25/4/87

Raúl Alfonsín no amnistiara a los militares acusados de violar los derechos humanos durante la dictadura (25-4-1987)

El general José Segundo Dante Caridi se estrenó ayer como jefe del Estado Mayor argentino en sustitución del general Héctor Ríos Ereñú. Caridi, soltero, de 56 años, es un hombre notablemente introvertido y tímido. El pasado jueves juró su cargo por la Constitución y no por Dios y por la patria, respetando el nuevo protocolo instaurado por la democracia. Desde 48 horas antes, el general Caridi se encontraba de hecho al mando de la fuerza armada de Argentina. El ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, aprovechó la ocasión para reafirmar que el Gobierno que preside Raúl Alfonsín no firmará una ley de amnistía que ampare a los militares acusados do violentar los derechos humanos durante la pasada dictadura castrense.

Tras jurar su cargo, Caridi afirmó que el Ejército de Tierra .continuará dando testimonio y consolidando el sistema democrático". Ya con mayor fortuna intelectual advirtió que "el estrecho cumplimiento de las leyes y reglamentos militares deben constituir los carriles por donde transite el desempeño del personal de esta fuerza".El ministro de Defensa estimó la designación de Caridi como jefe del Ejército de Tierra como "una reafirmación de la autoridad de la Presidencia de la Nación y como una ratificación evidente de que no existió ningún tipo de negociación con los hombres que se habían amotinado". Caridi, en efecto, y pese a su involucración judicial en supuestas violaciones de los derechos del hombre, no es precisamente el jefe más querido por la extrema derecha militar.

La mejor noticia de ayer era que ningún fanático con gorra de plato ha sublevado algún regimiento. Sólo el prestigio y la credibilidad personal del presidente Alfonsín y su apelación a las movilizaciones populares mantienen el control sobre esta tembladera militar.

Toda la crisis, por supuesto, ha sido protagonizada por la fuerza terrestre y en particular por el Tercer Cuerpo de Ejército inspirado intelectualmente por el general Luciano Benjamín Menéndez, su ex comandante y ahora en prisión militar esperando su juicio por delitos aberrantes contra las personas. Olvidar la soterrada crisis naval sería un error de información y apreciación. El sumario abierto ante la Cámara Federal de Apelaciones de lo Criminal y Correccional de Buenos Aires por los sucesos acecidos en la Escuela de Mecánica de la Armada es aterrador. Y la Marina sabe que saldrá despiezada de este juicio oral y público. En Córdoba, en Buenos Aires y en Rosario, los principales centros de población, se erigieron los más crueles chupaderos centros clandestinos de detención en los que desaparecían las personas de las tres Armas. Ninguno fue tan cruel como el gran chupadero de la Escuela de Mecánica de la Armada. La ausencia de piedad se dobló con la ambición política. El almirante Emilio Eduardo Massera, alias el Negro, la personalidad más siniestra y más fascinante de la primera Junta Militar (1976) deseaba ser presidente de la República. Dotado de magnetismo personal pretendió desarrollar una suerte de populismo que le permitiera presentarse a unas elecciones tras la dictadura como un nuevo Perón, él, tan gardeliano, con su sonrisa abarrotada de dientes, muy viril, gran amador de las mujeres, asesino -presunto y seguro del marido de su amante Marta Rodríguez MacCormack, hombre muy peligroso pero con tirón social, sabía que jamás un almirante podía acceder ni por las urnas ni por un golpe de Estado a la presidencia de la nación.

El infierno de Dante

Tomó la decisión de que la Marina se llevaría la palma en la lucha contra la subversión de izquierdas. Convirtió la ESMA en el último círculo del infierno de Dante, dio la vuelta a numerosos montoneros, pactó con ellos y acabó engordando y con cadena perpetua en el penal militar de Magdalena. Pero su Arma quedó manchada. Por otra parte, los marinos incluso los argentinos que se reclaman de las tradiciones británicas- no parecen los uniformados más proclives a los sistemas democráticos. Los marinos argentinos, por medio del almirante Jorge Isaac Anaya, miembro de la penúltima junta militar, fueron los que sacaron del cajón el plan -el juego de la guerra- sobre la invasión de las Malvinas. Margaret Thatcher tuvo razón: "si les hundimos un barco se los hundimos todos". Torpedeado el crucero General Belgrano decidieron que lo correcto era no sacar la flota de mar de sus fondeaderos hasta la rendición del general Menéndez, el sobrino de ese animal con galones que comandó el III Cuerpo de Ejército en Córdoba.La Corte Suprema de Justicia ha secuestrado por tiempo indeterminado todas las causas seguidas contra militares por la guerra sucia contra la subversión. De entre ellas las más importantes son las seguidas por los sucesos de la ESMA y por las atrocidades presuntamente cometidas desde el III Cuerpo de Ejército. El procurador general de la nación, doctor Gauna, trabajando desde hace semanas en un dictamen sobre lo que es o debe ser laobediencia debida ha preferido rendir su pluma jurídica y dejar que el Parlamento se sumerja en la cuestión. Se puede afirmar desde aquí, como ha dicho el ministro de Defensa, que no habrá amnistía para los militares rebeldes ni para los que le dieron corriente a la picana bajo la dictadura.

