28/11/84

Los jefes militares uruguayos visitan a Sanguinetti, nuevo presidente electo (28-11-1984)

Los tres jefes de las fuerzas armadas uruguayas -teniente general Hugo Medina, teniente general del Aire Manuel Boadas y vicealmirante Rodolfo Invidio- visitaron el lunes en su domicilio de Montevideo al presidente electo, el líder del Partido Colorado, Julio María Sanguinetti. La visita fue calificada por medios oficiales de puramente protocolaria, y los tres comandantes se limitaron a declarar que compartían la alegría del pueblo por la celebración de las elecciones.

Los jefes militares declinaron pronunciarse por la suerte inmediata de Wilson Ferreira, jefe mayoritario del Partido Blanco, derrotado en las elecciones del pasado domingo.Junto a los rumores que suponen un cambio del acuartelamiento de detención del líder blanco, ha trascendido que el Tribunal Supremo de Justicia uruguayo puede pronunciarse definitivamente mañana, jueves, sobre la libertad de Ferreira. Existe la impresión generalizada de que se está retrasando su liberación hasta que se enfríe el clima poselectoral. Ya en la tarde del lunes, los granaderos y la Guardia Republicana desalojaron a palos a miembros de las Juventudes Blancas, que desde hace un mes esperaban la noticia de la libertad de Ferreira acampados en la plaza de la Libertad, so pretexto de tratarse de una manifestación continuada y no autorizada. Tres periodistas extranjeros fueron detenidos unas horas al verse involucrados en la carga polícial.

El laborioso recuento de votos según las diferentes listas continúa lentamente, sin que pueda establecerse aún la composición de las dos cámaras. La gran cantidad de votos observados que necesitan de comprobación en los padrones (principalmente votos del exilio y la emigración) retrasan también el recuento. No obstante, es seguro que el Partido Colorado no podrá alcanzar mayoría simple en el Senado y en la Cámara de Diputados.

El presidente electo, Julio María Sanguinetti, recibe continuamente visitas y parabienes en su domicilio o en la sede de su partido de la práctica totalidad de los líderes adversarios. La gran palabra es laconcertación, y Sanguinetti repite tras cada audiencia su aspiración a lograr un Gobierno de unidad nacional. Por encima de la discreción del presidente electo, sus colaboradores comentan la conveniencia de ofrecer al Frente Amplio las carteras de Trabajo y Justicia, tal como hiciera -infructuosamente- el presidente argentino, -Raúl Alfonsín, a la derrotada dirección peronista.

De las palabras de los dirigentes blancos y frenteamplistas se desprende, sin embargo, que continuarán en la concertación legislativa (ya se firmaron varios acuerdos interpartidarios antes de las elecciones) sin acceder al Gobierno. El enfoque de la política económica, la reordenación de la Universidad y la futura regulación del sindicalismo constituyen un primer paquete de problemas que enfrentan al futuro Gobiernó colorado y a la oposición blanca y frenteamplista. Sin embargo, las diferencias de criterio más importantes se darán a corto plazo sobre la amnistía para los más de 600 presos políticos encerrados en los penales de Libertad, Punta Carretas y Punta Riele, muchos con más de 10 años de prisión y en condiciones tan duras que aconsejarían su liberación, aunque sólo fuera por razones humanitarias.

27/11/84

El holocausto de Wilson Ferreira (27-11-1984)

Un helicóptero militar aguarda, desde la tarde del domingo, en los cuarteles de artillería de Trinidad, 200 kilómetros al norte de Montevideo, para trasladar a la capital a Wilson Ferreira, jefe de la mayoría del Partido Blanco. Para ayer se esperaba que la Suprema Corte de Justicia se pronunciara sobre la liberación del detenido, 24 horas después de las elecciones y tras cinco meses de prisión preventiva.Pero la ausencia en los comicios de Wilson Ferreira no explica completamente su derrota electoral, que adquiere tintes de holocausto ante el retroceso generalizado de su partido respecto a las elecciones de 1971. El Partido Blanco ha perdido departamentos históricamente fieles.

