25/5/86

Alfonsín intenta calmar a su país con un discurso aburrido y poco mitinero (25-5-1986)

Radicales y peronistas celebraron el viernes en Buenos Aires sendos actos multitudinarios que felizmente se desarrollaron sin incidentes. Raúl Alfonsín, desde los balcones de Perán, renunció a desbarrancarse en un discurso de barricada y casi desilusionó a su audiencia con una intervención de cerca de una hora, detallada, razonada, sobre los males de la República y sus posibilidades de recuperación. En un alarde de desprecio por la demagogia o los discursos fáciles -y Alfonsín es un excelente mitinero- se extendió sobre un futuro seguro nacional de salud, sobre la informatización de la Administración y sobre la inflación. Enfriar, enfriar, enfriar es ahora la consigna que emanan los sectores más sensatos de la sociedad argentina.A las cinco de la tarde del viernes el centro porteño comenzó a vaciarse y el tráfico, siempre infernal en el borde del fin de semana, se hizo insólitamente fluido. Miles de personas convergían sobre la plaza de Mayo para escuchar al presidente Alfonsín o sobre la plaza Once, nucleamiento del barrio judío, para aclamar a los dirigentes del peronismo renovador: Carlos Grosso, Antonio Cafiero y Carlos Saúl Menem.

En plaza de Mayo los cánticos sincopados de cerca de 100.000 personas fueron un recordatorio del frustrado atentado contra Alfonsín: "No queremos más Verdura -por el comandante en jefe del III Cuerpo de Ejército-/ no queremos más patotas / no queremos a Alfonsín / presidente con pelotas"; "los fachos están locosl si lo tocan a Alfonsín I va a haber guerra civil". Los organizadores de la concentración procuraron apagar estas consignas elevando el volumen de la megafonía que emitía música popular. El Gobierno continúa decidido a mantener frío el atentado y no excitar los ánimos de nadie.

Prácticamente a la misma hora 135.000 peronistas, según los cálculos policiales, aclamaban al triunvirato que pretende renovar y modernizar el peronismo: tres hombres -Grosso, Cafiero y Menem- con escasas simpatías en el aparato burocrático y sindical del justicialismo pero con buena imagen pública y con probadas dotes políticas e intelectuales.

24/5/86

Alfonsín avanza en su deseo de crear la II República Argentina (24-5-1986)

La plaza de Mayo de Buenos Aires, frente a la Casa Rosada, fue escenario en la tarde de ayer de una masiva concentración de la Unión Cívica Radical, el partido en el Gobierno, encaminada a promocionar lo que será la fundación de la II República Argentina. El presidente, Raúl Alfonsín, tenía previsto dirigirse al pueblo desde los balcones de la casa del Gobierno para reafirmar sus intenciones de reformar la Constitución -lo que podría prever un segundo mandato presidencial-, establecer el juicio oral y público -hasta ahora es secreto y por escrito, excepto en casos excepcionales, como el juicio a las juntas militares de la dictadura- y trasladar la capitalidad de la República a Viedma, en la provincia de Río Negro, en el Atlántico sur del país.

A las siete de la tarde, una hora antes de la concentración en la plaza de Mayo, el peronismo renovador había convocado a sus militantes en la plaza Once, bajo el lema Sí, se puede cambiar y como respuesta al acto radical. El peronismo renovador es la corriente interna con mayor fuerza dentro del caos peronista y está dirigido por el joven diputado Carlos Grosso; por Antonio Cafiero, ex ministro de Economía en uno de los Gobiernos de Isabelita Perón y adversario de Herminio Iglesias por la gobernación de Buenos Aires, y por Carlos Saúl Menem, gobernador peronista de La Rioja y declarado aspirante a la presidencia de la República en las futuras elecciones. Todos ellos, hombres moderados, cultivados y dotados de respetabilidad personal, económica y política.Pero el país, tenso y crispado por el reciente intento de asesinato del presidente, ha de atender a otros temas hondamente conflictivos: la interpelación en la Cámara de los Diputados del ministro del Interior, Antonio Troccoli, que terminó a puñetazos; la extradición del brujo José López Rega, concedida por Estados Unidos, y la ruptura de relaciones diplomáticas con Suráfrica.

Argentina es en estos momentos el paraíso de los secuestradores. Toda la mano de obra desocupada, que pasó siete años secuestrando personas y que en gran medida continúa enquistada en los aparatos de seguridad del Estado ha continuado trabajando por su cuenta, haciendo desaparecer a industriales de fortuna para cobrar rescate. Uno de los últimos casos es el del empresario Jorge Oswaldo Sivak, desaparecido desde hace meses. Su familia, que ya ha pagado no uno, sino varios rescates, estima que se encuentra en manos de parapoliciales encubiertos por el ministro del Interior para evitar un escándalo político. En la comparecencia del ministro ante la Cámara, una hermana del secuestrado tildó a Troccoli de embustero a las voces y éste perdió los nervios replicándole a los gritos que se callara. En medio de un pandemónium de voces y aspavientos, diputados radicales y peronistas comenzaron por insultarse y acabaron por repartirse puñetazos antes de que la sesión fuera suspendida hasta el miércoles.