Finalmente parece que el Gobierno socialista español ha despertado de su profundo sopor en lo que atañe a sus abandonadas relaciones con América del Sur. Es muy valorado aquí el gesto del vicepresidente del Gobierno español, Alfonso Guerra, dispuesto a visitar la Argentina sin otra excusa mejor que la de respaldar con su presencia las instituciones de la democracia republicana.


24/4/87

Alfonsín solventa la crisis retirando a 15 generales (24-4-1987)

La crisis militar argentina se ha solventado con el paso a la situación de retiro de 15 generales obligados a ello por la juventud en el mando del nuevo jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, general José Dante Caridi, de 56 años, del Arma de Artillería, un solterón involucrado judicialmente en la guerra sucia contra la subversión ante los tribunales de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, ante los que deberá presentarse en los primeros días de junio.

Los aplastados por esta crisis son Héctor Ríos Ereñú, ya ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra; Mario Sánchez, subjefe del Estado Mayor; Julián Pérez Dorrego, director general de Apoyo; Naldo Dasso, director general de Institutos Militares; Enrique Miguel Bonifacino, comandante del VCuerpo de Ejército; Ernesto Arturo Alais, comandante del II Cuerpo y encargado de reprimir la sublevación del ex teniente coronel Aldo Rico en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo; Juan Carlos Medrano Caro, comandante del IV Cuerpo de Ejército; Antonino Fichera, comandante del III Cuerpo de Ejército, acantonado en Córdoba, núcleo de la rebelión y pasado al retiro a petición propia, y Roberto Atilio Bocalandro, director de Institutos de Estudios Superiores.Igualmente dejaron la actividad, pero ya por decisión del comando de la fuerza de Tierra, los generales Augusto José Vidal, director del Instituto de Perfeccionamiento del Ejército, quien acompañó al presidente Alfonsín en Campo de Mayo en sus tratativas con el rebelde Aldo Rico y firme candidato a la jefatura del Estado Mayor del Ejército; Mario Antonio Martino, subdirector general de Apoyo; Luis Lategana, comandante de la X Brigada de Infantería; Raimundo Pineiro, comandante de la Escuela Militar de la Nación; Juan Manuel Tito, comandante de la I Brigada de Caballería Blindada; y Faustino José Svencionis, jefe de Doctrina e Instrucción del Estado Mayor Conjunto.

Lealtades probadas

Toda esta lista de nombres podrá no decir nada, pero es ilustrativa de la sacudida que ha recibido el Ejército de Tierra argentino. Pero no todo es motivo de festejo: ocho de los 15 generales retirados estaban considerados como muy fieles -particularmente Vidal- al Gobierno democrático de la República. La lealtad de quienes ascienden está por probar.Este terremoto militar se ha activado haciendo política y sopesando cada nombre al máximo. Los rebeldes -el estado de ánimo militar de la fuerza- logran la salida de los generales Alais y Vidal, que trabajaron directamente con Alfonsín para desactivar la rebelión de la Semana Santa.

Vidal es la mayor pérdida para la democracia: se trata del general más solvente, intelectual y comprometido con las exigencias y necesidades de la democracia argentina. Un Gutiérrez Mellado [vicepresidente del Gobierno español para asuntos de Defensa cuando el intento golpista del 23 de febrero de 1981] que se sacrificó para que Alfonsín lograra la rendición incondicional de Aldo Rico en Campo de Mayo aconsejándole (Alfonsín quería ir directamente a la sublevada Escuela de Infantería) y amparándolo en todo momento.

Alais es otra historia. Más macho que nadie, se excedió en sus declaraciones a los periodistas sorbiendo mate de su bombilla, desplegando mapas espectaculares sobre el capó de su jeep de mando, rogando "por el amor de Dios" a los ciudadanos que despejaran la entrada de la Escuela de Infantería, levantando los pulgares en actitud de éxito y asegurando a diestro y siniestro que entraría en Campo de Mayo a sangre y fuego. Con su caballería blindada de Gualeguaychú acantonada en Zárate, a 100 kilómetros de Buenos Aires, hizo todos los esfuerzos posibles por quedar en ridículo. La Escuela de Infantería de Campo de Mayo terminó tomándola Raúl Alfonsín sin necesidad de vestirse un uniforme de camuflaje ni de pintarse la cara con corcho quemado.

El Ejército de Tierra tampoco ha recibido un premio tras el seísmo. El general Caridi, pese a estar implicado en una causa judicial por supuesta violación de los derechos humanos, no es precisamente un hombre popular entre sus conmilitones. Frío, tímido, sin relaciones sociales en la fuerza, es un mero disciplinado sin prestigio. El auténtico jefe del Ejército de Tierra es su actualmente segundo, el general González, jefe de Estado Mayor del III Cuerpo con Fichera, jefe de este cuerpo al cesar aquél, y segundo del Ejército de Tierra a los dos días de que Ríos Ereñú pasara a retiro.

Este corresponsal se cansará de escribir que en Argentina no cabe un golpe de estado militar clásico -la, radiocadena nacional, la marchita y elcomunicado número uno- pero si las cosas se torcieran en exceso habrá que estudiar con cuidado al general Fausto González, segundo de un apocado como el general Caridi y dotado de una personalidad fuerte, capaz tanto de enfrentarse con una nueva sublevación y reprimirla violentamente como de plantarse ante el Gobierno democrático.