El principal error de Wilson Ferreira, en un camino empedrado de buenas intenciones, ha consistido en intentar cambiar de caballo en medio del río. Armado con la bandera de un honesto antimilitarismo y negándose a pactar la democracia con quienes usurparon el poder y violaron la Constitución, arrastró a la mayoría de su partido hacia planteamientos próximos a los postulados de la izquierda, alejándose de sus bases rurales y conservadoras.

El rechazo del pueblo uruguayo a la Constitución adulterada que los militares plebiscitaron en 1980 llevó a Wilson Ferreira a estimar que la población rechazaría igualmente el pacto colorado -y del Frente Amplio y la Unión Cívica- con la dictadura para regresar a la democracia bajo condiciones. Buscando ampliar su espectro político por la izquierda, perdió votos por su derecha, y los nuevos e hipotéticos votantes se inclinaron, lógicamente, por el Frente Amplio. Si hubiera podido dirigirse al país y desarrollar su campaña, acaso hubiera podido explicar la crisis de identidad de su partido, pero cometió un último error: regresar demasiado tarde a Uruguay. Los militares han podido mantenerle cinco meses en prisión, bajo cargos insostenibles, apartándole de la campaña.

Su conducción política carismática y personalista, apoyada además fuertemente en su hijo Juan Raúl, resistirá difícilmente este fracaso electoral. La próxima convención blanca puede terminar en la división del partido, con una escisión por su derecha. Wilson Ferreira abandonará su cárcel militar echando chispas y aureolado como mártir electoral. En el difícil interregno hasta la transmisión de poderes, y después del primero de marzo, insistirá aún con mayor radicalismo, en denunciar los pactos del Club Naval, firmados con los militares para llevar a cabo una transición democrática tutelada, y en reclamar la amnistía sin restricciones que propugna la izquierda.

De Sanguinetti se decía durante el recuento electoral de la noche del domingo que rezaba para que el Frente Amplio le arrebatara la alcaldía montevideana. El Frente, poseedor de una importante cuota de poder en la Administración pública, se habría visto obligado entonces a cooperar activamente con el Gobierno colorado. Pero esta victoria resulta preocupante, máxime si se recuerda que la vieja aspiración de Wilson Ferreira es el pacto entre el Partido Blanco y el Frente Amplio.

Los uruguayos optaron por la vía conservadora al elegir presidente al 'colorado' Sanguinetti (27-11-1984)

El Partido Colorado, cuya mayoría encabeza el abogado de 48 años Julio María Sanguinetti, ganó el domingo las primeras elecciones democráticas celebradas en Uruguay desde 1971, después de más de 11 años de dictadura militar. A partir del 1 de marzo de 1985, en que los militares procederán a la entrega de poderes, y durante un mandato de cinco años, el abogado, periodista, ex ministro y ex diputado Julio María Sanguinetti será el presidente constitucional de la República Oriental del Uruguay.

Pese a lo apretado de la elección, el triunfo colorado ha sido indiscutido y mejora los resultados de las polémicas elecciones de 1971, en las que el Partido Nacional o Blanco perdió por 12.000 votos e impugnó los comicios. Sobre una votación del 87,75% del censo (buena parte de la abstención es fruto del exilio o la emigración) los colorados recibieron en la elección nacional 744.999 votos, un 38,63% del conjunto; el Partido Blanco, 634.166 votos, un 32,88%, 110.833 votos menos; el Frente Amplio consiguió 393.949 sufragios, un 20,43%; y la Unión Cívica 44.273 votos, aproximadamente el 2,30% del total.Obviamente, el Partido Colorado carecerá de mayoría parlamentaria en el Congreso y en el Senado, y deberá gobernar mediante pactos legislativos con blancos y frenteamplistas o, al menos, con uno de estos grupos.

La disputa por la intendencia (alcaldía) de Montevideo, donde habita la mitad del país, también arrojó un triunfo colorado con 311.781 votos, el 34,76%. del conjunto, 18.823 votos más que el Frente Amplio, que logró el 32,65%. El Partido Blanco obtuvo en esta elección municipal 234.936 votos, el 26,19%. Los uruguayos han votado según su costumbre: desde hace 112 años los colorados gobiernan el país con las únicas excepciones del lapso de 1958-1966, en que cogobernaron con el Partido Blanco, y el interregno de la dictadura.