Para el miércoles se teme la necesidad de desarmar a sus señorías -muchas de las cuales concurren a las sesiones con pistola- para evitar males mayores no sólo por la continuación de las explicaciones del ministro Troccoli sobre los secuestros extorsivos, sino por .la llamada a comparecer del ministro de Defensa para que aporte datos sobre el intento de asesinato del presidente.

La concedida extradición de José López Rega, secretario del ex presidente Juan Domingo Perón, brujo y confidente de la familia, presunto amante de la señora, fundador de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), ex ministro de Acción Social, es lo que menos necesita en estos momentos la baqueteada democracia argentina. Acusado por tres jueces federales de ocho homicidios presuntamente probados, malversación y defraudación, acabará llegando al país si, como se presupone, no prospera su apelación ante la justicia estadounidense.

Su proceso dividirá aún más al justicialismo y constituirá el destapamiento de un gran cubo de basura maloliente para todos. En una nación ya fatigada por tanto juicio sobre los horrores pasados, sólo faltaba la apertura de un proceso al Rasputín de Isabelita y de Perón. Esta extradición es lo último que hubiera deseado el Gobierno radical.

Finalmente, la República Argentina ha roto sus relaciones con Suráfrica en un gesto loable, pero sumamente comprometido. Suráfrica, pese al Atlántico sur, es uno de los más importantes vecinos de Argentina, sus relaciones económicas eran estrechas y todo el reaccionarismo militar y civil argentino hallaba consuelo en el régimen de Pretoria. El Gobierno radical, fiel al krausismo español que le inspira, ha dado un nuevo paso de arriesgada moralidad.

21/5/86

Condena unánime del frustrado atentado contra Alfonsín (21-5-1986)

Una condena unánime por parte de todas las fuerzas políticas y una generalizada sensación de tristeza y depresión son las reacciones de la sociedad argentina ante el primer intento serio de atentado contra el presidente Raúl Alfonsín. El pasado lunes, y dentro de su política de acercamiento a las fuerzas armadas, el presidente visitó los acantonamientos del III Cuerpo del Ejército, con sede en Córdoba, la segunda capital del país y centro geográfico relativo de la nación. Una llamada telefónica anónima denunció la existencia de un explosivo en el mismo cuartel general.

Policía militar y artificieros descubrieron dos panes de trotyl, un tipo de explosivo, en una alcantarilla, dispuestos para ser explosionados a distancia, en las lindes del casino de oficiales, bajo una pista de asfalto por la que debía transitar el automóvil del presidente.Desactivado el artefacto, Alfonsín se dirigió a los jefes y oficiales del históricamente conflictivo III Cuerpo de Ejército, que recibieron sus palabras en silencio, que no le aplaudieron y que renunciaron a formular preguntas en el frustrado coloquio posterior.

El presidente, Alfonsín había aterrizado en la Escuela de Aviación Militar de Córdoba en el aparato presidencial Tango 01, y efectivos militares y cuadrillas municipales debieron borrar apresuradamente de las paredes de los edificios colindantes leyendas infamantes contra la Presidencia de la República y contra el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Ríos Eruñu. El microcentro de la ciudad había sido sembrado con octavillas del mismo tenor.

'Mano de obra desocupada'

Antes de regresar a Buenos Aires, el Tango fue rastrillado exhaustivamente ante el temor de, que hubiera sido saboteado.El ministro de Defensa, Germán López, convocó en el edificio Cóndor de la capital federal a toda la cúpula militar para analizar la situación, y ayer se esperaba, cuando menos, la destitución y pase a retiro del general Aníbal, Verdurá, comandante en jefe del III Cuerpo de Ejército. Desde hace dos semanas, lo que en la Argentina se entiende por mano de obra desocupada -servicios de información de la dictadura militar, parapoliciales, paramilitares, torturadores, sin trabajo, terroristas de la extrema derecha, militares fanatizados en la pasada guerra sucia contra la subversión- han desatado una nueva ola desestabilizadora: las oficinas del dirigente peronista Vicente Leánidas Saadi fueron voladas con una bomba, y nueve artefactos explosivos destruyeron en una sola noche otras tantas parroquias -sedes locales- de la Unión Cívica Radical en el Gran Buenos Aires. Ayer se informó de otra bomba en Rosario.

El atentado contra Alfonsín culmina por el momento esta escalada de amedrentamiento que coincide con el malestar de las Fuerzas Armadas por las sentencias contra la penúltima Junta Militar por la pérdida de la guerra de las Malvinas. La gravedad de este frustrado atentado reside en que se ha fraguado dentro de una de las más poderosas unidades militares del país, y en que un segmento de las Fuerzas Armadas -los despreciados y desprestigiados milicos-, han entendido finalmente que no hay involución, ni regresión política posible que no pase por la muerte fisica o el acobardamiento de Raúl Ricardo Alfonsín.