Después de la tormenta (24-4-1987)

Sólo es una seguridad marinera el que después de la tempestad viene la calma. En política las cosas son de otra manera y tras la tempestad militar de los últimos días se avecinan jornadas de agobios y quebrantos.La salida de pata de banco de estos imbéciles con uniforme que han llegado a afirmar que se rindieron en las Malvinas pero que ya no se vuelven a rendir más -es decir: que tienen una notable capacidad para rendirse ante fuerzas extranjeras pero que no están dispuestos a rendirse ante el presidente de su propia República- han hecho sonreir de satisfacción a los funcionarios británicos residentes en Argentina bajo bandera suiza.

Argentina y el Reino Unido se encuentran técnicamente en estado de guerra aunque no se la hayan declarado. Y Colum Sharkey, ministro plenipotenciario, trabaja representando a Gran Bretaña en la Embajada de Suiza al mando de tres diplomáticos encargados de asuntos políticos y otro de asuntos consulares. El Gobierno radical y particularmente su canciller, Dante Caputo, un estudiante profesional que jamás trabajó por cuenta ajena hasta alcanzar su cargo, formado en Estados Unidos y en Francia, casado con una ciudadana francesa ex funcionaria de la Embajada de Francia en Buenos Aires, íntimo amigo de Antoine Bianca -un operador del socialismo francés que en realidad se llama Antonio Blanca- y que tiene a sus padres, eméritos luchadores de las Brigadas Internacionales, enterrados en Alicante, abomina de la política exterior de la dictadura.

Respiro entre los dos bloques

Por las motivaciones ya expresadas la cancillería argentina se encuentra próxima a las tesis internacionales de François Mitterrand y todo lo reticente que se pueda ser desde aquí a los supuestos del Departamento de Estado estadounidense. Podría escribirse que la cancillería argentina, regentada por el afrancesado Dante Caputo, tiene por buena una política europea independiente de la estadounidense y estima que cabe algún tipo de respiro ideológico entre los dos bloques.Pero la imbecilidad de los uniformados argentinos, estos caballeros que sólo tienen gónadas para torturar a las mujeres de su propio pueblo y que no demostraron -fuera de la Fuerza Aérea, la única que supo combatir en las Malvinas y la única que sólo repartió medallas a los muertos en combate- ningún tipo de planteamiento ante la acción de las tropas extranjeras bien pertrechadas, no sólo despiertan la sonrisa del ministro plenipotenciario Sharkey. Ann Staford, agregada de la Embajada estadounidense para asuntos científicos y tecnológicos, una soltera de 40 años bastante atractiva y perfecta dominadora no sólo del castellano sino también del lunfardo, también se estará sonriendo.

Agentes de la CIA

Los diplomáticos y los agentes de la CIA y algunos otros exiliados profesionales en países lejanos solemos reunirnos en nuestras capitales de destino para intercambiar información y aliviar nuestras soledades. De estas charletas con la encantadora agente de la CIA y con el representante del Reino Unido en Argentina se desprende, siempre con la obligada copa de más, que si al menos un centenar de súbditos argentinos están pasando información mensualmente sufragada a Londres y a su M-16....La cancillería argentina se había empeñado en demostrar al mundo que el país había vuelto a ser democrático y eminentemente pacífico, y que subsiguientemente, Gran Bretaña no podía esperar una nueva agresión externa como la que sufrió por parte de la penúltima junta militar argentina, ya juzgada y en prisión. Caputo y sus hombres se esforzaron durante los últimos tres años en demostrar que Argentina era una nación pacífica que había abandonado cualquier tipo de aventuras exteriores. Obviamente los reiterados cuartelazos sufridos por esta República no abundan últimamente en el crédito de esta política exterior.

Este país, por otra parte, acaba de ser recipiendario de una visita papal sobre la que es necesario escribir con alguna crueldad si no se quiere faltar a la verdad. País de dominante presencia católica, la Iglesia argentina es culpable por omisión de todo el terror ciudadano desatado por la dictadura militar. Juan Pablo II llegó a la Argentina, desde Chile, probablemente más cansado físicamente de lo que escribieron su epígonos. Por sus discursos en esta nación cabe suponer que la fatiga le impidió conocer realmente dónde estaba y a qué sociedad se estaba dirigiendo y sobre qué sufrimientos estaba reflexionando.

No puede decirse otra cosa sobre la Conferencia Episcopal argentina, que tardó 72 horas en replicar a los sublevados, permitiendo que la Administración de Reagan se le adelantara en la defensa de las instituciones democráticas de la Repúblicas. El embajador norteamericano, Thomas Gildered, visitó inmeditamente el despacho del canciller Caputo para, desde allí, informar a la Prensa que uno de los principales objetivos de la política estadounidense consistía en el mantenimiento de regímenes democráticos en el cono sur americano y particularmente en Argentina. No bastó esto y el propio Ronald Reagan desde su rancho de Santa Mónica, en California, telegrafió a Raúl Alfonsín en idénticos términos.

Así las cosas, nos encontramos aquí protegidos por Ronald Reagan y desaconsejados por el Papa. La peor de las situaciones posibles. La Corte Suprema de Justicia ha recabado para sí todas las causas sobre militares implicados en la guerra sucia contrala subversión, suspendiendo las actuaciones de las cámaras federales. Técnicamente, permanecen en suspenso causas tan graves e importantes como las relativas a las actuaciones del III Cuerpo de Ejército (Córdoba y la Escuela de Mecánica de la Armada).