La legitimidad del triunfo colorado era también subrayada por el hecho de que Sanguinetti ha sido el candidato presidencial más votado individualmente, seguido por Alberto Zumarán, vicario del líder blancoWilson Ferreira en los comicios. Según la ley de Lemas y el doble voto simultáneo, que rigen las elecciones uruguayas, cabe la posibilidad que un candidato presidencial sea el más votado y pierda las elecciones, tal como ocurrió en 1971 con Ferreira. La explicación reside en que cada partido presenta varias listas presidenciales y la lista más votada suma los sufragios de las candidaturas minoritarias.

Lo apretado de los resultados interpartidarios y particularmente la pérdida frenteamplista de la intendencia (alcaldía) de Montevideo por poco más de 18.000 votos, rompieron los nervios de algunos militantes. Tan por seguro se tenía el triunfo montevideano del Frente Amplio, que sus locales electorales fueron situados en un edificio de pisos frente por frente de la intendencia, a cuyo pie se concentraron los partidarios de la coalición izquierdista.

Cuando, en las primeras horas de la madrugada, el general Líber Seregni apareció en un balcón para rogar a la multitud que regresara a sus casas -por primera vez fue desobedecido- dado que lo apretado del escrutinio retrasaría el resultado hasta el amanecer, quedó patente que la coalición admitía su derrota.

Grupos de frenteamplistas atacaron a pedradas el cuartel electoral colorado en la Avenida Dieciocho de Julio y penetraron a continuación en el mismo, arrasando mobiliario y personas.

Expulsados hasta la calle, simpatizantes de ambos bandos se enzarzaron en una pelea sobre cuyo fragor se escucharon algunos disparos, antes de que llegara la caballería policial a la batahola. Afortunadamente, la Avenida Dieciocho de Julio se encontraba abarrotada de militantes de todos los partidos, que se encargaron de separar a los contendientes y a éstos de los granaderos a caballo. Nueve personas precisaron hospitalización.

También de madrugada, cuando los colorados comenzaron a echarse a la calle para festejar su triunfo, las Juventudes Blancas que esperan frente a la Suprema Corte de Justicia la noticia de la liberación de Wilson Ferreira, les increparon amargamente: "Ahora está a la vista / ahora está a la vista / el Partido Colorado / es el partido continuista". Pero pese a los incidentes, la tónica de la madrugada del lunes la dió el abrazo de Alberto Zumarán, candidato blanco, al presidente electo Sanguinetti y la explosión callejera a los gritos de "¡Uruguay, Uruguay!" y los vivas a la democracia.

Unidad nacional

Julio María Sanguinetti, al reconocer su triunfo ante la multitud, aseguró que no gobernaría para el electorado colorado y que insistía en la necesidad de un Gobierno de unidad nacional para superar la crisis de la posdictadura.

Líber Seregni, líder del Frente Amplio, en declaraciones a la Prensa internacional, también insistió en la necesidad de un gran acuerdo nacional, pero matizando que el Frente Amplio no aportará ministros al Gobierno.

Las acusaciones de continuismo vertidas sobre los colorados en el sentido de que son una prolongación de las líneas políticas y económicas generales de la dictadura, son ciertamente exageradas. Pero es indiscutible que el Partido Colorado ha sumado a los errores tácticos del Partido Blanco el voto más conservador y hasta el ultraderechista, recabado por el ex presidente Jorge Pacheco Areco, candidato a la presidencia por la minoría colorada.

Buena parte de los 68.000 votos militares -los soldados, todos profesionales, recibieron instrucción electoral en los cuarteles- también habrán ido a parar a las arcas coloradas.

Por lo demás, la tan lícita como descarada propaganda anticomunista desarrollada por los colorados ha hecho su mella en una sociedad como la uruguaya, envejecida y con elevados índices de funcionariado y clases pasivas. Al contrario del argentino, el pueblo uruguayo, mucho más conservador, no ha votado por el cambio tras la dictadura, sino porque las cosas vuelvan a ser como lo eran antes del golpe de Estado.