17/4/86

Muerte en el Palacio de Justicia 817-4-1986)

Un cáncer óseo saldó el 6 de noviembre de 1985 la vida de Umberto Murcia Ballen, magistrado de la Corte Suprema dé Justicia colombiana, rehén en la ocupación del Palacio de Justicia de Bogotá por el M-19 y uno de los escasos supervivientes a la carnicería organizada por el Ejército. Cohetería y fuego de ametralladoras pesadas comenzaron a penetrar por las ventanas del despacho del magistrado y un infierno de esquirlas destruyó su pierna derecha. El magistrado se desprendió de los restos astillados de su pierna de madera y, a merced sólo de la izquierda, empleó aquellas horas de terror en arrastrarse por los pisos e incluso fingirse muerto, escapando así a la degollina militar.

Aún la visión del palacio es patética y mueve a compasión por toda la sangre allí inútilmente derramada. El Palacio -Corte Suprema de Justicia y Consejo de Estado- se levanta en la Plaza Bolívar frente al Congreso de la nación y junto a la catedral y la alcaldía mayor bogotana. Tardaron 15 años en construirlo, en medio de una fuerte polémica sobre si sus líneas destruían o no la armonía colonial de la bella plaza. Ahora, sin un solo policía que vigile sus puestos, con cuatro tablones despintados colocados con desgana en la reventada puerta del edificio, el edificio exhibe sus llagas en pleno centro histórico y comercial de la capital, renegrido por el incendio definitivo que, muertas ya las personas, se encargó de destruir importantes archivos judiciales. Aquella ocupación del Palacio de Justicia y la solución militar dada al problema no son una historia más del guerrillerismo: es la piedra blanca que señala el abandono definitivo de la tregua por parte del M-19 y la abierta, sincerísima, desacomplejada decisión del Ejército de que las treguas, las negociaciones" el regateo político no son otra cosa que evoluciones mentales sobre el alambre, peligrosas y a la postre estériles. Además, la ocupación y recuperación del Palacio aún es tán llenas de sórdidos misterios.

¿Un ataque esperado?

El 17 de octubre de 1985 fueron detenidos dos hombres en el Palacio levantando subrepticiamente planos del edificio. El Palacio quedó inmediatamente bajo condición militar hasta primeros de noviembre en que ésta fue levantada y sustituida por vigilantes de una empresa privada deseguridad. Escasos días antes de la toma del edificio, se almacenaron en la cafetería del Palacio 1.500 pollos. El tribunal era concurrido y poblado por centenares de personas, pero parecen muchos pollos para otra cosa que no sea una resistencia prolongada con numerosos rehenes.

Éstos y muchos otros indicios permitían sospechar -más la información que quisiera obtener la inteligencia militar- que el palacio corría peligro de ser objeto de un ataque armado. Ahora, la sospecha que se permite es la de que el Ejército podría tener algún interés en que el M-19 se introdujera en la ratonera para poner aún más en precario la política pacificadora del presidente Belisario Betancur y tomar, además, su propia venganza.

Los esperaran o no, sea como fuere, a las 11.40 de la mañana del 6 de noviembre de 1985 la compañía del M-19 Ivan Marino Ospina, integrada por 35 hombres y mujeres comandados por Luis Otero, Andrés Almarales, Alfonso Jacquin, Guillermo Elvecio Ruiz y Ariel Sánchez, hombres todos de primera fila en el movimiento, entró al Palacio por la puerta principal, y alguno, como Almarales, casi desfilando y vistiendo un inmaculado uniforme de combate recién planchado. Sellaron el Palacio en la medida de sus posibilidades, ocupándose prioritariamente de la retención de jueces y magistrados, pero manteniendo encerrado un cosmos de cientos de secretarios, funcionarios judiciales, camareros, limpiadoras, abogados, ordenanzas, estudiosos, peticionarios, reos y hasta visitantes, ocasionales. Nunca se conocerá el número de rehenes y jamás se sabrá el número de muertos durante el asalto militar.

Los hechos iniciales de aquella ocupación son conocidos. Sólo ahora comienzan a darse a la publicidad detalles posteriores, nuevos, aportados por sobrevivientes, como el magistrado de la pierna de madera. Toda la operación era un delirio que no podía tener otro objetivo que la negociación con el Gobierno después de haberle dado tan espectacular bofetada. En un documento de 30 folios y con la armas en la mano, el M-19 pretendía ejercer el derecho de petición sobre los magistrados de la República para que éstos enjuiciaran al presidente Betancur por conducta dolosa para el país, al haber firmado con las guerrillas unos acuerdos de paz que no pensaba cumplir ni ejecutar.

Los pobres jueces y magistrados no tuvieron tiempo ni posibilidades de considerar la insólita petición o de rechazarla modestamente aunque sólo fuera por defecto de forma: dos horas después de la toma del Palacio llegaba a la Plaza Bolívar el primer tanque. La compañía guerrillera, según los testimonios de los pocos que pueden hacerlos, se comportó con cortesía y hasta elegancia, dentro de la cortesía y la elegancia que puedan ser atribuibles a quienes toman rehenes; pero hasta en la violencia política cabe la gracia.