Sin embargo, se estima que esta situación procesal sólo obedece a razones políticas explicables por la última crisis militar. El procurador general de la Nación, Juan Octavio Gauna, parece que ha prescindido de emitir un dictamen sobre lo que se debe entender por obediencia debida y cabe dentro de lo posible que sea el Parlamento -diputados y senadores- quienes decidan lo que significa acatar una orden de un superior que suponga picanear a un detenido.

23/4/87

Alfonsín prepara la nueva cupula militar que dirigirá el general Caridi (23-4-1987)

El país se encuentra en paz. Nadie da un adarme por la fidelidad del Ejército de Tierra a las instituciones democráticas. Y de la Armada y de su jefe de Estado Mayor, Ramón Arosa, sólo se espera que continúen guardando su espeso silencio. Sólo del brigadier Crespo y de su Fuerza Aérea cabe recabar algún centímetro de lealtad y seguridad institucional. El presidente, Raúl Alfonsín, y su ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, analizaron ayer la nueva conformación de la cúpula militar, dirigida por el general José Dante Caridi, ex jefe del V Cuerpo de Ejército, y el general Fausto González, segundo en la cadena de mando.

Caridi está reclamado por la justicia civil de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, por supuestos delitos contra los derechos humanos. González estaba comandando la primera brigada operativa de paracaidistas en el III Cuerpo de Ejército, en Córdoba, y, durante escasas horas, sustituyó al relevado general Fichera al mando de la primera agrupación de tropas del país. Son dos generales seguros para las instituciones republicanas democráticas.A las 18.40 de la tarde del martes, el coronel Enrique Rodríguez Coronel obtuvo la rendición del comandante Jorge Durán, que había sublevado en la mañana el regimiento de Ingenieros de Salta. Durán y sus rebeldes aducían que el presidente Alfonsín había traicionado supuestos pactos con el ex teniente coronel Aldo Rico, sublevado durante la Semana Santa en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, y que desconocía la autoridad de Caridi como nuevo jefe de Estado Mayor del Ejército. Fue desarmado, preso y pasado a tribunales militares sin mayores problemas.

La jornada deparó otros sustos: sublevaciones de regimientos en Tucumán, también al norte del país, y de unidades acantonadas en el propio Campo de Mayo, cuartel general del Ejército argentino y en los aledaños de la Capital Federal. Se trataba de sublevaciones secas que no explicitaron su rebeldía aunque el Gobierno tenía conocimiento de su actitud intelectual ante la democracia.

Pretensión de amnistía

El Ejército de Tierra argentino, en su totalidad, pretende una amnistía para sus jefes y para toda la oficialidad que ha pasado o está por pasar por los tribunales a causa de la guerra sucia contra la subversión de izquierdas, y no hay uniformado argentino dispuesto a empuñar las armas contra camaradas rebeldes.El mayor problema al margen de la sublevación de Salta se produjo en San Miguel de Tucumán, hacia la frontera boliviana, donde el Regimiento XIX de Infantería al mando del teniente coronel Ángel León reclamó el nombramiento del general Augusto Vidal como jefe del Estado Mayor del Ejército en lugar del designado general Caridi.

El comandante de la V Brigada de Infantería con asiento en Tucumán, el coronel Nestor Cassina, y su segundo el comandante Arturo Palmieri, han pedido y obtenido su pase a retiro por descontento con la actual política de Defensa.

El Estado Mayor del Ejército difundió ayer dos comunicados; por el primero se enumeraban ad nauseam las guarniciones quepermanecían leales al Gobierno; por el segundo se afirmaba que "han confirmado absoluta normalidad las guarniciones militares que la fuerza posee en todo el país. El Estado Mayor del Ejército pone en conocimiento de la población, ante versiones infundadas que originan confusión en la opinión pública, que han confirmado absoluta normalidad las guarniciones militares de la República".

No obstante, las noticias del martes sobre la lealtad de reductos militares en Bahía Blanca, en el sur atlántico de la Capital Federal y en la Escuela para Apoyo de Combate General Lemos, de Campo de Mayo, eran por lo menos preocupantes. Por otra parte, una poderosa bomba de trotyl pudo ser desactivada a tiempo en las puertas del domicilio cordobés del ex comandante Barreiro, actualmente en paradero desconocido.

El país se encuentra en absoluta normalidad, pero choqueado por el planteo militar. Madres y abuelas de la Plaza de Mayo han sondeado las embajadas de España, Francia., Suecia y Bélgica por la hipotética necesidad de solicitar refugio político, siendo en todos los casos favorablemente atentidas. Julio César Strassera y Moreno Ocampo, fiscal general y fiscal adjunto de la Cámara Federal de Apelaciones en lo Criminal y Correccional -los que enviaron a prisión a las tres primeras juntas militares- se encuentran en visita oficial en la República Dominicana y han recibido ofertas de asilo político.

En el corazón de las tinieblas (23-4-1987)

La depresión para quienes aman este país era el martes algo más que una inclinación de la naturaleza: casi una obligación moral de sensibilidad ciudadana. Aquellas "¡felices pascuas!" con que Alfonsín saludó a sus compatriotas al regreso de su aventura en Campo de Mayo, aquel "la casa está en orden; vayan a besar a sus hijos" quedaba demolido por el comandante Jorge Alberto Durán que sublevaba su V Regimiento de Ingenieros de Salta, otra vez con la pamema de que se alzaba no contra el Gobierno constitucional pero que desconocía al nuevo jefe de Estado Mayor José Caridi, sustituto del retirado general Héctor Ríos Ereñú.La jornada del lunes fue nuevamente infernal y todos los políticos, los periodistas nacionales, los corresponsales, nos decíamos en privado lo que nos negábamos, por voluntarismo o por prudencia, a admitir públicamente o por escrito: que el Ejército de Tierra argentino estaba sublevado por acción u omisión. Eso sí, llenándose la boca de unas extrañas manifestaciones de fidelidad constitucional dobladas por no menos raras afirmaciones de que cada alzamiento era una cuestión interna y privada del Ejército.