26/11/84

La herencia envenenada de los militares (26-11-1984)

La dictadura militar instaurada en Uruguay en 1973 dejará a sus espaldas una herencia envenenada y un inmediato futuro político sumamente incierto, sea cual sea el resultado de las elecciones de ayer. Y será así, no ya por la depauperación económica o las quiebras auspiciadas por la manipulación gubernamental de la cotización del dólar, sino por todo el fraude institucional con que los uniformados están rodeando su abandono del poder.Viendo el ejemplo de sus camaradas argentinos, los militares uruguayos podían, al menos, haber restituido la soberanía al pueblo con la plena vigencia de la Constitución de 1967 y la convocatoria de elecciones sin cortapisas. Por el contrario, el país sigue regido por una Constitución profundamente adulterada, con el añadido de una catarata de decretos militares, las actas institucionales. Las elecciones se han celebrado con la proscripción del partido comunista bajo su propio nombre, la de jefes partidarios indiscutibles, como el general Líber Seregni, presidente del Frente Amplio, y Wilson Ferreira Aldunate, líder mayoritario del Partido Blanco, éste todavía encarcelado.

Más de 600 presos políticos permanecen en los penales, más de 3.000 ciudadanos no pueden regresar al país a emitir su voto al estar reclamados por la justicia de la dictadura, y otros miles de militantesfrenteamplistas tampoco pueden votar ni ser elegidos. Finalmente, el último Gobierno militar, entre otras cautelas, reserva el derecho de presentar temas al futuro presidente democrático para el nombramiento de jefes de las tres armas y establece que los actuales permanecerán en sus cargos después de la transmisión de poderes en marzo de 1985.

Las Fuerzas Armadas, acaso por deformación profesional, parecen incapaces de retirarse sin practicar una política de tierra quemada sobre los espacios que abandonan a sus adversarios. Así -y máxime si, como se presume, las diferencias electorales entre los grandes partidos son mínimas los blancos podrán aducir en caso de derrota la no concurrencia de Wilson Ferreira, la victoria colorada se erigiría sobre un adversario blanco maniatado; los frenteamplistas siempre podrán aducir que sus votos han sido menos de los que les corresponderían sin proscripciones y sin exilio.

Masiva afluencia e incierto resultado en las primeras elecciones uruguayas tras 11 años de dictadura militar (26-11-1984)

Más del 50% del electorado uruguayo había emitido su voto poco después de las doce de la mañana de ayer en las 7.870 mesas distribuidas en Montevideo (3.542) y en los 18 departamento del interior, en las primeras elecciones democráticas tras 11 años de dictadura militar. El orden público era casi total y el porcentaje de votantes se calculaba en el 90% del censo. Los colegios abrieron sus puertas a las ocho de la mañana y se cerraron a las 19.30 (0.30 de hoy, hora peninsular española). Las primeras proyecciones del Ministerio del Interior sobré un resultado que se presentaba incierto estaban previstas para tres horas más tarde.

Se presumían demoras en las primeras proyecciones solventes, ya que se esperaba que la votación fuera muy apretada entre las tres principales fuerzas políticas: Partido Colorado, Partido Nacional o Blanco y Frente Amplio.Unos 200 periodistas de todo el mundo, excepto África, esperan en Montevideo el comienzo del fin de otra dictadura en el Cono Sur americano. Numerosos observadores políticos han llegado también al país, entre ellos, Elena Flores, secretaria de Relaciones Internacionales del Partido Socialista Obrero Español.

La votación temprana no habrá sorprendido a nadie que haya observado la noche montevideana del sábado. A 13 años de las últimas elecciones nacionales, y tras más de 11 años de dictadura militar, eran palpables las ganas de votar y de pasar la hoja de la malparada aventura castrense. El voto, además, es obligatorio, bajo severas penas de multa, y se estima que la abstención quedará reducida a los censados residentes en el exterior que no hayan podido regresar al país por razones políticas o económicas.

Todavía en la mañana del domingo, llegaban al aeropuerto internacional de Carrasco vuelos fletados procedentes de Venezuela y Brasil, y caravanas de autocares y vehículos particulares convergían sobre Montevideo tras cruzar, desde territorio argentino. los puentes fronterizos sobre las riberas del río Uruguay.