Impedidos, por supuesto, de abandonar el palacio, no tuvieron jueces y magistrados ninguna sensación intelectual de que la compañía guerrillera tuviera la menor intención de ejecutarles. Sí tuvieron desde el comienzo de la pesadilla la seguridad de que el M-19, tras la espectacularidad publicitaria de su golpe de mano sólo buscaba alguna negociación. El comandante Andrés Almarales, casi vestido para una parada, con maneras refinadas tranquilizaba a los rehenes, buscaba su mejor ubicación en baños interiores para liberarles del fuego que pronto comenzó a entrar por los grandes ventanales verticales de las fachadas: fuego de cañón y cohetería.

Todos los esfuerzos de los je fes guerrilleros se orientaron a entablar un contacto, por mínimo y frágil que fuera, con un representante de un Gobierno que llevaba tres años negociándolo todo incluso bajo presión armada. No pudo negociarse ni una posibilidad de rendición o incluso de salida de los rehenes con las tropas que cercaban el Palacio.

El general Vega, ministro de Defensa, y el general Cabrales, comandante de la 13ª Brigada de Infantería acantonada en Bogotá, decidieron proceder a un holocausto al que no pudo oponerse el presidente Betancur, ya debilitado por el fracaso parcial de su política de pacificación nacional y la proximidad del fin de su mandato electoral. El Ejército, humillado y ofendido por los acuerdos de paz, estimando que el Gobierno daba así un triunfo moral político al guerrillerismo, viendo que las columnas insurgentes ni siquiera se veían obligadas a entregar sus armas de inmediato y que,devenían así en fuerzas militares y regulares en alguna manera legalizadas, frustrado por la inutilidad de sus esfuerzos estratégicos y hasta tácticos, se cobró todos sus recibos atrasados en el Palacio de Justicia de Bogotá.

Desprecio de los rehenes

No dieron cuartel ni albergaron la menor preocupación por preservar la vida de los rehenes. Podría afirmarse, dentro de la imprecisión de un combate de estas características, que todas las víctimas inocentes de aquellas 28 horas de pesadilla lo fueron bajo el fuego indiscriminado y a discrección de las tropas. El propio magistrado Umberto Murcia resultó seriamente herido, y esta vez no en la pierna de madera, cuando los soldados volaron parte de la pared de un gran lavabo público donde los guerrilleros habían refugiado a parte de los rehenes, arrojaron granadas por los boquetes y barrieron los suelos cubiertos de cuerpos con fuego de ametralladora. Allí, el magistrado vio morir abyectamente a la mayoría de sus compañeros y, aprovechando sus heridas visibles y la ausencia de una de sus piernas, fingió su propia muerte para evitar ser rematado.

La antaño gran Prensa colombiana, también destruida por la corrupción y el mangoneo bipartidista, puso sordina a estos hechos y hasta a la indignación de los familiares de las víctimas.

Al día siguiente, había 100 cadáveres en la morgue bogotana, todos del Palacio de Justicia, algunos de los cuales aún no han podido ser identificados.

El presidente Betancur asumió toda la responsabilidad por lo ocurrido y por la decisión de asaltar sin negociaciones. Algunos estiman que es así y que ese será el baldón de su carrera política. Los más y acaso los más imparciales, aprecian que en este caso los militares no le pidieron a Betancur ni órdenes, ni consejo, ni la hora. El presidenté careció de tiempo para reunir un Consejo de Ministros y evaluar la situación: cuando quiso hacerlo el Palacio ya había empezado a arder.

Y así ahora, frente al Congreso colombiano, junto a la catedral y el Ayuntamiento bogotanos, como un símbolo de la complicada solución al guerrillerismo, del malestar castrense y del fracaso relativo y parcial de una de las políticas de paz con movimientos insurgentes más imaginativas del mundo -la de Betancur- se yergue, el esqueleto de un Palacio de Justicia que ya solo recuerda la muerte y la barbarie.

15/4/86

'Caballo Loco' quiere entrar en Cali (15-4-1986)

Carlos Pizarro, alias Caballo Loco, comandante del Batallón América, militarista, nuevo jefe del M-19 tras la extraña muerte del político Álvaro Fayad a manos de la policía de choque colombiana en un piso bogotano, intenta el cerco de Cali desde hace ya más de un mes.Cali es la tercera ciudad del país, con 1.600.000 habitantes, y el Batallón América es una brigada internacional suramericana integrada por colombianos, ecuatorianos y peruanos cuyos efectivos se evalúan en unos 500 hombres y mujeres. Dos semanas antes de las legislativas del pasado mes de marzo, antes ya de la muerte de Fayad, Caballo Locointentó la penetración de la ciudad en autobuses.