Gobierno debilitado

Así las cosas, nada ha vuelto a la normalidad por más que durante media jornada de ayer ninguna unidad del Ejército de Tierra haya decidido alzarse en armas. Pero los uniformados de tierra han logrado sembrar la confusión y debilitar notoriamente al Gobierno constitucional. Pasado el ojo del huracán, los militares argentinos no se sienten para nada frustrados y sonríen de oreja a oreja. Es cierto que no querían derrocar al Gobierno -todavía no pueden- pero han querido empujarlo y manosearlo. Y lo han conseguido.Han logrado, cuando menos, extender la confusión sobre supuestas concesiones del poder civil hacia los sublevados de la Semana Santa. Uno de los argumentos esgrimidos y aireados por enviados especiales bien intencionados pero desconocedores de la política argentina reside en la presentación hoy, jueves, de un dictamen de Juan Octavio Gaona, procurador general de la Nación, sobre la obediencia debida y sus alcances. Siempre suponiéndose que este dictamen mejoraría la situación procesal de numerosos militares.

El dichoso dictamen no tiene nada que ver con los últimos acontecimientos militares. El dicho dictamen se planteó dentro de la causa seguida contra el ex general Ramón Camps, el carnicero de Buenos Aires, ex jefe de la policía bonaerense durante la dictadura. Sus subordinados y procesados, el comisario Miguel Etchecolatz, el médico policial Jorge Bergés y el cabo primero de la policía federal Norberto Cozzani, a través de sus abogados defensores, solicitaron este dicho dictamen en procura de una exculpación por obediencia debida. El procurador Gauna, que tiene ojos y oídos, aceleró su dictamen, que aún ignora este corresponsal, por si así podía contribuir a la pacificación de los ánimos castrenses.

Pero sea como fuere y por más que la ciencia jurídica del procurador Gauna sea mucha, se ignora cómo se podrá conciliar la obediencia debida con la aplicación de corriente alterna a los fetos de las embarazadas. No será este dictamen el que salve a determinados militares y policías de la cárcel por comisión de delitos aberrantes contra las personas.

La segunda iniquidad difundida ha consistido en que el presidente Alfonsín negoció y pactó con el ex teniente coronel Aldo Rico, en Campo de Mayo, ofreciéndole promesas y perdones. Esta versión interesada pretende rebajar hasta la situación de mero teatro el gesto imprevisto del presidente de exigir personalmente la rendición incondicional de los sediciosos.

También han logrado los rebeldes otra parte de sus objetivos. El presidente, por la cadena nacional de radiotelevisión, se ha visto obligado a dar explicaciones sobre sus actos en Campo de Mayo y se ha tenido que rebajar hasta pedir a sus edecanes presentes y testigos de su conversación con Aldo Rico la corroboración de sus palabras. "Sería demencial", dijo Alfonsín, "que yo hubiera negociado con Rico la composición de la cúpula del ejército".

Presumiblemente el Gobierno cometió un error admitiendo la solicitud de pase a retiro del general Héctor Ríos Ereñú. Hubiera sido más inteligentesostenella y no enmedalla y mantenerle en su cargo por algunas semanas o meses. Pero desde meses atrás Ereñú era un cadáver militar y en estado de avanzada descomposición. Permanecía encerrado en su despacho del edificio Libertador como un zombi, sin comunicación con los jefes de los cuerpos de ejército, absolutamente alejado de los cuadros medios de su tropa y, además, enfrentado hasta el punto de no dirigirse la palabra con el brigadier del Aire Ramón Crespo, su par en la Fuerza Aérea y quien mejor podía ayudarle.

A Ríos Ereñú, más que al intocable Alfonsín, le estaban montado un golpe por su supuesta pasividad y entreguismo ante los juicios militares, y se daba cuenta, y ante el peligro inminente quedó en estado catatónico. Es verdad que existía un clamor en el Ejército contra su persona -el clásico traidor vendido al poder civil- pero su sustitución por el general José Segundo Dante Caridi no se ha llevado a cabo por ningún pacto ni concesión gubernamental a los sublevados. Tal es así que la broma militar emergió nuevamente el pasado martes.

El enfado castrense por la designación de Caridi no obedece sólo a su reconocida lealtad por las instituciones democráticas -aunque tiene pendiente una causa por violación de derechos humanos en los tribunales de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, que deberá atender en los primeros días de junio- sino que su nombramiento no obliga, por menor antiguedad en el mando, al retiro del general Alais, comandante del II Cuerpo de Ejército y encargado por el Gobierno de reprimir a Aldo Rico, atrincherado en Campo de Mayo.

Alais, 100 kilos en uniforme de combate, estuvo haciendo turismo por los alrededores de Campo de Mayo asegurando prepotentemente que iba a tomar la escuela de infantería. Él sabía que sus subordinados no tenían la menor de las intenciones de disparar un solo tiro contra las tropas de Aldo Rico, pero se pavoneó atendiendo a los periodistas, sorbiendo mate, y ganando tiempo hasta lograr hartar al presidente y a sus propios conmilitones. Dante Caridi le ha pasado a retiro, por decisión propia, junto a otros dos generales.