La jornada de reflexión del sábado no fue tal. Suspendida la propaganda política de los diferentes grupos políticos, los montevideanos se echaron a las calles agitando sus emblemas y banderas partidarias y repartiendo las diferentes candidaturas.

A las cuatro de la madrugada del domingo, la avenida Dieciocho de Julio, principal arteria céntrica de la capital, se encontraba bloqueada por cientos de coches y miles de ciudadanos bailando, cantando y riendo, con mayoría visible de la muchachada frenteamplista.

En una radiante noche del final de la primavera austral, prácticamente veraniega, muchos optaron por esperar la apertura de los colegios y los cines electorales en los parques y en las plazas o en las playas de Pocitos y Carrasco, sobre la cornisa costera de la desembocadura del ría de la Plata.

Ni alcohol, ni policía

Desde las 19.30 del sábado, y por 24 horas. se suspendió la venta de alcohol y la policía prácticamente desapareció de las calles. La ley electoral de Uruguay impide la detención de ciudadanos durante las elecciones, salvo que sean encontrados en flagrante comisión de un delito.

De hecho, la vigilancia policial es nula y en las calles de Montevideo se juegan partidas prohibidas de juegos de azar, como el Seven eleven, y en el interior rural del país, apuestas ilícitas a la taba. Los vendedores de lotería instruyen a los jugadores sobre los números correspondientes a sus sueflos: el muerto que habla, la niña bonita, el matrimonio que se rompe o el amor adúltero, corresponden a determinadas terminaciones.

Pese a la festiva masiva afluencia callejera, lo incierto de los pronósticos y la dureza verbal de la campaña electoral, no se produjeron antes de la votación otros incidentes que agresiones y bravuconadas de seguidores del ex presidente Jorge Pacheco Areco -jefe de filas de la minoríacolorada de extrema derecha y candidato presidencial- contra periodistas extranjeros y seguidores de otros partidos.

Las rencillas y conatos de peleas son inmediatamente reducidos por el pueblo en la calle, que garantiza su propio orden. En gran medida, la movilización popular del sábado estuvo motivada por el temor de que el Gobierno militar emitiera por televisión y radio un comunicado final de advertencia al electorado sobre los peligros de la subversión comunista.De haberse producido la intervención, los montevideanos se aprestaban a replicar con un monumental caceroleo.

La presencia física del Estado militar es inexistente. El presidente, teniente general Gregorio Goyo Álvarez, y su ministro del Interior, general Rapella, votaron vestidos de civil. Rapella guardó cola en su colegio electoral como los demás votantes, y Goyo Álvarez declaró a Radio El Espectador que, fueran cuales fueren los resultados electorales, no pensaba abandonar la presidencia hasta el 1 de marzo de 1985, derecho constitucional que le ampararía en el supuesto de que la Constitución de 1977 estuviera vigente.

Los últimos sondeos de opinión, históricamente infiables, continúan dando una apretada victoria al Partido Colorado, dirigido por el abogado Julio María Sanguinetti, gracias a los votos que le aportará el candidato derechista de su propio partido, Jorge Pacheco Areco. La intendencia (alcaldía) de Montevideo, según tales encuestas, se dirimiría entrecolorados y frenteamplistas, con ligera ventaja para los últimos.

Aun así, un 14% de indecisos, dados los escasos márgenes interpartidarios, podría volcar el resultado por cualquiera de las tres grandes agrupaciones. Y, en cualquier caso, no puede descartarse un triunfo nacional del Partido Blanco, -tenido por improbable- , pese al encarcelamiento de su líder, Wilson Ferreira Aldunate, detenido a su llegada al país, el. pasado 16 de junio, tras 11 años de exilio.

25/11/84

La campaña uruguaya finaliza plagada de incidentes personales (25-11-1984)

Como en un signo de mal agüero por las elecciones recortadas de hoy en Uruguay, la campaña electoral ha sido una sucesión de pequeños desastres: Fernando Ollú, miembro destacado de la dirección blanca y estrecho colaborador de Wilson Ferreira, murió súbitamente; Julio María Sanguinetti, candidato presidencial por la mayoría colorada, tuvo que ser operado de apendicitis; Jorge Pacheco Areco, candidato a la presidencia por la minoría ultraderechista de los colorados, sufrió un pinzamiento discal y una infección subsiguiente que aún le tiene maltrecho.