El Ejército rechazó el insensato ataque con un despliegue revelador de su complejo de inferioridad ante la guerrilla: obuses autopropulsados, helicópteros artillados y los caracoles, los blindados de fabricación nacional. Además del consiguiente empleo de infantería. Actualmente es el único frente operativo en Colombia llevado adelante por el M-19, segunda fuerza guerrillera colombiana, y en abierta ruptura con las sucesivas treguas negociadas por el presidente Betancur.

En estos más de 30 días de combates, ambas partes han sufrido severas pérdidas: no es extraño que el Batallón América tenga 20 muertos cuando se aproximan a los primeros asfaltos de Cali y no es nada raro que el Ejército pierda 20 hombres en cuanto pretende trepar por las estribaciones andinas que circulan la ciudad.

Matar a los pobres

Por otra parte, la presión guerrillera sobre Cali no es casual. En Cali han comenzado a matar a los pobres. En el último mes los escuadrones de la muerte parapoliciales y paramilitares han asesinado a 40 homosexuales, travestidos, supuestos delincuentes comunes y mendigos que pernoctaban en las aceras de las calles.

En ocasiones, reuniones de homosexuales en el barrio caliente de Cali fueron dispersadas en operativos violentísimos mediante gases lacrimógenos y sus participantes fusilados en las puertas de las casas. El último escalón de violencia en la ciudad por parte de los escuadrones, como Muerte a los Secuestradores (MAS), que por otra parte son legión en Colombia, está consistiendo en la muerte organizada de los mendicantes.

Por supuesto que morir en Colombia es fácil y, por ejemplo, el secuestro forma parte de la industria nacional Hace tres semanas la policía, matando a los secuestradores liberó en una chabola de un arrabal a un industrial italiano que llevaba cinco meses secuestrado con una cadena de hierro en los tobillos. Las televisoras colombianas además de ofrecer atroces imágenes de los delincuentes abatidos, se ocuparon esencialmente de explicar cómo el pobre italiano había amaestrado a un ratoncito durante su cautiverio premiándolo con granos de arroz. Los periodistas de las televisiones entendieron adecuadamente que ésta era la noticia y no el hecho corriente de que alguien permanezca cinco meses bajo secuestro.

Y hay que entender también que por estas cosas un hombre como Caballo Loco pretenda entrar en Cali y pueda aspirar a que la población le reciba con entusiasmo.

Un bipartidismo generador de corrupción (15-4-1986)

El recuento de los votos de las elecciones legislativas, municipales y departamentales que dieron el triunfo por amplia mayoría al liberalismo oficialista de Colombia, comenzaba en las primeras horas de la noche del pasado 9 de marzo. De una de las céntricas avenidas de la capital del país, Bogotá, ya bajo la lluvia clemente típica del comienzo del invierno en las zonas tropicales, con la ciudad bajo estado de sitio, ante la vigilancia de los hombres y mujeres de la policía militar que llevaban sus airosos sombreros de ala ancha, decenas de obreros comenzaron a desmantelas innumerables quiosquitos electorales.

Eran quiosquitos como tenderetes de feria -apenas cuatro palos, dos tablones y un tensado de panel corrugado-, en los que durante la jornada habían estadovotando los colombianos. Aquella misma noche, algunos de los políticos de los dos grandes partidos -el conservador y el liberalismo oficialistacomentaban por televisión, cierto que con alguna timidez, que acaso -fuera conveniente instaurar en el país la costumbre electoral del cuarto oscuro para preservar el secreto de las votaciones y reducir en Jo posible una de las enfermedades crónicas de la política colombiana: el clientelismo.En Colombia, en efecto, hasta los jefes del más modesto negociado público o privado acuden a votar a los quiosquitos abiertos, de fortuna, seguidos por sus subordinados, cuyo voto, previamente adquirido en pesos oro o mediante la garantía del empleo o el cargo, es observado y controlado por quien desee hacerlo.

En la noche del 9 de marzo, los obreros colombianos desmantelaban los quiosquitos electorales con bastante desprecio y hasta al guna violencia, sin que a nadie le sorprendiera la continuada -elevada y sostenida- abstención electoral del país. Pero la ausencia de colegios electorales y cuartos oscuros, el clientelismo, no es el más grave de los defectos de la po lítica colombiana; lo que devora al país es el bipartidismo perfecto.

En 1948, el líder de la izquierda del liberalismo, Jorge Eleizer Gaitán, fue asesinado en el centro bogotano. Fue el comienzo del bogotazo: a la violencia política se sumó la de la delincuencia común se abrieron indiscriminadamente las cárceles, se desbordó una riada de locura colectiva y miles de cadáveres sembraban la capital colombiana en una semana.

Dentro de la doble lectura de cordura y corrupción que domina la política de este país, liberales y conservadores consumaron un pacto tácito para turnarse y repartirse el poder. La aparición en escena del general Rojas Pinilla, presidente entre 1953 y 1957, una suerte de Perón colombiano, no hizo otra cosa sino reforzar el pacto interesado del bipartidismo perfecto. Tan perfecto que liberales y conservadores se han ido alternando en el poder hasta intercambiándose ministros.