El pivote de esta semana de pasión ha girado sobre el ex comandante Barreiro y sobre Aldo Rico, con el resto de las Fuerzas Armadas silenciosamente cómplices. Barreiro es un nazi, desagradable hasta físicamente, el gran interrogador de La Perla, el chupadero principal de Córdoba. Oficial de inteligencia, dirigía los interrogatorios y dio picana personalmente y descapuchado. Tiene un sumario a sus espaldas por seis presuntos homicidios y quienes le conocen le tienen por capaz de lograr la erección y la eyaculación observando una sesión de tortura.

Aldo Rico es otra historia y otro personaje. Este hijo de asturianos emigrados superó por poco los exámenes de la escuela militar de la nación tras haber trompeado a un superior. Hiperactivo, se graduó con los rangers estadounidenses.

En las Malvinas llevó a cabo acciones más arriesgadas. Combatió permanentemente tras las líneas inglesas y después de la rendición del general Menéndez exigió el fusilamiento del gobernador general de las islas y de sus tres generales inmediatos subordinados. Las condecoraciones que se le otorgaron por su desempeño en la campaña fueron congeladas por la última Junta Militar y desheladas y otorgadas por la Administración democrática de Alfonsín.

Pero se lo pidió el cuerpo y en una noche bajó con dos regimientos de infantería desde su guarnición de Misiones, en la frontera brasilera, hasta Buenos Aires, Campo de Mayo y la Escuela de Infantería en la que se atrincheró.

22/4/87

Problemas de Alfonsín para controlar el Ejército argentino (22-4-1987)

El presidente argentino, Raúl Alfonsín, tiene graves problemas para mantener e¡ control sobre el Ejército de Tierra. Durante la jornada de ayer se produjeron dos sublevaciones, la del V Regimiento de Combate de Ingenieros de Salta, acantonado en la provincia norteña argentina del mismo nombre, y la del XIX Regimiento de Infantería de Tucumán. Aunque en la primera de las dos guarniciones los sublevados depusieron su actitud a la 1.30 de la madrugada de hoy, hora española, la Casa Rosada no emitió ninguna comunicación oficial en el día de ayer. Raúl Alfonsín se limitó a declarar, al término de una tensa jornada: "Todo está bien".

El V Regimiento de Combate de Ingenieros de Salta se sublevó a las 12.30 del día de ayer, hora argentina. El jefe de la rebelión fue el comandante Jorge Alberto Durán, que, tras una tensa jornada, aceptó deponer su actitud y se entregó al jefe de la guarnición, coronel Ricardo Rodríguez.En el XIX Regimiento de Infantería de Tucumán, al mando del teniente coronel Juan Palmieri -quien ha solicitado su paso a retiro, siendo sustituido por el teniente coronel Casina-, se produjo también una sublevación.

La situación en este regimiento era confusa anoche.

Estos rebrotes subversivos son los únicos confirmados oficialmente, pero todos en este país estamos mareados por algo más que rumores sobre sublevaciones en la provincia de Buenos Aires, incluidos la propia Escuela de Caballería de Campo de Mayo, Puerto Belgrano, La Tablada y Magdalena.

Frente a la Casa Rosada, a las cuatro de la tarde, hora argentina, comenzaban a congregarse nuevamente los ciudadanos. Los jefes de la Policía Federal y del Ejército del Aire decidieron acuartelar sus fuerzas ante la situación. Alfonsín fue visitado por numerosos dirigentes políticos.

Relevos y pases a retiro continuados de militares se están produciendo, tanto por los sucesos registrados durante la Semana Santa como por los iniciados ayer. El coronel Luis Alberto Pedrazini, director de la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, ha emitido un comunicado a las tropas en el que, después de afirmar "...la incomprensión de la sociedad argentina frente a la lucha contra la subversión...", reprochaba la actitud de los oficiales fanáticos de la muerte, que, con sus, pataleos, podrían conducir a la patria a una guerra civil.Hasta anoche, la Casa Rosada no había emitido ningún comunicado oficial sobre las nuevas sublevaciones militares. La Confederación General del Trabajo (CGT) permanecía en estado de alerta y, suspendida su huelga general indefinida decretada para hoy, ha vuelto a amenazar con el paro generalizado si se mantiene la situación de insubordinación castrense.

Parecía hacer falta esta nueva teoría de sublevaciones o de lealtades dudosas para que se entendiera cabalmente que el presidente Raúl Alfonsín no estaba transando nada con los militares rebeldes de la pasada semana y sólo procuraba su rendición incondicional y la normalidad institucional de la República.

En la mañana del lunes se hizo efectiva la dimisión de Héctor Ríos Ereñú como jefe del Estado Mayor del Ejército, pasando a situación de retiro. Su cese era una de las exigencias anclares de los sublevados de la Semana Santa pero es un error estimar que su desaparición del escenario castrense es una concesión a los insurrectos. Las rebeliones militares en cadena que está padeciendo el país persiguen una amnistía militar por los crímenes cometidos durante la guerra sucia contra la subversión, y todo lo demás es añadidura y camuflaje profesional o ideológico.