Los choques, vuelcos y despeñamientos vehiculares de los candidatos han sido cotidianos y Juan Carlos Paysee y Cristina Maeso, postulantes a la presidencia y vicepresidencia de la nación por una de las minorías del Partido Blanco, tuvieron que suspender su campaña tras precipitarse por un barranco; José d'Elía, el sindicalista que aspira a la vicepresidencia por el Frente Amplio, fue derrotado por una hepatitis, y el candidato presidencial por la Unión Patriótica, el ministro de la dictadura coronel Volentini, murió de un ataque cerebral el pasado jueves ante los micrófonos abiertos de la emisora de radio.Pero ni la bufa ni las libertades regateadas -proscrito el partido comunista y dos de los tres principales líderes políticos- han restado a estas fechas alegría y emotividad. Como contrapunto al siempre bullicioso Buenos Aires, Montevideo es una capital sosegada, provinciana, de escasa vida.

Estos días su fisonomía no es reconocible: la avenida del Dieciocho de Julio -por la fecha de la Constitución- es un hervor de banderas, pegatinas y pasquines, carromatos que asan choripanes, baluartes partidarios que ofrecen las listas de votación, puestecillos de fortuna donde puede adquirirse toda la iconografía ideológica o la efigie pirograbada en cuero de Ernesto Guevara de la Serna; los altavoces florecidos en los árboles escupen sus lemas y sus musiquillas ripiosas ("Zumarán, / Zumarán, los uruguayos, / Zumarán", "Sanguineti, el presidente; / Vasconcellos, el intendente", "De frente, de frente, / vote de frente"). En las veredas cantan o representan piezas cortas los artistas del Frente Amplio y los apaleados pendejos de Wilson Ferreira acampan frente a la Corte-Suprema de Justicia esperando la noticia de la liberación de su líder.

Desde hace dos días, a la ciudad de Salto y Paysandú arriban caravanas de autobuses que cruzan desde Argentina los puentes internacionales del fronterizo río Uruguay; los vapores de la carrera Buenos Aires-Montevideo y los aliscafos Buenos Aires-Colonia surcan abarrotados el achocolatado Río de la Plata. El puente aéreo entre los aeródromos de Aeroparque y Carrasco tenía sus reservas completas desde hace un mes: el Gobierno argentino de Alfonsín ha hecho festivo el viernes y el sábado y mañana lunes para todos los uruguayos que presenten en sus empresas el justificante electoral.

La gobernación socialista de Ríos financió el flete de los autocares que ayer cruzaban los pasos fronterizos brasileños de Río Branco. Las líneas aéreas europeas llegan por primera vez a Montevideo con el pasaje completo. Los hoteles no tienen habitaciones libres. Aun así, la saturación del transporte no ha permitido que más de 50.000 emigrados o exiliados ingresen al país para los sufragios de hoy. Otros, como Mario Benedetti, aún perseguidos por la dictadura, habrán de esperar a lo que ocurra tras el primero de marzo, fecha de la transmisión de poderes.

Resultados, mañana

A las dos de la madrugada del lunes se conocerán los resultados electorales, y la recta final, cabeza a cabeza, entre colorados, blancos y frenteamplistas, no permitirá hacer cábalas en los primeros tramos del escrutinio. En Uruguay, 10.000 votos montevideanos pueden dirimir una elección presidencial. Hay sondeos de opinión que oscilan profesionalmente entre la nigromancia y la escrutación de vísceras de las palomas. El instituto Gallup-Uruguay, el más solvente, adelantó en 1980 el triunfo de la reforma constitucional que plebiscitaron los militares, y en 1982, la victoria de las candidaturas oficialistas en las elecciones internas de los tres partidos entonces tolerados. Se ignora si por impericia o venalidad.En los penales de Punta Carretas, Punta Rieles, y Libertad esperan ya envejecidos, bastantes cancerosos y no pocos enloquecidos, más de 600 presos políticos, encabezados por el jefe tupamaro Sendic, quien, por medio de su hermano, ha saludado y bendecido la recuperación pacífica de la democracia.