El bipartidismo ha generado en el país tanta corrupción como la cocaína, la marihuana o el tráfico de esmeraldas. Y buena parte del guerrillerismo, particularmente el del M-19, obedece a esta necesidad de romper la negociada esquízofrenia política colombiana. Así, como ya lo intentara hace casi 20 años el asesinado Eleizer Gaitán, otro liberal de izquierdas, Luis Carlos Galán Sarmiento, intenta sin éxito romper el esquema De 42 años, líder del nuevo liberalismo, ha renunciado, tras las legislativas de marzo, a su candidatura presidencial.

Su fracaso electoral fue relativo, en tanto que no perdió votos en relación con comicios anteriores pero no ganó nuevos adherentes y optó por retirarse de la campaña electoral de las presidenciales de mayo" admitiendo de antemano su previsible derrota y denunciando a los otros candidatos como incom petentes para resolver los problemas de la política colombiaria. Luis Carlos Galán, abogado, fue ministro de Educación en el Gobierno de Misael Pastrana a los 27 años. Habiendo perdido años universitarios por su dedicación a la política, se recibió tarde como jurista, y como ministro firmó su propio título como letrado. A los 28 años fue embajador en Italia, senador a los 35, fundador de su partido -una disidencia por la izquierda del oficialismo liberal- a los 37 y candidato presidencial a los 39. Periodista, durante años editorialista deEl Tiempo, casado con otra periodista, es padre de tres hijos. Un hombre del que se hablará en el futuro de la política colombiana, pero en este momento al margen de la carrera.

El obligado relevo

El 25 de mayo, con mayor o menor abstención, con los empleados públicos y privados llevados de la mano por sus jefes a los quiosquitos electorales abiertos y sin.cámara oscura, bajo el obligado y negociado relevo de poder tras una presidencia conservadora -la de Belisario Betancur-, será electo nuevo presidente de Colombia Virgilio Barco Vargas, un ingeniero de 65 años graduado en Estados Unidos, ex ministro de Correos y Telégrafos, de Obras Públicas y de Agricultura, ex embajador en Londres y Washington, ex alcalde de Bogotá y director del Banco Mundial entre 1968 y 1974. Casado con una norteamericana, es padre de cuatro hijos.

Inteligente y con una gran preparación intelectual, o cuando menos administrativa, habla como los perros. Su incapacidad expresiva en un país donde la oratoria es un valor cotizable ha llegado a poner en peligro su ya inevitable presidencia. Su última conferencia de prensa televisiva antes de las legislativas fue tan desmayante, confusa, profusa y difusa que obligó a otros dirigentes del oficialismo liberal a plantearse seriamente la posible sustitución de Barco como candidato, por más que haga lo que haga y diga lo que diga tiene su elección asegurada.

Obviamente, y por su historial político y hasta personal y familiar, será un presidente liberal más conservador que hasta el conservador Betancur, y, al margen de los desastres de su fluidez verbal, no se espera preeisamente de él que mejore, o al menos sostenga, toda la política de pacificación nacional mantenida con las guerrillas por el que dentro de un mes será su antecesor.

¿Qué se espera de él? Lo que se deduce de su currículo. Una gestión económica y administrativa eficaz y una excelente relación con EE UU, cuyos mejores frutos podrían florecer en la pelea -siempre como fueran las cosas perdida de antemano- contra el narcotráfico, que está afectando alarmantemente a la sociedad norteamericana.

Álvaro Gómez Hurtado, un bogotano de 69 años, es el candidato presidencial por el conservadurismo. Abogado, periodista de El Siglo, confeccionador, jefe de redacción, subdirector y hasta caricaturista de su periódico, es un excelente profesional un candidato de paja, tal como Jaime Pardo Leal.

Jaime Pardo, abogado, de 46 años, es el líder y candidato presidencial déla Unión Patriótica, respaldada por el Partido Comunista Colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la más numerosa y potente -aunque no la más espectacular- columna guerrillera de la república, a la que Betancur ha logrado hasta ahora mantener en el redil del alto el fuego.


14/4/86

Café, esmeraldas, flores, droga y mucha violencia (14-4-1986)

Los colombianos votaron el pasado 9 de marzo sus nuevas autoridades legislativas, municipales y departamentales. El partido conservador, en el Gobierno, resultó abiertamente derrotado, y el oficialismo liberal barrió en los comicios, desplazando a su vez al nuevo liberalismo, su izquierda disidente. El 25 de mayo se celebrarán las elecciones presidenciales, en las que será electo Virgilio Barco, líder del oficialismo liberal. Gran parte de la política de pacificación nacional desarrollada por el presidente conservador Betancur ha quedado arruinada, y, tras la muerte de su último, comandante, Alvaró Fayad, el movimiento guerrillero M-19 ha inclementado su agresividad militar bajo la dirección de un militarista. Las perspectivas del país, arrasado por la violencia- y la corrupción, son inquietantes.

