mayor y menor. Strassera había pasado la dictadura como Fiscal de
ladrones de gallinas, dedicando su tiempo libre, que era todo, a presentar
recursos de habeas corpus por los desaparecidos bajo las Juntas Militares. Al
no pertenecer a facción alguna, excepto el Derecho, la Dictadura le desestimó.
Con gran inteligencia Strassera no diseñó una causa general contra los
uniformados que hubiera tenido mucho vuelo mediático internacional y hubiera
acabado en agua de borrajas. Ni pidió auxilio a los peronistas o los restos
sobrevivientes de los montoneros o los trostkystas del Ejército Revolucionario
del Pueblo. Fue a buscar a los testigos de cargo de casos individuales,
documentando chupamientos (secuestros), sevicias y enterramientos NN (Ningún
Nombre), centrándose en el primer triunviro, teniente general Jorge Rafael
Videla y en el almirante Emilio Eduardo Massera, por mal nombre “el negro”.
Ellos arrastrarían a los demás conmilitones y morirían bajo cadena perpetua (no
prisión permanente revisable), Videla octogenario y en su celda, y Massera, el
almirante que arrojaba al Río de la Plata a los maridos de sus amantes, en
arresto domiciliario tras un masivo e inhabilitante derrame cerebral. Personalizando
su alegato, sufrimiento tras sufrimiento, Strassera logró un efecto
demoledor.
Creí que no completaría el
juicio porque pedía recesos para inyectarse insulina en los baños siendo
diabético desde su adolescencia. Todos llevaron justas penas, aliviadas algunas
por los perdones del posterior Gobierno peronista de Carlos Saúl Ménem. Pero el
“nunca más” puso término al discurso del Fiscal. Militares expulsados,
expolicías, colaboracionistas del
terror, la criminal antiizquierdísta Triple A (Alianza Anticomunísta
Argentina), lo que se llamó “mano de obra desocupada”, le hizo la vida
complicada. Necesitó escolta permanente y le insultaban gravemente por la
calle. Alfonsín, temeroso de un atentado, le envió de Embajador a Ginebra ante
los organismos de defensa de los derechos humanos. Dimitió cuando el peronismo
puso en marcha la máquina de los indultos y abrió bufete en la Capital Federal,
donde se negó a representar los intereses del prófugo español Emilio Rodríguez
Menéndez. Su bellísima hija Carolina murió en Ginebra calcinada en su cama con
un cigarro prendido entre sus dedos. Su hijo varón Julian, está en la
judicatura y hoy es el alivio de su madre Marisa, mujer de generosidad
excepcional. En Argentina es verano y la familia estaba en Tandil (provincia de
Buenos Aires) donde la edad y la diabetes se conjuraron a sus 82 años muy bien
llevados y que no presagiaban el desenlace. Su vida estaba cumplida desde que
devolvió a los argentinos su dignidad perdida. Se ha ido con las huestes de
Garibaldi del que era lejano descendiente.
25/2/15
RAJOY CONTRA LOS ESPECTROS (25-2-2015)
El
Presidente dio ayer un sereno discurso, poniendo en sus renglones lo que nos ha
ocurrido y lo que se ha hecho para evitar la catástrofe de un rescate. Rajoy ha sido descriptivo, sincero,
ilusionante manejando datos incuestionables, huyendo de la demagogia de todo a
cien que nos ensordece. Ha administrado sus silencios, no ha zaherido al PSOE,
y al “nuevo” comunismo de una tropilla de logreros les ha propiciado ironías y
desdenes, sin siquiera citarlos por incapaces de llevar sin borrones una
contabilidad. Una pieza de repaso para terminar con la arritmia política.
Felicitó a los españoles y repartió esperanza. Pedro Sánchez, dicen que
inspirado por Rubalcaba, subió al arengario disfrazado de ninja, calificó
España de desastre irremediable, al Presidente de enemigo de las mujeres y al
PP de liberticida como si fuera la inexistente extrema derecha. Y hablo del
judicializado Bárcenas como si en asuntos de corrupción el PSOE gozara de limpieza
de sangre. A partir de ahí el Debate fue a quilombo o merienda de negros
cimarrones. Espectros extraparlamentarios recorrían la Carrera de San Jerónimo:
el chavismo, la enésima crisis socialista, la implosión de IU, las elecciones
andaluzas y el primer gatillazo de Syriza. Contamos con demasiados cantantes de
crucero que quieren ser Berlusconi. Si los ilusionistas y cucañeros llegaran a
tocar poder los padecimientos habrían
sido de balde y regresaríamos al punto de partida. Gobernar es conservar, incluso
para las izquierdas, y Rajoy se ha limitado a explicar que no es sensato
cambiar de caballos a mitad del río. El rojerío insiste en que el sistema
financiero fue rescatado, confundiendo el culo con las témporas y la parte con
el todo. Las plañideras de todos los entierros acusan al Presidente de
triunfalista, porque las jeremíadas atraen votos, y la pobre Rosa Díez, patrona
laica de los tránsfugas, reputa a Rajoy de mentiroso. El Presidente ha tenido
que argumentar duramente contra la miserabilidad de una constelación de
espectros.