La cotización del dólar americano sube cada día desde hace una semana ante las colas en las ventanillas cambiarias de los bancos y, si ganara el Partido Blanco o el Frente Amplio, el Gobierno habrá de decretar mañana feriado bancario si quiere evitar una estampida monetaria. Los militares han dado charlas electorales a sus soldados -todos profesionales, en Uruguay no hay reclutas-, en un intento de orientar los 68.000 votos uniformados. El episcopado uruguayo -capitidisminuido en una sociedad eminentemente culta y laica- lo ha condenado casi todo en su última pastoral, menos los casi 12 años de dictadura castrense.

Las infinitas radios montevideanas han montado dúplex para informar simultáneamente a la población de la jornada electoral de los orientales y del plebiscito sobre el canal del Beagle de los argentinos para sellar la paz con Chile. A trancas y barrancas, mal que bien, con un inciertísimo porvenir económico, pero entre canciones y paz, la civilización regresa hoy a esta orilla del Río de la Plata.

Un candidato y dos vicariatos (25-11-1984)

Hoy, desde el alba hasta el cierre de los colegios electorales, pararán las ruletas de los casinos de Montevideo y Punta del Este y quedará suspendida en todo Uruguay la venta de bebidas alcohólicas. Por primera vez desde 1971 y tras cerca de 12 años de dictadura militar, los uruguayos harán cola -el voto es obligatorio- ante sus urnas de metal, distribuidas por el Ejército, para elegir, en una libertad maltrecha y mutilada, al presidente de la República, diputados, senadores, intendentes (alcaldes) y ediles que habrán de gobernarles.

Sólo tres grandes formaciones políticas uruguayas tienen posibilidades de llegar a la presidencia de la República: colorados, blancos y lacoalición de izquierdas Frente Amplio. A su vez, son capitaneadas por las tres principales figuras políticas del país: Julio María Sanguinetti, Wilson Ferreira y el general Líber Seregni. De entre ellos, sólo el primero ha podido presentar su candidatura sin trabas; Wilson Ferreira se encuentra en una prisión militar desde su regreso a Uruguay, hace cinco meses; el general Seregni, tras ocho años de prisión, permanece proscrito políticamente e inhabilitado para votar y ser elegido. En nombre de cada uno de los proscritos postulan dos vicarios: Alberto Zumarán, un recién llegado a la política uruguaya, y el ginecólogo Juan José Crottogini, que ha ayudado a nacer a medio país.Sanguinetti, abogado, de 46 años, casado con una publicista, con hijos, representa el papel más desairado en estas elecciones repletas de prohibiciones y cautelas militares. Pero también es quien tiene mayores posibilidades de alzarse con el triunfo en los comicios de hoy. Propietario de unas desmesuradas y alborotadas cejas, campechano, con algo de camionero de ruta en su aspecto, es asesor de empresas y mantiene excelentes relaciones con la embajada estadounidense, de la que se sospecha lo patrocina. Buen conocedor de la pintura y el teatro, ha sido el paladín de la concertación con los militares para llegar a estas elecciones.

Fascinado por el papel de Adolfo Suárez en la transición española, Sanguinetti se vio obligado a dejar jirones de su identidad política a fuerza de contemporizar con los militares y hacerles concesiones. Sus antecedentes como ministro en los Gobiernos colorados previos al golpe de Estado de 1973 permiten ubicarle en la derecha de su propio partido, sin llegar al poujadismo del también colorado y ex presidente Jorge Pacheco Areco, un aficionado al boxeo y a las botellas con fuerte gradación alcohólica.

Sanguinetti, siendo ministro de Educación, tuvo una desafortunada intervención en la vida académica como propulsor de una ley severamente restrictiva de la autonomía universitaria; no obstante, el candidato colorado tampoco es la figura groseramente continuista que sus adversarios le reprochan. Fue un sincero debelador de la dictadura, y sus pecados consisten en un exceso de prudencia y pragmatismo y en haber hecho a los militares más concesiones de las que por su fuerza y crédito tenían derecho. Antiguo duelista a sable, su enfrentamiento con Wilson Ferreira trasciende la querella ideológica para penetrar en el choque personal con quien ya le ha arrebatado desde el exilio y la cárcel las banderas de centro-izquierda que históricamente le pertenecían.