En el mes de octubre de 1983, Iván Marino. Ospina, Álvaro Fayad'y otros dirigentes del movimiento colombiano guerrillero Diecinueve de Abril (M-19), una amalgama de populistas, cristianos amargados con la Iglesia católica, comunistas aburridos de su partido, marxistas empachados de ortodoxia y otras gentes de buena voluntad, arribaron a Madrid clandestinamente, pero por vuelos internacionales regulares, para mantener una primera entrevista secreta con el presidente Belisario Betancur.

Tras más de un año de sinceras ofertas de paz desde el Gobierno de Betancur a la guerrilla, resultaba inevitable la aceptación del encuentro. A instancias del premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, Jaime Bateman, el mítico, inteligente, divertido, salsero líder del M-19, había volado desde el norte colombiano a Panamá para encontrarse con un representante de Betancur: su avioneta, como ocurre con decenas de ellas cada año, desapareció en la peste verde de la selva para nunca jamás, por más que columnas del M-19 buscaron a su jefe durante semanas abriéndose paso a machetazos entre el cáncer vegetal panameño, golpeando las bases de los árboles más altos, para enviar su lánguido y prolongadísimo son-son-son de esperanza a kilómetros de distancia sin obtener respuesta alguna.

Gracias también a la mediación incansable de García Márquez pudo organizarse después el encuentro de Madrid: el presidente español, Felipe González, garantizaba personalmente la seguridad de los dirigentes guerrilleros colombianos. Ospina, Fayad y sus acompañantes fueron trasladados a un chalecito de dos plantas en los fondos de Arturo Soria, entonces vivienda personal de Julio Feo, secretario personal del presidente González. Allí fueron socialmente atendidos -según relató el propio Fayad- por la escolta del presidente español. Primero, con no pocas reservas y, tras algunas explicaciones y otros tantos tragos, hasta con cortesía e interés profesional.

De madrugada llegó Betancur, solo, escapado de mala manera de un banquete oficial. Julio Feo los dejó solos en el segundo piso de su casa y el presidente colombiano y los cabecillas de una de las más eficaces y molestas guerrillas de su nación se vieron las caras... Y, se tomaron unos whiskies. Ya se había acumulado mucha discusión previa entre las partes y la euforia por la posibilidad de la paz civil dominaba entonces en Colombia.

Reunión en casa de Julio Feo

Ospina y Fayad asegurardn a Betancur que, si cumplía sólo un 30% de su programa electoral, le acompañarían por las plazas de los poblados para apoyar su gestión. Betancur, exultante, llamó a Julio Feo y requirió una camara para fotografiarse con los jefes del M- 19. La historia. le perdonará muchas cosas a Julio Feo menos no haber dispuesto aquella noche en su casa de una máquina de fotografiar cargada.

Menos de tres años después de aquella reunión sin fotografia en la madrugada madrileña, Ospina, radicalizado hasta la rabia y el despropósito, defendiendo a los narcotraficantes que atentaran contra la vida de diplomáticos estadounidenses, moría en Cali en combate con el Ejército colombiano.

El pasado mes de noviembre, el M-19 ocupó el palacio de Justicia bogotano, recuperado en 48 horas por el Ejército sin atender la menor posibilidad de negociación o rendición, en una orgía de sangre y fuego. Hace menos de cuatro semanas, Álvaro Fayad era muerto por las tropas de choque de la policía colombiana en un piso del centro bogotano, junto a la esposa, madre de cuatro hijos y encinta de un mes, de Rosero, uno de los más populares compositores de música ligera del país, autor de los fondos musicales de inn merables y exitosos telenovelones suramericanos.

Aquel espíritu de Madrid yace ahora en los innumerables osarios colombianos. Betancur, al día siguiente de la muerte de Fayad, cuando las tropas en la Bogotá bajo estado de sitio cortaban el tráfico buscando a otros dirigentes de la Coordinadora Nacional Guerrillera, tomó antes del amanecer su avión presidencial y remontó las nubes que en este comienzo del invierno acechan el altiplano, sobrevoló las sabanas de su país y contempló, en los claroscuros de la muerte de la noche, la aproximación del cometa Halley.

Colombia: uno de los grandes países de América del Sur, con la doble extensión de Francia, multifacético -la costa, la cordillera, sus sabanas-, millones de habitantes, muy rico, ganadería, café, Aores, esmeraldas, notable industria siderúrgica y textil, suficiente petróleo como para el autoabastecimiento energético y expectativas de mayores y mejores yacimientos; estabilidad básica o literal de sus instituciones políticas, elevado nivel cultural de sus clases dirigentes. Con sólo 8.000 millones de dólares de deuda externa bastante bien estructurada, sin elevadas necesidades financieras, devuelve créditos internacionales cuando sube el precio del café; 16% de inflación anual bajo control.
Colombia: la confirmación einsteniana en la Tierra de que el universo es un caos perfectamente ordenado que permite su equilibrio y su existencia. Miles de guerrilleros en las montañas y en las ciudades, pertenecientes a diversas columnas, fracciones y partidos; la guerrilla más vieja de América Latina -en su sentido moderno-, contra la que las fuerzas armadas han demostrado sobradamente su ¡inpotencia; 15% de analfabetismo; 60% de mortalidad infantil, entre 15.000 y 18.000 gamines -niños abandonados o explotados- en Bogotá. Cocaína (tercer productor mundial). La mejor marihuana del mundo.