Ereñú ha sido sustituido por el general José Dante Segundo Caridi, hasta ahora inspector general del Ejército y cuarto en la nómina del generalato. Se descartó el nombramiento, tenido por seguro, del general Augusto Vidal -director de los institutos de perfeccionamiento militares, y el hombre que acompañó y asesoró a Alfonsín en Campo de Mayo para la rendición de la insurrecta Escuela de Infantería-, para evitar el pase a retiro de 14 generales, muchos de ellos dignos de confianza, dado que el jefe del Estado Mayor del Ejército no puede tener corno subordinados a jefes más antiguos.

Con el nombramiento de Caridi, sólo ocho generales pasan a retiro descontanto al propio Ríos Ereñú y al general Fichera, ex comandante del III Cuerpo de Ejércíto. Se trata de Mario Jaime Sánchez, subjefe del Estado Mayor de la misma arma; Julián Pérez Torrego, director general de Apoyo; Naldo Miguel Sasso, director general de Institutos Militares; Juan Carlos Medrano Caro, comandante del IV Cuerpo de Ejército; Roberto Atillo Bocalandro, director del Instituto de Enseñanza Superior del Ejército; Augusto José Vidal, director del Instituto de Perfeccionamiento del Ejército y candidato firme a la sucesión de Ríos Ereñú; Luis Horacio Lategana, comandante de la 10ª Brigada de Infantería, y Juan Manuel Tito, comandante de la 1ª Brigada de Caballería Blindada.

Caridi, en su toma de posesión en el Ministerio de Defensa, declaró: "Asumo una tremenda responsabilidad en un momento muy difícil para nuestra institución. Quiera Dios que podamos llevar todo esto a buen término por el bien de la institución y de todos los argentinos". Caridi, de 56 años había mandado anteriormente el V Cuerpo de Ejército.

Fidelidad a las instituciones

Soltero, artillero, muy tímido, Caridi está implicado en supuestas violaciones de derechos humanos durante la guerra sucia contra la subversión, y el primero de junio ha de presentarse ante los juzgados de La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires) para rendir declaración de sus actuaciones. No obstante era hasta ayer uno de los nueve generales de división -algunos ya han pasado al retiro- sobre los que el Gobierno tiene total seguridad de su fidelidad a las instituciones democráticas.

En la misma noche del domingo el presidente Raúl Alfonsín instruyó a su ministro de Defensa Horacio Jaunarena para "acelerar los procedimientos tendentes a determinar las responsabilidades del personal militar interviniente en el último alzamiento. Para consolidar la disciplina de la institución y facilitar la recomposición de la cadena de mando".

Por el momento los acompañantes, en número indeterminado, del ex comandante Barreiro, actualmente prófugo, permanecen presos en el regimiento XIV de Infantería Aerotransportada de La Calera (Córdoba), y el ex teniente coronel Aldo Rico y 56 jefes y oficiales se encuentran detenidos en Campo de Mayo a la espera de su procesamiento.

El nudo del problema reside en los cuadros medios, en la oficialidad joven, abiertamente rebelde, con sublevación explícita o sin ella, enfrentados a la continuación de los procesos militares por los crímenes cometidos durante la lucha antisubversiva bajo la dictadura.

'Alfonsón' (22-4-1987)

Raúl Alfonsín, presidente de Argentina desde 1983, vencedor en los primeros comicios celebrados tras más de siete años de dictadura, ha sido el protagonista prácticamente absoluto del encadenamiento de sucesos que condujo, en la noche del pasado domingo, al fracaso de una intentona golpista que mantuvo en jaque a su país durante más de 72 horas. Su figura emerge de esta prueba reforzada por el carisma del líder que queda indefectiblemente vinculado a la democracia.

Durante el último viaje de Raúl Alfonsín a España, el rey Juan Carlos trasladaba desde Oviedo a Madrid al presidente argentino en un Mystère oficial. Terminados los actos protocolarios, los ominosos apretones de manos, las sonrisas y conversaciones triviales obligatorias, Juan Carlos de Borbón, ya en el aire, extendió sus largas piernas, se relajó y, volviéndose hacia Alfonsín, le musitó: "No sabes, presidente, las ganas que tengo de coger la cama". El presidente argentino le replicó suavemente: "Majestad, que no nos oiga la Reina, pero permítame poner en duda de que lo que usted tiene ganas sea de coger, precisamente, la cama".En Argentina coger es sinónimo de hacer el amor. Viejo es el cuento, tomado de una anécdota auténtica, del sacerdote español que arribando por primera vez al aeropuerto internacional de Ezeiza preguntó a un policía federal cómo podía coger un taxi. El cana, mirándole estupefacto de arriba abajo, le contestó: "Pues como le coja por el tubo de escape, no sé yo".

El Rey se convulsionó en risas por el comentario de Alfonsín mientras éste sonreía socarronamente bajo su poblado bigote de morsa. Es un hombre agradable y con un acendrado sentido del humor que le impide ser estúpidamente solemne.

Durante la campaña electoral de 1983 pidió a sus colaboradores una cancha de fútbol para transmitir al pueblo su mensaje. Los operadores de su campaña se aterraron. El radicalismo siempre había sido históricamente un club de gentes sensatas, hostiles a las manifestaciones populares, ciudadanos de comité, de parroquia -loscentros locales de la Unión Cívica Radical-, en los que sin levantar la voz se discutían serenamente los problemas de la República. Hablar en un campo de fútbol les parecía una aberración intelectual.