Wilson Ferreira, hacendado, de 66 años, casado y con tres hijos, es sin lugar a dudas la figura más polémica de Uruguay. Buen orador populista, dotado de un desgarbado encanto personal, superior al de Sanguinetti o Seregni, con más del 80% del Partido Blanco en sus manos, no tiene para sus conciudadanos término medio: o se le idolatra o se le odia. Para sus partidarios es el símbolo de la dignidad civil, por su terco enfrentamiento a la dictadura y sus planteamientos rupturistas, y para sus adversarios es un aventurero político que dirige con charlatanería de izquierda un partido conservador. Su reputación de hombre físicamente cobarde es entre sus enemigos tal que hace pensar en la capacidad de Wilson Ferreira para generar aborrecimientos personales.

Nunca se batió, aduciendo su condición de católico (en Uruguay el duelo es legal), y al día siguiente del golpe de Estado escapó del país en una avioneta junto con su esposa. Carreteando el aparato por una pista vigilada por el Ejército, tirada la pareja en el piso, Wilson apretó la cabeza de su mujer: "No me dirás que te he dado una vida aburrida". En 1976, la dictadura envió sicarios a Buenos Aires para matarle; asesinaron al senador Michelini y al ex presidente de la asamblea Gutiérrez Ruiz; por tres veces en aquella misma noche los pistoleros llegaron 15 minutos tarde a locales que acababa de abandonar el líderblanco. Bestia negra de los militares uruguayos, aún más que el general Seregni, la dictadura se cuidó muy bien de que permaneciera en prisión hasta pasadas las elecciones de hoy.

Su vicario electoral es el abogado, de 44 años, Alberto Zumarán, casado, con cinco hijos, propietario de una hacienda, con escasa experiencia política, pero dotado de notable sentido común y dotes oratorias. El panza, por su leve obesidad abdominal, o el espíritu santo(porque habla en nombre del padre y del hijo, por Wilson y su vástago Juan Raúl), según la chismografía montevideana, no pretende engañar a nadie sobre su condición de postulante sustitutivo, o de futuro presidente interino, hasta que su jefe pueda concurrir libremente a unos comicios.

La 'bola negra'

El general Líber Seregni, casado, con dos hijas, próximo a unos cuidadísimos 70 años ("mi única autoconsigna en la cárcel fue la del Ejército francés: mantenerse"), es el paradigma de un sector de las fuerzas armadas uruguayas nada convencional. La Marina intentó resistir el golpe de 1973, y coroneles y generales del Ejército de Tierra -como Seregni y el general Licandro- pagaron con años de cárcel y servicias su defensa de la Constitución.

Seregni, el más dotado y brillante militar uruguayo de que se tiene memoria, fue siempre una bola negra en la apagada vida castrense del país. Interesado por numerosas facetas de la cultura, frecuentaba tertulias políticas, intelectuales y artísticas, y consolidó mucho antes de la creación del Frente Amplio, en 1969, una excelente reputación decomunista secreto que le acompaña desde entonces. Coprotagonista del último duelo a pistolas celebrado en Montevideo, siempre atildado, erguido, consciente de su dignidad personal, todavía muy militar, es adorado por la juventud uruguaya, a la que dirige con oratoria didáctica. Su pragmatismo y su carisma le permiten presidir una coalición electoral de cinco partidos, nueve agrupaciones menores y una catarata de independientes denominada maledicentemente colcha de retazos.

Su vicario es el doctor Juan José Crottogini, de 76 años, casado y con una hija, ginecólogo, ex decano de su facultad y ex rector de la universidad montevideana, introductor del Papanicolau en Uruguay y hombre conocidísimo en el país, no tanto por sus indiscutibles méritos científicos, como por haber ayudado a traer al mundo a media nación, incluido Juan Raúl Ferreira. Es un amable patriarca que ya acompañó a Seregni como candidato a la vicepresidencia en las últimas elecciones (1971) y que demostró su coraje y su capacidad dirigiendo el Frente Amplio durante la clandestinidad y la prisión del general Seregni.