Un bipartidismo perfecto liberal-conservador que ha corrompido la política del país, un clientelismo aún más perfecto -el voto compra un empleo público-, una corrupción extendida como una metástasis y qije alimenta tanto el narcotráfico como las oligarquías de los dos grandes partidos, y violencia, mucha violencia, una violencia profundamente entrañada en el alma del colombiano -un sujeto, por lo demás, dotado naturalmente para la cortesía y hasta para el refinamiento social, incluidos, y hasta preferentemente, sus estamentos más humildes-.

Es difícil e inevitable intentar explicar las raíces de la violencia en Colombia; difícil, porque son los propios colombianos quienes encuentran dificultoso el análisis y lo distribuyen entre, una herencia de la guerra por la independencia y las guerras civiles entre conservadores y liberales, e inevitable, porque poco tiene que ver la guerrilla colombiana con sus hermanas del subcontinente.

Enmontonarse es un verbo de fácil conjugación en Colombia: echarse al monte, acumularse en él. Allí, toda la familia, armada, se refugiaba para defenderse del bandolero que asolaba el poblado, o de las partidas liberales o conservadoras, según la filiación de cada casa. La guerrilla nació sola hace 60 años y, pese a Tirofyo, al padre Camilo Torres, a Bateman, carece de padre, no tiene su Castro, o su Che, o su Firmenich. La guerrilla en Colombia creció como el café. Y, como el café, es enérgica y buena.

Buena en el doble sentido de que en Colombia hay que tener muchos años y achaques, poco corazón o demasiado cinismo político para no intentar romper el esquema bipartidista que ha consolidado la lenta decadencia del país y en el que la guerrilla colombiana,por tradición, es un elemento más del mapa político.

La guerrilla en Colombia se enmontona para negociar, y sólo en sus más extremados extremos pretende la. derrota absoluta de sus adversarios , -incluido, el Ejército-, juicios populares en los estadios de fútbol o paredones de fusilamiento. De otra manera, resultaría incomprensible que un presidente conservador, aunque fuera de la alteza de miras de Belisario Betancur, pudiera fraguar un alto el fuego con las guerrillas.

Los insurgentes colombianos, con todos los problemas inherentes a este tipo de organizaciones, querían y siguen queriendo hacer política y no hacer la guerra, aunque para algunas de ellas, como para el M- 19, hacer la guerra sigue siendo tina garantía de que no serán estafados políticamente, a más de una autodefensa contra los grupos paramilitares y escuadrones de la muerte que operan impunemente en todo el país.

Esperanzas frustradas

Cierto es que las grandes esperanzas depositadas en el acuerdo de alto el fuego de 1984 entre la presidencia de Betancur y las principales organizaciones guerrilleras -basado en una amnistía previa, y promesas fracasadas de reformas constitucionales y administrativas que desbloquearan la esclerótica vida política del país- se han venido al suelo; pero todavía queda mucho en pie.

El pasado 3 de marzo, la noche del cierre de la campaña electoral para las; elecciones legislativas que han dado el triunfo al liberalismo oficialista de la oposición, Betancur firmaba una prórroga de la tregua con organizaciones guerrilleras corno las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Movimiento de Autodefensa, Obrera (ADO) y un sector del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en su palacio presidencial, públicamente, ante los dirigentes guerrilleros, y, para innecesario sarcasmo de sus enemigos, vestido informal, pero elegantísimamente, con suéter de cuello de cisne y chaqueta deportiva.

La FARC, guerrilla, comunista capitaneada por Jacobo Arenas y, el legendario Manuel Marulanda, alías Tirofijo, han concurrido a las elecciones legislativas respaldando a la Unión Patriótica, cuyo candidato presidencial es Jaime Pardo Leal, y parecen plenamente integradas en el procese, democrático. Ello, pese a que continúan sufriendo hostigamientos por parte del Ejército y a que sus resultados legislativos no han superado los tradicionales del PC colombiano.

Pero el guerrillerismo en el país, pese a los fracasos relativos de la política. pacificadora del conservador Betancur, continuará indefectiblemente. Virgilio Barco Vargas, candidato presidencial del oficialismo liberal, ingeniero, por el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts, destacado funcionario internacional, desastroso orador en un país rico en ellos, antes administrador que político, será en mayo nuevo presidente colombiano.

Y tras la muerte (¿asesinato?) de Fayad, el M-19 ha quedado en manos de Carlos Pizarro, Caballo Loco, un militarista que pelea ahora mismo en la insensata locura del cerco de ocupación de la ciudad de Cafi, al frente del Batallón América. Como siempre y como siempre será, con Radio Macondo emitiendo los comunicados del M-19, con su violencia congénita y asumida, no peligran las instituciones políticas colombianas, tan podridas como sólidas.