Finalmente, Alfonsín colmó la cancha porteña del Ferrocarril Oeste, un equipo ferrocarrilero de las afueras de Buenos Aires, prácticamente levantado sobre madera podrida, pobre, suburbano, solo, fané y descangallado. El césped raleado fue ocupado a medias por señoras elegantes cubiertas con zorros rojos de la Patagonia y por linyeras -vagabundos-, cirujas -rebuscadores de basura- y proletarios jóvenes un punto cansados del eterno mesianismo peronista. Los sindicatos peronistas del transporte organizaron aquel mismo día una huelga sectorial para impedir el acceso a Ferrocarril Oeste, pero todo fue en vano. Se hicieron kilómetros a pie para escuchar a aquel extraño candidato radical, y el acto fue finalmente conocido como el Alfonsinazo en ferro.

Semanas después, los gerentes de la campaña alfonsinista buscaban otro estadio, el del Boca Juniors, rápidamente desdeñado por peronista, o el del Ríver Plate, para el acto final electoral. Permanecían aterrados, pese al muestreo que había ofrecido la cancha del Ferro, por no poder llenar una cancha mayor.

Pocos días antes del cierre de las campañas electorales, Alfonsín circulaba en automóvil por la avenida del Nueve de Julio junto a EnriqueCoty Nossiglia, líder de la coordinadora radical y uno de sus más leales y eficaces jóvenes lobos, cuando le dijo, al bordear el obelisco que preside el centro de la ciudad: "Quiero la tribuna ahí, mirando para allá". Coty empalideció: "Pero si no vamos a poder llenar la avenida del Nueve de Julio. Vamos a hacer el ridículo". "Si no podemos abarrotar la Nueve de Julio", contestó Alfonsín, "no tenemos nada que hacer en la presidencia de la República Argentina".

La avenida del Nueve de Julio es la más ancha del mundo, superior en dimensiones no sólo a los Campos Elíseos, sino a la avenida Central de Brasilia, diseñada por Óscar Niemeyer. Alfonsín la llenó, la abarrotó, la desbordó, la desbarató, en su mitin final electoral, y acabado el acto le guiñó un ojo a Nossiglia: "¿Te das cuenta de por qué soy el jefe?".

Alfonsín es un abogado de pueblo, de Chascomus, a un centenar de kilómetros de Buenos Aires; padre de familia, abuelo, escaso de bienes de fortuna, propietario de la casa familiar y desconocedor absoluto de lo que supone poseer un automóvil propio; apasionado por la política y por la regeneración de su país y de su partido.

Se enfrentó al chino, al todopoderoso Ricardo BaIbín, líder del radicalismo hasta su muerte, después de la de Perón, convencido de que había que acabar con Ia política de comité" y sacar a la Unión Cívica Radical a las calles. Encabezando la línea interna Renovación y Cambio conspiró modestamente en todos los restaurantes baratos de Buenos Aires y viajó por Europa recabando dudosos apoyos internacionales y parando en casas de amigos y correligionarios.

Estudioso del krausismo

Estudioso del krausismo español, es un hombre profundamente respetuoso con los demás. íntimamente convencido de que nadie es más que nadie y que llama señor al camarero que le sirve el café. Cargado de hombros -pese a que se cuida físicamente no fumando, rebajando peso, corriendo por la quinta presidencial de Olivos en la mañana, nadando-, no puede evitar una inclinación de cabeza casi japonesa al saludar a cualquier interlocutor. El trato social con él es gratísimo y hasta dulce. Pero sus cabreos son bíblicos, y las más audaces de sus iniciativas, puramente personales y rumiadas en su soledad.

En los mítines, frente a las masas, se transforma. Toda su corrección y amabilidad se trastocan en una voz potente, en una indignación latente, en un pecho erguido que reclama el sentido común. Respetuoso como es su Gobierno con las libertades informativas, atacó hace tres semanas al matutino Clarín, el primer diario argentino, al que acusó de tergiversar las noticias.

Hace dos semanas, asistiendo a un oficio religioso, monseñor Medina, desde el púlpito, denunció alegremente un aumento de la corrupción bajo la Administración democrática. Alfonsín, presente, pidió permiso, subió al púlpito y reclamó los nombres de los corruptos acallando al monseñor. Son los alfonsinazos.

Transcurridos casi cinco días de crisis militar, recibiendo noticias de la soberbia y la seguridad de los amotinados en Campo de Mayo, salió al balcón de la Casa Rosada y anunció -ante el empalidecimiento de sus colaboradores- que marchaba a la primera guarnición del Ejército argentino a exigir la rendición de los rebeldes. Nadie puede asegurar que no lo viniera pensando desde hacía horas o días, pero nadie puede afirmar tampoco que el gesto estuviera preparado. Fue otro alfonsinazoque tomó a todos por sorpresa.

Nadie discute hoy la autoridad presidencial. Gobierno y oposición coinciden en que tienen un presidente de lujo, un auténtico animal político, dueño de sus mejores resortes y repleto de su autoridad.

En una sociedad como la argentina, tan cuidadosa de las palabras malsonantes, señoras de la mejor sociedad, para nada radicales, no dudan en estimar públicamente que Raúl Ricardo Alfonsín "tiene las bolas cuadradas". Alfonsín, para peronistas y radicales, para demócratas cristianos y liberales, ya es un bien público nacional. Ya es Alfonsón.