23/2/15
LAS TARDES DEL RITZ (23-2-205)
Para Josep Pla el Palace era para los que querían llegar a ser algo
y el Ritz para los que ya lo eran. Algo habrá de cierto en la sentencia cuando
el primero es fuente de chascarrillos políticos y periodísticos y el segundo
un manantial de leyendas urbanas. Las
tardes bailables del Ritz inspiraron
el cuplé popularizado por Lilian de
Celis y hasta la muerte de Franco las señoras no podían entrar con pantalones,
y las atrevidas lo hacían en gabardina con las braguitas debajo, o nada. El
origen del veto a actores y toreros lo motivó una gresca entre Ava Gardner y el
gran fotógrafo del diario “Arriba”, José Pastor. Este había aprendido a
pilotar en Rusia, sirviendo en la
aviación republicana, y era un garañón bien plantado del que se prendó la
liberada actriz. Pastor se presentó de improviso en la suite de la dama
encontrándola encamada con un botones y la arrastró de los pelos por los
pasillos llamándola a los gritos lo que no digan dueñas y alborotando al hospedaje. El propio Pastor me
relató el incidente aunque lo que importa es la leyenda. Antes Luis Miguel
Dominguín se vestía y Ava le preguntaba a donde iba: “¿Dónde voy a ir? Al
bar, a contárselo a los amigos.” A James Stewart le reconocieron y forzó la
aduana exhibiendo su cualidad, cierta, de general de las fuerzas aéreas
estadounidenses. El Ritz, un hotel por encargo real, pasó de mano en mano y hoy
está en venta, aunque las peripecias contables no han mermado su condición de
uno de los diez mejores hoteles del mundo. Pero la política erosiona su estilo,
y, así, la respetabilísima señora Tania Sánchez, en representación de sí misma,
ha dado en sus salones una lección de ética y otra de moral, dando por fenecido
“el régimen del 78”, o sea: la
Constitución. Los hoteles envejecen bien, y los comunistas repugnantemente mal.
Tania no será leyenda urbana.
21/2/15
EL HOMBRE ENFERMO DE EUROPA (21-2-2015)
El escocés conde de Elgin llevó a Londres más de la mitad de los
frisos del Partenón, incluyendo estatuas y bajorrelieves de la Acrópolis, adquiridos a un mercachifle turco cuando
Grecia era un balcán otomano. Melina
Mercuri, actriz y Ministra de Cultura, litigó infructosamente contra el Museo
Británico en una de las pocas reivindicaciones en las que la cuna de la
civilización Occidental lleva toda la razón. La querella presente entre Atenas
y la UE se saldará con una prórroga maquillada para que Tsipras pueda
presentarse en su Parlamento sin que le crucifiquen, dado que en su macedonia
de 17 partidos más la -ultraderecha cuenta con diputados aún más radicales que
el rico play-boy Varoufakis. Grecia no debió en su día incorporarse a la UE.
Quizá con la ayuda de Goldman Sachs falsearon sus cuentas, pero Bruselas debió
advertirlo cuando sus hombres de negro no podían obtener el número de
funcionarios, la fiscalidad era de juguete y se daban jubilados de 150 años
gracias al yogourt. La política europea cayó entonces, como ahora, en síndromes
históricos y culturales que no pueden contemplar Europa sin el útero griego. En
su día Winston Churchill definió Turquía como “el hombre enfermo de Europa”,
situación clínica empeorada hoy por el Presidente Erdogan. Grecia es el nuevo
enfermo europeo al menos desde el fín de la IIGM y su guerra civil entre unos
comunistas abandonados por Stalin y los partidarios de la democracia. Grecia no
es Somalia, pero es otro Estado fracasado y su encaje sin chirridos en la UE
puede demorar 30 años, y eso sin pagar el principal de su deuda. Cualquier
turista que haya viajado por Grecia habrá encontrado peleas de taxistas en el
aeropuerto, hoteles cinco estrellas donde no hablan inglés, buques en cuyo
interior llueve, y una graciosa picaresca extensiva : la sensación acientífica
pero real de que aquello no funcionaba. Los griegos precisan dinero, pero,
sobre todo, curarse levantando un Estado solvente.
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